sábado, mayo 17, 2008

Las excursiones de escuelas en Estados Unidos

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

FORT MYERS, Florida -- Recuerdo que cuando estaba en la escuela primaria, en Tampico, los días pasaban largos e idénticos: La maestra llegaba, nos pedía que abriéramos el libro en tal o cual lección, leía un momento, o nos ponía a leer en voz alta a cada uno. Luego copiábamos o recibíamos dictado, salíamos al recreo, y de nuevo lo mismo.

(Eso, por no mencionar las horrendas e inútiles "planas" que teníamos que hacer, hoja, tras hoja, tras hoja.)

Cada día era la misma sucesión de eventos, hora tras hora.

La única vez que recuerdo que nos llevaron de excursión a algún lado, fue a visitar un periódico. Recuerdo que yo estaba muy emocionado (¿"deja vu?"). Pero desafortunadamente, ese preciso día me enfermé del estómago y no pude asistir.

Al día siguiente me morí de envidia al ver la foto de mi grupo publicada en el periódico, parados junto a la máquina rotativa.

¡Y yo no estaba allí!

(Años más tarde me pude desquitar y con creces, tras las largas horas que pasaba en las madrugadas entre rotativas y prensas esperando revisar las últimas secciones del periódico donde fui jefe de redacción. Y quedé vacunado de visitar periódicos.)

Pero volviendo a las escuelas públicas de México: no sé si los sistemas hayan cambiado. Espero que sí. Mis últimas experiencias fueron hace treinta años.

Hoy en día, ya padre de familia y en otro país, me vinieron a la mente esos recuerdos escolares.

Mis hijo César, de 12 años, está en sexto grado, y Eric de casi 4, está en prekínder. Y ya han tenido muchas más experiencias en excursiones escolares de las que yo jamás tuve en toda mi vida.

Entre ellas, viajes, visitas a empresas, a parques, y a no sé qué tanto. Y todo dentro de los horario escolares, como parte de la "instrucción".

Las escuelas en Estados Unidos enfatizan mucho las experiencias fuera de los salones, en el mundo "real". Y eso hacen también hasta las guarderías de niños más pequeños.

Mi hijo Eric, por ejemplo, no lleva ni un año en prekínder, y ya ha ido de visita a parques, piscinas, excursiones, a visitar la estación de bomberos, a ver un juego al estadio de béisbol (donde comió el tradicional "perro caliente" con la consabida coca-cola), a festivales con payasos y magos, y hasta un paseo en un restaurante ubicado dentro de un bote de vapor, de esos estilo Nuevo Orléans y del Mississippi.

La semana entrante irá de excursión "escolar" a un parque acuático donde hay piscinas y una nueva resbaladilla.

César, mi hijo mayor, con sus más de seis años de experiencia escolar, ha ido a más eventos que la mayoría de los mexicanos de mi generación. Hace meses lo llevaron de "viaje de estudios" a SeaWorld. (????)

Eso por no mencionar las incontables veces en que han ido a visitar las escuelas oficiales de la Policía y del sheriff del Condado, a enseñar sus patrullas, sus equipos de salvación, y hasta sus escuadrones caninos.

Leo en el periódico de hoy que ayer hicieron una exposición sobre Egipto en una escuela primaria local, y a alguien se le ocurrió llevar ¡un camello vivo!

Yo sé que lo primero que uno pensaría es que la diferencia de las experiencias entre los escolares mexicanos y los norteamericanos es el dinero: Uno, país rico, con recursos hasta para desperdiciar; el otro, país pobre, que todavía no puede cubrir necesidades básicas.

Quizá sea cierto. El dinero es una enorme diferencia.

Pero no se necesita tener montones de dinero para llevar a niños a excursiones. Y casi todas las organizaciones, empresas y parques ofrecen entradas gratis o a muy bajo costo para escuelas.

Yo creo que aquí la diferencia está en la perspectiva. Los gringos tienen un dicho muy curioso: "Don't tell me, show me" ("No me lo platiques, múestramelo"). Para ellos, las experiencias de la vida diaria son tan o más importantes que lo que uno puede leer en los libros o aprenderse de memoria.

En contraste, el sistema educativo mexicano enfratiza más en la teoría. O al menos así era en mis tiempos.

Hay quienes argumentan que los escolares americanos no reciben una educación "integral". Salen como expertos de un tema concreto, pero ignorantes en cultura general (sobre todo fuera de sus fronteras). A diferencia de México, donde egresamos con una cultura general más amplia, pero adolecemos en especialización.

No sabría decir si un sistema es mejor o peor que el otro. Eso lo tendrían que debatir los educatores, pedagogos, psicólogos y expertos. Y ni aún ellos se ponen de acuerdo.

Se dice que las comparaciones son odiosas. Pero yo siempre he insistido que lo que son odiosas son las diferencias. (www.cesarfernando.com)

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