jueves, diciembre 31, 2009

2009: El peor año para los hispanos en EE.UU… pero también el mejor

Por César Fernando Zapata

cfzap@yahoo.com


El año 2009 se acabó. Comienza el 2010.


Para los hispanos en Estados Unidos, 2009 fue un año como ninguno.


Para mucha gente, el año que acaba fue uno de los peores, sino es que el peor.


Sufrimos la peor crisis económica de que se tenga memoria, y esto arrastró a muchos países. Millones perdieron sus empleos, sus casas y sus ahorros, y aún no ven salida.


Para los hispanos en especial fue un año durísimo, porque las industrias donde nuestra gente generalmente trabaja fueron las más golpeadas por la recesión: construcción, servicios, agricultura…


Además, la crisis trajo otros efectos inesperados: el racismo parece que está tomando un segundo aire en Estados Unidos, no sólo contra los negros (a pesar, o quizá gracias a la elección de Barack Obama), sino también contra los hispanos.


Porque, en tiempos de crisis, cuando el trabajo escasea, los norteamericanos desempleados tienden a buscar chivos expiatorios. Y éstos siempre acaban siendo los inmigrantes.


Ante esto, miles (¿quizá millones?) de inmigrantes no tuvieron de otra más que regresarse a sus países de origen, a comenzar de nuevo.


Las redadas migratorias aumentaron. O al menos así nos parece, porque el gobierno se empeña en negarlo.


En algunas ciudades los policías se la pasaban multando a conductores hispanos por el “crimen” de hablar en español. Y en otros lugares hasta se aprobaron leyes para negar el alquiler de apartamentos a quien se sospeche que sea inmigrante indocumentado.


La famosa legalización migratoria quedó en lo mismo: promesas. Y quizá así continúe hasta que termine Obama su segundo periodo presidencial… o para siempre.


En síntesis, quizá el peor año para los hispanos.


Pero hay que ser justos: 2009 también vio otras muchas situaciones para los hispanos que jamás habíamos vivido.


Este año el idioma español fue considerado como “saludable” en Estados Unidos por expertos y traductores. Incluso acordaron ya no hablar de un idioma español “en” Estados Unidos, sino de un idioma español “de” Estados Unidos, igual al de España, de México, de Colombia, de Argentina o Perú.


Hubo dos hispanos que surcaron el espacio como plenos astronautas de la NASA, y uno de ellos, José Hernández (hijo de agricultores inmigrantes), hasta “twitteó” en español desde la estación espacial internacional.


En 2009 por primera vez en la historia de este país, una hispana, la jueza de origen puertorriqueño Sonia Sotomayor, fue nombrada a la Suprema Corte de Justicia de Estados Unidos.


La cultura y la comida hispana están cada vez más arraigadas entre los norteamericanos, que ya las sienten como “propias” de Estados Unidos.


Vaya, hasta el más americano de los cantantes “country”, el famosísimo George Strait, se atrevió a hacer un “crossover” en su último disco, y cantó el legendario tema “El Rey” de José Alfredo Jiménez… en español.


Lo dicho: 2009 fue el peor año para los hispanos. Pero también el mejor en muchos aspectos.

Esperemos que el 2010 (con el censo poblacional que verá un aumento del número y peso de los hispanos) pinte mucho, mucho mejor no sólo para nuestra gente, sino para todos.


Feliz Año Nuevo.

domingo, diciembre 13, 2009

Cuidado: Todo lo que haga en EE.UU. podrá ser usado en su contra

DESDE LAS ENTRÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

cfzap@yahoo.com

El agente de Inmigración en la frontera frunció el ceño mientras observaba su computadora.

Había recibido un pasaporte de un ciudadano mexicano que intentaba cruzar. “Escaneó” el documento para comprobar su identidad.

—Usted no puede pasar—sentenció contundente.

—¿Porqué?—preguntó alarmado el turista.

—Usted trabajó en Estados Unidos—dijo el agente, señalando la máquina—: usted trabajó, rentó un departamento, compró un auto, sacó licencia de manejo… No, le vamos a quitar la visa.

Así, de un teclazo, la vida le cambió al pobre hombre, quien hasta entonces había cruzado la frontera sin problemas.

¿Cómo supieron los agente de “La Migra” toda esa información, que está desperdigada entre varias oficinas de gobierno, municipales, estatales y federales? Pues porque toda la información ya está computarizada y en una base de datos a la que tienen acceso varias agencias de seguridad en Estados Unidos. Incluído el Servicio de Inmigración, por supuesto.

¿Cómo se llegó a esto? Suena a magia. Suena a un truco sacado de la manga de un día para otro. Pero lo cierto es que los norteamericanos han estado trabajando en recopilar esa información desde hace mucho tiempo. Desde antes de que siquiera existieran computadoras.

En Estados Unidos, todo queda por escrito. Y todo se archiva, hasta las cartas y los papelitos escritos a mano. Por eso, aún existen diarios personales y libretitas escritas por habitantes de las trece colonias originales, que universidades y estudiosos del pasado atesoran.

Cuando llegaron las computadoras, se comenzó la dura y pesada tarea de comenzar a transcribir todos esos documentos en bases de datos. Al principio, en microfilms, luego en cintas magnéticas de computadora, que se guardaban en carretes del tamaño de ruedas de bicicleta.

Todo lo que son “récords públicos” se encuentra disponible, desde contratos, hasta fallos de cortes judiciales, historiales penales de personas particulares y mucha otra información.

Esos datos se han ido re-escribiendo constantemente, en cuanto surge un nuevo sistema de almacenamiento de datos: pasaron de los microfilms y las cintas magnéticas, a los CD’s, DVD’s y al internet.

Hoy en día, muchos de esos archivos están al alcance de cualquier persona con una computadora conectada al internet. Y aumentando.

“The Paper Trail”, le llaman en inglés: “El Rastro de Papel”. Porque todas las transacciones, compras, ventas, créditos, salarios, viajes, entradas y salidas de las personas quedan registradas en alguna computadora. Y a casi todas tiene acceso el gobierno tarde o temprano, para bien o para mal.

(Lo peor es que según los expertos, cualquier documento digital es virtualmente indestructible y eterno: No importa que usted lo borre o destruya el disco original. Si ese archivo pasó por el internet, pudo haber sido copiado en multitud de servidores en el camino.)

Muchos usuarios de internet ven este acceso a información como algo común y corriente, sobre todo los jóvenes que nacieron cuando las computadoras ya existían en casa. Pero yo no dejo de sorprenderme, porque es una tarea titánica.

Y me parece aún más titánica si la comparamos con las “costumbres” que aújn siguen los gobiernos de países latinoamericanos, como según me contó una vez un ex fiscal mexicano años atrás.

--Los archivos legales eran un desastre,--me decía. --Cuando yo recibí la oficina, me horroricé al ver que todos los expedientes estaban amontonados en un cuartito, sin orden. A nadie les importaba.

Incluso el cuarto se inundó y la mayoría de los archivos estaban empapados y enmohecidos desde hacía tiempo.

Por supuesto, si esto se venía arrastrando desde hacía décadas, ¿qué podía hacer él, como fiscal recién llegado? Nada.

--Cuando recibía nuevos expedientes para ‘archivar’, ¿qué podía hacer yo?”, comentaba. –Simplemente los seguíamos amontonando en el mismo bulto…

Eso nunca ocurriría en el súper eficiente (y súper controlador) Estados Unidos.

El resultado es una mejor eficiencia, claro. Pero para algunos, es una amenaza, un “Big Brother” en potencia, que todo lo controla, todo lo sabe y todo lo ve.

“Es por su propia seguridad”, nos aclara el gobierno, y nos recuerda lo que pasó en el 11 de septiembre de 2001, precisamente por tener un sistema de vigilancia descuidado.

De todas formas, el gobierno de Estados Unidos cada vez está controlando más y más lo que hacemos usted y yo, bueno y malo. Hasta el más mínimo detalle, acción u olvido deja un registro, que podría regresar dentro de algunos años como búmeran para golpearnos. (www.cesarfernando.com)


domingo, noviembre 22, 2009

Estados Unidos: ¿el país más socialista del mundo?

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

DALLAS, Texas -- En Estados Unidos, si quieres fastidiar a alguien, grítale "socialista" o "comunista" en la calle. Es receta segura para humillarlo en público y condenarlo al ostracismo.

Seguro a esa persona la van a correr el trabajo y los vecinos lo tratarán como un apestado.

O al menos esa es la imagen que muchas personas tienen de Estados Unidos desde afuera: Un país cerrado, donde a pesar de que se gritan a los cuatro vientos las libertades de expresión, cualquier persona que se declare de izquierda ya tiene una condena peor que trabajos forzados en un gulag soviético.

El problema es, que esto no es verdad. Es un mito genial. Una "leyenda negra", como sabemos los que vivimos desde hace algún tiempo en este país.

Por supuesto, para muchas personas que viven aquí, ser tachado de socialista es un insulto. Pero fuera de una esfera relativamente pequeña, a la inmensa mayoría de los norteamericanos estos términos los tienen sin cuidado.

Quizá fue distinto hace décadas, por ejemplo en la década de 1950, con la cacería de brujas y la histeria anti-comunista. Pero pocos se acuerdan de ello hoy en día.

Para algunos, socialismo equivale a dictadura. ¿Se puede ser socialista sin ser dictatorial?

Por ejemplo, el socialismo cubano de Fidel Castro o el venezolano de Hugo Chávez nada tiene que ver con el socialismo español de Felipe González. Las primeras son dictaduras, la segunda una democracia.

De hecho, aunque nos cueste creerlo, yo pienso que Estados Unidos es uno de los países más socialistas que existen, siendo democráticos.

