jueves, mayo 29, 2008

Mexicanos: ¿Los que menos se asimilan en Estados Unidos?

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

cfzap@yahoo.com

FORT MYERS, Florida — Ahora resulta que ni los mexicanos, ni los salvadoreños nos “asimilamos” a la vida en Estados Unidos.

Según un reporte de una organización llamada The Manhattan Institute for Policy Research (El Instituto de Investigación de Políticas de Manhattan ), los inmigrantes de hoy en día se están asimilando a la vida de Estados Unidos igual de rápido o más que los del pasado.

Todos los inmigrantes, excepto (¡claro!) los latinoamericanos. Y en especial, los mexicanos y salvadoreños.

(Casualmente, los inmigrantes más numerosos.)

El reporte muestras varias tablas con tres índices de “asimilación”: Económica, cultural y cívica. En los tres, los mexicanos y salvadoreños quedan en los últimos lugares.

Según el estudio, hasta los inmigrantes de La India se integran mejor que nosotros a Estados Unidos.

Como dato curioso, el reporte también incluye a otros inmigrantes latinos, como cubanos y dominicanos, quienes (según las tablas) se asimilan mucho más que otros extranjeros.

Por ejemplo, en 2006 los extranjeros que mejor se asimilaron económicamente (es decir, que ganan salarios similares a los americanos) fueron los canadienses, pero los cubanos estaban a su mismo nivel, igual o por encima de otros inmigrantes considerados “exitosos”, como chinos, coreanos y vietnamitas.

Sin embargo, en el aspecto cívico (es decir, cuántos inmigrantes se han hecho ciudadanos americanos), el primer lugar lo tienen los vietnamitas, seguidos de los filipinos y los coreanos. Los cubanos quedan en cuarto lugar, encima de los canadienses y los indios.

(En último lugar están los mexicanos. Otra vez.)

Pero en la rama de asimilación cultural (o sea, cuántos inmigrantes aprenden el idioma inglés y las costumbres de Estados Unidos), el reporte señala que casi el 100% de los canadienses se adaptan (obvio, son casi idénticos a los americanos), pero en segundo lugar le siguen los dominicanos y los filipinos, con 70% de asimilación, y detrás de ellos, los cubanos y coreanos.

En esta categoría los mexicanos no estamos en último lugar (ese le toca a los chinos y los indios), pero sí en el penúltimo.

Estos resultados, dice el reporte, los sacaron después de analizar los datos del Censo desde 1900.

Bueno, los números son fríos y calculadores (por eso son números). Pero aunque el reporte pudiera sonar deprimente y negativo, creo que aquí caben varias aclaraciones:

¿No es curioso que se diga que los inmigrantes latinoamericanos somos los que menos nos “asimilamos”, siendo que somos los más numerosos? ¿Tendrá qué ver una cosa con la otra?

El reporte lo presentaron como imparcial. Pero no deja de sonar manipulador, porque insinúa a los desinformados que los inmigrantes no queremos asimilarnos. Lo cual no es verdad.

¿Porqué no nos asimilamos, económicamente? ¿Será porque muchos de nosotros no tenemos papeles legales para recibir salarios “decentes” y debemos trabajar en lo que sea?

(Quizá esta sea la enorme diferencia con los cubanos, por ejemplo, que llegan casi con documentos y no tienen tanto problema.)

¿Porqué no nos hacemos ciudadanos? ¿Porque no queremos o porque no nos dejan?
Recuerde que para hacerse ciudadano uno primero debe ser residente...lo cual ahorita les está negado a millones de indocumentados. En su mayoría latinoamericanos.

El reporte está en internet (en inglés) para revisión de todo interesado en http://www.manhattan-institute.org/html/cr_53.htm. Saque usted sus propias conclusiones. (www.cesarfernando.com)

jueves, mayo 22, 2008

Tener sangre indígena: La nueva moda en Estados Unidos

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

FORT MYERS, Florida -- ¿Quiere hacer enojar (pero con ganas) a un mexicano o latinoamericano?

