viernes, marzo 27, 2009

Mi primera columna: Un arranque de nostalgia

Después de andar buscándola durante años, por fin encontré la primera columna "Desde las Entrañas del Monstruo" que escribí. Data de septiembre de 2002:

Suárez Medina y los 'paisanos' de acá

Por César Fernando Zapata
cfzap@msn.com

DALLAS, Texas - Javier Suárez Medina no era inocente. Tenía 19 años cuando cometió el asesinato. Sabía lo que hacía.

Vendía drogas. No por necesidad, sino por decisión. Muchos otros jóvenes hispanos están necesitados y no roban ni trafican. Hacen lo que todos: Trabajan.

Se dio cuenta que su "cliente", Lawrence Cadena, era un policía antinarcóticos de Dallas encubierto. Sacó su pistola y le disparó. Sabía de sobra que en Texas el asesinato en primer grado a un agente policiaco se paga con la pena capital. Todos los que vivimos en Texas -mexicanos, chicanos, anglos, negros, asiáticos, indios- lo sabemos.

Suárez Medina no era un niño ni un retrasado.

Más aún, aceptó su crimen. Nunca se esforzó en negarlo.

No entendemos al gobierno me-xicano. ¿Buscar el perdón para Suárez Medina porque la justicia texana no le avisó al Consulado de su detención? O sea, ¿se vale liberar a un asesino confeso por un tecnicismo legal?

Pudiera ocurrir. Ya ha pasado con otros casos (¿recuerdan a O.J. Simpson?)

Pero, ¿sería ético? ¿moral?

Cierto es que cuando una vida humana está en juego todo se vale. Pero si de verdad lo querían salvar, ¿porqué no actuar antes? El juicio inició en 1989.

Los alegatos legales -por muy bri-llantes que sean- no valen igual si se presentan a la carrera, casi a la puerta de la cámara de ejecución.

Para ganar en Estados Unidos hay que jugar con sus reglas. La mejor manera de salir de un atolladero legal es contratar un buen abogado. Hacer cualquier otra cosa (protestas, enviar cartas diplomáticas, llamadas presidenciales) es bonito para los noticieros, pero poco efectivo ante las cortes.

Este sistema sí tiene muchas injusticias, pero no creemos que tengan que ver tanto con racismo, sino más con cuestiones de dinero. Una buena defensa cuesta. Hay excelentes abogados penales en Texas que pudieron haber encontrado más de una laguna legal en el asunto. Lo han hecho antes. Saben jugar muy bien con las reglas del sistema, y ganar.

Pero estos abogados cobran. Y cobran bien. ¿Valía la pena gastar 10, 15 millones de dólares en una defensa de primera para dejar libre a un asesino confeso? ¿El gobierno mexicano disponía de ese dinero para tal efecto? ¿Estarían de acuerdo los contribuyentes mexicanos en que se gastaran sus impuestos así? ¿Y si es así, porqué no lo gastaron?

Y si lo hubieran gastado, ¿porque sí con Suárez Medina y no con otros ejecutados antes, como Irineo Tristán? ¿O con los 34 mexicanos que siguen en la antesala de la muerte en Estados Unidos?

A fin de cuentas, ¿valdría la pena buscar justicia para alguien fuera de las fronteras, cuando dentro de México constantemente se violan los derechos jurídicos y humanos de cientos o quizá miles de detenidos, muchos de ellos inocentes?

¿En realidad el gobierno de México actuó con intenciones sinceras en el caso de Suárez Medina, o todo fue retórica diplomática, una postura para mantener vivo el principio de condena a la pena de muerte a ojos del mundo? Porque si de verdad querían salvarlo, no se notó. ¿Fue por ignorancia, por desconocimiento de las leyes norteamericanas, por desidia o simple incompetencia?

Y si por el otro lado, nunca quisieron salvarlo, ¿para qué tanto teatro? ¿Para qué tantas llamadas pre-sidenciales, a sabiendas que nada lograrían, y sí pondrían más en ridículo a la ya de por sí vapuleada imagen del presidente Vicente Fox frente a Estados Unidos?

Porque nosotros, los "paisanos de acá", igual que los "paisanos de allá", tampoco le creemos ya.

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POSTDATA: La columna la escribí en un arranque de loquera, sin un plan específico. Pensé que quizá me pudiera ayudar a encontrar chamba en México en algún periódico, en caso de que necesitara regresarme a comenzar de nuevo.

Se me ocurrió enviarla por e-mail a cuanto periódico mexicano e hispano encontré en internet. De pura onda. No tenía idea de qué iba a pasar, si la iban a aceptar o no.

Nunca se me va a olvidar que fue Roberto Mora, director editorial de El Mañana de Nuevo Laredo, el primero que me respondió, aceptando la columna y pidiéndome más. Fue el inicio de una amable amistad por e-mail, que duró hasta que Roberto fue asesinado, dos años después.

Siempre quise incluir esta columna en el blog, pero por cuestiones "fuera de mi control" (léase, MSN borró todos mis correos) nunca había podido. No la tenía, se había perdido. Vaya, ni siquiera está incluída en el libro.

Ahora, la recuperé.

No es ni la mejor ni la peor columna. Su interés quizá sea sólo anecdótico. La ejecución del mexicano Javier Suárez Medina en Texas (que fuera noticia de primera plana en 2002, y causa de acalorados debates en televisión) ha quedado casi en el olvido hoy en día. No así el tema principal: la pena de muerte en Estados Unidos, sobre todo contra inmigrantes.

Cámbiele los nombres y las fechas, y la columna sigue vigente. Al menos, yo no he cambiado de opinión al respecto.

1 comentario:

  1. supongo parte dela polémica no era si es culpable o inocente, sino la oposición a la pena de muerte en sí.

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