Los trabajadores norteamericanos sindicalizados están entre los mejor atendidos del mundo. Los sindicatos (o como les dicen en inglés, "unions") son poderosísimas. Y no hay político (de izquierda, derecha, centro, o independiente) que no se repliegue y les haga caravanas en tiempo de elección. Sobre todo los demócratas.

¿En qué país del mundo puede un simple obrero que remacha láminas en una fábrica presumir que gana 70 dólares la hora, como en Estados Unidos? Todo eso gracias a "su" unión. Ni siquiera en la ultracomunista China los pobres trabajadores gozan de tales beneficios. Brincos dieran.

Bueno, dirá usted, pero los sindicatos es algo "especial". La excepción que confirma la regla.

Pues no. Para ver otros ejemplos de socialismo en Estados Unidos, usted no tiene que buscar mucho. Sólo ver a su alrededor.

Las escuelas, por ejemplo. Son públicas. No se cobra. Todos los niños son aceptados. La educación es gratuita y abierta desde los 4 hasta los 18 años de edad. Y todo cortesía de los gobiernos locales, estatales y federal, vía los impuestos de los contribuyentes.

Y si los niños no tienen ni siquiera para pagarse su desayuno, lo reciben a precios subsidiados, o hasta gratis. Y el almuerzo también. Igual, cortesía del Tío Sam.

De hecho, las escuelas públicas gratuitas y abiertas para todos fue una de las primeras maravillas que los inmigrantes europeos descubrieron de Estados Unidos en el siglo XIX. Según un relato de una madre inmigrante, contó en una carta a sus familiares en Irlanda, donde la educación era para los ricos: "¡Las escuelas son gratis! ¡Todos los niños son bienvenidos, sin pregunta alguna!".

Hoy en día la educación gratuita y obligatoria se nos hace normal, y hasta un derecho. No nos parece socialismo. Pero lo es.

El socialismo americano llega a las universidades, con tantas escuelas superiores estatales, con cuotas reducidas o subsidiadas por los gobiernos de los 50 estados.

Fuera de la educación, en Estados Unidos abundan muchos ejemplos de socialismo: Las bibliotecas públicas, los parques municipales, estatales y nacionales; las estaciones de bomberos, el sistema de autopistas federales, los servicios de beneficiencia pública llamados "welfare", los servicios de pago a desempleados, las estampillas de alimento, y un larguísimo etcétera.

(Eso por no mencionar los recientes "rescates bancarios" y "estímulos fiscales".)

¿Estados Unidos, un país enemigo del socialismo? Por favor. El que lo diga, no conoce al "verdadero" Estados Unidos.

De hecho, la única área que falta de "socializarse" es precisamente, la salud. Y hasta allí llega el caldeado debate

Lo cual es irónico, porque el principal obstáculo que se esgrime para llegar a un consenso es, preciasmenete, el temor de los opositores por los riesgos de "socializar" la medicina.

Pero de hecho, Estados Unidos se está volviendo tan "socialista", que muchos grupos están llamando la voz de alarma ante el enorme poder y alcance que el gobierno federal está teniendo.

Quizá la mayor batalla que Estados Unidos enfrentará en el futuro no sea el comunismo, sino el combate contra un gobierno cada vez más controlador y todopoderoso, ¿no cree usted? (www.cesarfernando.com)

domingo, noviembre 15, 2009

Soy un número... y usted también

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

DALLAS, Texas -- Hola, Buenos días. ¿Cómo está? Me quisiera presentar como Fernando Zapata, pero tendrá que disculparme por esta vez, porque no lo soy.

Bueno, al menos oficialmente sí soy yo (y usted es usted, claro). Eso dicen nuestras actas de nacimiento, y todas nuestras identificaciones: Nuestros nombres completos.

El problema es que en la práctica, nuestros nombres salen sobrando.

Yo soy un número. Y usted también. O muchos.

Ante el gobierno, las oficinas locales, y hast a las empresas privadas, todos somos números. Para cuestiones de “control”, nuestros nombres no bastan, nos dicen. Y por lo tanto, "necesitamos" tener un número.

Y desde pequeños, nos otorgan tales números, y nos obligan a aprenderlos de memoria.

Hasta los niños de preescolar deben aprenderse sus "números" a la hora de comer en la cafetería de la escuela.

Si usted se rebela a este requisito, tendrá que sufrir no estar “dentro del sistema”. Y ya verá cómo las pasa duras tratando de comprar, vender o siquiera acceder a los servicios más básicos y sencillos de la sociedad.

Yo siempre he sido malísimo para recordar cifras. De hecho, creo que fue ésta una de las razones principales por las que no estudié una carrera de ciencias exactas: Odiaba las matemáticas y todo lo que implicara trabajar con números.

Pero la costumbre (o la obligación), me ha hecho memorizar montones de cifras y números, no por gusto, sino para sobrevivir en este mundo “moderno”.

Así, pues, he tenido que aprenderme de memoria por ejemplo, mi número de Seguro Social de Estados Unidos. Sin esta “llave mágica”, olvídelo, usted no existe.

Tanta es la importancia del “Social Security Number”, que los inmigrantes indocumentados son la prueba viviente y desgarradora de cómo se echa de menos su falta. Ese simple numerito de 9 cifras es la diferencia entre vivir tranquilo, o sentirse perseguido. Entre lograr un empleo decente, o a veces vivir al día. Entre la libertad o la deportación.

Pero esto no es exclusivo de Estados Unidos. En México, donde nací, al gobierno le encantan los números. Así nos obligaba a tener a todos los ciudadanos un Registro Federal de Causantes (algo así como el Seguro Social de Estados Unidos). Luego, se les ocurrió que no, que se iba a cambiar por un número distinto, el CURP (Código del Registro de Población, o algo así). Más tarde, salieron con que siempre no, que ahora necesitábamos OTRO número… Y así se han ido.

Además, los nuevos sistemas de computadoras nos han impuesto más números que debemos aprendernos para gozar de las bondades de la vida “moderna”. Entre ellos, “números de usuarios”, “números de tarjetas”, números de “cuentahabientes”, “números de membresía”, y cuántos no.

Mención aparte merecen las ultrafamosas y ultranecesarias “passwords” y los “PINS”. Estas son las “llaves mágicas” para hacer cualquier cosa que tenga que ver con computadoras, desde tener correo electrónico hasta jugar o checar nuestras cuentas. Sin ellas, no somos nada.

Lo bueno es que parece que tras tanto sufrir, los ingenieros ya nos hicieron caso, y las “passwords” y los “PINS” los podemos elegir nosotros. Hasta nos la ponen fácil, diciéndonos que escojamos números que tengan cierto significado para nosotros, para poder recordarlos mejor.

“Así qué fácil”, pensé sonriendo al comenzar a elegir mi primer “password”. Pero eso fue antes de leer la “letra pequeña”:

-No puede ser un número conocido, como su fecha de nacimiento, el cumpleaños de su perro ni la fecha de independencia. Claro, por su propia “seguridad” contra los “hackers”.

-No puede ser su número de seguro social, RFC, CURP, ni ningún número que remotamente tenga alguna relación con usted ni con parientes y amigos, hasta siete generaciones atrás. Igual, aguas con los “hackers”.

-No deben ser una serie de letras o números seguidos, en orden o al revés.

-De preferencia deben ser mezclas de números, de letras, carácteres especiales (%#$@) de 10 a 12 dígitos y si se puede, en sánscrito o en idioma klingon (pero en orden invertido para leerse con un espejo cóncavo).

-Ah, y se debe cambiar totalmente, cada 30 días.

Pero fuera de eso, no hay problema: usted puede usted elegir una clave "fácil" de recordar.

(Ja, ha... ¿Qué esperaba usted? ¿Que los ingenieros nos iban a dejar hacer lo que quisiéramos? )

Nuestros padres y abuelos nunca tuvieron que aprenderse tanto número. De hecho, en aquellos años, el único número que la gente se aprendía, era uno: el de su teléfono. Y eso sólo quienes tenían teléfono, que eran una minoría.

Vaya, habían domicilios y calles que ni siquiera tenían números.

Lo irónico es que hoy en día, en pleno siglo XXI con tanta tecnología desarrolada, con teléfonos que caben en la palma de la mano, se llevan a donde quiera, y que se activan hasta con la voz, existen un tipo de números que ya nadie se sabe ni se molesta en aprenderse:

"¿Mi número de teléfono? Ay qué pena, pero no me lo sé... Pero está en la memoria del teléfono".

Y ahí se quedará... (www.cesarfernando.com)

domingo, octubre 04, 2009

Lo que me gusta (y lo que odio) de vivir en Estados Unidos

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

DALLAS, Texas -- Como todo país, Estados Unidos tiene pros y contras. Como dice el dicho, cada quien cuenta como le fue en la feria.

Por ello, he compilado una lista de lo que me gusta (y lo que no) de la vida en Estados Unidos, después de todo el tiempo que llevo en este país, usando el sistema de “Pros” y “Contras”, que tanto gusta a los norteamericanos.

ME GUSTA: Lo bien diseñadas que están las calles y las ciudades en general. Por ello, la gente puede usar el auto para todo, hasta para comprar comida y hacer trámites en el banco, sin bajarse.

PERO ODIO: Precisamente, debido al diseño urbano, las enormes distancias obligan a la gente a tener que usar el auto para todo, hasta para ir a la tiendita de la esquina. Lo que causa un país de gordos (y un aumento de las enfermedades cardiacas y muertes por infartos).

ME GUSTA: Poder enviar todos mis pagos y cheques por correo y que lleguen sanos y salvos a su destino (y que además la empresa acreedora adjudique los pagos y no me salga con que "pues fíjese qué pena, pero su pago nunca nos llegó").

