domingo, agosto 17, 2008

Policías de EE.UU. vs policías de América Latina: La opinión de un gringo

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

FORT MYERS, Florida -- Una plática hace unos días con un norteamericano me hizo reflexionar sobre las diferencias entre los oficiales de policía latinoamericanos y los de Estados Unidos.

Butch es un pequeño empresario. Posee una compañía que limpia oficinas. Pero lejos de tener la típica imagen del hombre de negocios norteamericano, Butch le entra a la chamba como cualquiera: Se levanta temprano todos los días, maneja él mismo su camioneta van y encabeza la cuadrilla de empleados que visitan a sus clientes. Y siempre lo verán manejando una aspiradora, una pulidora o haciendo el trabajo de cualquiera.

Quien lo vea, con sus camisetas, sus pantalones vaqueros deslavados y sus tenis, lo confundiría con cualquiera de sus empleados.

Pero Butch tiene una fobia, me dijo: A la policía de Estados Unidos.

Días atrás Butch comentó una de sus malas experiencias con los oficiales de la ley en Florida.

"Había ido yo a limpiar una casa de una familia rica", recordaba Butch, con sus ojos azules mirando fijamente al vacío, como recreando la escena. "La gente me había dejado limpiando y me tomé un momento para fumarme un cigarro afuera".

Ahí estaba, junto a su camioneta de trabajo, cuando apareció una patrulla de la Policía.

"Vino el oficial, y con la mano en la funda de la pistola, se me acercó amenazante y me preguntó: '¿Tú tienes permiso para estar aquí?'", recordó.

"Yo lo miré, y le dije: 'Bueno, la casa está abierta. Las luces están encendidas. Tengo mi camioneta aquí afuera, abierta... Estoy trabajando, oficial, no robando".

"Aún así, necesito ver que tengas la llave. Acércate a la puerta y muéstrame la llave", le respondió el oficial casi al punto del ataque.

Butch lo miró.

"No", le respondió.

"¿Cómo que no?", casi gritó exhasperado el policía.

"Me estoy fumando un cigarro, oficial. Estoy en mi 'break'. Déjeme terminar y con gusto voy y le abro".

El policía casi daba brincos de coraje.

"¡Yo soy la autoridad aquí, te estoy dando una orden! ¡Si no obedeces, te voy a arrestar por obstrucción a la justicia!"

Butch accedió de mala gana. Recordó el incidente y me dijo: "Eso es lo que no me gusta de la policía de este país, se sienten dueños de todo. Yo los evito a toda costa".

Entonces, recordó su pasado viaje a Brasil, de donde es su esposa.

"En cambio, allá la policía no anda con esas cosas. Cuando se te acercan, son amables... Ya sabes que lo único que tienes que hacer es darles un billete y te dejan en paz", comentó Butch sonriendo, como con añoranza.

Eso sí, sentenció, cuando te van a llevar nada de subirte a la patrulla. "Te meten en la cajuela del auto y te traen paseando por toda la ciudad, antes de darte una golpiza".

O peor: "Una vez, en el malecón frente a la playa, vi como unos policías sacaban a un hombre esposado de la patrulla. Lo llevaban a la playa", recordó Butch.

Me miró, con esos ojos azules que miraban al vacío, y me preguntó: "¿Para qué querrían unos policías brasileños llevar a un arrestado, esposado, a la playa?"

Se quedó pensativo. Luego, me miró sonriendo, triunfalmente: "¡Me encantaría vivir allá!"

Luego de las pasadas comparaciones que entre las policías norteamericana y latinoamericana, este comentario proporciona una perspectiva distinta.

Cosas de diferencias culturales, supongo. (www.cesarfernando.com)

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