viernes, julio 17, 2009

Canadá nos "traicionó": ¡Que viva la transa!

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

Era cuestión de tiempo para que los canadienses impusieran requisito de visa para los mexicanos. No sé porqué nos sorprendemos. Al contrario, ya se habían tardado.

Aunque, para ser justos, a los canadienses se les fue la manita un poco. Si el problema eran los miles de mexicanos que entraban con falsas solicitudes de asilo político, ¿porqué castigar al resto? ¿Porqué no imponer una prohibición a los mexicanos de recibir asilo político, por ejemplo? Así los que entran sabrán a qué atenerse.

El problema radica en que la ley canadiense autoriza a cualquier solicitante de asilo a permanecer en el país durante meses, hasta que se resuelva su caso. Y claro, muchos se aprovechaban de esa laguna legal. Mientras eran peras o manzanas, había mucha gente viviendo del presupuesto del gobierno canadiense.

Yo entrevisté hace algún tiempo a indocumentados mexicanos que llegaban a Canadá pidiendo asilo, y contaban maravillados cómo los "amables" y "civilizados" canadienses les alquilaban hotel, les pagaban las comidas y hasta los inscribían en clases de inglés gratis para que se "adaptaran".
¡Hasta les abrían una cuenta de banco con dinero y todo!

Muy, muy distinto a los "salvajes" e "inhumanos" gringos.

Cierto, muchas de las personas que buscaban ir a Canadá eran gente trabajadora, que sólo querían un futuro mejor para sus familias. La mayoría vivían de indocumentados en Estados Unidos, sin posibilidad de legalizarse nunca. Canadá fue su último recurso.

Pero, de hecho Canadá ya permitía a los mexicanos ir a trabajar legalmente, siempre y cuando los trámites se hicieran desde México. Y ni visa pedían. ¿Entonces para qué quemar la oportunidad?

Eso me platicaron extrañados algunos funcionarios canadienses. ¿Porqué los mexicanos no se van a México y comienzan los trámites desde allá?, preguntaban.

Pero no. "Se nos hizo fácil". Y ahí está el resultado: Mandamos por el caño la buena fe que tenían en nosotros.

Tristemente, algo muy similar pasó en Estados Unidos. Varios funcionarios me platicaron cómo antes era muy simple hacer una declaración legal para recibir servicios públcos en Estados Unidos: usted sólo escribía una carta y la firmaba, por ejemplo. "Yo, Fulanito de Tal, declaro esto y aquello", y ya. La cosa era legal.

Nadie andaba pidiendo cuentas. Si usted decía eso, era porque era verdad. Estaba en juego su nombre y su honor. No en balde el perjurio es uno de los peores delitos según la legislación norteamericana original. Los fundadores anglosajones de Estados Unidos simplemente no podían concebir que alguien mintiera, por Dios. Si hasta en la Biblia estaba el mandamiento.

Aaaaahhh... pero los pobres inocentes no contaban con la astucia de los mexicanos.

Llegamos y comenzamos a hacer de las nuestras a diestra y siniestra, firmando cartas donde declarábamos hasta ser los papás de los pollitos. Y lo peor es que no fue uno, ni dos, sino miles y miles de transas que "se salieron con la suya".

Más de un "paisano" me contaba alegremente cómo "había sido más vivo que estos gringos tarugos". Ancho de orgullo el hombre ante su "sagacidad".

Pero pasó lo que tenía que pasar. Algunas oficinas del gobierno dejaron de aceptar las declaraciones firmadas, y ahora piden pruebas y hacen estudios detallados de cualquier solicitante. "Antes no los pedíamos, pero bueno... hubo mucho abuso", me platicaba casi disculpándose el funcionario texano con el que hablé (que por cierto, era mexicano también.)

Pero no sé porqué nos sorprendemos, si desde pequeños nos vienen incluncando esa cultura de "La Ley de Herodes" ("O te chingas, o te jodes"). Hasta la llevamos grabada en nuestra cultura, en nuestras frases populares: "El que no tranza, no avanza"... "Un político pobre es un pobre político"..."la corrupción somos todos"...