PERO ODIO: El que los cobradores y las agencias de publicidad usen ese mismo correo para retacarme el buzón de basura... y cobros.

ME GUSTA: El poder rellenar el refresco en restaurantes cuantas veces me venga en gana, sin que me cobren por ello.

PERO ODIO: Precisamente, caer en la tentación de atascarme de refresco sin que nadie me ponga límite. Y encima, que los vasos de los restaurantes sean tamaños "Grande", "Gigante" y "Megalosaurio".

ME GUSTAN: Los ENORMES platos de comida y desayunos que sirven en los restaurantes. Por 6 ó 7 dólares, uno puede retacarse de huevos revueltos, "pancakes", tocino, salchichas, pan tostado, y un café.

PERO ODIO: Que esos ENORMES platos de comida terminan en mi estómago, que acaba siendo ENORME por eso.

ME GUSTA: Los diseños de las casas, totalmente abiertas al exterior, sin vallas, sin cercas, y con las ventanas transparentes sin cortinas, para que entre la luz y se vea todo el paisaje de la calle desde dentro. Muy distinto a México y América Latina, donde las casas parecen fuertes resguardados.

PERO ODIO: Debido a lo anterior, la posibilidad de que todo mundo pueda espiarme cuando estoy dentro de mi casa, cuando como, veo la tele, o cuando ando en paños menores. Todos pueden ver a todos, inclyendo los vecinos o "voyeurs", que pudieran ser asesinos en potencia.

ME GUSTA: Que existan leyes para todo y para todos. Por esto, uno puede quejarse, protestar y hacer escándalo, o incluso demandar a funcionarios y políticos poderosos si sienten que abusaron de uno. Y que además existan los mecanismos legales y organizaciones encantadas de ayudarlo a uno en caso de necesitarlo, por lo menos para pararse en la calle y salir en la tele con una pancarta.

PERO ODIO: Precisamente el montón de leyes, regulaciones, y restricciones que existen para todo. Y ay, pobre de aquél que se atreva a no seguirlas, porque le caen encima desde inspectores municipales, hasta las policías locales, del condado, estatales y federales, con sus jueces y todo el peso de los librotes de la ley (literalmente).

ME GUSTA: Lo unidos que están los vecinos de las comunidades, quienes participa en actividades para embellecer sus vecindarios, como limpiar, quitar basura de la calle, borrar graffitti, sin que nadie los esté obligando ni dependiendo de las autoridades.

PERO ODIO: El que lo vean feo a uno porque no participa ni se entrega en “cuerpo y alma” a la comunidad. O que existan vecinos extremistas que usen esta posibilidad para promover sus agendas políticas personales.

ME GUSTA: La increíble apertura y total falta de arrogancia del norteamericano promedio, a quien le importa un pepino tu árbol genealógico o genético, y te dé la oportunidad de probarte a ti mismo como persona y profesional, así seas blanco, negro, morado o de cualquiera de los espectros intermedios.

PERO ODIO: La enorme competencia resultante entre todos los habitantes de este país por lograr “el éxito” en el “Sueño Americano” a cualquier costo, aún pasando por encima de los demás. Y que el que no siga estos preceptos sea tachado de "flojo" y "perdedor", olvidándose de otros valores, como la familia y tener tiempo para disfrutarlo.

ME GUSTA: La enorme comodidad que significa tener cerca tiendas donde encuentra uno de todo, desde electrónicos hasta ropa. Camisetas impecables (a veces usadas) en 2 dólares, y pantalones en 4 dólares. Y si no te gusta una tienda, siempre hay otra compitiendo a la vuelta, con mejores precios o existencias. (Sobre todo libros, y discos que no encuentras en ninguna otra parte.)

PERO ODIO: Esa enorme cantidad de oferta, que me tienta a gastar de más, y acabo comprando por comprar. Las más de las veces sin necesitarlo. (Y por consiguiente, tengo en mi cochera cerros de libros que nunca encuentro tiempo para leer, y discos que quizá nunca podré escuchar.)

ME ENCANTA: Ganar en dólares.

PERO ODIO: Gastar en dólares.

ME GUSTA: La increíble amabilidad y accesibilidad del norteamericano promedio, que tienen nula arrogancia y pueden entablar diálogos amigables con un perfecto desconocido y hacerlo sentir bienvenido.

PERO ODIO: Que esa amabilidad sea superficial, y a veces no se llegue a concretar en amistades verdaderas, aún después de años de conocer a alguien.

ME GUSTA: La rica e increíble historia de Estados Unidos, con sus éxitos y grandeza que han traído enorme y envidiable bienestar para la mayoría de sus habitantes.

PERO ODIO: Que ese bienestar se haya logrado en parte abusando de otros más débiles. Y que los actuales habitantes de Estados Unidos se encierren en una cómoda burbuja, alabando las glorias de sus antepasados como si ellos hubieran participado en sus conquistas... pero sin el ánimo ni el empuje de continuar con la tradición que hizo de este país lo que es hoy, para mejorarlo en el futuro. (www.cesarfernando.com)

miércoles, septiembre 23, 2009

Inmigrantes en Estados Unidos: ¿Los "cajeros automáticos" familiares?

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

DALLAS, Texas -- "Necesito dinero"... "Necesito más dinero"... "¿Te acuerdas del dinero que te pedí? Ya se me acabó. Envíame más..."

Estas frases, suenen como suenen, no las he dicho yo. Solamente las estoy repitiendo de lo que me han contado.

Son frases que escuchan muy frecuentemente los inmigrantes latinoamericanos que viven en Estados Unidos. Y se las dicen sus parientes que se quedaron en sus países de origen.

"Yo no tengo ningún problema en enviar dinero a la familia, para eso vinimos a este país", me contaba el otro día un inmigrante mexicano que vive en Texas desde hace más de veinte años. "El problema es que ahora yo tampoco tengo mucho dinero, se paró la chamba".

El hombre, quien trabaja de albañil, carpintero y en lo que salga (cuando sale), tiene a toda su familia inmediata en Texas. Su esposa y sus hijos, todos viven con él. Y a todos mantiene.

Pero además de ello, recibe seguido solicitudes de dinero de parientes extras: hermanos, primos, sobrinos y demás. Hasta amigos y compadres.

"El otro día me llamaron porque necesitaban pagar un lote de un cementerio... que cuesta 75 mil pesos (algo así como 7 mil dólares). ¿De dónde voy a sacar 7 mil dólares, si ahorita ni estoy trabajando?", se lamentaba el hombre.

(¿Un lote de un cementerio mexicano que vale 7 mil dólares? Bueno....)

Y así por el estilo, no es raro encontrar muchas historias similares de inmigrantes en Estados Unidos que se han convertido no sólo en una tabla de salvación para sus parientes en México y América Latina para pagar lo más urgente, sino en sus bancos, cajeros automáticos y casi hasta sus padres que les envían sus "mesadas" o "domingos" con las excusas más extrañas.

Pero no sólo familia cercana les llama. De pronto salen algunas sorpresitas.

"A mí me llamó un primo lejano, que hace mucho tiempo que no veía", me platicaba otra inmigrante mexicana, viuda con hijos. "Me dijo: 'Bueno, como la cosa aca en México está muy difícil, le estoy llamando para que me 'preste' dinero para irme a Estados Unidos a trabajar'", contó sorprendida.

No era ni pariente cercano, agregó. Quería que le enviara como 2 mil dólares para "pagar al 'coyote'. Yo no tengo ese dinero", dijo la mujer.

Al final, al ver que no iba a lograr su "préstamo", el pariente volvió a llamar días después. Le dijo abiertamente: "Bueno, si usted no puede enviarme los 2 mil dólares, entonces envíeme de perdido para arreglar el techo de mi casa, que son como 300 dólares".

Obviamente, la mujer le envió el dinero. "¿Qué iba a hacer con él aquí, si venía? Ni siquiera yo puedo hallar trabajo", comentaba la inmigrante.

Otro inmigrante mexicano contaba sorprendido cómo sus parientes lejanos les habían estado solicitando "préstamos" para comprarle dientes postizos a su abuela. "Mil quinientos dólares por unos dientes postizos se me hizo muy caro", recordaba el hombre. "Pero bueno, uno trata de ayudar".

A duras penas su esposa logró juntar el dinero y lo envió.

Meses después, la abuela llamó preguntando cuándo le iban a enviar más dinero, "porque faltaba completar".

Una joven inmigrante cubana de Florida "se mata trabajando" como dependiente en una estación de gasolina. "Mi turno es horrible, entro a las 4 de la madrugada", se lamenta, con visibles ojeras. "No gano mucho, pero hay que mandar a la familia en Cuba".

"Allá no saben si tuviste qué comer hoy, tú siempre debes enviar algo", recuerda. "Si tú estás mal, allá están peor".

Por supuesto, cuando uno emigra sabe que entre sus obligaciones morales está ayudar a la familia que se quedó en su país de origen. Todos lo hemos hecho alguna vez en mayor o menor medida, dependiendo de la capacidad de cada quién.

El problema es cuando salen parientes lejanos, amigos y hasta desconocidos que se montan en el burro, porque "al fin que ellos ganan en dólares".

"Uno no repela, la verdad", contaba otro inmigrante, don Roberto, al recordar las llamadas "urgentes" (para pedir dinero a cada rato). "Sabemos que la cosa en México está dura, y de verdad mucha gente necesita el dinero. El problema es que a veces uno tampoco anda sobrado".

"En este país ganamos en dólares, sí... pero igual gastamos en dólares", comentó amargamente.

Ahora, con la recesión y la crisis, los primeros empleos en esfumarse fueron los de la construcción y otros oficios. Casualmente los que ocupan inmigrantes en su mayoría.

No por nada los envíos a México, por ejemplo, se han desplomado 16 por ciento en 2009, según el Banco de México, citado por la agencia Reuters.

