viernes, febrero 06, 2009

Josh


DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO


Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

FORT MYERS, Florida -- Dicen que los mejores productos vienen en estuches pequeños. Como los perfumes franceses.

Yo estoy convencido ahora de que no solo lo más exclusivo viene en estuches pequeños, sino lo más valioso. Como la esperanza.

Josh tiene ocho años, pero es pequeñísimo. Cualquiera diría que tiene 5 años.

Lo conocí días atrás, luego de hacer una entrevista en su escuela. Su maestra lo asignó a que me guiara a la salida.

Apenas habíamos dado unos cuantos pasos en el patio de la escuela, cuando Josh --con sus manitas dentro de los bolsillos de su pantalón-- entabló una conversación conmigo.

“Así que.... ¿Cuánto tiempo tiene usted trabajando en el periodismo?", me preguntó.

Volteé a verlo sorprendido (lo vi hacia abajo, claro está). El chiquillo rubio, pecoso y de ojos azules iba muy serio. Su chillona vocecilla tenía el aplomo de un hombre de treinta años.

“Pues, casi 20 años,” le dije.

“¿Y es una carrera interesante? ¿Esto es lo que usted hace siempre?”, pregunó Josh.

(Ya para entonces yo estaba seguro de que era un enano encubierto.)

“Sí... entrevisto gente. Escribo las historias que me cuentan sobre sus vidas, para el periódico”, le respondí.

“Debe ser muy interesante”.

“Sí. Conoces mucha gente muy diferente. Y mi trabajo es capturar sus voces”.

Ya casi habíamos llegado a la puerta, cuando Josh se quedó pensativo. Después de unos momentos, tuvo una transformación: Su carita se iluminó con el entusiasmo de un niño de 8 años otra vez.

“Eso es lo que yo voy a estudiar”, me dijo decidido. “Quiero trabajar conociendo gente interesante. Voy a ser un periodista”.

Me dejó sin palabras. Me sentí muy halagado. Ese chiquillo tamaño milimétrico había logrado devolverme la fe en mi profesión.

Días atrás, como lo relaté anteriormente, un humilde campesino mexicano me hizo sentirme avergonzado de ser reportero.

“¿A poco a usted le pagan nomás por platicar con la gente y anotarlo en su libretita?”, me preguntó don José Hernández, después de haberme contado que nadie le quería dar trabajo, pese a sus más de 30 años de cosechar tomates en Estados Unidos.

Como escribí entonces, me sentí avergonzado de todas las veces que me había quejado de mi chamba. Porque, pese a todo, aún tengo la inmensa fortuna de trabajar en lo que me gusta.

(Pero sobre todo, la enorme fortuna de todavía trabajar, punto.)

En estos tiempos de despidos masivos de los medios de comunicación, de amenazas de la desparición de periódicos, la crítica de don José fue deprimente para mí.

Pero días después, esa depresión me la quitó quien menos esperaba: Esa personita de menos de metro y medio de estatura llamada Josh.

Sin menospreciar las tragedias de personas como don José (que son reales y no por eso menos espantosas), el entusiasmo que el oficio de los medios aún genera entre algunos niños como Josh, me devuelve el optimismo profesional.

Los despidos de los medios seguirán, desafortunadamente. Muchos periódicos (y otras empresas) quebrarán. El internet metamorfoseará a los medios no sé en qué. El futuro es incierto para todos.

Pero aún hay esperanza... (www.cesarfernando.com)

1 comentario:

  1. Es impresionante un nño que ya tan pequeño decida lo que quiere ser .

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