jueves, noviembre 10, 2016

Presidente Trump


DALLAS, Texas - Bueno, pues Donald Trump, es ya el presidente electo de Estados Unidos.

Nadie se hubiera imaginado. Quizá ni siquiera él mismo. 

Pero pasó.

Yo no voté por él, voté por Hillary Clinton, pero no porque la apoyara, sino porque no apoyaba a Donald Trump. Fue mi “voto de castigo”.

A pesar de esto, de alguna manera me alegra la derrota de Hillary Clinton. Fue culpa del Partido Demócrata por nominarla a fuerza.

Conozco  a varias personas que apoyaron al otro pre-candidato demócrata, Bernie Sanders, y se sintieron profundamente decepcionados al ver cómo la Clinton se llevaba la nominación en las elecciones primarias, aparentemente gracias a sus “palancas” con el sistema.

Muchos de estos seguidores de Sanders prefirieron abiertamente votar por Trump. El propio Trump simpatizaba y coincidía con la lucha anti-sistema de Bernie.

Luego, estuvieron los escándalos de Clinton. Hillary nunca fue muy simpática ni abierta a la prensa. Al contrario: la percepción es de que es una persona manipuladora, sedienta de poder y hasta corrupta.

Además, su apoyo y contactos con las corporaciones trasnacionales la hicieron ver como muy ajena a  la realidad del ciudadano común, que batalla día a día para llegar a fin de mes.

Ahora, el Partido Demócrata tiene que hacer una evaluación muy profunda después de la paliza electoral sufrida.

No creo que Trump ganara simplemente por su retórica racista ni misógina. Claro, en algo contribuyó, pero principalmente creo que ganó por su condición de ser ajeno al sistema. “Outsider”, se le llama en inglés.

Trump es un miembro de la élite que maneja al país y al mundo. No viene “del pueblo”.  En ese sentido, es igual o peor que Hillary Clinton.

Pero sí es ajeno a la clase política de Washington. 

Hillary Clinton, en cambio, es 100% parte del sistema. Y eso fue su perdición.

Los electores quisieron enviar un mensaje muy claro a las clases políticas de que ya están hartos de ellos, de su manera de (no) trabajar, y están dispuestos a un cambio verdadero, no a medias como ocurrió con Obama.

Hay seguidores de Hillary Clinton que se la han pasado llorando en las redes sociales desde anoche. Yo no creo que sea para tanto.

¿Quizá peco de optimista?).

Otros se han quejado de que millones de votantes latinos apoyaron a Trump. 

Creo que estaban en su derecho de votar como les diera la gana, así como los seguidores de Hillary estaban en el suyo.

Es un deber de todo votante el no estar casado con ningún político ni partido, al contrario. Los votantes debemos ser agentes libres siempre.

Son los políticos quienes deben perpetuamente sentir la espada de Damocles del voto en contra sobre sus cabezas, y deben trabajar duro para tenernos contentos.

De otro modo siempre darán por hecho el tenernos en el bolsillo, como ocurre ya con el Partido Demócrata, que cree que los hispanos y los afro-americanos y las clases obreras están con ellos por default.

Ya no más. Se confiaron, y perdieron. Se hundieron electoralmente en estados tradicionalmente demócratas, como Michigan, Pennsylvania y Wisconsin.

Dudo mucho que el presidente Trump pueda (o quiera) cumplir todas sus promesas electorales. Algunas de ellas les pisarían los callos a muchos de sus amigos multimillonarios.

De hecho, ya ha retirado de su sitio de Internet la promesa de prohibir la entrada a todo inmigrante musulmán a Estados Unidos. 

¿Qué sigue? Irse a abrazar y tomar fotos con el presidente de México, y declararlo su "amigou forever"?

¿Y el muro fronterizo? Quizá sí construya algo. Quizá construya una cerca de tres kilómetros sólo para taparle el ojo al macho, y ya.

Siendo Trump, no dudo nada.

Creo que todo ciudadano americano debe apoyar al nuevo presidente, aunque no haya votado a su favor.

No significa que uno debe estar de acuerdo con él en todo.  Hay que disentir, si es necesario.

Pero para bien o para mal, Donald Trump es el presidente de Estados Unidos. 

Tenemos que aceptar que a veces se gana y a veces se pierde. Son las reglas de la vida. y de las elecciones.

Hace cuatro años,  Obama y sus seguidores ganaron. Punto. Sus opositores debieron aceptarlo.

Hoy, Trump y sus seguidores ganaron. Punto.  Todos debemos aceptarlo.

Por eso estoy en completo y total desacuerdo con las protestas masivas que ya se han estado dando en las calles de varias ciudades.

No se vale. No recuerdo que estas protestas hayan ocurrido cuando Obama fue electo.

Cierto, Hillary Clinton ganó la mayor parte del voto popular (como en su momento lo hizo Al Gore, quien también perdió las elecciones).

Eso significa que la mayoría de los electores americanos  la apoyaban a ella, no a Trump.

Pero el presidente de Estados Unidos no se elige por medio de voto popular, sino por votos del Colegio Electoral.

Y el candidato que ganó más votos electorales no fue Hillary Clinton, sino Donald Trump, pésele a quien le pese.

Si no nos gusta este sistema de votos electorales, perfecto: hay que desmantelarlo. Pero no para esta elección, sino para el futuro.  No se vale cambiar las reglas del futbol después de perder el partido.

Yo creo que la mayoría que no apoya a Trump debe dejarlo trabajar. Tiene todo en su control: El Senado y la Cámara de Representantes. No tiene excusa para no mejorar al país.

Si le va bien, nada me encantaría más que confesar que estuve equivocado.
 
En cambio, si le va mal, nos irá mal a todos.

Y si esto pasa, recordemos que en cuatro años nos volveremos a ver las caras.