"Cuando nosotros nos quedamos sin un cinco, ¿a quién le llamamos para pedirle?", preguntaba don Roberto. (www.cesarfernando.com)

lunes, septiembre 14, 2009

Florida: ¿El sueño se acabó?

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

"Todo mundo quiere mudarse a Florida".

Esa fue una de las frases que me repetían cuando dejé Texas, en 2006, buscando el "Sueño Floridiano".

Las estadísticas reforzaban esa tendencia: En aquél entonces, aproximadamente 300 personas se mudaban a Florida. Diariamente.

Eran los tiempos del "boom" inmobiliario. Las constructoras no se daban a basto para levantar casas nuevas, porque casi se las arrebataban los compradores. A su vez, las hipotecarias prácticamente estaban lanzando préstamos a sus clientes como si fueran confeti.

Hubo mucho dinero. Y eso, claro, causó avaricia. No sólo de los especuladores, sino de los gobiernos locales y estatales. Todo mundo quería una rebanada más grande de un pastel que parecía inflarse sin fin.

Hasta que el pastel explotó.

Cuando recién me mudé a Florida, quise registrar mi auto texano. Pero me encontré que mi seguro no era aceptado en Florida. Cuando coticé cobertura contra accidentes, el costo subió estratosféricamente: De 70 dólares al mes por cobertura de dos autos, tuve que pagar 220 dólares.

Welcome to Florida!

Para los seguros de casas los precios eran un escándalo. Casi superaban al costo de la misma hipoteca.

Un floridiano residente de muchas décadas se quejó conmigo una vez: "Hemos estado pagando seguros desde siempre, pero después que pegó el huracán del 2004, las aseguradoras nos subieron los cobros más del doble. Dicen que 'somos una zona de alto riesgo'".

Sonrió irónico: "¿Hasta ahora se dan cuenta que en Florida pegan huracanes? ¿Qué pasó con todos esos años que pagamos seguro, a dónde se fue ese dinero ahora que lo necesitamos?"

No sólo los seguros subieron. Los impuestos locales también. Al fin que había dinero. El problema es que eso ya se acabó, pero los impuestos siguen.

La revista Time sacó un artículo el mes pasado: "El Éxodo de Florida". Lo tituló en internet como: "Florida: ¿El Paraíso Perdido?"
El artículo relataba cómo los excesivos cobros estaban ahuyentando a los residentes del "Estado del Sol". Ahora, por vez primera en su historia, son más las personas que se mudan de Florida que las que llegan, según la revista.

El artículo curiosamente coincidió con mi salida de Florida. Pero mi mudanza tuvo otros motivos, personales. Yo no tenía la mayoría de los problemas que afectan a los residentes de Florida, porque no tenía casa.

Al contrario, Florida me encanta. Es un lugar muy hermoso para vivir, sobre todo con familia. Su gente es excelente.

Pero eso no evita que haya notado un enorme cambio al mudarme a Texas. Sobre todo en mi bolsillo.

El otro día llegué a la oficina de registro de autos del Condado de Dallas, para dar de alta mi carro comprado en Florida, y cambiarle las placas.

Al ver mi seguro de auto, la empleada tachó la hoja: "Los seguros de Florida no valen en Texas", me explicó. "No tienen la suficiente cobertura requerida".

Y me escribió con su puño y letra la cobertura que necesitaba: "En vez de $20,000 dólares por lesiones a una persona, Texas exige $25,000; en vez de $20,000 por lesiones a dos o más personas, Texas exige $50,000; en vez de $10,000 por daños a propiedad, Texas exige $20,000".

Hasta que tenga esa cobertura podrá usted registrar su auto en Texas, me aclaró la empleada.

Qué horror, pensé. ¿Cuánto me va a costar el chistecito?

Pues fui a buscar un seguro de auto en Texas, con cobertura mayor a la de Florida.

Cuando me dieron el presupuesto final, casi me voy de espaldas. Costo total, por cobertura aprobada por Texas, mayor a la cobertura en Florida, de dos automóviles: $64 dólares. Al mes. Por los dos vehículos. Con mayor cobertura.

Comparado con los más de 220 dólares de mi cobertura menor en Florida, era más que una ganga. De inmediato firme con la agencia de Texas, y llamé a la aseguradora floridiana para cancelar mi póliza anterior.

Esto es sólo un ejemplo particular, muy propio. Un botón. Pero multiplique esto por miles, y verá porqué la gente sale huyendo de Florida.

¿Quizá ahora la frase "Todo mundo quiere mudarse a Florida" deba ser actualizada a "Todo mundo quiere mudarse de Florida"? Suena cruel, e injusto, para un estado tan hermoso como la península.

De verdad, si no fuera por sus excesivos cobros, su altísimo costo de vida, y sus perversos impuestos, Florida sería el estado ideal nuevamente.

Por fin, con mis placas texanas nuevas en la mano, salí de la oficina de registro. Junto a mí salía una familia de origen asiático, con sus flamantes placas texanas. Iban sonriendo, satisfechos de comenzar su nueva vida texana.

Las placas viejas de su auto decían: "Florida: El Estado del Sol". (www.cesarfernando.com)

lunes, septiembre 07, 2009

El Estados Unidos "profundo y exótico"

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

DALLAS, Texas.- Luego de tres años, volví a hacer mi “road trip” o viaje por carretera por el Estados Unidos “profundo”: Me mudé desde Florida hasta Texas, lo que implicó conducir por Alabama, Mississippi y Louisiana.

Mi carrito de cuatro puertas y cuatro cilindros iba al tope, con mil y un cachivaches, después de haber regalado y tirado otros mil y un triques.

Pero a pesar del tonelaje que tuve que maniobrar, lo más interesante del viajecito fue la experiencia de surcar por las entrañas más curiosas de este país.

A los norteamericanos les encanta resaltar las virtudes exóticas del extranjero. Cuando un héroe de una película hollywoodense debe viajar, siempre lo ve con la óptica del “civilizado occidental”. No importa a dónde vaya: a Sudamérica, África, Europa o Asia, el “héroe” siempre se topará a su llegada con algún festival exótico, algún carnaval en la calle, donde alegres “nativos” bailarán estorbándole la huída al personaje principal (si se puede, disfrazados de la manera más estrafalaria posible, mejor).

El mensaje es claro: estas exoticidades no pasan en Estados Unidos. En Estados Unidos “somos normalitos”. Somos “civilizados”. Esas costumbres autóctonas sólo se dan “afuera”, allá en el territorio de la National Geographic, piensan los norteamericanos. Por lo menos, los norteamericanos que filman esas películas.

Pero, oh, ironía. Esos mismos norteamericanos no se dan cuenta que en su propio país encuentran no una, sino montones de exoticidades, como para llenar fascículos completos de National Geographic.

Uno no tiene más que voltear a ver a la carretera.

Apenas había yo conducido unas cuantas horas por Florida, cuando me encontré en plena autopista 75, a las afueras de Tampa, una banderota ondeando. Gigantesca.

Lo curioso es que no era una bandera de Estados Unidos, sino... ¡confederada!

Sí, esa bandera roja, cruzada con estrellas, que simboliza la secesión de los estados esclavistas del sur, que detonó la Guerra Civil en el siglo XIX.

La bandera confederada es extremadamente controvertida en Estados Unidos. En muchos estados, aún es considerada como una vergüenza, o incluso como un insulto.

Pero en Florida (que fue uno de los estados sureños) es un símbolo de orgullo para algunos grupos.

Y al instalar una bandera confederada gigante, allí en una de las autopistas más transitadas, se convierte en una declaración política abierta y desafiante.

Pero eso no fue todo, sino apenas el principio. A lo largo de la autopista me topé con otras curiosidades.

Por ejemplo, cerca de Tallahassee, la capital de Florida, noté varios letreros con el mismo estilo: Blancos, con una bandera dibujada (esta sí, la "Old Glory" norteamericana), y una frase "patriótica", por ejemplo: “America: Love it, or Leave it” ("América: Ámala o Déjala").

Léase: "Si no te gusta mi país, regrésate por donde viniste".

Luego, seguía otro letrero con el mismo estilo: "Guns, God and Guts Made America Great" ("Armas, Dios y Agallas Hicieron Grande a América"). Y así...

Claro, los letreros y sus mensajes políticos están protegidos por la garantía constitucional de libertad de expresión. Pero la orientación política de estos letreros dice mucho de las zonas donde están instalados.

Otro detalle que noté --y que quizá se me había pasado en el primer viaje-- fue la enorme cantidad de policías que patrullaban las carreteras. Los famsoos "troopers" están en todos los estados, y no pierden tiempo en detener a quien consideren que viola las leyes de tráfico.

Yo nunca he sido muy afecto a pisar el acelerador, y pienso que si una infracción ayuda a evitar un accidente fatal, bienvenido. Pero al ver tantas patrullas blancas y negras, amenazantes y serias, con oficiales de anteojos oscuros, armados y con sombreros vaqueros, me hizo entender los temores que muchos norteamericanos tienen de vivir en un estado policiaco.

Por lo menos, vi 20 patrullas en el trayecto de casi 1,300 millas.

Curiosamente la cantidad de oficiales disminuyó casi a cero al entrar a Texas. Irónico, considerando la famita de intolerantes y retrógrados que tienen los "Texas Troopers".

Mucha gente me pregunta cómo puedo vivir en una ciudad tan conservadora y religiosa como Dallas. Piensan que en Dallas hay un cowboy pistolero en cada esquina. O si no, un predicador extremista.

Pero no hay tal. Dallas, como cualquier otra ciudad grande, tiene de todo: Fanáticos religiosos conviven (muy a su pesar) con travestis gays ateos; antiinmigrantes de ultraderecha hacen protestas y manifestaciones frente a protestas y manifestaciones de organizaciones inmigrantes mexicanas; los republicanos tienen mucho peso, pero también los demócratas. Y así.

