jueves, enero 14, 2010

“¿Cómo rayos iba yo a saber?”: Las metidas de pata de los inmigrantes en EE.UU.

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

DALLAS, Texas -- Fue muy difícil para mí aprender a vivir en Estados Unidos”, me contaba una vez Yuliet, una amiga cubana que conocí recién llegado yo a Dallas.

Las dificultades de Yuliet no sólo eran las normales de cualquier inmigrante en un país nuevo, sino que se multiplicaban por el simple hecho de ser cubana.

“Por ejemplo, yo no sabía manejar un coche automático”, me relató un día. “Tampoco sabía usar un teléfono celular, una tarjeta de crédito, ni mucho menos un cajero automático. Para ustedes los mexicanos éstas son cosas normales, pero no para mucha gente de Cuba…La adaptación fue muy difícil”.

Uno pensaría: Bueno, pero eso sólo pasa a los cubanos, por su situación especial. O si acaso, a otros inmigrantes de países muy pobres, como Haití o Bangladesh, nunca a gente de países más “avanzados” de América Latina.

Hasta cierto punto es verdad. Pero incluso los propios inmigrantes urbanos y cosmopolitas de países como México, Argentina o Brasil nos hemos encontrado con ciertos “choques” culturales al adaptarnos a Estados Unidos.

Y esto causa situaciones cómicas, o incluso verdaderas metidas de pata, las cuales ahora podemos contar y hasta reírnos de ellas.

Por ejemplo, me acuerdo que al llegar yo a Estados Unidos no sabía manejar una aspiradora.

Por supuesto, sabía que existían las aspiradoras: las había visto en películas y en la tele (¿se acuerdan que en las caricaturas las aspiradoras siempre terminaban devorando a la Pantera Rosa?). Incluso hasta había visto un par de aspiradoras alguna vez.

Pero de donde yo vengo, la caliente costa tamaulipeca de México, poca gente usa aspiradoras, por la sencilla razón de que pocos tienen sus casas alfombradas.

Incluso son pocas las oficinas o edificios públicos con alfombras: Todos favorecen los pisos con mosaicos o losas. Si acaso, los adornan con tapetes y ya.

Por ello, tener o aprender a usar una aspiradora nunca estuvo entre mis prioridades domésticas.

Así pues, una de mis primeras preguntas al llegar a Estados Unidos (donde hasta las casas más humildes están alfombradas por ser más barato que instalar piso) fue sencilla:

“¿Cómo diablos se enciende esta aspiradora?”

Otro episodio que dejó entrever mi ignorancia sobre cuestiones primermundistas fue cuando intenté comprar gasolina en una estación: No tenía la más mínima idea de cómo activar la bomba automática.

En México todas las estaciones de gasolina de Pemex tenían personal que atendía y despachaba la gasolina a los clientes. Pero en el individualista Estados Unidos este es un lujo innecesario: ¿Para qué pagar a empleados, si pueden instalar máquinas automáticas?

Así que si usted no quiere verle la cara al empleado de la tiendita de la estación, no tiene por qué hacerlo: es el cliente el que debe despacharse su propia gasolina, y pagar incluso en la bomba con tarjeta de crédito o débito.

¡Pero yo no sabía cómo! Todo lleno de vergüenza, tuve que entrar a la tiendita y preguntarle al empleado cómo manejar esa sofisticada máquina.

Tuve suerte: el propio empleado era un inmigrante asiático con peor acento que el mío. Pero para agravar mi vergüenza, resultó que las instrucciones estaban escritas en la propia bomba… ¡Y hasta con dibujitos! Pero yo había parado el carro muy cerca y no las vi.

Por fortuna, no estoy sólo en mis metidas de pata. Tengo buenos amigos sudamericanos, muy cultos y estudiados, que también me han contado anécdotas ridículas causadas por su choque cultural con la vida norteamericana.

Mi amigo Efraín, abogado peruano, escribió cómo batalló para instalar su buzón en su casa recién comprada en Florida…. Mismo buzón que el cartero le ordenó retirar porque estaba ubicado muy cerca de la puerta de la casa (al estilo de América Latina) y no junto a los demás buzones de la calle, como requiere el Servicio Postal de Estados Unidos (esto es para evitar que el cartero se baje y CAMINE a cada casa a entregar el correo. A veces hasta meten las cartas en todos los buzones juntos sin bajarse de su camión).

O como le ocurrió con mi amigo Luis, de Argentina, quien cuando compró su casa nueva en Texas, como buen propietario del “American Dream” lo primero que hizo fue cumplir con el ritual semanal de cortar el césped de su patio.

Así pues, Luis se compró una flamante máquina podadora, y procedió a cortar el césped, dejándolo impecable… ¡y pasándose horas barriendo y metiendo en bolsas de basura todo el pasto extra que la podadora había tirado!

“Luis, el césped podado se deja en el jardín, no se recoge”, le conté.

“Bueno, ¡es que de donde vengo las casas no tienen pasto!”, se justificó, rojo de vergüenza y frustración. “¿Cómo rayos iba yo a saber?”

Como inmigrantes, no podemos hacer mucho para evitar estas “metidas de pata”. De hecho, he escuchado de cómo algunos norteamericanos también sufren un choque cultural al revés al ir a América Latina.

Simplemente nos queda aceptar tales hechos humildemente, aprender y reírse de la anécdota. Son parte del proceso de adaptación.

Por lo menos nos quedarán como excelentes temas de conversación en alguna reunión.

O para alguna columna. (www.cesarfernando.com)

1 comentario:

  1. ¿Donde demonios anda metido señor Zapata?

    Espero que todo este bien y regrese pronto a sus actividades periodísticas –se le extraña.

    Arturo Diaz

    ResponderEliminar