sábado, enero 17, 2009

Comí en un restaurante mexicano de Florida... y me sentí como "bicho raro"

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

FORT MYERS, Florida -- El otro día se me ocurrió ir a un restaurante mexicano nuevo que hallé en un pueblecito floridiano.

Se trata de un restaurancito bonito, "náis". Limpio, arreglado con colores verde, blanco y rojo, sombrerotes tipo Speedy González, sarapes y pósters con imágenes de iglesias de pueblo, chinas poblanas y charros.

Al entrar, me recibieron... dos ancianas norteamericanas. Muy amables, iban de salida y me dejaron abierta la puerta para yo entrar, sonriendo.

Me senté en la primera mesita que vi y volteé para un lado: A mi izquierda, en dos mesas juntas, un grupo de amigos anglosajones comían y se divertían. Eran como seis obreros en su hora del "lunch". Comían, bromeaban, platicaban.

En otra mesa, un joven degustaba silenciosamente sus tacos con su cerveza Corona. Él también era anglosajón.

Más allá, un tipo con gorra masticaba sus "nachos" con salsa, mientras veía la telenovela que transmitía la televisión gigante. También él era "WASP" (Blanco, anglosajón y protestante).

"Bueno, ¿qué? ¿Es que soy el único mexicano aquí?", me pregunté en voz baja.

Me sentía como el Mickey Mouse de Disneylandia: Al rato los clientes iban a querer tomarse fotos conmigo, como si fuera parte de la decoración.

Mientras no me pidieran que bailara el jarabe tapatío o gritara como mariachi...

Esperé a que viniera la mesera, mientras veía el menú. Al menos la mesera sería mexicana, pensé. TODAS las meseras de los restaurantes mexicanos a los que he acudido en mis más de 12 años en Estados Unidos son mexicanas. O, al menos, latinoamericanas.

La mesera me ayudaría a no sentirme tan "raro".

"Good afternoon, and welcome!", me saludó la mesera: Una "gringuita" rubia y de ojos azules. Muy amable, toda sonrisas.

Bueno, le pedí "Two quesadías, please".

Me entretuve en ver la decoración del restaurancito. Muy limpio, nuevo y ordenado, mostraba la imagen idílica que Hollywood creó de México durante las décadas de 1930's y 1940's: Un país exótico, pero cercano. "Raro", pero familiar y seguro. De personajes suficientemente extravagantes para salirse de lo "normal", pero en el fondo inofensivos y amigables. De sombrerudos dormidos bajo un cáctus y "señourritas" candentes.

Pero los latinoamericanos y mexicanos también tenemos una imagen "idílica", "hollywoodesca" de un Estados Unidos del pasado: Un país de limpieza, aparatos nuevos y modernidad. De hamburguesas, malteadas y Coca-Cola. De muchachas rubias y voluptuosas, y familias al estilo del programa "I Love Lucy", o las pinturas de Norman Rockwell.

Un país idílico del que buscamos ser parte un poco cada vez que comemos en alguna hamburguesería transnacional. Como los gringos lo tienen de México cada vez que comen en lugares como el restaurancito de Florida.

Irónicamente, estas dos imágenes, tan opuestas entre sí, tienen algo en común: Corresponden a países que nunca existieron. Lástima. (www.cesarfernando.com)

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