viernes, julio 04, 2008

“Usted dispense”, tras 30 años cárcel en Estados Unidos

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

FORT MYERS, Florida – La foto de la agencia AP, dentro de lo trágico, no pudo ser más optimista: Un hombre de raza negra, vestido de impecable traje oscuro de cuadros, levantando las manos al aire en triunfo y alegría.

No era una foto de un partido de futbol, ni la imagen de un ganador de un millón de dólares. Ésta era la foto de un hombre mucho más afortunado.

Se trata de Patrick Waller, de 38 años, quien pasó más de 15 años en prisión tras ser hallado culpable por un tribunal de Dallas, Texas, de secuestro y robo en 1992.

El problema es que Waller era inocente.

Apenas este año, gracias a los avances de la ciencia, se pudo comprobar por medio de pruebas de ADN, que Waller no tuvo nada qué ver con los delitos.

“Me siento revindicado... me siento bendecido”, dijo Waller al salir como hombre libre, según la AP.

¿Porqué dije que Waller era afortunado, se preguntarán, si pasó 15 años encarcelado sin ser culpable?

Creo yo, por tres cosas:

1) Por haber vivido en el siglo XXI, donde hay ya pruebas genéticas que probaron su inocencia (Si hubiera vivido apenas 20 años antes seguro se habría podrido en las mazmorras y ni quién lo tomara en cuenta: “Otro negro criminal que finge inocencia”, dirían. O peor, si hubiera vivido 50 años antes lo hubieran colgado a un árbol y linchado a garrotazos, antes de ahorcarlo y quemarlo);

2) Por vivir en el Estados Unidos de hoy, donde las organizaciones de derechos humanos, los medios y la “sociedad civil” tienen tanto poder, que pueden actuar de contrapeso efectivo contra los excesos del gobierno (y aún de los errores y omisiones del sistema de justicia), y

3) Por no haber sido ejecutado ni asesinado en la cárcel. Vamos, Waller pudo haber sido inocente, pero su inocencia quizá pudo haberse probado demasiado tarde para poder salir por su propio pie. No sería el primer caso. Ni el último.

Pese a todo lo negativo, a Waller le fue bien: Aún es relativamente joven, está entero, y puede rehacer lo que queda de su vida. Si se pone listo, quizá hasta pueda sacarle provecho a su infortunio, tal vez vendiendo su historia para un libro o una película, o incluso demandando al estado de Texas por varios millones de dólares.

Pero al leer la historia de este caso difundida por CNN, un dato lo deja a uno frío: Con todo lo horroroso del caso de Waller, no fue el único caso. Tan sólo en Texas han sido 19 los casos de presos que pasaron años y hasta décadas tras las rejas por crímenes que no cometieron, y liberados gracias a pruebas de ADN... tan sólo en el condado de Dallas, Texas.

(Casualmente, la mayoría de éstos presos inocentes eran negros y pobres, como se ve en una una rápida revisión al sitio de internet de la CNN.)

Pero Texas, pese a ser considerado el estado más controvertido en el tema de la aplicación de la justicia, no está sólo. Desde 1989, en 32 estados de Estados Unidos se ha exonerado a 218 presos gracias a que pruebas de ADN comprobaron su inocencia, según The Innocence Project (“Proyecto Inocencia”), una organización legal sin fines de lucro dedicada a ayudar a presos pobres y olvidados a probar su inocencia.

En promedio, los presos exonerados por el Proyecto Inocencia pasaron 12 años en prisión, aunque hay casos terribles de personas que pasaron hasta casi 30 años, como James Woodard, quien en 1981 fue hallado culpable de violar y asesinar a su novia, y pasó 27 años de cárcel. En 2004 fue liberado gracias a que las pruebas de ADN comprobaron que él no cometió los crímenes, y salió de la cárcel a los 55 años, según reporte de CNN.

Charles Chatman, quien fue hallado culpable de violación con agravantes en 1981, pasó 26 años en prisión en Texas, y salió libre en 2008 a los 47 años de edad, gracias al ADN.

