sábado, abril 05, 2008

"En la salud, la enfermedad y la deportación..."

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

FORT MYERS, Florida -- Walter, un centroamericano al que conocí en Texas, tenía una increíble historia que contar sobre sus tragedias al emigrar a Estados Unidos sin documentos.

Tuvo que arriesgar la vida en el trayecto, y por poco lo deportan varias veces. Al llegar a Texas, la cosa no fue sencilla tampoco: La falta de documentos le hizo difícil encontrar trabajo estable.

Pero a sus 22 años, Walter era joven, saludable e inteligente. Lo demás era cuestión de suerte.

Luego, se casó.

Aunque casarse suene idílico, el matrimonio (pese a todas sus ventajas emocionales) no le solucionó sus problemas, sino que se los agravó.

"Mi esposa también es 'mojada'", me contaba Walter, sonriendo con su perfecta dentadura y expresión de niño travieso.

La muchacha era bonita, simpática y joven. Walter la conoció en Estados Unidos. Pero era también centroamericana, originaria del mismo país que él, y hasta casi de la misma región. Prácticamente fueron vecinos.

La chica también había emigrado ilegalmente y tenía escasas posibilidades de arreglar su situación legal. A menos, claro, que se casara con un ciudadano norteamericano que pudiera solicitarla como residente legal ante el Servicio de Inmigración.

Pero tras casarse con Walter (otro "mojado", como él mismo dijo), las posibilidades de legalización de ambos desaparecieron.

Aunque parezca una historia de ficción, estos casos ocurren con demasiada frecuencia en Estados Unidos: Inmigrantes que cruzan medio mundo, ponen en peligro sus vidas, casi mueren en el trayecto, y superan obstáculos que parecían imposibles, buscando una mejoría de vida. Pero pese a sus esfuerzos, acaban un callejón sin salida al casarse con personas en igual (o peor) situación que ellos.

Claro, dentro de los círculos limitados en los que se mueven los inmigrantes pobres y sin escolaridad como Walter --una gran parte de los inmigrantes latinoamericanos en Estados Unidos-- no es fácil encontrar gente con otras características.

Pero nunca he entendido cómo alguien que ha sufrido tanto, y cuya única posibilidad de legalizarse es casándose con una persona con papeles, puede echar por la borda todo al unirse a alguien con los mismos problemas.

Por supuesto, el amor no sigue lógica. Es un sentimiento. El flechazo de Cupido no sabe de ciudadanías, ni residencias permanentes ni de agentes de "La Migra".

Y como está la situación, ya el simple hecho de encontrar una persona buena y que lo ame a uno es bastante triunfo, tenga papeles o no. Hay muchos ciudadanos americanos que quisieran tener la suerte de encontrar a ese "alguien", sea "mojado" o no.

Pero este es un país donde hay 300 millones de personas. De éstas, aproximadamente 15 millones son inmigrantes sin documentos. El resto, 285 millones, tienen papeles, ya sea porque son ciudadanos o residentes permanentes.

¿Porqué entonces una persona joven, soltera, con futuro, y saludable va a elegir a alguien igual de indocumentado que uno?

Según un reporte del Centro Pew de Estudios Hispanos (organización de investigación no partidista de Washingon, D.C., fundada en 2001), en 2004, casi 14 millones de personas en Estados Unidos vivían en familias donde uno de los padres carecía de documentos migratorios.

Estas familias incluyen a 4.7 millones de niños, de los cuales alrededor de 3.2 millones son ciudadanos de Estados Unidos por nacimiento

Claro, el casarse con un residente permanente o un ciudadano no es garantía de que vayan a legalizar a un indocumentado. Primero tiene que solicitar un perdón

Antes, esto implicaba llenar una solicitud, y pagar mil dólares de multa.

Pero en 1996, la ley cambió, y ahora quienes hayan vivido como indocumentados hasta seis meses reciben un "castigo" de tres años sin poder reentrar a Estados Unidos o legalizarse.

Los que hayan vivido "ilegales" por un año o más enfrentan un "castigo" de hasta 10 años sin poder legalizarse ni ser admitidos en el país.

Hay una posibilidad de superar el castigo, pidiendo un perdón especial ante el Consulado de Estados Unidos en Ciudad Juárez, México.

Se llama la forma I-601, pero para conseguirla la familia debe probar que la deportación del padre o la madre causaría "extrema angustia" a un ciudadano americano (en este caso los hijos).

Más de 13,000 mexicanos que se casan con ciudadanos americanos solicitan la I-601 cada año, pero de éstos, una cuarta parte es rechazada, según un reporte del diario Des Moines Register.

Pero ya es algo. Mucho mejor que no tener ninguna posibilidad.

Los indocumentados de por sí ya tienen una vida dificilísima al llegar a este país. Pero al casarse entre indocumentados, las posibilidades de legalizarse se vuelven casi nulas.

En aras de "la seguridad interna", Estados Unidos está dejando de ser "El País Libre" del que presumían las generaciones anteriores, para volverse una nación cada vez más regulada y hasta policiaca.

Y los primeros que van a sufrir las consecuencias son los indocumentados. En especial, sus hijos y familias enteras. (www.cesarfernando.com)

2 comentarios:

  1. Anónimo4:55 p.m.

    Me encanta leer su blog, lo felicito!!!

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  2. Gracias, pero quizá debió haber puesto su nombre. Así sabría a cuál de todos los "Anónimos" dirigirme. XD

    Saludos

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