Sencillo: Dígale que tiene sangre india.

O peor aún, dígale que no solo tiene sangre india, sino también la cara.

Parece que muchos latinoamericanos (o la mayoría) nos esforzamos en enterrar y olvidar a nuestros ancestros indígenas, como si nunca hubieran existido, pero al mismo tiempo nos esforzamos en resaltar nuestra ascendencia "europea".

(Aunque tal ascendencia sea sólo una millonésima parte de nuestros genes, o quizá ni siquiera exista. Ya nos encargaremos nosotros de inventarla.)

Lo peor es que, mientras nosotros creemos convencer a los demás con relatos de nuestros linajes cromosomáticos, nuestra cara siempre termina delatándonos.

Lo gracioso es que en el país que siempre hemos considerado campeón mundial del racismo, Estados Unidos, está ocurriendo lo contrario: Cada día mas norteamericanos están escarbando en olvidados archivos genealógicos para encontrar algún ancestro (no importa qué tan alejado) que pueda probar que tienen sangre india. Aunque sea una gota.

Tiempo atrás, la revista Time hizo varios reportajes relatando los casos de gente como Maryann Martin y Aurelius Piper, dos personas de raza negra que llevan años enfrentándose al Buró de Asuntos Indios del gobierno federal de Estados Unidos.

¿El motivo? Quieren que los reconozcan como indígenas nativos.

La Sra. Martin afirma que su madre fue la última sobreviviente de los indios Cahuilla Mission. El gobierno federal le reconoció por fin su "linaje" en 1991.

Pero el Sr. Piper no ha tenido tanta suerte. Él insiste ser el último descendiente de la tribu Golden Hill Paugussett. Hasta se cambió el nombre, y se bautizó Chief Quiet Hawk ("Jefe Halcón Silencioso"). Pero esto no impresionó a los examinadores del Buró de Asuntos Indígenas, quienes niegan que existan documentos que prueben tal linaje. Y en cambio, afirman que el "Jefe Halcón Silencioso" es más bien de raza negra.

¿Porqué ese afán de ser reconocidos como indígenas, se preguntará usted?

Simple y sencillamente por un motivo: Dinero.

El gobierno de Estados Unidos emitió una ley en 1988 que permitía a las tribus indígenas nativas poseer los derechos exclusivo y la explotación de licencias para instalar casinos y casas de juegos.

Y esto abrió la puerta para que más de uno desempolvara sus archivos familiares, y buscara afanosamente aunque fuera una gota de sangre comanche, choctaw o cheroqui que le permitiera sacar el ansiado certificado oficial que constatara su raza indígena.

Una vez obtenido el documento, lo demás es fácil: Sólo esperar a que las empresas de casinos hagan fila frente a su puerta, rogándole asociarse con usted y construírle un casino a cambio de que les permitiera usar su permiso de explotación.

Y es un negociazo: Según la Comisión Indígena de Juegos, existen 400 casinos indios en Estados Unidos, operados por 220 tribus reconocidas por el gobierno, que general ingresos por 18.5 mil millones de dólares al año.

Tan solo los 2,800 miembros de la tribu seminola de Florida, por ejemplo, han obtenido hasta 216 millones de dólares al año en ganancias por sus casinos. A cada miembro de la tribu le corresponde 35 mil dólares en dividendos, según Time.

Además de eso, el gobierno federal ofrece beneficios de salud y otros más a quien sea miembro de una tribu indígena, que no se ofrecen a ciudadanos que no puedan probras ascendencia nativa.

Por eso no es de extrañarse que muchas personas busquen desesperadamente que se les reconozca su "indigenismo". Y recurren a viejos archivos, actas de nacimiento de ancestros y, hoy en día, hasta a pruebas genéticas.

