sábado, marzo 28, 2009

El Valemadrismo: ¿Producto de exportación internacional?

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

Los indios (de la India) y los chinos se están haciendo millonarios.

Gracias a los gringos.

¿Cómo lo hacen? Simple: Les están "enseñando" a los norteamericanos a... ¡trabajar!

Compañías en Bangalore y Shangai promueven sus servicios muy agresivamente entre empresas de Estados Unidos, para hacer el mismo trabajo que hacen éstas... por menos dinero, claro.

Es lo que se llama "outsourcing". Algo así como "subcontratación exterior".

Así pues, si una empresa americana le paga 10 dólares la hora a un empleado por apretar un botón en un teclado, llega una empresa china o india y le ofrece hacer el mismo trabajo por 5 dólares. O menos.

Claro, estas empresas chinas e indias contratan empleados en sus países, y les pagan 2 dólares. Al día.

(No se trata de "maquila" en el estricto sentido. La maquila está anclada en una economía industrial. El "outsourcing" en cambio, son servicios, que pueden ir desde llamadas telefónicas hasta creación de software. Es economía post-industrial. Y quizá por ello mejor preparada para enfrentar las pataletas de la economía.)

Los indios en particular están sacando mucha ventaja por ser el país "angloparlante" más poblado del mundo. Cada vez que yo quiero pelearme con mi empresa telefónica por un cobro, o preguntar alguna duda sobre mi computadora, llamo a una línea de servicio al cliente que está en Asia, no en América.

Pero los asiáticos también están "asesorando" a los norteamericanos, dándoles cursos y capacitaciones en campos que ellos ya dominaban... Y cobrándoles de paso.

Muchas fortunas asiáticas se han forjado así.

Al ver esto, la pregunta obvia es, ¿porqué ellos sí pudieron y nosotros no?

Nosotros, me refiero a América Latina.

Sé que ya hay empresas al sur del río Bravo que ya dan servicios de "outsourcing" a Estados Unidos, pero en su mayoría se enfocan en la comunidad hispana.

Claro, los hispanos en EE.UU. somos una tajada grande y potencialmente enorme. ¿Pero porqué no lanzarnos por todo el pastel?

Los indios lo lograron, aún con su extraño acento que no lo entienden ni siquiera los propios anglosajones nativos.

Y los chinos también, aún sin hablar inglés.

¿Es que nuestro nivel de inglés no está a la par que la de ellos? No lo creo. Repito: los indios y los chinos pudieron, a pesar de tener igual o más desventajas culturales.

Los latinoamericanos tenemos muchas ventajas, como la geográfica. Casi compartimos el mismo horario que Estados Unidos, algo muy útil cuando hay que hacer negocios internacionales (que se han convertido en negocios locales).

También compartimos muchas más similitudes culturales con los norteamericanos, salvo las obvias diferencias. No se puede decir que los indios o los chinos sean más "occidentales" que un mexicano o un colombiano.

Entonces, ¿qué podemos nosotros, mexicanos y latinoamericanos, ofrecer a la economía más grande del mundo?

Se me ocurrió una idea estúpida: Si los chinos e indios les enseñan a trabajar, nosotros quizá podamos enseñarles... ¡a no hacerlo!

Me explico: Hay "consultores" que cobran montones de dinero a empresas para "enseñar" a sus empleados cómo trabajar más y mejor. "Hacer más con menos".

El problema es que ya se está viendo que la llamada "productividad" excesiva está causando estragos en la salud del país.

En Estados Unidos abundan los infartos, sobre todo entre los ejecutivos. Los norteamericanos tienen la mentalidad imbuída de "hacer muchas cosas", de preocuparse por todo, de tratar de competir contra todos.

Esto trae de plácemes a los ataques cardiacos.

Ahora, expertos y médicos están sonando la voz de alarma para pedirle a la gente que le baje a su ritmo. No sólo comer saludable, sino también trabajar saludable.

Es la nueva "moda", junto con salvar al planeta.

Ni tanto que queme al santo, ni tanto que no lo alumbre.

