martes, diciembre 23, 2008

¿Sueldos de 70 dólares la hora? ¡Con razón las automotrices de EE.UU. están en el hoyo!

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

DALLAS, Texas -- La industria automotriz de Estados Unidos ya está en el hoyo. Y quizá sea imposible que se recupere.

A pesar de las solicitudes de la Casa Blanca, de las súplicas de los presidentes de la GMC, Ford y Chrysler, y de los intentos del Congreso, no se aprobó el tan ansiado (y costoso) rescate financiero de 15 mil millones de dólares.

El propio presidente George W. Bush, quien había estado optimista, habló de que el siguiente paso serían “bancarrotas escalonadas y ordenadas”.

¿Valía la pena que el gobierno de Estados Unidos “salvara” a las automotrices? Habían opiniones encontradas. La mayoría de la gente estaba en contra, porque ello significaría “premiar” los excesos y la mala administración de sus gerentes. (Entre ellas, su necedad de no invertir en autos híbridos, porque las camionetas y SUV’s les dejaban pingües utilidades, aunque engullieran combustible.)

Por lo tanto, la quiebra es un justo premio a su incompetencia, razonan los norteamericanos. “A mí nadie va a venir a rescatarme mi negocio si meto la pata”, me comentó un pequeño empresario en las calles de Florida días atrás. “¿Porqué las grandes corporaciones tienen que ser distintas? Busquen una solución capitalista: Váyanse a la quiebra y comiencen de nuevo”, me dijo otra persona.

Un tema, sin embargo, quedaba en el aire: Los trabajadores. Miles de empleados de las plantas de “Los Tres Grandes” se irían a la calle, con el consiguiente sufrimiento para sus familias, sus comunidades y la economía en general.

¿El salvar esos empleos no justificaría el rescate financiero?

En principio, sí. La gente simpatiza con los trabajadores y sus familias. Son “norteamericanos típicos”, piensan.

Pero un reciente reportaje del periódico USA Today puso las cosas en perspectiva.

El artículo relataba las peripecias de una familia “típica” de trabajadores de la planta de Chrysler en Kokomo, un pueblecito del estado de Indiana donde la mayoría de sus residentes dependen de la industria automotriz.

La pareja Mike y Tina Durham, de 41 y 37 años de edad, trabaja en la planta desde hace años. Mike es obrero automotriz de cuarta generación, según el diario.

Ni Tim, ni su esposa Tina tienen estudios universitarios, apenas se graduaron de la “High School”. Pero la familia vive con sus tres hijos en una espaciosa casa tipo rancho, y poseen dos camionetas, una pick up Dodge Ram y una Durango. Según el artículo, los Durham confesaron que comían en restaurantes cinco veces a la semana, y se tomaban “varias vacaciones al año“.

¿Su salario? 65 mil dólares al año, lo que se traduce como 70 dólares la hora, incluyendo prestaciones, seguros médicos, y otros beneficios. Por cada uno de ellos.

Además, en caso de ser despedidos, su sindicato (La poderosa United Auto Workers, o UAW) les garantizaba el 95 por ciento de su salario.

Lo más irónico es que, al igual que muchos otros empleados automotrices, los Durham aún no pueden comprender porqué la crisis los alcanzó, si les iba tan bien.

He ahí la paradoja. ¿Empleos de 65 mil dólares al año, sin haber pisado la universidad, construyendo camionetones que devoran gasolina, y con un sindicato que los mimó por décadas… y esperaban que durara siempre?

¡Con razón están en el hoyo!

Las empresas japonesas se tardaron treinta años, pero al final, alcanzaron y rebasaron a las complacientes firmas norteamericanas.

Ello no quiere decir que no puedan recuperarse, pero las medidas serán dolorosas y lentas.

Los lectores del USA Today expresaron su indignación ante esta situación. Y si tenían alguna simpatía por los trabajadores, se esfumó al conocer su lujoso estilo de vida.

“No son celos, pero hay algo muy malo en esto”, dijo un lector de la versión de internet del USA Today, tras leer la “tragedia” de los Durham. “Yo soy un enfermero titulado, con licenciatura… Parte de mi trabajo incluye insertar cateters en las vejigas de mis pacientes, tubos en sus estómagos y en sus venas, leer electrocardiogramas y monitorear a la gente en estado crítico…Por favor, NO comparen mi trabajo con un empleado de una línea ensambladora cuyo única labor es instalar defensas a un chasis y golpearlas con un mazo… Y YO NI SIQUIERA ganó 65 mil dólares al año, ni mis prestaciones y retiro se comparan a los de ellos”.“No, no tengo simpatía para esas personas”, concluyó.

Por lo menos, la familia Durham tiene una esperanza para el futuro. Su hijo de 12 años dijo al reportero del USA Today que no quería trabajar en uan fábrica automotriz cuando crezca.

“Voy a postularme para un puesto público”, dijo el niño, según el periódico. “Siempre habrá un gobierno”. (www.cesarfernando.com)

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