miércoles, abril 02, 2008

¿No papeles? ¡No problema! Cómprelos con las mafias de falsificadores

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

cfzap@yahoo.com

FORT MYERS, Florida -- Tras semanas de posponerlo (ya saben, uno "nunca tiene tiempo") por fin me decidí y fui a hacerme unos análisis.

Pura rutina. Al cumplir las cuatro décadas, uno debe hacerse un "chequeo" médico regularmente.

De hecho fue mi primer chequeo médico en toda la vida.

Para ser sincero, no pospuse los exámenes por pereza, sino por miedo. Gracias a las (espantosas) experiencias que he tenido con las aseguradoras médicas, le sacaba a ir a ensartarme con otra deudota a un laboratorio.

Al fin, me decidí y acudí. No podía seguir posponiéndolo más tiempo.

Estaba en la sala de espera del laboratorio, cuando llegaron tres personas, visiblemente inmigrantes latinoamericanos, vestidos con ropas de trabajo.

En un inglés más que elemental, el más joven de ellos mostró una orden de análisis a la recepcionista.

Lo hicieron sentarse, junto a sus amigos, a esperar. Mientras estábamos allí, escuché cómo conversaban entre ellos en alguna lengua indígena (¿quizá maya?)

Por fin me llamaron. Fui a que me dieran aguja, y me sacaron como diez litros de sangre (bueno, quizá fue menos, pero yo sentí como si fueran 10 litros). Al regresar al mostrador de la entrada estaba el joven inmigrante hablando con la recepcionista.

Le pidieron identificación. El muchacho, de unos 24 años y con una mirada de desorientación, sacó una tarjeta de residencia legal.

(O al menos lo que le habían vendido como una tarjeta de residencia legal. Más parecía que la habían impreso en un cibercafé.)

Luego, le pidieron tarjeta de seguro social. El muchacho sacó un cartoncito que más parecía una credencial del club de Mickey Mouse.

Seguramente había comprado los papeles en una de tantas tiendas latinas de Estados Unidos, donde los falsificadores se aprovechan de la necesidad de los recién llegados.

Las miradas de las recepcionistas veían los "documentos" con incredulidad y desorientación. Con miradas de "What?"

Al fin, vencidas, llamaron a una enfermera cubana, quien comenzó a traducir.

"Estos análisis, ¿son para comenzar un trabajo?", preguntó la mujer. El muchacho asintió. "Y esto", dijo ella, tomando los cartoncitos "¿son tus identificaciones?" Otra vez asintió.

Temí que la enfermera se enojara, que se burlara. Incluso, que le tirara las identificaciones "patito" en la cara al pobre muchacho (cuyo única intención era trabajar), o peor, que se las rompiera delante de todos.

Pero no ocurrió nada de eso. La enfermera, todo profesionalismo, invitó al muchacho a seguirla a las salas de análisis, y allá se fueron.

Los amigos o parientes del joven seguían conversando en maya en la sala de espera.

Los medios de comunicación y los políticos siempre resaltamos el asunto de la inmigración indocumentada en Estados Unidos como un tema de seguridad nacional.

De hecho, los políticos antiinmigrantes y alarmistas insisten en restringir documentos a los extranjeros, dizque para evitar que se suban a un avión y lo estrellen contra la Casa Blanca.

Por otro lado, los defensores de los inmigrantes, insisten en que los extranjeros tienen derechos básicos, como el trabajo y el transportarse. Para eso, necesitan licencias de manejo, y tarjetas de seguro social.

Mientras tanto, los más de 12 millones de inmigrantes indocumentados que viven en Estados Unidos siguen tratando de hacer sus vidas a como pueden, sin identificaciones, licencias ni tarjetas de seguro social. Viviendo en el temor absoluto de ser multados, detenidos o deportados.

Cierto, la falta de identificaciones dificulta tareas complejas como manejar un vehículo, o subirse a un avión. Pero a veces se nos olvida que también hace casi imposibles tareas más simples y mundanas.

Como ir a tomarse unos análisis para comenzar un nuevo empleo.

Los antiinmigrantes insisten que, al verse rodeados de esta estrategia, los indocumentados no tendrán más remedio que irse del país.

Pero como vi, lo único que hace es obligarlos a buscar papeles "por debajo del agua", y enriquecer a mafias que cubren una necesidad.

Necesidad que el gobierno de Estados Unidos creó, por su paranoia de negarse a cumplir con su deber de otorgar identificaciones a todos, como ocurría apenas hace unos cuantos años sin problemas.

Llegó al laboratorio otro hombre, con una hoja igual a la del joven inmigrante maya. Me sonrió y le sonreí. "Buenos días, le dije".

"Ah, habla español", me comentó alegremente, con un fuerte acento caribeño

"¿Viene para unos análisis de trabajo usted también?", le pregunté casualmente.

Asintió, mostrando la hojita.

"¿Y qué trabajo le pide estos análisis?", pregunté curioso.

"De albañil de construcción", respondió.

La histeria antiterrorista ha llegado a niveles nunca imaginados.
(www.cesarfernando.com)

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