Por eso, ahora están surgiendo "asesores" que ofrecen cursos de.. ¡relajación!

O sea, cobran buen dinero por "capacitar" a gerentes y empleados sobre cómo enfrentar crisis con optimismo, cómo relajarse, cómo superarse "personalmente".

Algunos de ellos cobran por "aconsejar" a empresas cosas que nosotros los latinoamericanos ya sabíamos desde generaciones: Que los horarios corridos no son buenos para la salud, que es mejor hacer una pausa a medio día para echarse un sueñito.

¡Están "inventando" la siesta!

(Y lo peor es que la están patentando y haciéndose millonarios con ella, sin darnos regalías a nosotros, sus inventores.)

No son pocos los norteamericanos que visitan o se retiran en México, y que alaban el ritmo de vida más pausado al sur de la frontera.

Lo que nosotros consideramos lastres culturales que nos mantienen hundidos en el subdesarrollo (como el "mañana" que nunca llega, o el infame "valemadrismo"), para los norteamericanos es "mejor calidad de vida".

Para ellos, es como experimentar una epifanía, casi casi como alcanzar el nirvana.

Mientras nosotros tratamos de erradicar esas actitudes, dizque porque no van con la mentalidad de la gente "desarrollada", en cambio la gente "desarrollada" las está adoptando... ¡por salud propia!

Los retirados o turistas norteamericanos se dan cuenta de que hay otras maneras de vivir, de disfrutar la vida. Que no todo debe estar anotado en una agenda, por horario.

Y alegremente aconsejan a sus compatriotas que aún viven en ese ritmo brutal: "Relax!" y "Mañana".

Y he aquí la idea estúpida que se me ocurrió: ¿No podríamos los mexicanos impartir esos cursos de "slow pace of life" ("nivel más lento de vida"), al estilo mexicano?

¿Quién mejor que nosotros, maestros de ese arte?

Pese a las críticas de los fanáticos de la "productividad", los países latinoamericanos siempre han logrado salir adelante con ese sistema, a pesar de los problemas. Y según las encuestras que hacen una y otra vez a nivel mundial, los latinoamericanos siempre salimos entre los pueblos "más felices del mundo".

Quizá se puedan crear "paquetes" de relax, con "cursos", "talleres" y "asesorías" para ejecutivos en sitios turísticos creados especialmente para ello, alejados de los tradicionales centros vacacionales.

¿Centros de "trabajo" para altos ejecutivos empresariales en la costa veracruzana o bajacaliforniana, donde puedan hacer negocios desde una computadora o videocámara, mientras se relajan? El internet lo hace posible.

Se podría crear toda una industria de servicios a su alrededor, para hoteles, hospitales, programadores de computadoras, nutriólogos... Y cobrar bien por ello.

Vaya, probablemente hasta las aseguradoras pudieran dar descuentos.

Quizá sea el inicio de una industria de "outsourcing" que los latinoamericanos podamos acaparar.

Las industrias nacen cuando alguien tiene un producto, que otra persona está dispuesta a comprar. Es el principio básico de la economía.

En este caso, el "producto" sería una vida más larga, relajada y feliz. ¿Quién no querría pagar por ello?

viernes, marzo 27, 2009

Mi primera columna: Un arranque de nostalgia

Después de andar buscándola durante años, por fin encontré la primera columna "Desde las Entrañas del Monstruo" que escribí. Data de septiembre de 2002:

Suárez Medina y los 'paisanos' de acá

Por César Fernando Zapata
cfzap@msn.com

DALLAS, Texas - Javier Suárez Medina no era inocente. Tenía 19 años cuando cometió el asesinato. Sabía lo que hacía.

Vendía drogas. No por necesidad, sino por decisión. Muchos otros jóvenes hispanos están necesitados y no roban ni trafican. Hacen lo que todos: Trabajan.

Se dio cuenta que su "cliente", Lawrence Cadena, era un policía antinarcóticos de Dallas encubierto. Sacó su pistola y le disparó. Sabía de sobra que en Texas el asesinato en primer grado a un agente policiaco se paga con la pena capital. Todos los que vivimos en Texas -mexicanos, chicanos, anglos, negros, asiáticos, indios- lo sabemos.