No, para sentir el Estados Unidos "profundo" uno no tiene más que subirse a su auto y conducir por algunas cuantas millas por cualquier autopista.

Y simplemente abrir bien los ojos. Eso basta y sobra para entrar a un país totalmente diferente y extranjero. Estereotipado y exótico.

Como les gusta a los cineastas de Hollywood. (www.cesarfernando.com)

domingo, agosto 23, 2009

Maldición gitana...

Si hay algo que odio más que mudarme a otra ciudad es... tener que mudarme de vuelta a la ciudad original.

Y eso es precisamente lo que he tenido que hacer estos últimos días: Tirar la mitad de mis porquerías, y empacar la otra mitad para el viajecito.

Hace poco comentaba con unos amigos (en una de las montones de "despedidas" de las que inmerecidamente he sido objeto en Florida por mi próxima partida a Texas) que si hay algo que yo siempre he tenido como objetivo en mi vida, es vivir una existencia aburrida y monótona.

Mis amigos no lo podían creer.

En serio: Para mí no hay mejor manera que pasar los días, los meses y los años sabiendo que mi rutina no va a cambiar.

Por supuesto, me encanta salir, me encanta ir de vago por la calle, y bobear en tiendas o librerías. Pero sólo bajo mis condiciones, no porque mi trabajo dependa de ello.

Desafortunadamente, y como maldición gitana, siempre me ha tocado lo contrario. Me he mudado más veces de las que me hubiera gustado. No nada más de domicilio, sino de ciudad, de estado y hasta de país.

Y para acabarla, se me ocurrió elegir una carrera que de rutinaria no tiene nada, la de periodismo. No hay día en el que no salga algo nuevo, no conozca una persona nueva, no tenga que salir a partirme el brazo por conseguir una información, una entrevista o un dato.

No me quejo. Ha sido una carrera muy interesante y enriquecedora. Pero me hubiera gustado que fuera menos "activa".

En fin, ahora vuelvo a las arduas labores de empacado y tirado. Me espera un laaaargo camino por recorrer.

Como decimos en el argot, los mantendré informados...

jueves, agosto 20, 2009

Los modernos juglares de la publicidad

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

FORT MYERS, Florida -- Primero comenzaron los preparadores de impuestos

Contrataron a jovencitas estudiantes o recién graduadas, y las vistieron de manera graciosa. Les dieron un cartel con el nombre de sus oficinas, y las dejaron frente a la calle, bailando y moviendo el cartel, bajo el sol floridiano.

“Nos trae muchos clientes,” dijo una de las gerentes.

Claro, era temporada de impuestos.

Luego, llegaron las pizzerías. Papa Jonh’s y Caesar’s Pizzas tienen sendos “anunciantes”, promocionando pizzas a 5 dólares en cada acera. Uno de ellos hasta va disfrazado de rebanada de pizza.

Y así continuaron: Los lavaderos de autos, las tiendas de ropa, los bancos...

“Para mí, esto es más efectivo que comprar un comercial,” me comentaba un gerente de un restaurancito. “Y más barato”.

El salario es mínimo, por 4 horas rotativas. El calor, insoportable. La paciencia debe ser de monje, para aguantar las rechiflas e insultos de uno que otro “idiota”, como me platicó una jovencita de 20 años, disfrazada de Estatua de la Libertad en marzo.

Pese a todos los avances de la tecnología, de la publicidad, y de las opciones que existen en medios (prensa, radio, televisión, cine, revistas, internet, twitters y sabe más qué), parece que la tendencia de los negocios locales es más tradicionalista. Promoción personalizada.

Están volviendo a los tradicionales juglares medievales, pues.

El último miembro del club es un restaurante mexicano que se acaba de abrir por mi barrio.
Languideciendo ante la recesión, el dueño mandó a imprimir un cartel, y le pagó a un muchacho para que se parara en la esquina, promocionando el negocio.

¿El truco? El muchachito es gringo: rubio de ojos azules. Y además del cartel con el nombre del restaurante, lleva puesto un enorme sombrero mexicano tricolor, a la Speedy González.

Y ahí está el chico: Alegre de tener empleo y de promocionar con saludos y brincos a su patrón.

El muchachito tiene una enorme ventaja por sobre sus competidores: el sombrerote lo protege del tirano sol tropical. Quizá por eso sonríe más... (www.cesarfernando.com)

miércoles, agosto 19, 2009

On the road again...

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

FORT MYERS, Florida -- Bueno, pues la historia se repite. Como hace tres años, hago mis maletas y de nuevo me lanzo a la aventura de la carretera.

Esta semana es mi última en Florida. Renuncié a mi puesto en el News-Press, el diario de Fort Myers, y regreso a Texas, donde viví 10 años, y de donde salí en 2006.

Y como hace 3 años, no sé lo que el destino me depara.

Mi decisión es puramente personal. Mi familia vive en Texas, y tras un año de separación, decidí que ya estaba bien ser "soltero, sin compromisos y con carro en Florida". (Más bien mi esposa me lo recordó.)

Me encanta Florida. Me encantó su gente, mi trabajo, las experiencias vividas. En el News-Press me trataron muy bien, aprendí mucho, me fascinó y logré hacer cosas. Espero que mis jefes también estuvieran conformes con mi labor.

Pero el ciclo concluyó. Y aunque sé que renunciar a un trabajo que me encanta, en un lugar que me fascina, durante la peor de las recesiones económicas es una decisión ilógica y arriesgada, también sé que ningún empleo justifica estar lejos de aquellos quienes más me importan.

No dejo nada aquí, me lo llevo todo. No dejo ni siquiera amigos, porque a ellos son los primeros que me llevo conmigo, esté donde esté siempre. Si no en cuerpo, sí en alma. Ellos lo saben.

Y al mismo tiempo, mis amigos floridianos saben que allá en Texas tendrán siempre un pedacito de Florida, y las puertas abiertas de la casa de un "mexicano-tamaulipeco-tampiqueño-texano-floridiano".

No, no tengo trabajo. Iré como todos, a tocar puertas. Es una sensación extraña: emocionante y pavorosa a la vez.

A fin de cuentas, este país se construyó y se hizo fuerte a base de pioneros. Me gusta pensar que sigo de alguna manera la tradición.

Los mantendré informados.

"On the road again..."

viernes, agosto 14, 2009

Qué vergüenza de triunfo...

Confieso que no soy muy seguidor de deportes, ni muy conocedor.

¿Creo que el futbol se juega con un balón? Redondo, parece...

A veces, si estoy con familia o amigos, la tele está encendida (y no tengo nada mejor qué hacer), me siento a ver algún partido mundialista.

Por supuesto, siempre me alegro de los triunfos de los deportistas mexicanos.

Pero esta vez no me alegré del triunfo de la selección mexicana frente a Estados Unidos. (Por cierto, por un raquítico 2-1, que debió haber sido 10-0, si tomamos en cuenta que jugaron de locales).

No me avergonzó el juego o el resultado en sí, sino las celebraciones.

¿Qué, no podemos celebrar un poco más civilizadamente? ¿Tenemos que estar borrachos?

¿Abuchear himnos extranjeros, y apedrear hoteles sirve de algo? (Fuera de darles la razón a los que insisten en que en México la gente aún hace sacrificios humanos y comen niños.)

Qué vergüenza.

Sí, ya sé, ya sé: "Pobrecito pueblo, tú no entiendes a 'nuestra gente', tanto que han sufrido desde hace siglos, necesitan una distracción, es una pequeña venganza ante tanto abuso imperialista..." Y etcétera, etcétera, etcétera.

Aunque por un lado sí me alegro de que el festejo haya sido por un triunfo.

Porque no me quiero imaginar qué hubiera pasado si Estados Unidos hubiera ganado.

Seguro esos "mexicanos puros" hubieran incendiado el estadio y sacrificado a los jugadores (de ambos bandos), para demostrar al mundo su "patriotismo".

miércoles, julio 29, 2009

"He buscado y he buscado trabajo, y no hay"

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

FORT MYERS, Florida -- El hombre me andaba rondando desde hacía rato.

Era bajito y delgado. Llevaba una camiseta bastante usada, con unos jeans peores, y tenis. No le podía ver bien el rostro porque una gorra de pintor le tapaba media cara.

Desde que entré a aquella tienda en Florida lo sentí que me estaba "echando el ojo". Ví de reojo que me seguía por entre los pasillos y anaqueles.

Pero no piense mal. El pobre hombre por fin agarró valor después de andar dando vueltas, y se me acercó muy humilde.

"¿Habla español?", me preguntó. Cuando asentí vi como suspiró de alivio.

En los siguientes minutos el hombre me contó su historia. Una historia que ya conocía, de tanto haberla leído en los periódicos en los últimos meses: Llegó de México, de Oaxaca, a Florida como todos, buscando trabajo. Lo encontró en la construcción, pero con la crisis inmobiliaria, lo perdió.

"Ando desesperado, ya no sé qué hacer", me decía, ya como contando una batalla hace tiempo perdida.

Perder el empleo había causado que perdiera su departamento. A donde quiera que iba a buscar trabajo le decían lo mismo: "No hay".

No tenía dónde quedarse. No tenía manera de trasladarse. Se había gastado las suelas de sus zapatos caminando, preguntando por algún empleo en cuanto negocio, constructora, restaurante y tienda que se encontraba.

"Pero bueno, ¿ya fue usted al restaurante Tal?", le preguntaba incrédulo.

"¿El que está por la calle Tal y Cual? Ya fui, me dijeron que no había nada", respondía.

"¿Y a la tienda Equis, la que está en...?"

