miércoles, septiembre 24, 2008

La impresionante tarjeta de presentación del legislador mexicano

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

FORT MYERS, Florida -- Vi al legislador mexicano en aquel hotel de Euless, Texas.

Mejor dicho no lo vi. Su presencia resaltaba en la sala. Era la mismísima imagen de la elegancia y el buen gusto: Traje sastre, con mancuernillas doradas, corbata que parecía italiana (no me pregunten porqué, pero siempre que dicen que una corbata es fina, parece italiana), zapatos boleadísimos.

Los miembros de su "comitiva de trabajo" (pero claaaaaro que era "de trabajo", faltaba más) se movían en la misma dimensión alterna de mi entrevistado. Parecían salidos de un catálogo de Hugo Boss.

Daban un contraste chocante con el resto de los mexicanos que estábamos allí en aquella reunión en el elegante hotel cerca del Aeropuerto Internacional Dallas-Fort Worth: Todos vestidos con chamarras de trabajo, pantalones de mezclilla, botas o tenis. Casi todos gente de trabajo. Casi todos, inmigrantes humildes.

Casi todos, por supuesto, excepto los legisladores. "Nuestros" servidores.

El legislador me extendió una tarjeta de presentación apantallante, que me dejó con el ojo cuadrado.

Dorada, en relieve. Elegantísima. Con letras resaltadas, y el escudo nacional grabado. Su nombre brillaba en discreta manuscrita, cual invitación de gala al Palacio de Buckingham.

(Y yo que pensaba que yo daba "charolazo" con mi "Press Pass" que me imprimí yo mismo en la oficina.)

Comparé esa tarjeta (pagada, claaaaaro, con el erario público) con las que tenía arrumbadas luego de años como reportero en Texas. Ninguna de las tarjetas de presentación de los poderosos legisladores norteamericanos de entonces le llegaba a los talones a la del "humilde servidor público" mexicano: Al lado de esta tarjeta, aquellas se veían como míseras listas de supermercado.

Incluso la tarjeta de un famoso servidor público texano al que una vez entrevisté palidecía al compararla. Por cierto, el funcionario texano ése terminó mudándose a Washington. Se llama George W. Bush.

Al darme la tarjeta (la cual sostuve con cuidado, como recibiendo el más precioso de los relicarios, tan indignas de ella se veían mis manos) el legislador me ofreció obsequioso y todo seriedad:

"Llámeme cuando tenga cualquier problema o pregunta".

Sí, como no.

¿Qué podría hacer ese tipo, pensé con mi tradicional sarcasmo reporteril, en favor de los inmigrantes mexicanos en Estados Unidos, por mucho que perteneciera a la Comisión de No-Sé-Qué-Asuntos Extranjeros?

Ni podía, y seguro ni le importaba. Su mundo era tan ajeno al nuestro, el de los inmigrantes a los que se suponía debía "representar" y "defender", que bien pudiera haber sido de otro planeta.

Con decirles que ya desde entonces, hace como ocho años, andaban con que "iban a presionar" para que se aprobara una legalización migratoria "urgente".

No, el legislador sólo venía a Texas con sus amiguetes de "shopping". O a pasearse gratis, a costa del erario. Y eso lo sabíamos de sobra todos los que estábamos en esa sala, incluso los inmigrantes mexicanos.

Más bien, especialmente los inmigrantes mexicanos.

Como escribimos en una columna años atrás, ningún legislador mexicano podrá jamás conocer "de primera mano" la realidad de los inmigrantes en Estados Unidos, si siempre se la pasan en reuniones "de trabajo" en hoteles de cinco estrellas, y vuelan a Estados Unidos en primera clase.

Pagado todo, por cierto, con los impuestos del erario público. (www.cesarfernando.com)

1 comentario:

  1. Tiene toda la razon Cesar, a ese tipo de servidores públicos rara vez se interesan por los problemas reales de la gente comun,luego de lo que usted narro yo agregaría que al llegar aca a México van a decir que la visita de trabajo estuvo pesadisima y se van a hacer los díoses cuando esten con sus amistades, como si fueran los que reparten el pan.
    Lo que es lamentable para este país es que generalmente la clase politica persigue solamente intereses personales y de grupo, por eso no nos debe extrañar que vayamos para abajo en muchas cosas, en fin que pena...

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