Suárez Medina no era un niño ni un retrasado.

Más aún, aceptó su crimen. Nunca se esforzó en negarlo.

No entendemos al gobierno me-xicano. ¿Buscar el perdón para Suárez Medina porque la justicia texana no le avisó al Consulado de su detención? O sea, ¿se vale liberar a un asesino confeso por un tecnicismo legal?

Pudiera ocurrir. Ya ha pasado con otros casos (¿recuerdan a O.J. Simpson?)

Pero, ¿sería ético? ¿moral?

Cierto es que cuando una vida humana está en juego todo se vale. Pero si de verdad lo querían salvar, ¿porqué no actuar antes? El juicio inició en 1989.

Los alegatos legales -por muy bri-llantes que sean- no valen igual si se presentan a la carrera, casi a la puerta de la cámara de ejecución.

Para ganar en Estados Unidos hay que jugar con sus reglas. La mejor manera de salir de un atolladero legal es contratar un buen abogado. Hacer cualquier otra cosa (protestas, enviar cartas diplomáticas, llamadas presidenciales) es bonito para los noticieros, pero poco efectivo ante las cortes.

Este sistema sí tiene muchas injusticias, pero no creemos que tengan que ver tanto con racismo, sino más con cuestiones de dinero. Una buena defensa cuesta. Hay excelentes abogados penales en Texas que pudieron haber encontrado más de una laguna legal en el asunto. Lo han hecho antes. Saben jugar muy bien con las reglas del sistema, y ganar.

Pero estos abogados cobran. Y cobran bien. ¿Valía la pena gastar 10, 15 millones de dólares en una defensa de primera para dejar libre a un asesino confeso? ¿El gobierno mexicano disponía de ese dinero para tal efecto? ¿Estarían de acuerdo los contribuyentes mexicanos en que se gastaran sus impuestos así? ¿Y si es así, porqué no lo gastaron?

Y si lo hubieran gastado, ¿porque sí con Suárez Medina y no con otros ejecutados antes, como Irineo Tristán? ¿O con los 34 mexicanos que siguen en la antesala de la muerte en Estados Unidos?

A fin de cuentas, ¿valdría la pena buscar justicia para alguien fuera de las fronteras, cuando dentro de México constantemente se violan los derechos jurídicos y humanos de cientos o quizá miles de detenidos, muchos de ellos inocentes?

¿En realidad el gobierno de México actuó con intenciones sinceras en el caso de Suárez Medina, o todo fue retórica diplomática, una postura para mantener vivo el principio de condena a la pena de muerte a ojos del mundo? Porque si de verdad querían salvarlo, no se notó. ¿Fue por ignorancia, por desconocimiento de las leyes norteamericanas, por desidia o simple incompetencia?

Y si por el otro lado, nunca quisieron salvarlo, ¿para qué tanto teatro? ¿Para qué tantas llamadas pre-sidenciales, a sabiendas que nada lograrían, y sí pondrían más en ridículo a la ya de por sí vapuleada imagen del presidente Vicente Fox frente a Estados Unidos?

Porque nosotros, los "paisanos de acá", igual que los "paisanos de allá", tampoco le creemos ya.

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POSTDATA: La columna la escribí en un arranque de loquera, sin un plan específico. Pensé que quizá me pudiera ayudar a encontrar chamba en México en algún periódico, en caso de que necesitara regresarme a comenzar de nuevo.

Se me ocurrió enviarla por e-mail a cuanto periódico mexicano e hispano encontré en internet. De pura onda. No tenía idea de qué iba a pasar, si la iban a aceptar o no.

Nunca se me va a olvidar que fue Roberto Mora, director editorial de El Mañana de Nuevo Laredo, el primero que me respondió, aceptando la columna y pidiéndome más. Fue el inicio de una amable amistad por e-mail, que duró hasta que Roberto fue asesinado, dos años después.

Siempre quise incluir esta columna en el blog, pero por cuestiones "fuera de mi control" (léase, MSN borró todos mis correos) nunca había podido. No la tenía, se había perdido. Vaya, ni siquiera está incluída en el libro.

