sábado, mayo 15, 2010

“En Estados Unidos es un delito no identificarse”

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

DALLAS, Texas -- Un oficial hispano de la Policía de Dallas me lo explicó claramente durante una entrevista años atrás:

"En Estados Unidos, no llevar consigo una identificación oficial, es delito".

Si un oficial de Policía te detiene en la calle, y te pide que te identifiques, debes hacerlo, aclaró. Porque, ¿cómo sabe el oficial que no eres un criminal que anda huyendo?

Han pasado casi 10 años desde aquel consejo, y desde entonces, "no salgo sin ella", como dice el comercial: siempre cargo una tarjeta de identificación en la cartera.

Por supuesto, hay inmigrantes que no tienen licencia de manejo. Pero, para identificarse, igual sirve un pasaporte, o una matrícula consular.

Si a usted lo detienen sin licencia, pero se identifica con cualquier otro documento, lo podrán multar solamente por manejar sin licencia.

Pero si no trae ninguna identificación, pueden arrestarlo y decomisarle el auto.

Usted puede invocar todos los derechos humanos y las leyes civiles habidas y por haber ante un oficial de policía. Pero, en la calle, él es la ley.

"Cuéntaselo al juez", es lo único que dicen cuando lo están esposando a uno.

Esta anécdota la saco a colación tras ver todo el escándalo por la nueva ley aprobada por el gobierno del estado de Arizona, la SB 1070, que permite a oficiales de policía "pedir identificación" a gente que ellos "consideren con suficientes sospechas de ser indocumentados".

Esto incluye, claro, a residentes permanentes e incluso ciudadanos norteamericanos que parezcan "indocumentados", según el criterio del oficial.

Por supuesto, los primeros en protestar por esta ley fueron los inmigrantes.

Pero esta situación también está poniendo a muchos ciudadanos norteamericanos con los pelos de punta.

Los norteamericanos son históricamente alérgicos a cualquier tipo de control policiaco o gubernamental. Quizá sean ellos uno de los pueblos del mundo más rebeldes y desconfiados del gobierno.

Simplemente basta con echar un vistazo rápido a su historia como país: el aumento del control de Inglaterra sobre sus colonias fue lo que detonó la guerra de independencia de 1776.

Los ciudadanos de todos los demás países del mundo ven normal el tener un documento nacional de identidad.

Por ejemplo, en México existe la credencial de elector, o la Cédula Única de Registro de Población (CURP). Es rutina que le soliciten a uno cualquiera de estos documentos (o ambos) cuando quiera hacer cualquier trámite.

Vaya, en México hasta existen retenes militares en algunas carreteras, donde los soldados les exigen identificación a todos los viajeros que cruzan por allí.

En Europa y América Latina están los Documentos Nacionales de Identidad (DNI), o los “carnés”, como le dicen los españoles.

O sea, para la gran mayoría de la humanidad, esto es cosa de todos los días.

El problema, es que los norteamericanos siempre han estado en contra de esas prácticas.

Para el norteamericano típico, si un oficial de policía le pide "papeles", trae recuerdos de regímenes totalitarios, como la Alemania nazi, o la Rusia estalinista

Estados Unidos, en cambio, es el país “de la libertad”, y de “la democracia”. El país donde todo mundo puede transitar libremente, sin controles policiacos a cada esquina.

Por supuesto, esto sólo se aplica a los ciudadanos norteamericanos. Los extranjeros son otra cosa. No son "americanos". Por lo tanto, deben presentar documentos de identificación, como el pasaporte. O, si son residentes permanentes, la famosa "green card", o "tarjeta verde".

En síntesis, si usted es ciudadano norteamericano, no existe una identificación para usted dentro de Estados Unidos (fuera del pasaporte, por supuesto, pero ¿cuánta gente carga el pasaporte para identificarse dentro de su propio país?).

¿Porqué? Precisamente porque son ciudadanos americanos. Y como tales, uno de sus derechos es... no recibir la imposición de identificarse dentro de su propio país. El gobierno de Estados Unidos no tiene el derecho (arguyen los ciudadanos) de exigirles que se identifiquen. Es contra la ley, es anticonstitucional.

Lo gracioso es que ya existen documentos de identificación de hecho, que todo ciudadano americano debe presentar ante las autoridades: la licencia de manejo y la tarjeta de Seguro Social.

Todo ciudadano de Estados Unidos debe tener estos dos documentos. Si no, no pueden identificarse, ni conducir, ni obtener empleo o recibir servicios, o hacer trámites oficiales.