Billy James Smith pasó 19 años de cárcel por violación. Larry Fuller pasó casi 20 años. Wiley Fountain, 16. Eugene Henton, 22 años... Y así por el estilo.

Según el Proyecto Inocencia, de los 218 exonerados, 134 eran de raza negra, 59 anglosajones, 19 hispanos y 1 asiático. De los 5 restantes no se conoce su raza.

Lo peor: Dieciséis de éstos 218 presos exonerados se encontraban sentenciados a muerte. De no haber sido por el Proyecto Inocencia, los hubieran ejecutado. Las pruebas de ADN literalmente les salvaron la vida.

La pregunta obvia, es, claro: ¿Cuántos inocentes sí recibieron la inyección letal, por no haber tenido a su alcance una prueba de ADN?

¿Qué causa que un sistema de justicia como el de Estados Unidos —diseñado supuestamente con candados y trabas legales para evitar injusticias, lo que los norteamericanos alardean en todo el mundo— falle tan espantosamente a sus propios ciudadanos?

El Proyecto Inocencia advierte que el sistema necesita ser reformado urgentemente. Afirma que hay muchos errores en pruebas de laboratorio, en investigaciones forenses, en interrogación a testigos, en identificación de sospechosos... En el 77 por ciento de los casos exonerados, los testigos identificaron incorrectamente al sospechoso. Incluso se usaron confesiones falsas y declaraciones incriminadoras para encarcelar a una cuarta parte de los enjuiciados.

(Suena a estrategias de las policías latinoamericanas. Sólo faltan los toques eléctricos y el agua mineral en las fosas nasales.)

Pero no sólo las policías y los forenses han causado este problema. Según el Proyecto Inocencia, los abogados incompetentes también tienen su culpa: Defensores de oficio que no investigan, ni buscan pruebas, ni rebaten las acusaciones contra sus “defendidos”, por excesiva carga de trabajo o simple irresponsabilidad.

La organización cita casos de abogados que llegaban tarde o ni se presentaban a las audiencias, o que incluso llegaban ebrios o se dormían en pleno juicio.

Cuando estuve en la universidad, tomé algunas clases de Derecho. Una de las máximas que se repetían era: “Ningún sistema judicial es perfecto”. Como tampoco hay países perfectos. Eso lo sabemos todos.

Por eso me espanta que sistemas como el de Estados Unidos (del que muchos se quejan de que impone demasiadas “trabas” legales y burocracia para “castigar efectivamente a los culpables”) se encuentre por otro lado sumido en tanta incompetencia.

Me hizo recordar los esfuerzos que hay en países como México de “modernizar” el sistema judicial, copiando el modelo anglosajón de tribunales y de juicios orales con jurados. ¿Podrá México copiar lo bueno del sistema norteamericano, o como siempre se colará sólo lo peorcito?

Si en Estados Unidos parece que sólo se enjuicia y sentencia a los pobres y las minorías, como hemos visto (a pesar de que el sistema está diseñado para ser “justo” —ya saben, “todos son inocentes hasta probar lo contrario”), ¿qué se puede esperar si se mezcla con el sistema mexicano, donde los malos jueces, los policías corruptos, los agentes del MP ladrones y los abogados rateros cuando quieren amafiarse lo logran sin que nadie les ponga alto, ni siquiera sus colegas honestos o el mismo gobierno?

En México no hay negros (o al menos son muy pocos). Pero sí hay mucha corrupción, muchos casos de detenciones que se arreglan “con billete”. Y hay mucha gente pobre, y mucha gente indígena, que no podría pagarse (o “comprarse”, mejor dicho) una defensa digna —que a veces significa “soltar billete” al juez—, si le toca la mala suerte de caer en las telarañas de un sistema diseñado para destruírlo.

A menos, claro, que México trate de aprender de los errores que los gringos cometieron, y evite caer en ellos antes. Por ejemplo, aplicando sistemas como las pruebas de ADN desde el principio, y no esperar a que los presos pasen 10 ó 20 años en prisión y luego liberarlos con el tradicional “Usted dispense”. (www.cesarfernando.com)

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