Ahora, la recuperé.

No es ni la mejor ni la peor columna. Su interés quizá sea sólo anecdótico. La ejecución del mexicano Javier Suárez Medina en Texas (que fuera noticia de primera plana en 2002, y causa de acalorados debates en televisión) ha quedado casi en el olvido hoy en día. No así el tema principal: la pena de muerte en Estados Unidos, sobre todo contra inmigrantes.

Cámbiele los nombres y las fechas, y la columna sigue vigente. Al menos, yo no he cambiado de opinión al respecto.

sábado, marzo 14, 2009

La ley de la relatividad restringida en Estados Unidos...

He estado tratando de contactar al Servicio al Cliente de mi empresa telefónica. O más bien de mi EX empresa telefónica.

Contratamos otro servicio de TV por cable, internet y teléfono fijo. Pero la nueva compañía no puede ocupar la línea porque mi servicio anterior no la ha desocupado. Se mantiene una grabación que tenemos que "pagar lo que debemos antes de reconectar el servicio".

El problema es que no debemos nada. Ya pagamos lo que debíamos. No queremos renovar el servicio con la anterior compañía.

He tratado de llamar a la empresa para "aclarar", pero sólo tienen servicio por teléfono "De 9 a 6, de Lunes a Viernes". Cuando salgo de trabajar ya es muy tarde.

Mi esposa sí ha logrado comunicarse con ellos. Pero sólo para pasarse peleándose porque los empleados se pasan la pelota de departamento en departamento. Quizá esperando que se aburra y cuelgue (lo cual hasta ahora ha sido muy efectivo).

Ah, pero eso sí, el Servicio de Cobro tiene servicio 24 horas al día, 7 días a la semana. Se la pasan llamándome a cada rato para cobrarme lo que ya no debo, hasta madrugadas de domingo.

Y cuando trato de aclararles, me dicen que ellos sólo son del Departamento de Cobros, no saben nada de problemas. Que tengo que hablar "con Servicio al Cliente".

Intenté entonces enviar un correo electrónico a Servico al Cliente. El sistema me dijo que mi respuesta estaba "dentro de mi cuenta de internet".

Cuando quise entrar a revisar el mensaje en mi "cuenta de internet", el sistema me dijo que no podía ayudarme porque "esa cuenta ya no existe". (!!!!!)

Pero (en su enorme magnanimidad) la empresa me daba una opción:

"Llamar ¡A SERVICIO AL CLIENTE!"

Y yo que creí que ésto sólo pasaba en la Latinoamérica del Realismo Mágico...

miércoles, marzo 11, 2009

Hazte a un lado, Spanglish, que aquí viene el Ingleñol

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

Si alguno de nosotros, inmigrantes en Estados Unidos, de pronto nos pega en gana fastidiar a nuestros compatriotas latinoamericanos al sur del río Bravo, no hay mejor forma de hacerlo que hablándoles en Spanglish.

Es como si les pusieran un cohete en los pies. El spanglish es uno de los temas que más urticaria causa entre los hispanoparlantes.

Es normal. Una de las cosas que más orgullo nos da es nuestro idioma (junto con nuestra comida, nuestra bandera y nuestro equipo de futbol). Por eso, no es raro que el Spanglish sea considerado como un "hijo bastardo", nacido de la fusión entre el español y (¡horror de horrores!) el inglés.

Los hispanos podemos aceptar la existencia de otros "bastardos" idiomáticos, como el franceñol, el portuñol y hasta el chiñol. Son simples "curiosidades", decimos.

Ah, pero el Spanglish es otra cosa. Más que un bastardo, es un mutante, un frankenstein, un gólem, un monstruo deforme, un aborto que no debería existir... todo en uno solo.

Bueno, pero lo novedoso ahora es que el "mutante bastardo" ya no está solo, sino que tiene ... ¡un hermano!

Porque si entendemos que el Spanglish es el caló originado entre los inmigrantes latinos en Estados Unidos, al mezclarse con el inglés, ¿entonces qué es lo que están comenzando a hablar cada vez más los inmigrantes norteamericanos que ya se mudan en masa al sur de la frontera? (Legal e ilegalmente).