"¿La de la calle Zeta? Sí, dos veces. Igual, no hay nada".

Era imposible. Cuanto negocio hispano le mencionaba, él me remataba que ya lo habían rechazado. Y me lo comprobaba describiéndome con pelos y señales la ubicación, nombre, dirección y hasta nombres de los dueños o gerentes. Decía la verdad.

"Ahorita ni siquiera tengo un dólar para el autobús, y regresarme a la casa de un amigo que me deja dormir en el garage", me explicó.

Me dijo que tenía algún primo en Arizona, pero no estaba seguro, porque no podía llamar a su pueblo para confirmar. Sólo por carta. Y ni siquiera tenía dinero para el viaje.

"He buscaso, y he buscado, y no sale nada aquí ya en Florida", me dijo.

El pobre hombre estaba sudado y cansado. Derrotado física y anímicamente.

Agarré mi cartera y tomé los pocos billetes sueltos que tenía. "Mire, no le miento, vea. Esto es todo lo que tengo en efectivo. Tenga", le dije. "Al menos le servirá para comerse un taco y tomar el autobús".

Le di las señas de una iglesia cercana donde quizá le dieran alguna comida. Agradeció y se retiró.

No me sentí bien por mi gesto, al contrario. Lamenté no haber tenido un poco más qué darle.

Esa escena no fue aislada. En los tres años que llevo en Florida se me ha repetido por lo menos tres veces ya, casi en idénticas circunstancias, casi con las mismas historias.

Y en los tres casos las víctimas eran trabajadores de construcción hispanos e inmigrantes.

Lo peor es que la escena se multiplica muchas veces en otras partes de Florida y de todo Estados Unidos actualmente. Y dónde no.

Si para un ciudadano americano, con inglés y documentos, resulta extremadamente difícil encontrar empleo en esta recesión, imagínese como será para personas como las que me he encontrado... (www.cesarfernando.com)

viernes, julio 17, 2009

Canadá nos "traicionó": ¡Que viva la transa!

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

Era cuestión de tiempo para que los canadienses impusieran requisito de visa para los mexicanos. No sé porqué nos sorprendemos. Al contrario, ya se habían tardado.

Aunque, para ser justos, a los canadienses se les fue la manita un poco. Si el problema eran los miles de mexicanos que entraban con falsas solicitudes de asilo político, ¿porqué castigar al resto? ¿Porqué no imponer una prohibición a los mexicanos de recibir asilo político, por ejemplo? Así los que entran sabrán a qué atenerse.

El problema radica en que la ley canadiense autoriza a cualquier solicitante de asilo a permanecer en el país durante meses, hasta que se resuelva su caso. Y claro, muchos se aprovechaban de esa laguna legal. Mientras eran peras o manzanas, había mucha gente viviendo del presupuesto del gobierno canadiense.

Yo entrevisté hace algún tiempo a indocumentados mexicanos que llegaban a Canadá pidiendo asilo, y contaban maravillados cómo los "amables" y "civilizados" canadienses les alquilaban hotel, les pagaban las comidas y hasta los inscribían en clases de inglés gratis para que se "adaptaran".
¡Hasta les abrían una cuenta de banco con dinero y todo!

Muy, muy distinto a los "salvajes" e "inhumanos" gringos.

Cierto, muchas de las personas que buscaban ir a Canadá eran gente trabajadora, que sólo querían un futuro mejor para sus familias. La mayoría vivían de indocumentados en Estados Unidos, sin posibilidad de legalizarse nunca. Canadá fue su último recurso.

Pero, de hecho Canadá ya permitía a los mexicanos ir a trabajar legalmente, siempre y cuando los trámites se hicieran desde México. Y ni visa pedían. ¿Entonces para qué quemar la oportunidad?

Eso me platicaron extrañados algunos funcionarios canadienses. ¿Porqué los mexicanos no se van a México y comienzan los trámites desde allá?, preguntaban.

Pero no. "Se nos hizo fácil". Y ahí está el resultado: Mandamos por el caño la buena fe que tenían en nosotros.

Tristemente, algo muy similar pasó en Estados Unidos. Varios funcionarios me platicaron cómo antes era muy simple hacer una declaración legal para recibir servicios públcos en Estados Unidos: usted sólo escribía una carta y la firmaba, por ejemplo. "Yo, Fulanito de Tal, declaro esto y aquello", y ya. La cosa era legal.

Nadie andaba pidiendo cuentas. Si usted decía eso, era porque era verdad. Estaba en juego su nombre y su honor. No en balde el perjurio es uno de los peores delitos según la legislación norteamericana original. Los fundadores anglosajones de Estados Unidos simplemente no podían concebir que alguien mintiera, por Dios. Si hasta en la Biblia estaba el mandamiento.

Aaaaahhh... pero los pobres inocentes no contaban con la astucia de los mexicanos.

Llegamos y comenzamos a hacer de las nuestras a diestra y siniestra, firmando cartas donde declarábamos hasta ser los papás de los pollitos. Y lo peor es que no fue uno, ni dos, sino miles y miles de transas que "se salieron con la suya".

Más de un "paisano" me contaba alegremente cómo "había sido más vivo que estos gringos tarugos". Ancho de orgullo el hombre ante su "sagacidad".

Pero pasó lo que tenía que pasar. Algunas oficinas del gobierno dejaron de aceptar las declaraciones firmadas, y ahora piden pruebas y hacen estudios detallados de cualquier solicitante. "Antes no los pedíamos, pero bueno... hubo mucho abuso", me platicaba casi disculpándose el funcionario texano con el que hablé (que por cierto, era mexicano también.)

Pero no sé porqué nos sorprendemos, si desde pequeños nos vienen incluncando esa cultura de "La Ley de Herodes" ("O te chingas, o te jodes"). Hasta la llevamos grabada en nuestra cultura, en nuestras frases populares: "El que no tranza, no avanza"... "Un político pobre es un pobre político"..."la corrupción somos todos"...

¿Se ha fijado cómo los principales personajes de nuestras películas y series de TV siempre son "transas", que demuestran ser más "vivos" que nadie? (no por estudios o inteligencia, sino para fregar nomás.)

Cantinflas, por ejemplo, era un excelente cómico... pero sus personajes siempre demuestran ser más "vivos" que cualquiera en las artes de la calle. (Claro, es "honrado" y tiene su "código", roba al rico para darle al pobre... ¡Pero sigue siendo transa!)

Igual siguen esta tradición los personajes de Chespirito (Por ejemplo, Don Ramón, el más popular de los personajes, ¡tenía catorce meses que no pagaba la renta y tan campante!), Resortes, Clavillazo y hasta Tin Tán: El mexicano "sagaz", que es capaz de venderle hielo al esquimal... Aunque en el fondo, claro, todos son "buenos" y tienen "un corazón de oro". (¿Lo habrán conseguido trabajando, o trampeando en los dados?)

La tradición continúa en otros países latinos, como el famosísimo José Candelario Tres Patines ("¡A la reja!")

Los únicos personajes honrados y legales que aparecen en nuestras historias siempre son la víctima cómica del personaje "vivo y abusado". O son simples payasos, porque nadie puede creerse que alguien sea tan "inocente" en serio.

Caso típico, El Chapulín Colorado: su honradez y ética eran causa de burlas y golpes. Supongo que Roberto Gómez Bolaños sabía que el público no se iba a tomar en serio a alguien tan honrado y decente... Sólo como comedia.

Esa tradición de ensalzar al pillo viene de muy, muy atrás. Desde España. ¿No era el Lazarillo de Tormes el personaje literario español más famoso? Y era un transa, un típico niño de la calle, un "pícaro" que se las sabía de todas todas, y le quitaba hasta los calcetines a quien se dejara.

La única y, válgame la expresión, honrosa excepción lo fue Don Quijote de La Mancha, que es el arquetipo de la honradez, la ética, la verdad, la justicia... ¡Pero por eso Cervantes lo pintaba de loco!

En cambio, Sancho Panza, el ejemplo de la cordura y la "realidad" no brillaba precisamente por su honradez, al contrario. Pero sí era celebrado por ser "astuto" y "vivaz".

Así pues, con tales "ilustres" tradiciones culturales, no es raro que los latinoamericanos aprendamos desde pequeños "La Ley de Herodes" (

donde nos enseñan que decir la verdad y ser honrado es "tonto" e "inocente", mientras que burlarse de la ley y sacar ventaja a todo es "inteligente"... ¡con razón estamos como estamos!

Y encima nos indignamos... (www.cesarfernando.com)

viernes, julio 10, 2009

¿Cuánto me cuesta vivir en Estados Unidos?

Nota: Los precios de los productos y servicios de este artículo son de julio de 2009. Debido a la inflación, ya han aumentado. Hay una nueva sección de este blog con los precios actualizados, en esta dirección: http://cesarfernando.blogspot.com/p/cuanto-cuesta-vivir-en-estados-unidos.html 


Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com


Bueno, con eso de la recesión, algunos economistas hablan de que Estados Unidos pudiera caer en una espiral deflacionaria, que es lo contrario a una inflación.

O sea, que como nadie tiene para comprar nada (porque todo mundo se quedó sin trabajo, o sin ahorros, o sin casa, o sin todo lo anterior), entonces la simple ley de la oferta y la demanda causará que los precios bajen.

Mucha gente se alegrará. Sería la primera vez que veamos que los precios bajan.

Pero los economistas alertan de que la deflación pudiera ser incluso más peligrosa que la inflación.

Será el sereno, pero hasta ahora, con todos los despidos, quiebras y embargos, yo no he visto que los precios caigan, sino al contrario: Siguen subiendo.

¿Cuánto cuesta ahorita mismo, vivir en Estados Unidos? Los precios varían a veces de ciudad a ciudad, y de estado a estado.

