sábado, marzo 29, 2008

Enseñar los calzones: Lo más "chic" entre los jóvenes de EE.UU.

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

cfzap@yahoo.com

FORT MYERS, Florida -- En las memorias del gran maestro Gichin Funakoshi (ni más ni menos que el padre del Karate-Do en Japón) uno de sus nietos recuerda cómo el anciano ni siquiera osaba mencionar la palabra "calcetines".

Para los japoneses de antes, era una prenda sucia y degradante.

"Levanta 'esos'", gritaba Funakoshi a su nieto, señalando los horribles trapos en el suelo. Ni siquiera se dignaba a tocarlos, sino que los empujaba con su bastón.

"¿Los qué?", preguntaba adrede su nieto, como no entendiendo. Intentaba obligar al abuelo a decir la palabra.

"'Ésos', 'ésos'", insistía Funakoshi.

"Nunca logré obligarlo a decir 'calcetines'", recordaba su nieto.

Suena ridículo y hasta exagerado. Pero en mi niñez en México, ocurría algo similar con la ropa interior.

Recuerdo que cuando estaba en la escuela primaria, uno de las peores vergüenzas era que te vieran las prendas que usabas debajo del pantalón.

"¡A Pedrito (o Juanito, o Lupita!) se le ven los calzones!", era uno de los gritos más temidos por los alumnos de la Escuela Ignacio M. Altamirano, de mi querido Tampico, Tamaulipas. Y supongo que en muchas primarias más de México.

Lo normal entonces era actuar como si la ropa interior no existiera. Era una vergüenza siquiera mencionarla.

(Quizá por eso durante mi adolescencia opté por desaparecerla de mi vida.)

Cómo cambian los tiempos. Hoy en día, en Estados Unidos, la moda entre los niños y adolescentes es precisamente enseñar los calzones.

Se trata de los famosos "Baggy Pants", o pantalones caídos, que los adolescentes utilizan al estilo Cantinflas: Sin cinturón, y con el tiro hasta las rodillas.

Como si se hubieran salido del baño sin subírselos.

Claro, el objetivo es dejar que se vea la ropa interior. Pero no las aburridas y anticuadas truzas de algodón blanco que usábamos los alumnos de la Escuela Altamirano en el Tampico de los 1970s.

No, ahora lo "in" es mostrarle al mundo los estampados de los "boxers" que todos los jóvenes "moderrrrnos" usan.

Entre más se vea, mejor.

Dicen que la moda se originó en las cárceles de Estados Unidos, donde por seguridad no se permiten los cinturones y las tallas de los uniformes siempre son más grandes.

Por eso, los presos se ven obligados a usar los pantalones abajo del trasero.

Lo malo es que les queda gustando la costumbre, y al salir de la cárcel contagian primero a los pandilleros y después a todo adolescente impresionable que quiera verse "cool".

La moda ha llegado a tal extremo, que hay fábricas y tiendas que comercializan ropa floja, especialmente pantalones diseñados para caerse.

Claro, a los padres y maestros esto nos parece más que una aberración, y en varias escuelas del país se prohibieron esas indumentarias.

Incluso recientemente en el Congreso estatal de Florida se presentó una iniciativa de ley para castigar hasta con 10 días de suspensión a cualquier alumno de escuelas públicas que ose "cantinflear" sus pantalones.

Yo no sé. A mí en lo personal me gusta traer mis pantalones a la cintura (aunque confieso que cada vez se me hace más difícil encontrar un cinturón que la rodee).

No apruebo esta moda, pero no entiendo muy bien todo el escándalo. ¿No hemos aprendido del pasado?

¿Es que esos legisladores no se acuerdan cómo andaban ellos en sus tiempos mozos, seguramente con el pelo y las barbas largas, vestidos con sus pantalones raídos y acampanados, sandalias viejas y camisetas "hippies"? ¿Y sin bañarse durante días?

¿Ya no se acuerdan de los infartos que les causaban a sus padres y maestros con esas (dizque) indumentarias?

Y los que fuimos adolescentes durante la década de los 1980, ¿ya no nos acordamos de las camisetas arrugadas, de los trajes "a lo Michael Jackson", de los pantalones de tubo, y de las bandas de "Break" que nos hacían ver como un bailarín de tercera de "Flashdance"?