No es una versión del español mezclada con el inglés, sino al revés: Una versión del inglés mezclada con el español.

Uno no necesita ni siquiera conocer "gringos" en México. Con sólo entrar a los montones de sitios de internet que estas comunidades han creado, se da uno cuenta de que "algo" está pasando idiomáticamente entre esos inmigrantes.

No es raro leer escritos de Norteamericanos-Mexicanos que comentan cosas como esta: "Our amigos will go mañana to the pueblo, to a fiesta at la casita of la señora who lives by the camión station, near el lago".

Suena a Spanglish... pero no lo es, no precisamente. Quiero decir, que los inmigrantes hispanos no mezclarían exactamente esas palabras, sino que lo harían al revés: Dirían "Póri" (party) en lugar de "fiesta".

En cambio, los Gringos-Mexicanos salpican su inglés con palabras que ya adoptaron como propias en su diario conversar, como la casa, la familia, pueblo, burro, mañana, cocina, señora, amigos, y hasta escriben México (así, con acento).

Yo sé que esta situación va a causar más de un infarto, tanto al sur como al norte del río Bravo.

De hecho, reconozco que a mí me molestaba el tema de la fusión de lenguas cuando recién llegué a Estados Unidos, porque los latinoamericanos tenemos el concepto de que el Spanglish, como cualquier mezcla de idiomas, es sólo de gente "sin educación".

Y siempre insistía en que el idioma se mantuviera "puro".

Pero al pasar los años, me pregunté ¿qué es “pureza”? Los idiomas evolucionan. Todo el vocabulario del español, del inglés, del francés y de casi todos los idiomas, proviene de otras partes.

No hay idiomas 100% "puros". Todos son retazos cosidos con parches de todas las lenguas. El idioma español está parchando con pedazos de latín, árabe, griego, celta, íbero, francés, italiano y hasta inglés, entre muchos otros más.

Si comenzamos a quitarle al español palabras “impuras”, acabaremos quedándonos con el latín puro... pero eso ya no sería español.

Y aún si nos quedamos con el latín, habría que distinguir entre latín clásico (el de los libros y los oradores) y latín vulgar (el que hablaba la gente y del que nació el español).

Lo mismo pasaría con el inglés: Si lo vamos descascarando primero queda anglosajón, luego lengua germánica, normanda y hasta celta.

Esto no significa que no hay que tratar de hablar correctamente. Significa que el concepto de "correctamente" evoluciona con el tiempo, y las palabras que eran consideradas "incorrectas" casi siempre terminan siendo aceptadas como la norma. Los idiomas tienen que aumentar sus vocabularios conforme pasa el tiempo.

El Spanglish y el Ingleñol quizá no sean "bastardos", sino la siguiente generación de esta familia cultural, que sigue creciendo. Quizá no hacia arriba, sino hacia los lados, pero a fin de cuentas, sigue viva.

Aunque los antimexicanos (al norte de la frontera) y los antigringos (al sur) sigan refunfuñando, ambos países, México y Estados Unidos están avanzando cada vez más en un proceso de fusión cultural.

No como nunca, sino como siempre ha pasado en la historia de la humanidad, donde todos compartimos ya genes culturales con otros pueblos. Para bien o para mal. (www.cesarfernando.com)

miércoles, marzo 04, 2009

BTW, otra más

Por cierto, se me olvidaban otros ejemplos típicos de palabras inglesas difíciles para los hispanos, como los clásicos:

1) Through, 2) Though, 3) Tough, 4) Thorough...

Todas estas son palabras muy comunes, y se parecen. Se escriben casi con las mismas letras... pero significan cosas totalmente distintas, y lo peor: aunque todas ellas comparten "ough" como última "sílaba" (si se puede llamar así), ¡en cada una de ellas se pronuncia totalmente diferente!

