domingo, noviembre 02, 2008

Los norteamericanos: Portentos en el aprendizaje de idiomas extranjeros

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

FORT MYERS, Florida -- Hay un chiste muy repetido en Estados Unidos, que ya me tiene harto.

Contra mis principios, lo voy a repetir aquí no porque suponga que usted no lo sabe, sino para ilustrar un punto:

"¿Cómo se les llama a los que hablan muchos idiomas? Respuesta: Políglotas. ¿Cómo se les llama a los que hablan tres idiomas? Trilingües. ¿Cómo se les llama a los que hablan dos idiomas? Bilingües. ¿Cómo se les llama a los que hablan un sólo idioma? Norteamericanos".

(Ya. Lo hice. Lo repetí. Y sobreviví. Risas, por favor.)

Yo sé que muchas personas están de acuerdo con este chistecito. Porque los norteamericanos, gracias a la comodidad de que casi todo el mundo comprende o habla el idioma inglés, y a que casi no tienen vecinos geográficos, históricamente no se han visto obligados a aprender un segundo idioma.

No como los europeos, que hablan desde chicos dos o hasta más idiomas. Vaya, ni siquiera como los propios latinoamericanos, donde muchos hablan inglés de manera desde rudimentaria hasta experta, o quizá hasta otro idioma, o incluso lenguas indígenas.

Bueno, pero quiero aclarar algo: El chistecito es mentira. No es verdad que los norteamericanos sean ignorantes en cuanto a idiomas extranjeros se trate.

Al contrario, desde que llegué a Estados Unidos, me he dado cuenta de exactamente lo opuesto: Los norteamericanos son más que políglotas. Son verdaderos portentos del conocimiento de lenguas extranjeras.

Mucho más que el resto del mundo.

¿Cómo lo sé? Porque eso es lo que los norteamericanos dicen.

En cualquier discusión que he participado sobre idiomas(de frente o en foros de internet, o incluso en las cartas a los periódicos) siempre me encuentro con esta letanía de parte de los norteamericanos que se oponen a la inmigración y al idioma español en Estados Unidos:

"Si yo me fuera a vivir a México, aprendería español".

(A veces esta frase se puede intercambiar con otras similares: "Si yo me fuera a China, aprendería chino. Si me fuera a Francia, aprendería francés", etcétera.)

Claro, estas frases salen a propósito del tema de los inmigrantes latinoamericanos (sobre todo mexicanos) a quienes estos norteamericanos desprecian por no aprender inglés apenas cruzan la frontera, por hablar con acento o por osar leer o escribir en español estando en Estados Unidos, por Dios.

Y claro, de paso acusando a estos inmigrantes latinos de no aprender inglés por "pereza", "ignorancia" o simple y sencilla maldad hacia los Estados Unidos.

A estos portentos norteamericanos de los idiomas les vienen las habilidades de las lenguas por genética: Siempre rematan sus opiniones recordando a sus antepasados, los cuales (invariablemente) siempre aprendieron inglés instantáneamente en cuanto pusieron un pie en Ellis Island. Al entrar a Nueva York, ya eran expertos en el idioma de Shakespeare, como por ósmosis.

Nunca batallaron, nunca leyeron periódicos en sus idiomas nativos, nunca tuvieron acentos, y nunca más osaron hablar en sus lenguas de nacimiento. O al menos eso dicen sus orgullosos descendientes.

Esos anteriores inmigrantes (italianos, rusos, polacos y alemanes) eran verdaderos portentos, porque aprendieron un inglés perfecto, inmediato e instantáneo, pese a que la inmensa mayoría de ellos eran iletrados en sus idiomas nativos. Y pese a que el inglés sea (junto al chino) quizá uno de los idiomas más difíciles de dominar ya de adulto.

O al menos, repito, esto es lo que nos quieren hacer creer sus descendientes, a los que ya se les olvidó que el ser irlandés, italiano, polaco, ruso o alemán fue durante mucho tiempo considero hasta peor que hoy en día ser mexicano.

Pero volviendo al tema principal: Estos descendientes (norteamericanos actuales) se llenan la boca diciendo que ellos, en caso de ser inmigrantes en un país extranjero, no tendrían ningún problema en adaptarse, y hablar el idioma local.

Ja. ¿En serio?

Eso se puede comprobar fácilmente. Basta ir a ver a las comunidades de retirados norteamericanos que viven en países extranjeros, como México: La inmensa mayoría de ellos nunca logran aprender español perfecto, fuera de algunas frases básicas. Y el resto de ellos ni siquiera lo intenta.

Y los que sí logran aprender el idioma, tienen que aceptar el hecho de que jamás lo hablarán con la fluidez del nativo.

Lo cual no es raro: Aprender idiomas es muy difiícil. Requiere compromiso, tiempo, interés, y constancia. Y eso se logra después de muchos años de estudio. Lo cual se dificulta doble cuando uno ya es adulto.

(Eso sin mencionar los obstáculos biológicos y sicológicos: Cualquier experto le dirá que si no aprende un idioma extranjero a edad temprana, nunca lo hablará como nativo.)

No estoy atacando a los inmigrantes o retirados norteamericanos que viven en América Latina. Muchos de ellos hacen un verdadero esfuerzo por adaptarse. Pero otros, no. Y estarán de acuerdo conmigo de que aprender idiomas es una labor súper interesante y enriquecedora, pero al mismo tiempo pesada, frustrante y exigente.

No es que a los latinoamericanos nos falte un tornillo, o seamos más perezosos que los norteamericanos: Lo mismo que están sufriendo los inmigrantes latinoamericanos en Estados Unidos con el inglés, lo sufren los inmigrantes norteamericanos en América Latina con el español, ni más ni menos. Y esto nunca lo mencionan los extremistas norteamericanos.

En este sentido, es injusto criticar a los demás por batallar con una labor que nosotros mismos ni siquiera hemos intentado.

Como decimos en México: De lengua, me como un taco.

(www.cesarfernando.com)

1 comentario:

  1. Anónimo11:33 a.m.

    Estudiando lenguas, hay que reconocer que el español es un idioma rico, puede resultar muy complcado y lo que dice usted es relativamente cierto: después de adulto todo cuesta un poquito más...o no (yo creo que simpre se sigue aprndiendo). Otra cosa muy verídica: los norteamericanos generalmente no parecen responder al idioma local cuando van de inmigrantes. No digo que no traten, no sé, quizás ellos sentirán en carne propia que la ralidad es que nada es fácil como lo pintan.

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