sábado, marzo 28, 2009

El Valemadrismo: ¿Producto de exportación internacional?

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

Los indios (de la India) y los chinos se están haciendo millonarios.

Gracias a los gringos.

¿Cómo lo hacen? Simple: Les están "enseñando" a los norteamericanos a... ¡trabajar!

Compañías en Bangalore y Shangai promueven sus servicios muy agresivamente entre empresas de Estados Unidos, para hacer el mismo trabajo que hacen éstas... por menos dinero, claro.

Es lo que se llama "outsourcing". Algo así como "subcontratación exterior".

Así pues, si una empresa americana le paga 10 dólares la hora a un empleado por apretar un botón en un teclado, llega una empresa china o india y le ofrece hacer el mismo trabajo por 5 dólares. O menos.

Claro, estas empresas chinas e indias contratan empleados en sus países, y les pagan 2 dólares. Al día.

(No se trata de "maquila" en el estricto sentido. La maquila está anclada en una economía industrial. El "outsourcing" en cambio, son servicios, que pueden ir desde llamadas telefónicas hasta creación de software. Es economía post-industrial. Y quizá por ello mejor preparada para enfrentar las pataletas de la economía.)

Los indios en particular están sacando mucha ventaja por ser el país "angloparlante" más poblado del mundo. Cada vez que yo quiero pelearme con mi empresa telefónica por un cobro, o preguntar alguna duda sobre mi computadora, llamo a una línea de servicio al cliente que está en Asia, no en América.

Pero los asiáticos también están "asesorando" a los norteamericanos, dándoles cursos y capacitaciones en campos que ellos ya dominaban... Y cobrándoles de paso.

Muchas fortunas asiáticas se han forjado así.

Al ver esto, la pregunta obvia es, ¿porqué ellos sí pudieron y nosotros no?

Nosotros, me refiero a América Latina.

Sé que ya hay empresas al sur del río Bravo que ya dan servicios de "outsourcing" a Estados Unidos, pero en su mayoría se enfocan en la comunidad hispana.

Claro, los hispanos en EE.UU. somos una tajada grande y potencialmente enorme. ¿Pero porqué no lanzarnos por todo el pastel?

Los indios lo lograron, aún con su extraño acento que no lo entienden ni siquiera los propios anglosajones nativos.

Y los chinos también, aún sin hablar inglés.

¿Es que nuestro nivel de inglés no está a la par que la de ellos? No lo creo. Repito: los indios y los chinos pudieron, a pesar de tener igual o más desventajas culturales.

Los latinoamericanos tenemos muchas ventajas, como la geográfica. Casi compartimos el mismo horario que Estados Unidos, algo muy útil cuando hay que hacer negocios internacionales (que se han convertido en negocios locales).

También compartimos muchas más similitudes culturales con los norteamericanos, salvo las obvias diferencias. No se puede decir que los indios o los chinos sean más "occidentales" que un mexicano o un colombiano.

Entonces, ¿qué podemos nosotros, mexicanos y latinoamericanos, ofrecer a la economía más grande del mundo?

Se me ocurrió una idea estúpida: Si los chinos e indios les enseñan a trabajar, nosotros quizá podamos enseñarles... ¡a no hacerlo!

Me explico: Hay "consultores" que cobran montones de dinero a empresas para "enseñar" a sus empleados cómo trabajar más y mejor. "Hacer más con menos".

El problema es que ya se está viendo que la llamada "productividad" excesiva está causando estragos en la salud del país.

En Estados Unidos abundan los infartos, sobre todo entre los ejecutivos. Los norteamericanos tienen la mentalidad imbuída de "hacer muchas cosas", de preocuparse por todo, de tratar de competir contra todos.

Esto trae de plácemes a los ataques cardiacos.

Ahora, expertos y médicos están sonando la voz de alarma para pedirle a la gente que le baje a su ritmo. No sólo comer saludable, sino también trabajar saludable.

Es la nueva "moda", junto con salvar al planeta.

Ni tanto que queme al santo, ni tanto que no lo alumbre.

Por eso, ahora están surgiendo "asesores" que ofrecen cursos de.. ¡relajación!

O sea, cobran buen dinero por "capacitar" a gerentes y empleados sobre cómo enfrentar crisis con optimismo, cómo relajarse, cómo superarse "personalmente".