Significados:

1) A través, 2) Aunque, 3) Difícil (duro), 4) Detallado

Pronunciación (más o menos, con lo poco que permite el alfabeto latino):

1) Dzru (z española y r inglesa), 2) Dou, 3) Tof, 4) Dzorou (idem).

¡Na' qué ver!

¿Usted tiene algún ejemplo?

domingo, marzo 01, 2009

¡Como batallo para pronunciar el inglés!

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

Bitch o Beach? Sheet o Shit? Full o Fool? Heel o hill? Heat o Hit?

Estas palabras en inglés, aunque nos parezcan similares o idénticas a nosotros los hispanos, para los angloparlantes son y suenan totalmente distintas.

Y lo peor es que tienen significados totalmente distintos también, y hasta opuestos.

Beach es playa. Bitch, en cambio, es perra (o mujer de la vida galante, en su acepción más negativa). Sheet es hoja (de papel o metal). Shit es el producto intestinal de desecho que resulta tras digerir nuestros alimentos sólidos (léase, popó). Full es lleno, mientras que fool es tonto. Heel es tacón y Hill, monte. Heat es calor, Hit es golpe.

Y no, no suenan igual, aunque nos los parezca. Después de mucha práctica, uno puede distinguir la diferencia.

Este es solo un botón de las dificultades con las que nosotros los hispanoparlantes nos enfrentamos al tratar de hablar inglés.

Muchos de nosotros (un servidor incluído) llegan a Estados Unidos con la plena convicción y confianza de que SABEN inglés. Por lo menos lo suficiente para defendernos.

La culpa no es nuestra, de hecho: Después de haber llevado 3 años de clases de inglés en la secundaria, dos en la preparatoria, y otros tres en la universidad, uno termina creyéndose que conoce el idioma.

Yo, por ejemplo, pasaba mis exámenes de inglés con puro 10 siempre, no porque fuera una eminencia (en los demás exámenes sacaba hasta seises), sino porque siempre me gustó aprender idiomas. Para mí era como inventar claves secretas de comunicación, era una especie de juego mental similar a los crucigramas.

Al llegar a Estados Unidos me di cuenta que mi conocimiento del inglés me servía para... sacar 10 en exámenes de la escuela. Nada más.

El problema es que yo sabía perfecto inglés gramatical, sus reglas y vocabulario, pero nunca me enseñaron a PRONUNCIAR.

Otros ejemplos: Hut (choza) y Hot (caliente), Doll (muñeca) y Dull (aburrido). Aquí es peor porque todas estas palabras usan distintos tipos del sonido O, que no existen en español.

Nunca me dijeron que el inglés hablado también tiene un ritmo y entonación que no existe en español.

En español acentuamos ciertas sílabas de cada palabra, mientras que en inglés se acentúan ciertas palabras de cada frase. Y ahí estriba una enorme diferencia.

Yo me empeñaba en aplicar el mismo ritmo monótono del español al inglés, y los norteamericanos me veían como si acabara de llegar de otro planeta (lo cual era cierto en más de un sentido).

Hasta que me di cuenta que el inglés americano se tiene que hablar como si estuviera uno actuando en una obra teatral de la secundaria: Subiendo y bajando el volumen de cada palabra, según la intención.

Así, para un simple saludo y presentación, tenía que sonar así:

"Good MORNING, my name is FERNANDO. HOW are you?".

Otras confusiones clásicas: Crab (cangrejo) por Crap (excremento o basura); Eyes (ojos) por Ice (hielo). Y pronunciar bien nombres propios como John, Jim, o Bill, que siempre pronunciamos Yon, Yeem o Beel, sin distinguir vocales.

El problema es que en la escuela nunca nos enseñan que el inglés tiene cuarenta y tantos sonidos, mientras que el español tiene la mitad que eso. Tan solo vocales, el inglés tiene más de 10, comparadas con las 5 del español.

Y lo peor es que las escriben con las mismas letras que nosotros, siendo que las más de las veces no tiene nada qué ver su sonido con los sonidos del español.

Por ejemplo, cada vocal del inglés tiene por lo menos dos sonidos distintos (corto y largo). Igual ocurre con algunas consonantes que para nosotros nos suenan igual, como la y (que puede sonar como sh cuando se escribe con J o como y).

