miércoles, mayo 07, 2008

La peligrosa palabra "M"

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

FORT MYERS, Florida — Hay un abogado de Inmigración que escribe para el diario El Nuevo Herald, de Miami. Se llama Manfred Ronsenow, y es muy conocido no sólo en “la otra costa”, sino en todo Estados Unidos.

Yo leo su columna de vez en cuando, y una de las cosas que me atrae la atención es cómo el anciano abogado gasta espacio y tinta para “regañar” (a veces medio en broma) a sus lectores.

Una de las causas más comunes del regaño es cuando a alguien “se le chispotea” y comienza su carta así: “Soy cubano (o colombiano, o venezolano) nacionalizado americano...”

De inmediato le cae una regañiza de parte del abogado:

“Si usted es ciudadano americano, ya juramentó lealtad a este, su nuevo país”, responde más o menos el Sr. Rosenow. “Usted dejó de ser cubano (o colombiano o mexicano) al hacerse ciudadano americano”.

Legalmente no puedo (ni quiero ) ponerme a discutir con el Sr. Rosenow, él como experto y yo como ignorante de la materia. Además, entiendo perfectamente su perspectiva. La ley es muy clara al respecto.

Pero también entiendo que a muchos inmigrantes “se les escape” de vez en cuando mencionar su gentilicio de nacimiento. Sobre todo cuando son personas de edad.

Pero este asunto me puso a pensar que, a pesar de los buenos deseos de gente como el Sr. Rosenow, a veces la fuerza de la costumbre (tras años de repetirla) pesa mucho más que cualquier certificado legal. Para bien o para mal.

Por ejemplo, en más de una ocasión he visto de primera mano cómo ciudadanos norteamericanos nacidos en Estados Unidos, cuyas familias tienen generaciones viviendo en este país, son tratados como “extranjeros”.

Caso concreto: Los ciudadanos de origen latino.

No importa qué tan “americanos” sean, ni qué tan perfecto inglés hablen: Para el “gringo” promedio, siempre serán “Mexicans”.

No importa que los tataratatarabuelos de estos noteamericanos hayan llegado a Texas, California, Arizona o Nuevo México décadas antes de que el famoso barco de los peregrinos del Mayflower saliera de Inglaterra: Para el resto del país, estas personas siempre serán “Aliens”.

(Algunos extremistas hasta los acusan de tener “dudosas lealtades”. Como un ignorante que trató de “justificarme” sus ataques racistas diciendo: “Es que la sangre los llama”.)

Para contrarrestar esta situación, algunos hispanos se vuelven más papistas que el Papa, y abrazan su americanidad con fervor. Hasta se atreven (equivocadamente) a despreciar a los latinoamericanos, como para resaltar que “no son iguales” aunque se parezcan.

Pero aún a ellos no faltará quién les grite en su cara que “se regresen a su país”, y dejen “America for Americans”.

No importa qué hagamos o dejemos de hacer, siempre seremos “Mexicans”. (O “Cubans”, o “Colombians”, o incluso, “Puerto Ricans”.)

Ahora bien, si los hispanos aceptamos los calificativos, y abrazamos nuestra “hispanidad” con orgullo, y en vez de decirnos “Americans” a secas le agregamos el “Mexican-American” o “Cuban-American”, como tanto nos insisten... entonces nos va peor.

Porque los extremistas nos dicen: “¡Aja! ¿Ven? Esto es una prueba de que no quieren asimilarse, ni desean llegar a ser ‘Real Americans’ ”.

En este sentido, la palabra “Mexican” es un poco como la deplorable palabra “N” que se usaba para insultar a los afro-americanos.

Los afro-americanos usan entre ellos la palabra “N” sin problema. Pero si la dice un anglosajón es considerado racista y de mal gusto.

Pero a nosotros los hispanos nos pasa al revés: La palabra “M” (“Mexican”) parece que sólo la pueden usar los “gringos” al referirse a nostros.

Pero ¡ay de nosotros si la usamos! Nos acusarán de ser traidores y “no suficientemente” norteamericanos. Aunque algunos lo seamos más que ellos.

O sea, como dice el dicho, de todas maneras Juan te llamas...

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