Algunos de ellos cobran por "aconsejar" a empresas cosas que nosotros los latinoamericanos ya sabíamos desde generaciones: Que los horarios corridos no son buenos para la salud, que es mejor hacer una pausa a medio día para echarse un sueñito.

¡Están "inventando" la siesta!

(Y lo peor es que la están patentando y haciéndose millonarios con ella, sin darnos regalías a nosotros, sus inventores.)

No son pocos los norteamericanos que visitan o se retiran en México, y que alaban el ritmo de vida más pausado al sur de la frontera.

Lo que nosotros consideramos lastres culturales que nos mantienen hundidos en el subdesarrollo (como el "mañana" que nunca llega, o el infame "valemadrismo"), para los norteamericanos es "mejor calidad de vida".

Para ellos, es como experimentar una epifanía, casi casi como alcanzar el nirvana.

Mientras nosotros tratamos de erradicar esas actitudes, dizque porque no van con la mentalidad de la gente "desarrollada", en cambio la gente "desarrollada" las está adoptando... ¡por salud propia!

Los retirados o turistas norteamericanos se dan cuenta de que hay otras maneras de vivir, de disfrutar la vida. Que no todo debe estar anotado en una agenda, por horario.

Y alegremente aconsejan a sus compatriotas que aún viven en ese ritmo brutal: "Relax!" y "Mañana".

Y he aquí la idea estúpida que se me ocurrió: ¿No podríamos los mexicanos impartir esos cursos de "slow pace of life" ("nivel más lento de vida"), al estilo mexicano?

¿Quién mejor que nosotros, maestros de ese arte?

Pese a las críticas de los fanáticos de la "productividad", los países latinoamericanos siempre han logrado salir adelante con ese sistema, a pesar de los problemas. Y según las encuestras que hacen una y otra vez a nivel mundial, los latinoamericanos siempre salimos entre los pueblos "más felices del mundo".

Quizá se puedan crear "paquetes" de relax, con "cursos", "talleres" y "asesorías" para ejecutivos en sitios turísticos creados especialmente para ello, alejados de los tradicionales centros vacacionales.

¿Centros de "trabajo" para altos ejecutivos empresariales en la costa veracruzana o bajacaliforniana, donde puedan hacer negocios desde una computadora o videocámara, mientras se relajan? El internet lo hace posible.

Se podría crear toda una industria de servicios a su alrededor, para hoteles, hospitales, programadores de computadoras, nutriólogos... Y cobrar bien por ello.

Vaya, probablemente hasta las aseguradoras pudieran dar descuentos.

Quizá sea el inicio de una industria de "outsourcing" que los latinoamericanos podamos acaparar.

Las industrias nacen cuando alguien tiene un producto, que otra persona está dispuesta a comprar. Es el principio básico de la economía.

En este caso, el "producto" sería una vida más larga, relajada y feliz. ¿Quién no querría pagar por ello?

3 comentarios:

  1. ¡Ahora si que se fumo señor Zapata!

    Aunque la idea no estaría mal dudo mucho que algo así pegara a gran escala. Además de que en México no hay cultura por aprendizaje de las lenguas extranjeras y mucho menos de aprender ingles. Muy a pesar de que hay tantas escuelas que supuestamente enseñan ingles; son muy pocos los que realmente pueden entenderlo y ni se diga hablarlo. Sin en cambio, en países asiáticos la población y el gobierno se ha preocupado por importar angloparlantes nativos para que les enseñen –y ser así competitivos.


    Por cierto la “siesta” no es un producto mexicano como usted lo presume. La siesta es una invención española importada por ellos a sus colonias tropicales –por lo tanto las regalías les corresponderían a los españoles.


    Arturo Diaz Cruz

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  2. Je-je, por eso dije que era una "idea estúpida", conste.
    Lo de la siesta dije "nosotros" refiriéndonos a los latinoamericanos, no sólo a los mexicanos. Y claro, la mayoría de nuestras virtudes y defectos provienen de España, aunque les duela a muchos (españoles incluídos).
    Saludos

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  3. La verdad me parece una idea genial. Deberia patentarla y vendersela a alguna cadena de hoteles o agencia de viajes. lo digo en serio.

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