Quizá nuestros maestros de inglés no tuvieron la culpa. A la mejor algunos tampoco sabían la diferencia.

Bueno, pensé, al menos existen muchas palabras parecidas al español que sí puedo pronunciar. Por ejemplo Temperature, Comfortable, Vegetable, Government significan los mismo que temperatura, confortable, vegetal y gobierno.

Lo que nunca tomé en cuenta es la alergia de los anglosajones por pronunciar palabras largas. En vez de pronunciar todas las letras, se comen dos o tres sílabas para decirlas rápido.

Así, pues, cuando trataba de pronunciar esas palabras con todas sus sílabas me volvían a ver con cara de What?

Comfortable, por ejemplo, se pronuncia cómftbl. O algo que suena similar.
Vegetable es véshtbl (si, pronunciando cinco consonantes juntas), mientras que temperature no era Températur, sino témpechur.

Government me dio más bronca, hasta que alguien me dijo que no sonaba Gobérnement, sino Góvement.

Una palabra básica que yo siempre había pronunciado completa, como Wednesday (miércoles) no sonaba como me lo habían enseñado mis maestros, sino Wénsdey (la D y la segunda E desaparecian completamente)

Y ah, como me dieron batalla dos palabras que siempre tenía que decir: Inevitable (que se pronuncia algo así como Inevírabl), y 30 (thirty) o treinta. Peor era cuando tenía que decir "treintavo": Thirtieth. Batallé para entender que no sonaban Tirty, o Tirtiet, sino algo así como Zzri (Thirty), y Zzriezz (Thirtieth), (en una extraña y trabalengüistica mezcla de Z española y R inglesa).

Aún hoy me confundo a veces con algunas palabras simples, como Little (que significa Pequeño, y suena algo asi como Lire, pero con las vocales I y E cortas y rápidas, no largas y claras como en español).

El problema es que los hispanos siempre tratamos de leer el inglés como se escribe, siendo que no tiene nada qué ver el idioma escrito con el hablado. En ese sentido, algunos estudiosos opinan que el inglés tiene mucha similitud con el idioma chino, donde los hablantes tienen que aprender todos y cada uno de los símbolos que representan cada palabra.

(Vaya, con decirles que ni siquiera los propios angloparlantes saben cómo pronunciar todas las palabras. Si se topan con una palabra que no concen, todos --desde alumnos de escuela, hasta maestros y académicos-- deben preguntar antes cómo se pronuncia. O en su defecto, buscar su pronunciación en el alfabeto fonético... Imagínense lo complicado que es esto, para que tengan DOS alfabetos: Uno que les dice cómo se escribe la palabra, y el otro que les dice cómo se pronuncia.)

Para ser justos, los anglos también tienen broncas al pronunciar bien el español, con todo y su sencillez. En muchas ocasiones he visto como batallan para distinguir entre Piedra y Pierda. Generalmente no pueden pronunciar bien la primera. (Si quiere hacerle la vida de cuadritos a un gringo pídale que pronuncie Pedrada). Lo mismo pasa con palabras tan simples para nosotros como Cansado y Casado: para ellos son confusas.

También batallan con palabras largas a las que ellos les comen letras, como pero que en español deben pronunciar completas, como temeperatura, meteorológico, Guadalajara o hasta Enrique (y en general cualquier combinación de N con R).

Un ex jefe de mi esposa, un señor de edad avanzada de raza afroamericana, batallaba mucho para dirigirse a una de sus empleadas, una mexicana que se apellidaba Barbosa. Por más que lo intentaba, el pobre hombre siempre siempre le decía "Señora Babosa" (en medio de las carcajadas burlonas de todo su personal mexicano).

Por eso, tenga cuidado al pronunciar el inglés. Lo menos que le puede pasar es que no le entiendan. Lo peor, es que se rían de usted por meter la pata en errores garrafales, como pedir un Cock cuando quiere tomar una Coke.

(Tip: el nombre del refresco se pronuncia "Kóuk". Ya, hice mi buena obra del día)
www.cesarfernando.com