martes, enero 06, 2009

El gusto masoquista de los latinoamericanos de creernos chismes

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

FORT MYERS, Florida -- “La gente en México y en América Latina es muy desconfiada ya. No cree en nada ni en nadie”.

Esta opinión la he venido escuchando cada vez más de varios amigos y familiares, sobre todo que aún viven al sur de la frontera.

Nuestros gobiernos corruptos son los culpables, me dicen. Por eso la gente no cree nada de lo que les prometen. Ya el pueblo no tiene confianza en nadie.

Yo creo que es al revés. Yo creo que los latinoamericanos somos personas bastante crédulas.

¿Porqué? Porque puede venir cualquier lidercillo, caudillo, dirigentillo sindical y hasta cualquier vecina de la casa de al lado, y allí, en pleno lavadero, contar el chisme más inverosímil, más ridículo y sin fundamento... y todos le van a creer. Es más, hasta eco le van a hacer, y repetir la mentira indefinidamente (agregándole de sus cosechas, claro.)

Ya sea criticando o atacando a vecinos, compañeros de trabajo, o a líderes políticos o al mismo gobierno.

¿Hay alguien que cuestione la veracidad de esas “informaciones”? ¿Porqué si los latinoamericanos dudamos de la palabra de hasta el mismísimo Santo Padre del Vaticano, nunca dudamos de “Cuquita la del departamento de junto”? Misterio.

Y son estas mismas manías las que los inmigrantes mexicanos y de otros países hemos transplantado a Estados Unidos, enteritas e intactas.

Nomas que acá, en vez de chismear sobre si se robaron las urnas electorales con “fraudes cibernéticos”, o el dinero del petróleo, la gente chismea sobre temas más locales. Como las redadas de Inmigracion.

Usted si es inmigrante, haga el experimento: En cada fiesta a la que asista vea como nunca falta un amigo, un vecino, un compadre o un compañero de trabajo que “SABE LA VERDAD”, sobre lo que está pasando. O eso dicen.

No importa que los políticos, el gobierno, las organizaciones sin fines de lucro o cualquier otra “fuente autorizada” diga otra cosa: Todos mienten. Si usted les cree, es un iluso, un inocente manipulado. El “compadre” es quien “todo lo sabe”.

Está de más pedirles pruebas, datos... Eso es "lo de menos". Porque la verdad es así, y hay que creerla. Punto.

Una vez yo hice el experimento. Me llegaron (por veintemillonésima vez) con el chisme de que "La Migra" estaba correteando “paisanos” en un supermercado mexicano de Texas un sábado. Me describieron imágenes desgarradoras de señoras con chiqillos y bolsas de mandado en brazos siendo arrastradas como animales a los autobuses de deportacion, mientras lloraban y se aferraban a la puerta con dientes y uñas.

Todo mundo se alarmó al oír esto. Todo mundo se aterró. Hasta lágrimas asomaron a los ojos de varias personas que escuchaban el pavoroso relato.

Yo simplemente respondí con una pregunta: "¿Quién lo dijo?"

Silencio. Titubeos. Dudas. Ojos cuadrados al ver que sacaba mi libretita de reportero.

"Fiulanita, la del 4", fue la respuesta dudosa.

"¿Ella lo vio?"

Mirada en blanco.

"Si... Bueno, no. Pero casi. Fue su comadre".

“A ver, llamemósle a la comadre”.

Riing... Riing.

"¿Bueno?"

"Comadre, oiga, ¿que usted vio a ‘La Migra’ llevarse gente del ‘súper?’”

“Noooo... Me contaron."

"¿Quien le contó?"

"Doña Menganita, la de la vuelta".

"¿Tiene el telefono de Doña Menganita (la de la vuelta)?"

Me lo dio.

"Doña Menganita (la de la vuelta), ¿que usted vio a ‘La MIgra’ llevarse gente del ‘súper’?"

Silencio

"Bueno... no exactamente... A mi me dijo la cuñada de una amiga de una señora que lo vio. Pero ella sí, lo vio todo en persona".

"A ver".

Asi me fui, tratando de encontrar la hebra de esa enredadera.

Por supuesto, para la tercera llamada la pista se perdió con el consabido: "Bueno, a mí me contaron... No me acuerdo quién..."

Por supuesto, las más básicas reglas reporteriles de la clase de Periodismo de primer grado imponen ir directo a la fuente, es decir, al Servicio de Inmigración. Pero la respuesta de sus voceros de prensa siempre es la misma, casi calcada: “Nosotros no realizamos redadas masivas contra gente inocente, sólo buscamos delincuentes peligrosos con órdenes de detención y deportación”, o algo por el estilo.

No estoy defendiendo a ninguna agencia policiaca. Claro que el Servicio de Inmigración hace detenciones y redadas, es su trabajo. Y claro que siempre van a negar que son masivas, o que están separando familias, o acusaciones similares.

Por eso, siempre trato de recurrir a los afectados directos. Es decir, a la familia de los deportados. O a testigos presenciales.

Huelga decir que nunca aparecen.

Eso sí, siempre están presentes “en espíritu”: En miles de lavaderos a lo largo y ancho de todo Estados Unidos.

Si las detenciones y redadas ya de por sí existen, si son una realidad que ya afecta a miles de familias de indocumentados, ¿qué gusto le halla alguien a aumentar la psicosis inventando encima de todo, redadas imaginarias?

Pero sobre todo, ¿qué gusto masoquista le hallamos los inmigrantes latinoamericanos a creernos tales cuentos, sin cuestionar nada? (www.cesarfernando.com)

1 comentario:

  1. ¿eso no pasa tambien entre los estadounidenses no latinos?

    cuando ocurrió lo de la influenza, en los foros se decia que en méxico caiamos como moscas por la enfermedad. y que además, después de caer nos levantábamos como zombis o_o

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