Como los "Freedmen", un grupo de descendientes de esclavos africanos, quienes están enfrascados en una batalla legal con autoridades de las "Cinco Tribus Civilizadas" (Choctaws, chickasaws, creeks, seminoles y cheroquis). Tras la Guerra Civil, estas tribus, que poseían esclavos negros, los liberaron e incluso los hicieron miembros de sus tribus. Pero recientemente, autoridades indígenas decidieron expulsar a los descendientes de estos esclavos por no considerarlos "indígenas reales", sino negros.

Ahora, estos descendientes de esclavos están sometiéndose a pruebas de ADN para probar que sí tienen sangre indígena, por lo que deben ser reconocidos como tales, y no de raza negra como afirman las tribus.

Vaya, incluso el ser indígena se ha vuelto de moda entre el jet-set de Hollywood, y no son pocas las estrellas que presumen abiertamente sus genes nativos.

Y esto incluye a celebridades que uno siempre ha considerado 100 por ciento "gringas" o anglosajonas, pero que en realidad son tan o más mestizos que los mexicanos promedio, como Billy Bob Thornton, Burt Reynolds, Cameron Diaz, Cher, Carmen Electra, Cindy Crawford, Chuck Norris, Heather Locklear, Johnny Depp, Kim Basinger, Quentin Tarantino, Tommy Lee Jones, Teri Hatcher (Lois Lane), Val Kilmer, Lynda Carter, Catherine Bach, y muchas más.

En el pasado, actores como Robert Mitchum y Ava Gardner y cantantes como Elvis Presley y Johnny Cash también son reconocidos como mestizos, descendientes de indígenas y europeos.

Pero en América Latina la cosa es muy distinta. Y ser indígena (aunque sea en parte) aún es considerado vergonzoso para muchos.

Parte del problema estriba en que los gobiernos latinoamericanos no han considerado otorgar beneficios especiales a los nativos. Al menos no al nivel que ocurre en Estados Unidos, donde existe una especie de vergüenza por el trato que se les dio en el pasado y tratan de arreglarlo con dinero.

Quizá la cosa cambie, y más latinoamericanos asuman con orgullo su "indigenismo" o "mestizaje" cuando vean que trae beneficios.

Como licencias para abrir casinos. Entonces sí, hasta con gusto vamos a gritar que "somos indios". (www.cesarfernando.com)

domingo, mayo 18, 2008

Indocumentados construían cárcel en Florida

"Vergonzoso". Así fue como describió el sheriff del Condado Lee, Mike Scott, la detención de 25 indocumentados que trabajaban en la construcción de la nueva cárcel del condado, en Fort Myers, días atrás.

Scott no calificaba de vergonzoso el hecho de que los indocumentados estuvieran trabajando en el corazón de la seguridad local, sino que no los hubieran detectado antes.

Una de las empresas subcontratistas parece que fue la responsable de la contratación.

¿Les estaban pagando el salario justo a estos trabajadores, o les pagaban menos, como muchos antiinmigrantes acusan, "compitiendo injustamente con ciudadanos"?

Faltaría esperar si de verdad llega una oleada de ciudadanos americanos que se pondrán en fila para ocupar esos puestos, como muchos extremistas afirman.

sábado, mayo 17, 2008

Las excursiones de escuelas en Estados Unidos

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

FORT MYERS, Florida -- Recuerdo que cuando estaba en la escuela primaria, en Tampico, los días pasaban largos e idénticos: La maestra llegaba, nos pedía que abriéramos el libro en tal o cual lección, leía un momento, o nos ponía a leer en voz alta a cada uno. Luego copiábamos o recibíamos dictado, salíamos al recreo, y de nuevo lo mismo.

(Eso, por no mencionar las horrendas e inútiles "planas" que teníamos que hacer, hoja, tras hoja, tras hoja.)

Cada día era la misma sucesión de eventos, hora tras hora.

La única vez que recuerdo que nos llevaron de excursión a algún lado, fue a visitar un periódico. Recuerdo que yo estaba muy emocionado (¿"deja vu?"). Pero desafortunadamente, ese preciso día me enfermé del estómago y no pude asistir.

Al día siguiente me morí de envidia al ver la foto de mi grupo publicada en el periódico, parados junto a la máquina rotativa.