O las madres de hoy, ¿ya no se acuerdan de los camisones enormes que usaban (tipo Flans), los peinados y maquillaje tipo Barbie, el montón de pulseras tipo Madonna, y las horrorosas hombreras?

(Y eso que por conmiseración no mencionaré la moda "punk".)

No me gusta la moda "pandillera". Pero creo que toda generación tiene derecho a hacer su ridículo. A nosotros nos tocó. A nuestros padres también (mi papá se vestía como James Dean, con copetote y todo).

Ahora les toca a nuestros hijos hacer el ridículo.

E igual que nos pasó a nosotros, a ellos también les tocará avergonzarse de sus ropas de hoy cuando --ya adultos-- vean las fotos del recuerdo y digan: "¡Qué espanto! ¿Cómo demonios se me ocurrió salir a la calle vestido ASÍ de ridículo?"

Peor aún: Si los padres lidiamos hoy en día con los pantalones de Cantinflas y la moda pandillera de nuestros hijos, no quiero ni imaginarme qué moda de la juventud del futuro los hará infartarse a ellos. (www.cesarfernando.com)

jueves, marzo 27, 2008

Real ID: El precio de vivir en Estados Unidos

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

FORT MYERS, Florida -- Recuerdo que cuando tenía 18 años, se me "quemaban las habas" por sacar mi licencia de manejo.

Antes que comer pastel, antes que cantarme "Las Mañanitas", salí corriendo a la Oficina de Licencias de Manejo de Tampico, a tramitarla. Creo que fui el primero en la fila.

Por cierto, en mi vida había manejado ni siquiera un carrito de paletas. Pero eso no parecía importarles a los aburridos funcionarios municipales, quienes sólo me pidieron mi acta de nacimiento, me tomaron una foto, y me hicieron que firmara la licencia.

Ah, pero antes que todo, por supuesto, me cobraron.

En menos de una hora salí con la radiante licencia. No tenía logotipos tridimensionales, ni hologramas, ni códigos de barras, ni águilas o escudos fantasmas que aparecían cuando la girabas contra el sol.

No, lo único que tenía era mi foto, mi nombre y el sello municipal. Ah, y estaba enmicada. Muy oficial la cosa.

No me cansaba de sacarla de la bolsa de mi camisa y dar "charolazos" ante un espejo, imitando los inicios de las películas del agente 007, James Bond.

("Are you talkin' to me? Are you talkin' to ME?")

Lo que son las enormes diferencias entre economías: Mientras que los adolescentes norteamericanos no veían la hora de cumplir los 16 años para manejar el auto de papi, o que papi les comprase su propio auto, los adolescentes en México añorábamos ya de perdido tener un pedazo de papel con nuestra foto (y eso era lo más cerca que muchos íbamos a estar de manejar un auto de verdad, por cierto).

Una escena similar la repetí años después, cuando comenzaron a emitir las famosas "Credenciales de Elector". Era la identificación "obligada". Sin ella, no eras nadie. Ya para entonces, yo manejaba, así que la credencial de elector no significó ningún hito en mi vida. Pero la saqué porque sabía que la iba a necesitar.

Todo mundo tenía una. Todo mundo la tramitaba. Y en todos lados se la exigían a uno. Era la identificación por excelencia.

Como ocurre en muchos otros países, en Europa, América del Sur y Asia: Todo mundo tiene su identificación oficial del gobierno. Y en todos lados se la piden.

Qué contrastes. En Estados Unidos, en cambio, si hay algo a lo que los ciudadanos norteamericanos le tengan más alergia que a Osama bin Laden, es a portar una identificación del gobierno.

Claro, de hecho ya existe una identificación obligada. Pero nadie se atreve a llamarle así: Es simplemente la licencia de manejo.

Pero no existe una licencia de manejo nacional, sino 50 licencias distintas, por cada uno de los estados.

Esto puso nerviosos a los legisladores en Washington, sobre todo tras los ataques terroristas del 9/11. Así que el Congreso emitió una ley que obligaba al gobierno federal a estandarizar las identificaciones.

O sea, las licencias de manejo.

