martes, agosto 13, 2019

Trump está jugando con el fuego del racismo supremacista, y esto es un peligro para EEUU y todo el mundo

Los defensores del racismo del presidente Donald Trump de inmediato se apresuran a “aclarar” que sus discursos, sus arengas, sus ataques en Twitter y en los mítines de campaña, no son responsables de los ataques de odio de supremacistas blancos que han estado ocurriendo en Estados Unidos en los últimos años en contra de minorías, inmigrantes, musulmanes y afroamericanos.

Que Trump, en el fondo de su corazón, no es racista, que todo es "discurso político", etcétera.

Pero cada vez más son las voces que advirtien que Trump está jugando con fuego: está liberando al monstruo del racismo supremacista blanco que Estados Unidos parecía haber desterrado, pero que sigue vivo y acechando.

El supremacismo que casi destruyó a Estados Unidos como país, y que ahora está resurgiendo más fuerte que antes.

Y todo por motivos políticos.

No todos los críticos son liberales, de izquierda o demócratas: También hay conservadores y republicanos.

Como Michael Gerson, un conservador entre los conservadores, quien fungió incluso como el redactor principal de los discursos del ex presidente republicano George W. Bush.

En un artículo reciente del periódico Washington Post, Gerson criticó duramente a los defensores de Trump y que no quieren aceptar lo peligroso de sus discursos racistas.

Aquí va un extracto del artículo, que está circulando por Internet:

>>Tenía toda la intención de ignorar la más reciente sarta de provocaciones raciales del presidente Trump (...) Pero cometí el error de sacar de mi librero “La Cruz y el Árbol Linchador” de James Cone, un libro diseñado para destrozar la complacencia conveniente. Cone recuerda el caso de una turba de personas de raza blanca en Valdosta, Georgia, en 1918, que linchó a un hombre inocente llamado Haynes Turner.

>>La enfurecida esposa de Turner, Mary, prometió justicia para los asesinos. El sheriff respondió arrestándola y entregándola a la turba, que incluía mujeres y niños. De acuerdo con una fuente, Mary fue “desvestida, colgada de los tobillos, bañada en gasolina, y calcinada”. En medio de su tormento, un hombre blanco le abrió su protuberante vientre con un cuchillo de cacería y el bebé de la mujer cayó al suelo y fue aplastado a pisotones.

>>Dios nos libre. Es duro escribir estas palabras. Esta maldad, la maldad del supremacismo blanco —causante de la deshumanización, la inhumanidad y el asesinato— es la peor mancha, el mayor crimen, de la historia de Estados Unidos. Es lo que casi destruyó a la nación. Es lo que comprobó que generaciones de cristianos son despiadados hipócritas. Es lo que transforma a la gente normal en monstruos morales, capaces de quemar viva a una afligida viuda y asesinar a su bebé.

>>Cuando el presidente de los Estados Unidos juego con ese fuego o saca a esa bestia a pasear, no es sólo cualquier otro evento político, no es un día normal en la campaña de 2020.

>>Es una causa de vergüenza. Es una violación a las tumbas de los mártires. Es un obsceno graffiti al Memorial de Lincoln. Es, a ojos de la historia, la tración —doble— a Haynes y Mary Turner y su bebé. Y todo esto lo está haciendo un ignorante y arrogante narcisista que resucitando símbolos y frases para obtener ganancias políticas, indiferente al desastre que deja a su paso, las heridas están siendo rasgadas de nuevo.

>>¿Qué significa esto políticamente? Significa que el divisionismo de Trump va empeorando, no mejorando. Hace comentarios racistas, apela a los sentimientos racistas e inflama las pasiones racistas. La racionalización de que, muy en el fondo de su corazón, no es realmente racista, no significa nada. Las continuas ofensas de Trump significan que una gran parte de su base política está energizada por frases racistas y el idioma de las reclamaciones de los blancos. Y eso significa, cualquiera que sea su intención, que aquellos que minimizan o justifican o tratan de pasar por alto estas ofensas, son facilitadores de ellas.

>>Algunas decisiones políticos no son sólo estúpidas o crudas. Representan el regreso de nuestra pasiones más crueles y más peligrosas como país. Tal racismo denuncia a Trump. Tratar al racismo como un asunto común o menor nos denuncia a todos nosotros.

Esto es muy peligroso, no sólo para los liberales, los demócratas o cualquier inmigrante en Estados Unidos, sino para el mundo entero. Porque las ramificaciones de un regreso del supremacismo blanco al poder en Estados Unidos —una súperpotencia política, económica, y militar, más poderosa de que lo que jamás soñó siquiera la Alemania Nazi, y encima de todo, con armas atómicas a su disposición— se sentirá en todo el mundo.

No para bien, sino para mal.

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