¡Y yo no estaba allí!

(Años más tarde me pude desquitar y con creces, tras las largas horas que pasaba en las madrugadas entre rotativas y prensas esperando revisar las últimas secciones del periódico donde fui jefe de redacción. Y quedé vacunado de visitar periódicos.)

Pero volviendo a las escuelas públicas de México: no sé si los sistemas hayan cambiado. Espero que sí. Mis últimas experiencias fueron hace treinta años.

Hoy en día, ya padre de familia y en otro país, me vinieron a la mente esos recuerdos escolares.

Mis hijo César, de 12 años, está en sexto grado, y Eric de casi 4, está en prekínder. Y ya han tenido muchas más experiencias en excursiones escolares de las que yo jamás tuve en toda mi vida.

Entre ellas, viajes, visitas a empresas, a parques, y a no sé qué tanto. Y todo dentro de los horario escolares, como parte de la "instrucción".

Las escuelas en Estados Unidos enfatizan mucho las experiencias fuera de los salones, en el mundo "real". Y eso hacen también hasta las guarderías de niños más pequeños.

Mi hijo Eric, por ejemplo, no lleva ni un año en prekínder, y ya ha ido de visita a parques, piscinas, excursiones, a visitar la estación de bomberos, a ver un juego al estadio de béisbol (donde comió el tradicional "perro caliente" con la consabida coca-cola), a festivales con payasos y magos, y hasta un paseo en un restaurante ubicado dentro de un bote de vapor, de esos estilo Nuevo Orléans y del Mississippi.

La semana entrante irá de excursión "escolar" a un parque acuático donde hay piscinas y una nueva resbaladilla.

César, mi hijo mayor, con sus más de seis años de experiencia escolar, ha ido a más eventos que la mayoría de los mexicanos de mi generación. Hace meses lo llevaron de "viaje de estudios" a SeaWorld. (????)

Eso por no mencionar las incontables veces en que han ido a visitar las escuelas oficiales de la Policía y del sheriff del Condado, a enseñar sus patrullas, sus equipos de salvación, y hasta sus escuadrones caninos.

Leo en el periódico de hoy que ayer hicieron una exposición sobre Egipto en una escuela primaria local, y a alguien se le ocurrió llevar ¡un camello vivo!

Yo sé que lo primero que uno pensaría es que la diferencia de las experiencias entre los escolares mexicanos y los norteamericanos es el dinero: Uno, país rico, con recursos hasta para desperdiciar; el otro, país pobre, que todavía no puede cubrir necesidades básicas.

Quizá sea cierto. El dinero es una enorme diferencia.

Pero no se necesita tener montones de dinero para llevar a niños a excursiones. Y casi todas las organizaciones, empresas y parques ofrecen entradas gratis o a muy bajo costo para escuelas.

Yo creo que aquí la diferencia está en la perspectiva. Los gringos tienen un dicho muy curioso: "Don't tell me, show me" ("No me lo platiques, múestramelo"). Para ellos, las experiencias de la vida diaria son tan o más importantes que lo que uno puede leer en los libros o aprenderse de memoria.

En contraste, el sistema educativo mexicano enfratiza más en la teoría. O al menos así era en mis tiempos.

Hay quienes argumentan que los escolares americanos no reciben una educación "integral". Salen como expertos de un tema concreto, pero ignorantes en cultura general (sobre todo fuera de sus fronteras). A diferencia de México, donde egresamos con una cultura general más amplia, pero adolecemos en especialización.

No sabría decir si un sistema es mejor o peor que el otro. Eso lo tendrían que debatir los educatores, pedagogos, psicólogos y expertos. Y ni aún ellos se ponen de acuerdo.

Se dice que las comparaciones son odiosas. Pero yo siempre he insistido que lo que son odiosas son las diferencias. (www.cesarfernando.com)

viernes, mayo 16, 2008

The dangerous "M" Word

Cesar Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

FORT MYERS, Florida — Mr. Manfred Rosenow is an immigration lawyer who writes for the Miami El Nuevo Herald newspaper. He is well-known, not only on "the other" coast, but nationwide.