El plan se llama Real ID, y serán credenciales con toda clase de seguridad: Hologramas, códigos de barras, foto, marcas infalsificables y hasta un chip de computadora.

Una nueva identificación nacional en cualquier otro país del mundo no sería nada especial. Simplemente una molestia más.

En Estados Unidos en cambio, muchas organizaciones de derechos civiles, individuos, políticos y hasta gobernadores estatales ya están protestando.

Consideran a la Real ID una intromisión excesiva del gobierno federal en asuntos privados de las personas. Y un gasto excesivo e innecesario para reemplazar algo que ya funciona bien.

Peor: El norteamericano común ve el asunto como la temida profecía del "Big Brother", donde un gobierno policiaco comenzará a instalar retenes de revisión de carnets.

Esto no coincide con la mentalidad de libertad y democracia que fundó y da sentido a Estados Unidos como nación, dicen. Y en cambio, trae a la mente imágenes de la Unión Soviética de Stalin, o la Alemania Nazi de Hitler.

Michael Chertoff, secretario del Departamento de Seguridad Interna (DHS), dice que él simplemente está acatando órdenes del Congreso. Y que todos los estados deben hacer lo mismo, para aumentar la seguridad.

Pero contra lo que los "gringos" promedio piensan, los que sufrirán las peores consecuencias de esta nueva política no serán ellos, sino (¡adivine!) los inmigrantes. Por supuesto.

Porque si ahora nos quejamos de que sacar una licencia de manejo es una tarea casi imposible para muchos inmigrantes, este trámite seguro pronto empeore.

Según el DHS, quien no tenga la nueva licencia, no podrá subir a aviones dentro del país, entrar a edificios federales, las cortes o pedir beneficios del Seguro Social.

Vaya, incluso ni siquiera podrá comprar ciertas medicinas controladas.

Aquél que no tenga la Real ID, será sometido a revisiones más detalladas en aeropuertos y otros sitios públicos. Le harán más preguntas y en general, le harán la vida de cuadritos (de por sí).

La única opción viable será mostrar un pasaporte válido. Pero de todas maneras, si alguien maneja, tendrá que sacar a fuerza la nueva licencia, porque ningún patrullero le aceptará un pasaporte si lo detienen.

Dentro de tres años, a partir del 2011, el gobierno federal ya no aceptará las licencias actuales, y exigirá sólo las Real ID.

Esto ha causado un conflicto entre Washington y varios estados, como Carolina del Sur, Maine, Montana y New Hampshire, que se niegan a acatar esa orden, porque la consideran excesiva y cara.

Los gobernantes de esos estado amenazaron con hacer caso omiso, y seguir emitiendo sus licencias “normales”, aunque potencialmente sus habitantes podrían quedarse aislados del resto del país.

¿Usted cree que todo este aparatoso operativo se justifica todo, o es sólo histeria sin sentido?

Un amigo mío me contó que una vez entró a un aeropuerto, listo para abordar su avión. Avanzó hacia la zona de revisión a los pasajeros.

A pesar de que entonces aún estaba fresco el 9/11, el oficial del aeropuerto no parecía muy entusiasmado con la tarea, y sólo revisó a algunos de los pasajeros.

A otros, en cambio, los dejó irse, casi con una palmadita en la espalda.

Esto a mi amigo lo indignó, y le exigió a los oficiales que revisaran a todos por igual. Incluído a él mismo.

Fue apoyado por varios pasajeros, por lo que los oficiales tuvieron que acceder.

“El que nada debe, nada teme”, sentenció mi amigo. “Prefiero tardarme e incomodarme un poco, pero ir tranquilo y no acabar en pedazos”.

Y así como él, millones de personas están de acuerdo en que la Guerra Contra el Terrorismo requiere sacrificios de todos nosotros, en aras de nuestra propia seguridad.

“El precio de vivir en paz, se paga con libertad”, reza más o menos un dicho antiguo. Es uno de los precios que los individuos debemos pagar por vivir dentro de una sociedad.

Si a uno no le gusta, la opción es abandonar la civilización e irse por su cuenta.

Pero incluso la anarquía también tiene su precio.

Precio que la mayoría de nosotros no estamos dispuestos a pagar.