Y nadie se queja.

¿Entonces? ¿No es esto una incongruencia? Por supuesto.

Pero psicológicamente hay una enorme distancia entre esto, y crear una identificación nacional para todos los norteamericanos. Esto les huele a los ciudadanos de Estados Unidos a control excesivo del de por sí ya todopoderoso gobierno federal.

La SB 1070 ahora ha resucitado estos temores, sobre todo entre ciudadanos americanos de origen hispano.

Las familias de muchos de ellos han vivido en el territorio actual de Estados Unidos mucho antes de que llegaran los anglosajones.

Por ello, consideran racista el que un oficial de policía los detenga y les pida identificación por parecer “indocumentados” a ellos sólo por no ser “güeritos”, o hablar español, o tener apellido hispano.

Lo cual, de hecho, al parecer ya ha ocurrido antes. Y eso sin tener una ley como la SB 1070. ¿Qué puede pasar si los policías tienen ahora todo ese poder extra? (www.cesarfernando.com)

lunes, mayo 03, 2010

¡Viva la ley anti-inmigrante de Arizona!

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

DALLAS, Texas.- ¿Qué pienso yo sobre la ley aprobada por el Congreso de Arizona, la famosa ley "anti-inmigrante", como la llaman algunos?

Pues, me alegro.

Sinceramente, me da gusto que los republicanos de Arizona hayan aprobado esta ley, y todo el escándalo que ha generado.

Y espero que otros estados sigan el ejemplo. Necesitamos más leyes como éstas en Estados Unidos.

Pero espérese, antes de que me ataque, déjeme explicarme:

La ley SB 1070 da poderes legales extras a oficiales de policía municipales, para cuestionar y pedir documentos a cualquier persona que "sospechen" sea inmigrante indocumentado. Así sin más, como cualquier agente federal de Inmigración.

En Arizona, eso significa por supuesto, detener a gente que parezca mexicana o latinoamericana: Morenitos, con acento hispano y que se apelliden Pérez, Hernández o González (o Zapata).

No importa que éstos sean ciudadanos o residentes legales. Todos parejo.

Y claro, el que no traiga sus "papeles", va a dar a la cárcel seguro. Y de allí a una celda del Servicio de Inmigración. O si no, hasta a México sin escalas. Hasta que compruebe su "legalidad".

Yo pienso que no hay nada nuevo en esto. Siempre lo han hecho, con o sin ley. Hasta el gobierno de México lo hace todos los días (vaya, si "La Migra" mexicana hasta ha deportado a Centroamérica a ciudadanos mexicanos).

Pero, repito, me alegro de la SB 1070 por varias razones.

Primero, porque con esto, Arizona está dando un jalón de orejas al gobierno federal del presidente Barack Obama, quien se había "olvidado" del problema de la inmigración indocumentada, aún cuando prometió hacer "algo" en sus primeros cien días de gobierno.

Ya va para medio año, y nada. Los más de 20 millones de indocumentados siguen esperando alguna legalización.

Así pudiera haber pasado otro año y medio, o más, si no fuera porque los republicanos de Arizona le sacudieron el avispero.

Ahora, por fin, Obama ya se "acordó" del problema. Ya era tiempo.

Segundo, porque los republicanos también están dando un jalón de orejas a... nosotros. Los propios hispanos. Sobre todo los inmigrantes legales de Arizona, que tienen papeles, y hasta ciudadanía.

Porque, ¿cómo es posible que los hispanos de Arizona no hayan salido a votar en contra de esa ley, si tanto les enoja?

Desafortunadamente, aunque Arizona tiene una de las poblaciones hispanas más grandes del país, pocos están registrados para votar.

Y aparte, de ésos que están registrados a votar, sólo una ínfima parte de verdad acude a las urnas durante las elecciones.

¿Porqué se quejan entonces?

Según la cadena radial National Public Radio (NPR), de los casi 1.8 millones de hispanos que viven en Arizona, apenas 673 mil son elegibles para votar (o sea, que son ciudadanos mayores de edad, no que estén registrados, ni que de verdad voten).

El corresponsal de NPR, Ted Robbins, dijo que los electores hispanos de Arizona suman alrededor del 17 por ciento del total de su población, una mínima cantidad.

De éstos, por supuesto, no todos votan igual. No son un bloque unido, como los electores negros, por ejemplo.

Peor aún: los electores registrados hispanos tienen a votar del 10 al 15 por ciento por debajo de la población general, según NPR.