I read his column once in a while, and one of the things I have found most interesting, is how Mr. Rosenow spends space and ink to "scold" (sometimes half-joking) some of his readers.

One of the common reasons for this is if someone makes the mistake to start his or her letter like this: "I am a Cuban (or Colombian, or Venezuelan), who naturalized as American citizen"...

Mr. Rosenow immediately scolds the reader: "If you became an American citizen, you already sworn allegiance to your new country", he says more or less. "You stopped being Cuban (or Colombian, or Mexican) once you naturalized as a U.S. citizen".

I can't (nor want) to argue with Mr. Rosenow in a subject where he is an expert and I am so ignorant about. Besides, I perfectly understand his perspective. The law is very clear.

But I also understand why immigrants' minds slip so much sometimes on this cases, especially the elderly.

Despite the good wishes from people like Mr. Rosenow, the force of habit weighs more than any naturalization certificate, for better or worse.

For example, more than once I have seen how American-born-and-raised citizens —with ancestors who have lived in this country for many generations— are treated as "aliens".

Specifically, Hispanic-Americans.

It doesn't matter how "Americans" they are or feel, nor how perfect English they speak: For the average "Gringo", they'll always be "Mexicans".

It doesn't matter if the great-great-great-grandparents of these Americans arrived to Texas, California, Arizona or New Mexico decades before the Mayflower pilgrims left England: For the rest of the country, these people will always be "foreigners".

(Some extremists even accuse them of harboring "dubious loyalties", like the ignorant guy who once tried to justify his racist remarks by saying: "Blood calls".)

To offset this situation, some Hispanics struggle to behave more American than Americans themselves, and even dare to (wrongly) despise people from Latin America, as if they want to prove they are not "the same"... although they look identical

Even so, there will always be someone who will shout in their faces: "Go back to your country" and "leave America for Americans".

It doesn't matter what we do or not, we'll always be "Mexicans" (or "Cubans", or "Colombians", or even "Puerto Ricans").

Now, if we Hispanics accept those labels and embrace our "Hispanism" proudly, and stop naming ourselves plain "Americans" to become "Mexican-Americans", or "Cuban-Americans", as they always are calling us... then things will get worse.

Because extremists will tell us: "Aha! You see? This proves you don't want to assimilate, nor you want to become 'Real Americans'!"

In this sense, the word "Mexican" is a little like the terrible "N" word, used in the past to insult African-Americans.

African-Americans can use the "N" word among themselves without problems. But if an Anglo uses it, he'll be considered racist and offensive.

But with Hispanics happens the opposite: The "M" ("Mexican") word can only be used by "Gringos" who refer to Hispanics. But if we Hispanics dare to use it, we'll be immediately accused of being "traitors" and "not American enough".

No matter if historically we are more Americans than them.

As the old Spanish saying goes: "Whatever you do or not makes no difference: Your name will always be Juan". (www.cesarfernando.com

We all were (or will be) immigrants

By César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

FORT MYERS, Florida -- Back in the 1950's, had you wanted to make people laugh, the best joke you could have told was this: "Spain will be a rich, first-world, country".

Those listening would think that was an excellent joke.

Why? Because Spain, during the 1950's, was a poor country, or even more than poor: Mexico (itself a poor country) was even richer than Spain.

Even Argentina was considered a wealthier and more developed country than backward Spain.

Back then, absolutely nobody would have thought that, 50 years later, the average Spaniard would have an income 4 times bigger than the average Mexican or Argentnan.

Cases like this one support what our grandparents had always said: "Life has many turns".

Unfortunately, it's not uncommon to find people who take their material well-being for granted, as if it was always so. Or as if it will never end.

Some citizens from rich countries with high immigration (like the U.S. and Spain) have forgotten that one day they were immigrants too. Or that their parents or grandparents were immigrants.