Pero nomás para muestra un botón: Aquí les transcribo mi lista de compras del supermercado, en Florida. A los que ya viven en Estados Unidos quizá les sirva de comparación, y a los que están en América Latina quizá les sirva para que hagan números y sepan a qué atenerse si quieren emigrar.

(Ojo, tome en cuenta que yo no soy Donald Trump. Mi lista se limita simple y sencillamente a la compra necesaria para sobrevivir una o dos semanas, para una persona).

* Renta de un departamento de un dormitorio, agua incluída: 500 dólares al mes. No lujoso, no en una zona "nice".

* Hipoteca mensual para los que tienen casa: Alrededor de 1,200 dls.

* Electricidad: 300 dls. si tiene casa. 100 dls. si vive solo, en departamento y trabaja todo el día fuera.

* Gasolina: 2.60 dls. por galón. Yo tengo un carrito de 4 cilindros, que gasta aproximadamente 10 galones a la semana. Total: 27 dls.

* Bolsa de pan: El más baratito, blanco y corriente, alrededor de 1.50 dls. De ahí hasta lo que guste, si es exigente y "saludable".

* Paquetito de 800 gramos de tortillas: 1.70 dls., de la más baratita.

* Lata mediana de frijoles: 67 centavos. Marca propia.

* Una libra de paquete de pollo congelado: 4 dls.

* Lata chica de atún en agua: 68 centavos.

* Una botella de 2 litros de refresco, del más barato: 1 dólar (el vicio).

* Un galón de leche: mínimo 4 dólares.

* Teléfono celular: Unos 100 dls. al mes por el plan familiar, básico. (En realidad la promoción es menos, pero siempre le salen con "piquitos" y "recargos" que inventan quién sabe de dónde).

* Si tiene tele por cable, o teléfono fijo, o internet le cuestan como 50 dólares al mes por cada servicio. Si los contrata los tres en paquete, le sale como 100 al mes por todo... pero nunca son 100 dólares. A mí a veces me sube, dependiendo de los recargos y del precio del petróleo, supongo... Y usted tiene dos opciones: O paga y se calla, o se pasa tres horas rebotando como pelota al teléfono para pelearse con alguien de la compañía (que nunca le tomará la llamada).

* Seguro de autos: Por dos, cobertura total: 220 dls. al mes.

* Pago de los autos: Uno cuesta 170 dls., el otro 220 dls. al mes. No son nuevos: El primero es un carrito chico, Kia, modelo 2004; el segundo un carro mediano Chrysler, modelo 2005.

Y ya... eso sin contar: Ropa, zapatos, salidas a comer fuera, ni lujos.

De hecho, son gastos que todo mundo tiene en Estados Unidos, aunque para ser sinceros, esto es lo mínimo solamente. La mayoría de la gente tiene muchos más gastos que yo, comenzando por tarjetas de crédito y de tiendas. (No porque no las tuve, sino que hace mucho que tuve que dejar de pagarlas, si quería seguir comiendo.)

Bueno, ahora después de hacer números, dirán: "¡Wow!, entonces usted debe ganar muy buen salario para pagar todo eso, ¿no?" Pues ese es el problema, no me alcanza... Después de pagar la gasolina, la comida y la renta, tengo que decidir "de tin-marín, de do-pingüé" cada mes qué pagar, y qué dejar "arrastrando" hasta el siguiente.

Y usted, ¿cuánto gasta? (www.cesarfernando.com)

domingo, julio 05, 2009

Antecedentes penales: Una losa de concreto para toda la vida en Estados Unidos

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

FORT MYERS, Florida -- Héctor fue novio de una prima mía, mayor que yo, hace bastante tiempo. Por allá de principios de los 1970's.

Pero Héctor era una "fichita". A pesar de eso (o quizá por eso mismo) mi prima terminó casándose con él. Y después, claro, terminaron de pleito y divorciados.

Sin embargo, seguí viendo a Héctor... en los periódicos. No pasaba un año sin que saliera en primera plana, ya sea porque fue arrestado por traficar con marihuana, o por otros delitos.

Después, le perdí la pista. Cuando volví a saber de él, ya cuando yo tenía como 20 años, Héctor volvió a salir en el periódico, otra vez en primera plana, otra vez en un caso criminal... pero esa vez como ¡policía!

Así inició Héctor su exitosa carrera como "representante de la ley".

Quizá después de pasar tantos años de su vida en la cárcel, Héctor le agarró gusto a esa vida. O quizá el jefe de la policía y sus oficiales le agarraron cariño. Después de todo, casi ya era como de la familia.

Irónicamente, cualquiera que hubiera querido sacarle los trapitos al sol al flamante policía, no hubiera batallado. Su expediente quizá sobresalía de entre los demás, casi como si pusieras un directorio telefónico en medio de folletos de misa, tan gordo que era.

Pero al parecer a nadie le interesó ni le importó que uno de los policías tuviera tantos o más antecedentes penales que los propios criminales de los que se suponía nos debía "proteger". Por eso, Héctor pudo hacer realidad su sueño de ser "Polecía".

¡Qué afortunado fue Héctor de vivir en México! Si hubiera vivido en Estados Unidos, seguramente su vida habría sido otra. No sé si mejor o peor, pero sí muy distinta.

Eso sí, ni en sueños iba a lograr tener una carrera policiaca. Al menos no afuera de las rejas,

Y no es que en Estados Unidos no haya corrupción, ni policías bandidos. La enorme diferencia es que acá, el tener antecedentes penales es como ser un apestado. Por lo menos, si usted quiere conseguir ciertas metas en su vida, como ser aceptado en ciertos trabajos (como, por ejemplo, policía).

En Estados Unidos, el historial criminal es como una losa de concreto que uno va cargando como El Pípila para toda su vida. Y cualquier "errorcito" de juventud se paga caro. Porque a cualquier trabajo que usted vaya, le piden carta de no antecedentes penales, y no conforme con eso, los empleadores hacen una revisión por computadora a ver qué manchas salen de su vida.

"Ni que los gringos fueran tan santos", dirá usted. Pero precisamente es por eso: Acá se dan golpes de pecho al revisar los antecedentes de todo mundo.Por ello es un pecado más que mortal tener aunque sea el mínimo antecedente criminal. Y a veces se pasan de exagerados.

Prometedoras carreras de políticos y funcionarios excelentes se han ido por el caño cuando a algún reportero emprendedor se le ocurrió revisar los archivos policiacos, y encontró algún "pecadillo", así sea de faldas (o de pantalones).

No importa que el interfecto se haya "enmendado", o que "haya encontrado a Dios". Para nada. El hecho de tener antecedentes penales lo marca a uno de por vida, en esta sociedad creada (y las más de las veces manejada) por puritanos.

Algunos de esos puritanos, hay que decirlo, también tienen esqueletos en el clóset, y bastantes. Pero su mérito es haberlos escondido demasiado bien. Por lo menos hasta que llegue algún reportero (o enemigo político, que a veces son lo mismo) más "picudo" que él y le desentierre los huesos y los exhiba en la plaza mayor del pueblo.

Hoy en día, con tantas computadoras y sistemas de control, lo tienen a uno bien checadito. Y sus devastadores alcances no sólo afectan a funcionarios o políticos en campaña, sino a gente común y corriente, que también sufre en carne propia los estragos de esos "pecadillos", aún al tratar de realizar tareas simples, como viajar.

No han sido pocos los casos de personas (muchos de ellos ciudadanos americanos) detenidas en aeropuertos o en la frontera, porque la computadora lo señala con antecedentes criminales, aún menores.

Si usted fue culpable (sin importar que ya haya cumplido su condena con creces) espere a pasar varias horas en un cuartito, rodeado de agentes malencarados y con pistolas revisando hasta el último calcetín de su maleta, explicándoles con santo y seña su vida. Si tiene suerte, lo dejarán ir. Si no, ahí tendrá que pasar la noche, hasta que "se aclare" que usted no es "un riesgo para la seguridad del país".

Lo peor es que esto también le ocurre con bastante frecuencia a personas inocentes, cuyo único crimen es llamarse igual que algún delincuente. Para estas pobres personas el trauma es peor, por no deberla.

Esta paranoia ha llegado a niveles ridículos, como el triste caso de un inmigrante legal, con muchos años de vivir honradamente en Estados Unidos y quien pensaba hacerse ciudadano pronto.

El tipo iba por la calle un día y le dieron ganas de ir al baño. Como no habían baños cerca, o ya le andaba, se le hizo fácil desalojar su vejiga en un solar baldío.

El problema es que alguien lo vio, y llamó a la policía, que lo detuvo por "exhibición indecente". Lo grave es que este delito está tipificado como "de baja calidad moral", y es uno de los requerimientos para... la deportación.

Allá fue a dar el pobre hombre, en grilletes, al centro de detención del Servicio de Inmigración, como "delincuente indeseable". A las pocas semanas ya estaba de nuevo en su país de origen, deportado, sin un centavo, y con una prohibición de por vida por regresar a Estados Unidos, donde había dejado casa, familia, trabajo y toda una vida.

Y no, contra lo que usted crea, acá no siempre se puede "arreglar" el asunto con una "corta feria", como se acostumbra al sur de la frontera. No porque en Estados Unidos no haya corrupción, o porque los policías o jueces sean 100 por ciento derechos. La diferencia es que acá los jueces, abogados, fiscales y policías prefieren mil veces las flores y alabanzas por detener criminales (en especial un criminal que intentó sobornarlos), que recibir 20 dólares por hacerse de la "vista gorda". El verse ante el público como oficiales celosos de su deber les resulta más redituable a la larga, que recibir una simple "mordida".

