miércoles, mayo 23, 2012

Estados Unidos descubre... ¡la cajeta!


Por César Fernando Zapata

cfzap@yahoo.com 


DALLAS, Texas -- Mi hijo César, de 16 años, se crió como niño “gringo”.

Aunque nosotros, sus padres, seguíamos con nuestras tradiciones mexicanas, César vivía entre dos mundos desde que era bebé: en casa vivía como en México. Afuera, vivía en Estados Unidos .

Y claro, esto incluía la comida. En casa la norma era la comida mexicana. En la escuela, lo que hubiera. Tacos vs. hamburguesas.

Esto le sirvió a mi hijo para conocer una variedad de comida que el típico niño de Estados Unidos no conoce.

Ah, pero cómo sufría con la experiencia. Sus costumbres “agringadas” le alertaban a salir corriendo de inmediato cuando debía probar algúin sabor fuera de su experiencia previa.

Una vez que viajamos a México, en plena calle y calorón de Monterrey, nos encontramos en una de esas paleterías de La Michoacana. Pedí un agua de horchata, vaso grande con muchos hielos.

César tenía entonces cuatro o cinco años. Me vió tomando gloriosamente el maná de los dioses, y se horrorizó.

Peor, casi se infarta cuando le dije: --Prúebala.

--Noooooo!!!!-- gritó alarmado.

--PRUE-BA-LA-- le repetí, poniéndole el vaso en los labios, con mi peor mirada de torturador de la Gestapo.

Dio un sorbo tímido.

Los ojos se le iluminaron.

--Wowwww!!--dijo, mientras me quitaba el vaso y se bebía la ambrosía casi de un trago.

Obviamente, tuve que comprar otro vaso para mí.

Así siempre ha sido con él. Sus recuerdos americanos se interponen cuando le obligo a probar algún manjar tradicional del sur de la frontera. Pero en cuanto cede, de inmediato entran en operación sus genes mexicanos.

Una vez hace poco, mientras disfrutaba otro manjar mexicano, me hizo una pregunta curiosa:

--¿Cómo es posible que la gente de Estados Unidos ni siquiera sepa que existen todas estas cosas tan sabrosas?

Confieso que nunca se me había ocurrido antes la pregunta.



Pero la realidad, es que Estados Unidos ha estado "descubriendo" la comida mexicana desde hace muchos años.


Usted puede hablarle a un norteamericano típico (blanco, anglosajón y protestante) sobre enchiladas, tacos, quesadillas y casi cualquier otra receta mexicana, y sabrá de lo que habla. Es más, incluso es posible que hasta le encanten esos platillos (o una variedad más "tex-mex").
Días atrás, leí en el periódico local, Dallas Morning News, un artículo que celebraba el último “descubrimiento” de los chefs de los restaurantes más lujosos de Dallas. Un postre como ninguno, que sus clientes americanos habían abrazado con pasión: La cajeta.

Es lo más “chic” en el mundo gastronómico de Dallas en estos momentos.

Le mostré a César el artículo e hizo una mueca de extrañeza.

--¿Cómo es que hasta ahora se dan cuenta, si en todas partes venden cajeta aquí?-- comentó extrañadísimo.

--Ya ves-- le dije--. Lo que pasa es que los americanos nunca van a comprar a los supermercados mexicanos.

Y es cierto. Uno puede encontrar casi cualquier producto mexicano en Estados Unidos, incluso cajeta. Basta entrar a alguno de los miles de supermercados y tienditas hispanas o mexicanas que se han multiplicado como hongos por casi todas las ciudades americanas.

El artículo del periódico relataba que una vez un famoso chef de Dallas se encontró con un ranchito donde criaban cabras. Los dueños (norteamericanos anglosajones) vendían leche, quesos y otros derivados. Y se les ocurrió hacer algunos frascos de cajeta y venderlos en el mercado.

Cuando el chef probó la cajeta, le encantó (como es normal). Fue una revelación para él. De inmediato ordenó cubos enteros y comenzó a incorporar el dulce mexicano en sus postres más elegantes.

Obviamente, la receta se extendió por los demás restaurantes finos del norte de Texas como lumbre (o mejor dicho, como leche quemada).

Ahora el ranchito no puede casi con la demanda, porque otros restaurantes están enviando órdenes de cajeta al por mayor.

--Entre más gente la prueba, más gente la quiere. Podríamos tener un negocio sólo de cajeta, si tuviéramos leche ilimitada-- comentó la dueña del rancho, Karen Tippit, al periódico.

Mientras, siguen vendiendo su cajeta casera en mercaditos locales, a razón de 10 dólares por un frasco de 8 onzas.

Y sus clientes americanos están más que dispuestos en pagar lo que sea por el nuevo manjar de los dioses, que no conocían. 



No dudaría que dentro de algunos años el mundo se maravillará ante la cajeta. Pero lo reconbocerá como un nuevo platillo típicamente norteamericano. (www.cesarfernando.com)

2 comentarios:

  1. César, cómo estamos! De nuevo yo, desde la CDMX. Durante la lectura de este post mantenía una ligera sonrisa en el rostro. La verdad que me atrae mucho la idea del multiculturalismo, y tus experiencias personales al respecto son verdaderamente valiosas y aleccionadoras para quienes jamás hemos salido del país que nos vio salir. Pregunta: ¿por qué tu hijo se negó a tomar del agua de horchata? No entendí bien, ¿porque su cultura gringa lo obligaba a rechazar lo mexicano?

    Finalmente, veo que te hartas te de escribir en tu blog, es una pena. Es bastante bueno. Yo tengo el mío ya desde hace como 8 meses. Escribo una vez a la semana para no cansarme.

    Saludos del Profesor Berkeley
    https://profesor-berkeley.blogspot.com/

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  2. Supongo porque creen que si estamos jodidos es por nuestras costumbres aunque tal vez me estoy llendo muy lejos con esa afirmacion.

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