lunes, junio 08, 2009

"Graduation Day" con acento hispano

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

cfzap@yahoo.com

FORT MYERS, Florida -- Me ha tocado ir a cubrir varios de estos eventos en los últimos días. Eventos donde los aplausos y las porras electrizan las gradas.

Las familias gritan, aplauden silban, y lloran de alegría. Y cuando un nombre se menciona, una esquina del auditorio siempre estalla en júbilo, y hasta bailan cartelones al ritmo de "la ola", como si el equipo local hubiera anotado un gol de campeonato.

Lo que, en cierto sentido, así es.

No, no me refiero a juegos mundialistas de futbol. No, estos espectáculos a los que me refiero son mucho más emotivos e importantes que simples partidos de futbol.

Me refiero a las graduaciones escolares en Estados Unidos.

A últimas fechas, me ha tocado reportear muchas historias de dolor, crisis y depresión.

La recesión, el desempleo, la incertidumbre no dan para más. Sobre todo entre los inmigrantes en EstadosUnidos.

Por eso me gusta cubrir historias de escuelas: El enfoque no es sobre el presente, ni siquiera sobre el pasado: sino hacia el futuro.

Aquí el tema no es crisis ni depresión, sino planes, proyectos. Esperanzas, pues.

Hoy más que nunca, he visto vi esas ilusiones reflejadas, cuando me tocó cubrir las graduaciones de las "high schools" de este rincón de Florida. Los famosos "Graduation Days".

Al entrar a los auditorios, uno siente una vibra distinta, positiva. Las familias llegan ataviadas con sus mejores ropas, o si no las tienen, al menos con sus mejores espíritus. Eso basta y sobra.

Llegan familias ricas, y pobres; elegantes y humildes. Muchos anglosajones, pero también muchas familias de raza negra. E hispanas. Son éstos últimos los que abarrotan las gradas, con hermanos, hermanas, padres, madres, tíos, sobrinos, y hasta abuelos.

Todos sonrientes, muchos con las miradas enternecidas con las lágrimas.

Los maestros arriban, ataviados con sus sobrias togas y birretes negros.

Y luego, aparecen las estrellas principales del evento: Vestidos de togas brillantes y alegres, decenas, cientos de chicos y chicas radiantes, en su mejor momento.

La pasarela multicolor amerita a que toda la familia se levante de sus asientos. Muchos de estos padres y madres son inmigrantes con apenas educación primaria en México, Centro y Sudamérica. Pero tienen el orgullo de ver a sus hijos graduarse de una escuela que al principio les pareció extraña, en un idioma que les era totalmente ajeno, pero que al final hicieron suyo.

Después de los consabidos discursos, llega el momento cumbre: La entrega de diplomas. Cada nombre es mencionado fuerte y claro, y cuando el niño o la niña aparece, es el acabóse para toda una generación de padres, abuelos y tíos que les antecedió.

Y los nombres que se mencionan, por Dios... Muchos Brown, muchos Smith, muchos Jones, cierto. Pero los Rodríguez, los Pérez, o los Martínez son igual de numerosos o hasta más en ciertas escuelas.

No importa que suenen gracioso cuando el maestro de ceremonias los nombra: "Uaaan Perrrés... Pedrrro Doumingüés... Maerría Vascués..." Las porras y los coros de alegría de la familia compensan con creces la mala (o quizá no sea mala, sino nueva) pronunciación.

Hasta ahora, he visto dos o tres graduaciones donde algunos de los graduados Summa Cum Laude, los alumnos con las más altas calificaciones, llevaban esos apellidos. Y a ellos --no a los Brown, los Smith o los Jones-- les tocó el honor de dar el discurso de graduación de sus compañeros, la Clase del 2009.

Mucha gente en México me pregunta porqué en Estados Unidos se hace tanta alharaca con las graduaciones de las "High School", si en nuestros países es simple y sencillamente un ciclo más. Pero en América Latina, por fortuna, casi todo mundo puede estudiar universidad. En Estados Unidos, esto es un lujo. Si bien no un lujo económico, sí un lujo de tiempo y esfuerzo.

Por eso, el "Graduation Day" simbolizaba antes el final de la vida escolar para el 90 por ciento de los niños, lo que seguía era buscar trabajo.

Hoy, felizmente, no es el caso ya. Para muchos de estos niños la historia continuará el próximo año, pero en las universidades. Quizá no Harvard, o Yale. Quizá ingresen sólo al Community College barato, del gobierno. O algunos se enlistarán en el ejército, y otros se irán a escuelas técnicas. Y sí, algunos más sí irán a Harvard o Yale. Pero lo importante es que seguirán avanzando.

Y dentro de 4 ó 10 años, seguramente en las graduaciones universitarias esos apellidos Brown, Smith o Jones sonarán igual de fuerte que los "Roudrrigüés", los "Perrrés" o los "Vascués".

Pero los gritos y porras desde los padres en las gradas sonarán aún más fuerte. Y en español. (www.cesarfernando.com)

2 comentarios:

  1. Cuando esta oleada de descendientes de inmigrantes lleguen a los puestos de decisión, ¿cambiarán la manera de relacionarse con el mundo, o estarán tan imbuidos de la visión estadounidense que simplemente seguirán las mismas directrices en política exterior que sus antecesores wasp?

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  2. Deberia esxistir un programa donde mexico acepte a esos graduados. Debe aver una manera de ayudarlos dado que la educacion en mexico esta al alcance de todos. No veo porque no aprovechar eso.

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