Por supuesto, en Estados Unidos también existen delincuentes que pasan media vida saliendo y entrando de la cárcel y como si nada. Siguen tan campantes con su vida gangsteril. Pero ellos están perfectamente conscientes que deben vivir fuera del sistema, porque ante los ojos de éste, siempre serán criminales, o sea ciudadanos de segunda. No creo que a la mayoría de nosotros nos apetezca mucho esa vida.

Lo dicho: Los pecadillos en Estados Unidos son losas de concreto que lo seguirán a usted para toda la vida, le guste o no.

¡Quién fuera un Héctor viviendo en México! (www.cesarfernando.com)

martes, junio 30, 2009

No se puede tener democracia a medias

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

Ningún golpe de estado se justifica, sea de derecha o de izquierda.

En el caso de Honduras, si se quería derrocar al presidente Manuel Zelaya, el Congreso y la Corte de Justicia debieron haber convocado a nuevas elecciones.

El problema es que Zelaya quería reelegirse. Y siguió el ejemplo de Hugo Chávez para cambiar la constitución con un referendo que se sacó de la manga.

No se puede ser demócrata a medias. La democracia incluye el voto de la mayoría, cierto, pero también establece que todos los partidos deben respetar una serie de reglas establecidas con anterioridad. No se pueden cambiar las reglas a mitad del camino por gusto del presidente.

Es como el futbol: No se puede tener un juego serio si el equipo perdedor cambia las reglas al medio tiempo, o cuando acabó el juego. O se aguanta, o se espera a cambiar las reglas para el próximo partido.

Los dictadores latinoamericanos de izquierda y de derecha, como Hugo Chávez de Venezuela y Álvaro Uribe de Colombia, quieren seguir aferrados al poder. Y usan la excusa democrática de unas “elecciones”, dizque porque “el pueblo se los pidió”.

Cierto, el voto de la mayoría es un requisito de la verdadera democracia. Pero también lo es la alternancia presidencial, y el respeto a la decisión del Congreso.

No se puede tener una democracia real si el presidente sólo acepta las reglas que le convienen, y desecha las que no.

Eso parecerá democracia, pero no lo es. Aunque lo canten a los cuatro vientos.

Eso fue precisamente lo que hacían Hitler y Mussolini. (www.cesarfernando.com)

domingo, junio 21, 2009

Los "Hombres Locos" de Estados Unidos

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com


FORT MYERS, Florida -- Confieso que, en cuestión de series de TV, me quedé en tiempos de Starsky y Hutch y Columbo.

Por eso, un día decidí "ponerme al día" sobre lo último que se ha hecho en la televisión de Estados Unidos.

Y como me duele el codo para rentar o comprar DVD's, aproveché que en el cable estaban dando (¡y gratis!) los episodios de la primera temporada de una de las series más aclamadas y famosas de los últimos años, Mad Men.

La serie, del canal AMC, me encantó. Y cómo no, si es una telenovela.

(Por cierto, si usted se pregunta cuál es el secreto de las grandes obras de la literatura y del cine, es simplemente eso: Todas son telenovelas. Nomás que no lo dicen. Comenzando con Los Miserables de Víctor Hugo, y pasando con Lo que el viento se llevó, todas podrían haber sido obras de Corín Tellado si hubieran sido escritas actualmente. Si actualizamos los protagonistas, y las fechas, el resultado es un "culebrón" de esos de Televisa que no aguantamos en horario estelar.)

Mad Men se traduce más o menos como "Hombres Locos" u "Hombres Desquiciados", pero no tiene nada qué ver con eso. Así se autonombraban los ejecutivos de las agencias de publicidad con sede en la Avenida Madison de Nueva York... Madison Avenue Men, o Mad Men.

La serie está ambientada precisamente en una agencia de publicidad neoyorquina de principios de la década de 1960. Y trata de las tragedias, intrigas y conflictos de sus personajes.

El decorado, la ambientación, el guión y las actuaciones lo envuelven a uno. Con razón han acaparado premios Emmy.

Pero lo que me fascina (y creo que es buena causa del éxito de la serie) es su crítica despiadada a la cultura norteamericana de aquella época. Es una crítica indirecta y fina, muy inteligente.

El mayor mérito de los escritores, directores y actores es, creo yo, que no están inventando el hilo negro: Simplemente recrean la manera de pensar, opinar y actuar de la gente “normal”, de un americano típico de hace 50 años. Y allí radica la fuerza de Mad Men.

Lo que hoy en día nos choca y nos causa un infarto (literalmente) era visto entonces como algo normal y hasta “cool” en aquella época. Y no fue hace mucho: Bastantes de nosotros ya estábamos vivos en aquellos años.

Así, el espectador se mete en un mundo totalmente ajeno al actual, que bien pudiera ser otro planeta. Un Estados Unidos donde todo mundo fuma como locomotora hasta en los hospitales, donde todo mundo toma alcohol a todas horas como si fuera agua Evian... y como si nada.

Vemos escenas de hombres, mujeres, parejas elegantes y educadas... que fuman y beben hasta en el baño. Hasta las mujeres protagonizan las escenas más espantosas, fumando y bebiendo como cosacos aún enfrente de sus hijos (envenenándolos con humo de segunda mano durante el desayuno). Incluso vemos escenas de mujeres embarazadas "echándose un pitillo" y empinando el codo con las amigas.

Vaya, hasta a los niños pequeños les permiten jugar con bolsas de plástico... ¡poniéndoselas en la cabeza!

Y no son familias de la peor calaña, al contrario: Todos son gente "bien", "gente nice", que se preocupan por su familia, por sus hijos, por ellas mismas.

¿Cómo reaccionar en un mundo donde hasta el médico realiza exámenes físicos a sus pacientes fumando como tahúr?

Pero las escenas más irónicas son cuando escuchamos a los personajes hablar: Hacen comentarios racistas, clasistas y sexistas, como si fuera lo más natural del mundo, abiertamente, sin tapujos, en plena calle, en las oficinas, en los restaurantes. Se burlan y desprecian a negros, judíos, asiáticos, hispanos.

Los ejecutivos de la agencia de publicidad no tienen ningún empacho en tratar a las secretarias a nalgadas y pellizcos, y manosearlas o violarlas en las oficinas.

¿Demandas por acoso sexual? ¿Qué es eso?

Pero fuera del valor de entretenimiento y estético de Mad Men, me hizo pensar algo más profundo...Porque es, ni más ni menos, que una bofetada a los extremistas políticos de ambos lados, de derecha e izquierda.

Ese Estados Unidos --sexista, clasista, racista, donde los hombres se morían a los 60 años de un infarto o de cáncer sin saber porqué, y donde las mujeres eran sometidas como un objeto--, es el país que tanto añoran los ultraderechistas que recuerdan con nostalgia su niñez y juventud.

Ese Estados Unidos es el que los extremistas del Partido Republicano, los Minutemen, los Lou Dobbs, los Sean Hannity, los Pat Buchanan y los Tom Tancredo añoran como "los buenos tiempos idos", y tratan de volver a ellos.

Un país donde a las mujeres les pedían que usaran "faldas arriba de la rodilla" para "agasajar la mirada" de sus compañeros de trabajo varones. Y la que no cumplía era enviada "a la congeladora".

Un país donde los ejecutivos se enojan con dueñas de tiendas de departamentos, furiosos porque "no iban a permitir que una mujer les hable así".

Un país donde los que dominaban todo eran hombres anglosajones y protestantes, y donde los inmigrantes eran ciudadanos de quinta clase.

Un país donde nadie sabía o creía que el cigarrillo causara cáncer, ni que beber siete vasos de whisky diarios causara cirrosis hepática a la larga, y donde hacer ejercicio, beber agua y comer sano era visto como cosas de "afeminados".

Un país donde los mismos homosexuales tenían que aparentar ser mujeriegos, por temor a que sus preferencias sexuales les costaran el trabajo.

Pero al mismo tiempo, Mad Men también da una lección a los extremistas de ultraizquierda, que acusan al Estados Unidos de hoy en día de todos los males habidos y por haber... sobre todo de ser racistas, clasistas y sexistas.

Mad Men nos demuestra que, a pesar de sus defectos, Estados Unidos sí ha avanzado, aunque sea un poco, en ser una sociedad más justa y equilibrada. Por lo menos un poco más que en 1960.

Hoy en día, esas actitudes típicas de Mad Men, que en aquél entonces era vistas como “normales” y hasta “graciosas”, causarían demandas multimillonarias, quiebras, escarnio público y hasta cárcel a los responsables.

Intente discriminar o llamar "negrito", "nenorra" o "marica" a compañeros de trabajo en Estados Unidos y verá como le cae encima demandas por discriminación u hostigamiento... eso si antes no lo corren de la chamba.

Por supuesto, hay mucha gente que aún lo hace hoy en día, pero me gusta pensar que son minoría, remanentes mal digeridos, que no entienden que ya hubo una lucha por los derechos civiles. Cada vez que leemos una historia de algún personaje sacado de Mad Men, casi siempre la noticia se complementa con demandas públicas, destituciones y hasta juicios.

En cambio, esas actitudes de Mad Men, que en Estados Unidos eran "normales" hace 50 años, aún siguen vigentes, vivitas y coleando en muchos países latinoamericanos. Y como si nada.

Estados Unidos siempre ha sido un país con enormes defectos. Y siempre lo seguirá siendo. Pero al menos, creo que el mayor mérito de su sociedad es que ha logrado darse cuenta de que esos defectos existen, y que hay gente (a la que al principio siempre tachan de locos) que se encarga de hacer algo para erradicarlos, aunque les tome años hacer la diferencia.

No importa. Basta ver un capítulo de una serie de TV para notar esa enorme diferencia.

Aunque, sinceramente, yo me sigo quedando con Starsky y Hutch...(www.cesarfernando.com)