(Most of the time, they were not only immigrants, but poor, unemployed and even hungry immigrants.)

A full stomach makes us forget.

As human beings, we all are immigrants, or have been once.

And those of us who haven't needed to become immigrants, might become so in the future.

We can neither discount that our children or our grandchildren might become immigrants one day. We don't know.

"Life has many turns".

So, how can we ask other countries to treat well our immigrant children and grandchildren in the future, when we can't give this same human treatment to our own immigrants today?

Oddly, one of the best examples of human treatment to foreign immigrants is given by a group of poor women from a town called "La Patrona", near the Mexican city of Orizaba, Veracruz.

Those who saw the documentary "De Nadie" may remember the place.

Every day, the women of "La Patrona" cook for many people. But those people are not relatives, nor even their fellow citizens: They are Central American undocumented immigrants, who travel almost dangling from trains that cross the area, towards the United States.

And every day, right on time, the ladies of "La Patrona" stand next to the railroards, and throw bags full of food for those immigrants they don't even know.

The logic question the documentary producers asked these women was: Why do you do it? Why helping people —immigrants— you don't even know?

One of the women answered amid cries and broken words, in one of the most poignant scenes of the movie:

"Because I have a son too, and I don't want him to become an immigrant in the future", she said. "There are children in that train, too, and one of them could have been mine".

We all want good things (like the wealth of the rich countries) last forever. But we don't know.

"Life has many turns", it is said. To this saying, maybe we should add another proverbial truth: "What goes around, comes around". (www.cesarfernando.com)

miércoles, mayo 14, 2008

Examen de ciudadanía mexicana: ¿Más "perro" que el de EE.UU.?

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

FORT MYERS, Florida -- Mi cuate Javier andaba de plácemes días atrás.

Llegó anunciando con bombo y platillo que había pasado su examen de naturalización como nuevo ciudadano de Estados Unidos.

Chilango de nacimiento, Javiercillo nos llegó al periódico fingiendo acento inglés, y "discriminándonos" en broma por ser "Mexicans".

Ya más en serio, le bombardeamos con las preguntas de rigor: ¿Cómo estuvo la experiencia?

Javier suspiró y nos miró sorprendido, con los ojos pelones. Como recordando una de las peores etapas de su vida.

Oh, oh, pensé. Le cayó la Inquisición encima.

"No me lo creerán, pero fue una ridiculez", comentó al fin.

Acudió a la oficina de Inmigración en Tampa. No hizo ni fila, porque ya tenía cita. Lo atendieron rapidísimo. "Si acaso, esperé 10 minutos".

La oficial que le tocó no tenía nada qué ver con la imagen que todos tenemos del agente de "La Migra": Era una joven mujer (de "bastante buen ver", según Javier), que lo trató súper amablemente.

Llegó la hora de la verdad: El examen. Uno a uno. En la oficina cerrada. Con la (guapa) funcionaria de "La Migra".

"Yo iba como navaja", recuerda Javier. "Me sabía todas las 100 preguntas con sus respuestas. Las había estudiado a fondo, al derecho y al revés, y hasta mucho más".

Primera pregunta: "¿De qué color son las barras de la bandera de Estados Unidos?"

Segunda: "¿En qué ciudad está la Casa Blanca?"

Tres: "¿Cuál es la capital de su estado, Florida?"

???

Javiercito, medio confundido, respondió: "Rojas y blancas... Washington... Tallahassee".

"¡Felicidades! Ya es usted nuevo ciudadano de Estados Unidos", lo felicitó la funcionaria alegremente.

Tras escuchar esto, nos tocó a nosotros, los amigos de Javier, poner los ojos pelados.

¿Eso fue todo?

Sí, yo sabía que a veces el examen de naturalización de Estados Unidos era fácil. Pero nunca me imaginé que tanto.

Javier tiene la teoría de que, por ser este un año electoral, hay mucha presión sobre Inmigración para sacar rápido las solicitudes de naturalización. "Así habrá más votantes en las elecciones de noviembre", comentó.

