lunes, octubre 06, 2008

A mí también me alcanzó el colapso financiero de Wall Street

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

FORT MYERS, Florida -- Menos 35 por ciento. "-35%", en cifras.

Esa es la "ganancia" que tienen mis acciones en el último mes.

Obviamente, el pánico se apoderó de mí. Como de millones de otros accionistas en Estados Unidos.

Porque, sí, yo también soy uno de esos accionistas que ven cómo sus inversiones se evaporan ante el "meltdown" (derretimiento) financiero de Wall Street.

Momento. Antes de que me acusen de "pirruris", de "enemigo del pueblo", de ser "parte de la oligarquía", déjenme aclarar:

Lo que tengo, son mis simples ahorros del retiro, el famoso plan 401(k), como se llama en Estados Unidos. Es un fondo de ahorro que las empresas ofrecen a sus empleados. Cada quincena descuentan un porcentaje del salario, a decisión del empleado, para depositarlo en una cuenta que sólo puede ser retirada cuando el empleado alcance la edad de la jubilación, que es alrededor de 60 años.

En mi caso, yo ahorro el 10 por ciento de lo que gano. La empresa aporta 50 centavos por cada dólar ahorrado, hasta un tope máximo que varía.

Ese dinero no se guarda debajo del colchón. Se invierte para crecer. Si se deja así nomás, guardado en el cochinito, cuando yo llegue a los 60 años no va a tener ni la mitad del valor de hoy, debido a la inflación.

Por eso, ahora veo cómo esos "ahorritos" que deberían estar ganando algo (de perdido, el 1 por ciento al año, que es modesto, si se compara con el interés de las hipotecas, que no baja del 7 por ciento), en cambio han perdido 35 por ciento.

O sea, he perdido 35 centavos por cada dólar que me han descontado hasta ahora.

No crean que son millones de dólares. A duras penas me alcanza para dar el enganche de un carro con lo que tengo ahorrado.

Y como yo, millones de ahorradores y pequeños inversionistas se han visto afectados por este "meltdown", sin ser "amos del dinero" ni "barones del poder". No, son simples clasemedieros, que no tienen más opción que guardar ahora algo de dinero para cuando se jubilen o los corran por viejos.

Lo que tarde o temprano podrá ocurrir. O en estos tiempos, más temprano que tarde.

Por eso, como ahorrador e "inversionista" (aunque suene pedante) de Estados Unidos, tengo sentimientos encontrados respecto al plan de rescate financiero aprobado por el gobierno de George W. Bush, el Congreso y el Senado.

Por un lado, se me hace una cantiddad monstruosa: 700 mil millones de dólares. Dinero que se pagará de los impuestos que nos quitan a todos (hasta los inmigrantes, y sus familias en México, aunque los extremistas digan lo contrario). Ese dinero, seguramente, será insuficiente, y no sería raro que quizá dentro de algunos meses, de nuevo el gobierno tenga que meter las manos para volver a "rescatar" a los bancos con otros 700 mil millones o 1 billón de dólares más.

Dicen que ese dinero se va a "recuperar", luego de que el gobierno "venda" las acciones y las deudas de las empresas rescatadas. Pero no es 100% seguro.

Como la mayoría de la gente de este país, también pienso que en buena medida los especuladores se salieron con la suya. Causaron la debacle (sin control del gobierno) y huyeron felices con sus millones. Como ocurrió en México con el rescate del Fobaproa.

Pagan justos por pecadores. O pequeños inversionistas por los grandes ladrones.

Pero por otro lado, sé que si no se hace algo, esto se va a poner peor, y los primeros que veremos nuestros ahorros esfumarse seremos la gente común, que no tiene donde caerse muerta.

Porque como dijo un economista a la cadena CNN: "Este rescate no se hace para proteger a los ricos, porque los ricos ya están protegidos desde antes. Se hace para proteger al resto de la gente, que no tiene una protección financiera".

No nada más inversionistas, dijo, sino también empleados de bancos, empresas y quién no (junto con sus familias), que serán despedidos al quedarse sin capital sus patrones. Hablamos de millones de personas.

Por lo pronto, estoy tomando medidas extremas. Ridículas, si usted quiere, pero vitales para mí como individuo y padre de familia.

Por ejemplo, el otro día fui al súper, y en lugar de comprar una libra de tomates de México (grandes, jugosos y apetecibles), mejor compré una libra de tomate de Florida.

Me dolió en el alma, pero qué puedo hacer. El tomate importado es más caro.

Quería comprar unos guantes para mi bicicleta. Mi doctora me pidió cambiar mi dieta, y hacer ejercicio, para bajar la presión arterial. Me vendieron una bicicleta usada baratita, pero los manubrios me dejan ampollas en las manos. Busqué unos guantes baratitos.

¿Costo? 15 dólares. Pero 15 dólares son 15 dólares. No los compré. Usé en cambio, esos 15 dólares en comprar huevos, verduras y pollo.

Los guantes están hechos en China. Una fábrica china dejó de percibir 15 dólares. Quizá en el próximo pedido, Wal-Mart ordene un par de guantes menos.

Igual con los tomates mexicanos. Quizá el súper deje de ordenar una libra el próximo mes al productor mexicano, por mi culpa.

Por supuesto, ni México ni mucho menos China se van a ir a la quiebra porque yo dejé de comprar una triste libra de tomate o dos mugrosos guantes de bicicleta.

Pero no soy sólo yo.

Millones de personas en Estados Unidos están haciendo lo mismo. Algunas porque no tienen de otra: A la mejor ya se quedaron sin trabajo, sin dinero y hasta sin casa. Están en la calle.

Otros, como yo, están apretando sus centavos lo más que pueden para que no se nos vayan. Y nos preparamos para el momento en que quizá, nosotros también perdamos la chamba o hasta la casa.

No soy economista. No me crea lo que le digo, porque soy un simple hijo de vecino. Pero me tocó ver los toros desde el ruedo. Y en un tema tan complejo como éste (donde ni el propio gobierno, ni el banco central ni los expertos financieros se han puesto de acuerdo sobre qué va a pasar o qué hacer), ésa es siempre la única perspectiva que al final importa. (www.cesarfernando.com)

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