miércoles, marzo 05, 2008

EE.UU. aprueban la reforma migratoria... Y después, ¿qué?

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

“Washington, D.C., 15 de junio de 2009 — Tras una acalorada discusión, el pleno del Congreso de Estados Unidos aprobó por escasa mayoría la iniciativa de Reforma Migratoria Integral autorizada por el Senado semanas antes, que otorgará estatus legal a los más de 12 millones de indocumentados (en su mayoría mexicanos) y abrirá las fronteras para la entrada de trabajadores desde México”.

Suena excelente, ¿no? Pero cálmese, no haga las maletas aún, ni destape la champaña.

El primer párrafo de este artículo no ha ocurrido. Por lo menos no todavía.

Pero pudiera convertirse en realidad, siempre y cuando los actuales precandidatos a la presidencia de Estados Unidos —John McCain por el Partido Republicano, y Hillary Clinton y Barack Obama por el Demócrata— cumplan la promesa de campaña de impulsar una reforma migratoria, tras tomar posesión en caso de resultar electos.

Sólo hasta entonces, lo escrito al principio de este artículo pudiera ocurrir.

Estamos de acuerdo en que la reforma migratoria debe aprobarse y se deje de politizar un tema como la inmigración, para bien de miles de familias migrantes, y de la economía y seguridad de Estados Unidos y México.

Tanto inmigrantes, empresas, y hasta políticos quieren la reforma. Sobre todo, y en especial, el gobierno de México. Eso fue lo que vino a repetir el presidente Felipe Calderón en su pasada gira por Estados Unidos.

Pero, suponiendo que de pronto me salgan dotes de profeta, y que mi relato se convierta en realidad, como todos lo deseamos, debo preguntar: ¿Y luego qué?

Perdón si sueno aguafiestas, pero como reportero, tengo la pésima costumbre de ocurrírseme cada preguntita.

(Y lo malo es que tengo otra costumbre peor: Hacer esas preguntitas en voz alta —o ponerlas por escrito.)

Una vez que se apruebe la reforma, y que el gobierno de México eche las campanas al vuelo, y agradezca “la visión y estadismo” del gobierno de Estados Unidos... ¿qué sigue?

Supongo, claro, que habrá filas enormes de inmigrantes ante las oficinas del Servicio de Inmigración, a tal grado que los funcionarios no se darán abasto para atender el tsunami de solicitudes. Y claro, supongo que por fortuna, muchas familias inmigrantes cuyas vidas penden hoy de un hilo, podrán por fin respirar tranquilas.

Pero todas estas acciones las hará el gobierno de Estados Unidos. Todo el peso organizativo y económico de hacer realidad esta reforma será de “este lado” de la frontera. Y estoy seguro la economía de este país puede muy bien y debe absorber tremendo esfuerzo, por supuesto.

Pero mi inquietud es: ¿Qué parte de este esfuerzo le tocará hacer a México, o a los demás países de América Latina que se beneficiarán también de la reforma?

Nadie puede decir que sólo le importa a Estados Unidos, ni que será el único país beneficiado con la legalización migratoria: Tanto México como los demás países se beneficiarán también. Y no tan indirectamente, gracias a las remesas que envían los inmigrantes a sus familias que se quedaron atrás.

La inmigración es un problema que involucra a muchas partes, y para que se solucione y regule, también deben particioar los países que expulsan personas, no sólo el que los recibe.

¿Qué parte le tocará hacer a México en esta reforma? Y no me refiero al pueblo de México, sino a su gobierno, que es el responsable de hacer algo para solucionar este problema, como lo es el gobierno de Estados Unidos.

El gobierno de México tendría que impulsar las reformas legales necesarias para tratar de evitar que la gente se vea obligada a salir del país por falta de empleo, por bajos salarios o por falta de estímulo para la inversión.

Para los políticos mexicanos (y de otros países) es muy fácil y cómodo dejar que los gringos arreglen una buena parte de los problemas de sus poblaciones, como dar empleo a más de 20 millones de emigrantes y además de todo, darles papeles.

Mientras tanto, esos políticos (diputados y senadores mexicanos) mantienen calientitas su sillas y curules, y cobran sus gordos cheques puntualmente... sin preocuparse ni hacer absolutamente nada.

No tengo nada con que los políticos gringos trabajen (también es su obligación atender este asunto), pero si la cosa no es pareja, volveremos al primer escalón, y dentro de 10 años, los políticos norteamericanos estarán de nuevo echando pestes de los inmigrantes indocumentados mexicanos (que para entonces sumarán más que ahora), y mientras, el gobierno mexicano seguirá exigiendo... otra reforma migratoria.
www.cesarfernando.com

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