Pero aún así, ¿no le parece que la sencillez del examen raya en la ridiculez?

Para ser justos, no a todos les va igual. Hay quienes cuentan historias de horror del examen de ciudadanía americana. Y es que todo depende del oficial que le toque a uno. La ley dice que todo queda "a discreción" del agente. O sea, que él (o ella) es Dios en ese momento. Si le cayó mal, o es gruñón, o simplemente no le da la gana, le puede hacer sudar helado. Y no darle la ciudadanía.

O igual le puede "regalar" el examen.

Mucha gente batalla sobre todo por no hablar bien inglés. Sobre todo personas humildes, que no tuvieron escolaridad en sus países de origen (como ocurre con muchos campesinos mexicanos).

Pero comparemos ese examen con el de ciudadanía mexicana que le aplicaron recientemente a Eddie Willers, un inglés que vive en México, y que relató su experiencia en un blog de internet. (Ojo, las preguntas tienen que responderse todas bien, sin dudar):

-- ¿Cuál es el nombre oficial de México?

-- Nombre tres ciudades coloniales.

-- Diga las capitales de los estados de Colima, Estado de México y Nayarit.

-- Nombre a tres artistas del siglo 20.

-- Escriba una estrofa completa del Himno Nacional.

Obvio, el pobre hombre "tronó" el examen. Como no dudo que también nos ocurra a no pocos mexicanos, quienes tampoco sabemos las respuestas instantaneas a tales preguntas, o las hemos olvidado ya.

Un "gringo" que leyó estas preguntas aportó otros ejemplos que conoce del examen de ciudadanía mexicana:

-- Nombre a cinco muralistas mexicanos

-- ¿Dónde fue disparado el primer cañón en México?

-- Nombre a cinco de los Niños Héroes.

-- Nombre a tres autores mexicanos.

-- Nombre los tres niveles de gobierno.

-- ¿Quién es el jefe de gobierno del Distrito Federal?

¿Cómo ve la comparación? ¿Se la hace justa? ¿Cuántos mexicanos podrían pasar el examen de ciudadanía mexicana?

No sé, pero supongo que sería mucho más fácil para cualquier mexicano pasar el examen de ciudadanía americana (como el que le aplicaron a mi cuate Javier, el "new Gringo"), que el de su propio país. (www.cesarfernando.com)

jueves, mayo 08, 2008

El proximo presidente de EEUU: ¿Elegido por "dedazo"?

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

FORT MYERS, Florida -- El sistema electoral de Estados Unidos está diseñado para ser "súper democrático". O al menos así era la intención original de sus fundadores.

Llegan a extremos que parecen ridículos para el resto del mundo. Como el de realizar 50 elecciones (una por estado) para elegir quién va a ser el candidato presidencial de cada partido. Esto se llama "elecciones primarias".

Pero luego de más de 30 "primarias", Hillary Clinton y Barack Obama siguen empatados. Y ninguno quiere ceder ni renunciar.

Parece que la cosa seguirá igual de trabada y sin resolverse ni siquiera en la Convención Nacional del Partido Demócrata, del 25 al 28 de agosto en Denver.

Debido a esto, es muy probable que al final el candidato elegido no sea ni uno ni otro, sino que se elija a alguien nuevo (¿Al Gore?), designado por el Comité de Credenciales del Partido Demócrata.

¿Un "candidato de unidad", sacado "de la manga", y designado "por dedazo" por la dirigencia de un partido? Me suena al sistema del PRI mexicano.

¿Y ese candidato buscará ser el próximo presidente del país "líder de la democracia"?

No creo que esto les guste a los electores norteamericanos. ¿Para qué tanta elección, si los votos de la gente al final no contarán?

Que no se enojen los demócratas si al final los derrota John McCain, el candidato republicano. Conste. (www.cesarfernando.com)

miércoles, mayo 07, 2008

La peligrosa palabra "M"

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

FORT MYERS, Florida — Hay un abogado de Inmigración que escribe para el diario El Nuevo Herald, de Miami. Se llama Manfred Ronsenow, y es muy conocido no sólo en “la otra costa”, sino en todo Estados Unidos.