El problema es que esta historia se repite no sólo en Arizona, sino en todos los estados con fuerte población hispana, desde California hasta Texas. No sería raro que California también aprobara una ley similar (o peor).

Cierto, muchos hispanos que quieren votar no pueden, por no ser ciudadanos, o no tener documentos. Pero aún éstos tienen culpa, indirectamente.

Los inmigrantes indocumentados también tienen un poder, aunque no lo vean: sus números.

En Estados Unidos, el poder político se basa en número de congresistas en el gobierno federal. Entre más congresistas tenga un estado, o un distrito, más peso político tendrá en el gobierno federal (y más presupuesto para sus zonas).

Este número de congresistas no es fijo, cambia de acuerdo con la población. Si una ciudad, distrito o estado aumenta su población, se le otorgan más congresistas y aumenta su presupuesto federal. Si pierde población, pierde congresistas (o escaños), y por lo tanto, pierde poder político y dinero federal.

La población se suma en números totales, incluyendo ciudadanos, residentes legales y hasta indocumentados. Entre más gente viva en un distrito, más congresistas tendrá, no importa si todos los habitantes son blancos, negros, o azules, ciudadanos o indocumentados.

¿Cómo se determina el número de congresistas? Simple: por el Censo. Cada 10 años Estados Unidos cuenta a todos sus habitantes, enviando por correo un formulario muy simple de diez preguntas, a cada domicilio. La gente debía llenar ese formulario y devolverlo por correo (sin pagar estampillas) antes del 1 de mayo.

Este año se realizó el Censo 2010. Y las formas estaban impresas en seis idiomas, incluyendo español.

El formulario sólo pide nombres, edades, origen, y dirección de todos los habitantes de cada casa. Nada de documentos o visas.

¿Y qué pasó? Pues que mucha gente no devolvió los formularios.

Y, adivine cuáles fueron los estados donde más gente se quedó sin ser contada: Nueva York, California, Texas, Florida... y Arizona.

Funcionarios del Censo temen que fueron los inmigrantes hispanos precisamente los que no devolvieron los formularios, por temor, desinformación o simple desidia.

Y eso que nos han estado bombardeando con comerciales tranquilizadores por prensa, radio y TV: "El Censo no es inmigración", decían. "Nadie tendrá acceso a esa información, ni siquiera el presidente de Estados Unidos", "El Servicio de Inmigración nada tiene qué ver con el Censo", etcétera (a un costo de millones de dólares en publicidad).

Esta situación es terrible para esos estados, porque están en riesgo de perder escaños en el Congreso, y dinero, a pesar de que algunos de éstos como Texas, han aumentado mucho en población.

¿Qué ocurre cuando una población numerosa como los hispanos de Estados Unidos, se vuelven apáticos y poco participativos? Pues que una minoría extremista toma el control de las leyes. Como está ocurriendo ahora.

Podrá usted decir lo que quiera de los extremistas de ultraderecha en Estados Unidos. Pero, hay que reconocerles que son muy activos políticamente. Participan, votan, actúan.

Así, la famosa ley SB 1070 ha servido para sacar los trapitos al sol no sólo de los políticos republicanos, sino de los propios electores hispanos.

En ese sentido, me alegro. Ya era hora de que despertaran. Lástima que se necesitó algo como la SB 1070 para hacerlo.

Lo he dicho antes y lo repito: En este país, las marchas, protestas y boicots se ven muy bien en la tele, pero sólo sirven para aumentar la audiencia (y los ingresos) de cadenas como CNN, Univisión y Fox. No cambian las leyes.

Claro, las amenazas de boicot económico espantarán a los políticos. La gobernadora de Arizona ya está rogando porque no se haga el boicot. Pero aquí, los perjudicados serán las empresas de Arizona y sus empleados, muchos de ellos hispanos, por cierto.

Dudo mucho que la SB 1070 prospere. Pero, espero que despierte políticamente a muchos hispanos, les obligue a hacerse ciudadanos (los que califiquen), se registren para votar, y de verdad acudan a las urnas en las próximas elecciones.

No hace falta gritar que somos "mayoría", lo que hace falta es comprobarlo.

No en las calles, con una bandera en la mano, sino en las urnas, con una boleta electoral.

Si esto se logra, entonces que viva la ley anti-inmigrante de Arizona.

Necesitamos más leyes como ésta en todo Estados Unidos. (www.cesarfernando.com)