jueves, abril 03, 2008

Negrura en México vs, negrura en Estados Unidos


DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

Estaba comiendo muy a gusto un día en una taquería de Dallas, cuando casi me atraganto al ver la televisión que tenían encendida.

Era uno de esos programas que Televisa transmite al mediodía vía satélite, con música, variedades, chistes (bastante malos, por cierto) y modelos (bastante buenas, por cierto).

Entretenimiento "familiar", dirían los ejecutivos televisivos.

Bueno, en medio de la alegría, la música, las mujeres despampanantes, de pronto entró a escena un tipo negro haciendo chistes y bulla.

Y casi se me atora el taco en el gaznate por la sorpresa.

El tipo era negro. Pero negro, negro. Del color de la noche.

Aunque no era una negrura de verdad: Se trataba de un actor (dizque cómico) con la cara pintada con betún para zapatos, una peluca rizada, y una trompa inflamada que haría morir de envidia a la mismisma Angelina Jolie

El personaje completaba su imagen con un traje a rayas, caricaturisticamente y ademanes y acento exagerados.

¿Qué tiene de malo, dirán algunos? Bueno, en México quizá nada. Un personaje más de comedia, como el gallego bruto, el argentino arrogante, el árabe abonero o hasta la "India María".

El problema es que en Estados Unidos, promover esa imagen es más que suficiente para que cierren la estación de televisión, y manden preso al actor y al director de la misma, por racistas.

El personaje se llama "Jim Crow" ("Jaime Cuervo") o "Blackface" ("Caranegra"), y se originó en el siglo XIX en los teatros y vodeviles de Estados Unidos. Generalmente era un actor de raza blanca que se pintaba para interpretar (léase "burlarse) al "típico negro".

Y más que típico, terminaba siendo estereotípico: El personaje se usaba para hacer chistes de los negros, presentándolos como bufones, flojos, supersticiosos, ladrones, mentirosos y hasta lascivos, que hablaban con un pobre vocabulario.

Pero tuvo tanto éxito que hasta algunos actores de raza negra se pintaban la cara en su tiempo.

El problema es que actualmente la imagen es considerada de mal gusto, y ofende a muchos afroamericanos como un recuerdo de una época donde eran víctimas de abuso, racismo y esclavismo.

De hecho, "Jim Crow" dio nombre a las leyes racistas que perduraron a principios y mediados del siglo XX en Estados Unidos, que permitía que los negros fueran acosados, segregados, linchados y hasta ahorcados y quemados en público.

Pero mientras que en Estados Unidos el uso del "Jim Crow" desapareció y hasta se prohibió, en México sobrevive hasta nuestros días.

Hace apenas algunos años el tema causó otro escándalo entre los norteamericanos de raza negra cuando se dieron cuenta que existía la historieta del "Memín Pingüín", y comenzaron a organizar un boicot contra destinos turísticos mexicanos.

Quizá usted diga que estas actitudes son exageradas, que los gringos se pasan de cuidadosos. Que es hipocresía, si usted quiere, dado que el racismo dista mucho de haber desaparecido en Estados Unidos.

Y tal vez tenga razón. Pero lo cierto es que Estados Unidos actúa de una manera propia, de acuerdo a sus intereses, tradiciones y tabúes. Como los tiene cualquier otro país.

Así como en México la nacionalización del petróleo es un tema tabú, fundamentado en nuestra historia y traumas nacionales, la alergia que tienen los norteamericanos al "Jim Crow" se fundamenta en dos de los peores traumas que Estados Unidos sufrió: La Guerra Civil y la lucha por los derechos civiles.

Ambos episodios dejaron cicatrices que quizá nunca sanen. Son los demonios personales con los que Estados Unidos tendrá que lidiar por siempre.

En América Latina también tuvimos nuestros episodios de racismo y esclavitud, pero nunca los llamamos así. Le decíamos "encomienda", o "sistema de castas". Nunca "racismo". Y no era contra los negros, sino contra los indígenas. Lo que para nosotros estaba "bien".

(Baste recordar cómo los negros que cruzaban la frontera desde Estados Unidos se convertían automáticamente en ciudadanos libres, mientras que los descendientes de aztecas, mayas, toltecas y tantas otras civilizaciones seguían siendo ciudadanos de segunda.)

Quizá por eso nunca aceptamos el asunto, lo rehuimos, y por lo mismo, nunca lo enfrentamos.

¿Diferencias de opiniones entre países? ¿O distintos grados de madurez nacional?

Parece ser que la negrura tiene distintos tonos en cada lado de la frontera. (www.cesarfernando.com)

2 comentarios:

  1. Anónimo10:47 a.m.

    Lo felicito me encanta leer su blog, (soy la que lo felicito en el otro post). La anónima.

    Esto de memin pinguin, y los negros, que barbaridad. Como la sra esta que corrieron por haberle dicho a los niños, bajense del arbol, parecen changos ahi trepados.

    cuanta sensibilidad. jijiji

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  2. Ah, bueno, al menos ahora ya sé que se trata de UNA anónima, y no de OTRO anónimo más.

    Gracias y espero seguir contando con Ud. como lectora.

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