Yo leo su columna de vez en cuando, y una de las cosas que me atrae la atención es cómo el anciano abogado gasta espacio y tinta para “regañar” (a veces medio en broma) a sus lectores.

Una de las causas más comunes del regaño es cuando a alguien “se le chispotea” y comienza su carta así: “Soy cubano (o colombiano, o venezolano) nacionalizado americano...”

De inmediato le cae una regañiza de parte del abogado:

“Si usted es ciudadano americano, ya juramentó lealtad a este, su nuevo país”, responde más o menos el Sr. Rosenow. “Usted dejó de ser cubano (o colombiano o mexicano) al hacerse ciudadano americano”.

Legalmente no puedo (ni quiero ) ponerme a discutir con el Sr. Rosenow, él como experto y yo como ignorante de la materia. Además, entiendo perfectamente su perspectiva. La ley es muy clara al respecto.

Pero también entiendo que a muchos inmigrantes “se les escape” de vez en cuando mencionar su gentilicio de nacimiento. Sobre todo cuando son personas de edad.

Pero este asunto me puso a pensar que, a pesar de los buenos deseos de gente como el Sr. Rosenow, a veces la fuerza de la costumbre (tras años de repetirla) pesa mucho más que cualquier certificado legal. Para bien o para mal.

Por ejemplo, en más de una ocasión he visto de primera mano cómo ciudadanos norteamericanos nacidos en Estados Unidos, cuyas familias tienen generaciones viviendo en este país, son tratados como “extranjeros”.

Caso concreto: Los ciudadanos de origen latino.

No importa qué tan “americanos” sean, ni qué tan perfecto inglés hablen: Para el “gringo” promedio, siempre serán “Mexicans”.

No importa que los tataratatarabuelos de estos noteamericanos hayan llegado a Texas, California, Arizona o Nuevo México décadas antes de que el famoso barco de los peregrinos del Mayflower saliera de Inglaterra: Para el resto del país, estas personas siempre serán “Aliens”.

(Algunos extremistas hasta los acusan de tener “dudosas lealtades”. Como un ignorante que trató de “justificarme” sus ataques racistas diciendo: “Es que la sangre los llama”.)

Para contrarrestar esta situación, algunos hispanos se vuelven más papistas que el Papa, y abrazan su americanidad con fervor. Hasta se atreven (equivocadamente) a despreciar a los latinoamericanos, como para resaltar que “no son iguales” aunque se parezcan.

Pero aún a ellos no faltará quién les grite en su cara que “se regresen a su país”, y dejen “America for Americans”.

No importa qué hagamos o dejemos de hacer, siempre seremos “Mexicans”. (O “Cubans”, o “Colombians”, o incluso, “Puerto Ricans”.)

Ahora bien, si los hispanos aceptamos los calificativos, y abrazamos nuestra “hispanidad” con orgullo, y en vez de decirnos “Americans” a secas le agregamos el “Mexican-American” o “Cuban-American”, como tanto nos insisten... entonces nos va peor.

Porque los extremistas nos dicen: “¡Aja! ¿Ven? Esto es una prueba de que no quieren asimilarse, ni desean llegar a ser ‘Real Americans’ ”.

En este sentido, la palabra “Mexican” es un poco como la deplorable palabra “N” que se usaba para insultar a los afro-americanos.

Los afro-americanos usan entre ellos la palabra “N” sin problema. Pero si la dice un anglosajón es considerado racista y de mal gusto.

Pero a nosotros los hispanos nos pasa al revés: La palabra “M” (“Mexican”) parece que sólo la pueden usar los “gringos” al referirse a nostros.

Pero ¡ay de nosotros si la usamos! Nos acusarán de ser traidores y “no suficientemente” norteamericanos. Aunque algunos lo seamos más que ellos.

O sea, como dice el dicho, de todas maneras Juan te llamas...