¿Se ha fijado cómo los principales personajes de nuestras películas y series de TV siempre son "transas", que demuestran ser más "vivos" que nadie? (no por estudios o inteligencia, sino para fregar nomás.)

Cantinflas, por ejemplo, era un excelente cómico... pero sus personajes siempre demuestran ser más "vivos" que cualquiera en las artes de la calle. (Claro, es "honrado" y tiene su "código", roba al rico para darle al pobre... ¡Pero sigue siendo transa!)

Igual siguen esta tradición los personajes de Chespirito (Por ejemplo, Don Ramón, el más popular de los personajes, ¡tenía catorce meses que no pagaba la renta y tan campante!), Resortes, Clavillazo y hasta Tin Tán: El mexicano "sagaz", que es capaz de venderle hielo al esquimal... Aunque en el fondo, claro, todos son "buenos" y tienen "un corazón de oro". (¿Lo habrán conseguido trabajando, o trampeando en los dados?)

La tradición continúa en otros países latinos, como el famosísimo José Candelario Tres Patines ("¡A la reja!")

Los únicos personajes honrados y legales que aparecen en nuestras historias siempre son la víctima cómica del personaje "vivo y abusado". O son simples payasos, porque nadie puede creerse que alguien sea tan "inocente" en serio.

Caso típico, El Chapulín Colorado: su honradez y ética eran causa de burlas y golpes. Supongo que Roberto Gómez Bolaños sabía que el público no se iba a tomar en serio a alguien tan honrado y decente... Sólo como comedia.

Esa tradición de ensalzar al pillo viene de muy, muy atrás. Desde España. ¿No era el Lazarillo de Tormes el personaje literario español más famoso? Y era un transa, un típico niño de la calle, un "pícaro" que se las sabía de todas todas, y le quitaba hasta los calcetines a quien se dejara.

La única y, válgame la expresión, honrosa excepción lo fue Don Quijote de La Mancha, que es el arquetipo de la honradez, la ética, la verdad, la justicia... ¡Pero por eso Cervantes lo pintaba de loco!

En cambio, Sancho Panza, el ejemplo de la cordura y la "realidad" no brillaba precisamente por su honradez, al contrario. Pero sí era celebrado por ser "astuto" y "vivaz".

Así pues, con tales "ilustres" tradiciones culturales, no es raro que los latinoamericanos aprendamos desde pequeños "La Ley de Herodes" (

donde nos enseñan que decir la verdad y ser honrado es "tonto" e "inocente", mientras que burlarse de la ley y sacar ventaja a todo es "inteligente"... ¡con razón estamos como estamos!

Y encima nos indignamos... (www.cesarfernando.com)

4 comentarios:

  1. Amén, hermano.
    Todo eso verdad lamentablemente... ¡y así queremos avanzar! ¡¡ja!!

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  2. Hola, gracias por su comentario, y por tomarse el tiempo de leer el artículo.

    En serio, es en ocasiones como ésta cuando deseo fervientemente estar totalmente equivocado, y que los hechos me refuten. Desafortunadamente, el mundo es otro.

    Saludos

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  3. si, es un asunto vergonzoso, ojalá los meicanos aprendiéramos.

    Pero hay que tener cuidado en atribuirlo a diferenia culturales entre esatdos unidos y los paises latinos, como si ellos disfrutaran de una cultura superior.

    la figura del engañabobos es muy popular en la literatura dela europa del norte; del individuo que sale avante mediante engaños y astucias, como till eulenspiegel, francis drake (no hay que olvidar que inglaterra sostuvo una flota de corsarios que atacaban regularmente las flotas españolas que tranpsotaban oro y plata), barbanegra, el marinero inglés protagonista de la serie shogún, bugs bunny.

    En cambio, loq ue preocupaba al español era sobre todo el honor, mantener su honra y sus principios aunque se estuvieran muriendo de hambre, o al menos entre la nobleza castellana.

    en conclusión, tenga cuidado con las conclusiones precipitadas.

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  4. La historia de las habichuelas mágicas o la gansa de los huevos de oro cuenta como un muchacho pobre mata al poseedor de un objeto muy valioso para quedarse con el mismo. Además, al miso tiempo que mataba al gigante cortó la posibilidad de que otra persona hiciera lo mismo que el hizo.

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