Por eso, pagamos gustosos el precio de vivir “civilizados”.

El problema es cuando ese precio nos lo aumentan a cada rato, y al final nos damos cuenta que no va a tener límite. (www.cesarfernando.com)

miércoles, marzo 26, 2008

Viajando por todo Estados Unidos... en español

Este par de reporteros españoles de la cadena de TV británica BBC se hizo una vez esta pregunta: ¿Se podrá recorrer todo Estados Unidos hablando sólo español?

La pregunta generó un acalorado debate entre sus compañeros latinoamericanos de Miami, y terminó sin respuesta. Así que se dieron a la tarea de comprobarlo por ellos mismos.

De esta manera, José Baig, y Carlos Ceresole se lanzaron a la aventura (titulada "¿Hablas Español?") el pasado julio. Su objetivo era recorrer ocho estados, desde St. Agustine, en Florida (la población más antigua de Estados Unidos, fundada por españoles) hasta Los Ángeles, California. Más de 5 mil kilómetros visitando lugares, conociendo gente y, sobre todo, hablando español.

¿Que encontraron los reporteros en su viaje? Muchas anécdotas, por supuesto. Tantas, que las recopilaron en un blog que difundieron en el sitio de internet de la BBC, el cual se puede encontrar en esta dirección:

http://www.bbc.co.uk/blogs/spanish/hablas_espanol/


Ahora, tras el éxito de su aventura, el equipo piensa lanzarse a la segunda parte: Recorrer de nuevo las entrañas de este monstruo (siempre hablando español) pero ahora por la parte norte. De hecho, el nuevo proyecto se titula "De Washington a Washington", y comenzará el 28 de marzo en Seattle, para concluír en Washington, D.C. el 15 de abril.

Dando click en este enlace puede ver el mapa que recorrerán.

A diferencia del primer viaje, esta vez se enfocarán en poblaciones más rurales. Pero sobre todo, en cómo piensan los hispanos sobre temas actuales, como las elecciones y la Guerra de Irak.

Me encantó sobre todo la actitud que tienen los periodistas de entrevistar a "científicos, jornaleros, religiosos, militares y líderes comunitarios. Gente que hace de todo en todas partes".

Siempre he pensado que esas historias (de gente que no es famosa) son más ricas y coloridas que las de las celebridades o los políticos, precisamente porque no las conocemos.

Si a usted le interesa seguir las peripecias y aventuras del equipo de la BBC, puede participar en su blog y dejar sus comentarios, en esta liga a su sitio de internet.

martes, marzo 25, 2008

¿El mundo según los norteamericanos?

Esta vez, mea culpa, voy a recurrir a los estereotipos que tanto critico.

Estas imágenes me las encontré por allí. Son mapas de cómo (supuestamente) los norteamericanos ven al mundo. ,De hecho, fueron creadas precisamente por norteamericanos, criticando a sus propios paisanos.)









No todos los norteamericanos ven el mundo así, por supuesto; como en todas partes también hay personas educadas y conscientes. Pero los pocos (o muchos) norteamericanos que ignoran lo que pasa fuera de sus fronteras, seguramente sí tienen esta concepción del mundo, como también ocurre en todos los demás países.

Como siempre, los que más ignoran, son los que más odian.

¿Habrá un mapa de cómo vemos los mexicanos (o latinoamericanos) ignorantes el mundo?


CÓMO VEN LOS TEXANOS A LOS ESTADOS UNIDOS

Aquí hay otro mapa curioso (aunque hecho como una vacilada) de cómo los texanos ven al resto de los Estados Unidos:


"Todo es Grande en Texas", dicen los texanos. Lo gracioso son los nombres de los "estados" (esos pedacitos de tierra que quedaron a los lados, opacados por Texas). Aquí una lista, por si no se ve bien la imagen:

Alabama: All Mammy
Arizona: Arid Zone (Zona Árida)
Arkansas : Arch Insult
California: uninhabitable (Inhabitable)
Colorado: Color Radio
Florida: Swamp Land (Tierra de Pantanos)
Georgia: Judgy
Idaho: Hi Ho
Illinois: Ill Noise
Indiana: Indian Annie
Iowa : Out-A-Way
Kansas: Can This
Kentucky: Canned Turkey
Louisiana: Lousy Annie
Maryland: Snafu
Michigan: Miss Again
Minnesota: Mint Soda
Mississippi: Miss-Is-Yippi
Missouri: Misery
Montana: Mount Annie
Nebraska: Knee Grass
Nevada: Never Add
New Mexico: New Mix (Hiccup)
North Carolina: North Carol’s Line
North Dakota: North Colder
Ohio: Old High
Oklahoma: Okay?
Oregon: All Gone
South Carolina: South Carol’s Line
South Dakota: The Cold (South)
Tennessee: Ten Seeds
Utah: You Saw
Washington: Wash Tin
West Virginia: West Gin
Wisconsin: Wise Cousin
Wyoming: Why Home In
Los estados de Nueva Inglaterra (más Nueva York, Nueva Jersey, Pennsylvania y partes de Canadá): “Damned Yankee” Land ("Maldita Tierra Yanqui")


Y según, esta es la manera como los japoneses ven a los Estados Unidos:

Sepa qué significa esto... Se ve curiosamente parecido a China. Pero es interesante.

sábado, marzo 22, 2008

Mi relación amor-odio con los DVD's

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

cfzap@yahoo.com

FORT MYERS, Florida -- Debo confesar que me encanta el cine. Soy lo que los norteamericanos llaman una "Papa del Couch" por excelencia.

Yo no soy deportista, ni amante de los paseos por la montaña, y odio la playa.

Lo que más disfruto (además de leer) es sentarme en la sala, y ver una buena película. Gracias a mi suscripción al servicio por correo de Blockbuster (y a la Biblioteca de Fort Myers, que me presta DVD's de gorra) cada semana veo no menos de dos o tres películas.

Pero mi relación con los DVD's es una de amor-odio. Como cualquier historia de amor de película que se precie de serlo.

O sea, me encantan las películas, pero odio su formato. Odio todos esos defectos que hacen mundano un artículo que debería ser sublime e impoluto.

Por ejemplo, odio los inicios.

Quisiera saber quién es el "genio" de los estudios de cine que se le ocurrió incluír tantos cuadros con avisos, advertencias y declaraciones legales antes de que comiencen las películas en DVD.

(Supongo que no fue un genio, sino un abogado.)

Lo cual es una bronca, sobre todo cuando uno quiere comenzar a ver una película (y cuando se tienen chiquillos latosos que gritan urgidos porque comience ya la función).

Como padre, hago lo que puedo con el inútil control remoto: Le piso todo botón posible, tratrando de acelerar, brincar, borrar o llegar lo más rápido que puedo a la película, para callar los berridos.

Pero nada: El mugrero no acepta mis órdenes, y se la pasa mostrando pantalla tras pantalla, tras pantalla de advertencias.

"Este DVD es un trabajo artístico protegido por leyes intelectuales (bla-bla-bla)... Y su intención es la exhibición privada y doméstica en hogares (bla-bla-bla)... Cualquier exhibición pública será considerada ilegal (bla-bla-bla)... y se procederá a tomar las acciones legales (bla-bla y más bla)".

Para los que vivimos en Estados Unidos, la tortura es triple, porque los DVD's de aquí me repiten tales advertencias en tres idiomas: Primero en inglés, luego en francés, y al final en español.

Yo sé que legalmente, los estudios están obligados a advertirnos que es ilegal copiar o vender o lucrar con esas películas. Pero, ¿no es algo estúpido? Después de todo, nosotros --los pobres mortales que nos atrevemos a pagar 20 dólares por una película que no vale ni 5-- jamás nos atreveremos a meternos en semejantes embrollos. ¿Para qué torturarnos más con semejantes estupideces? Ni nos importa.

Mucho menos les importa a los que sí se atreverán a lucrar ilegalmente con las películas ("hackers", falsificadores y otros "emprendedores"). Éstos se pasan tales advertencias por el Arco del Triunfo, de todas formas.

¿Porqué no hacer tales "disclaimers" (o "Letras Pequeñas") como deben ser? En letras verdaderamente pequeñas, que nadie las vea. Como le hacen las compañías de cigarros. Total, los que compramos DVD's (como los fumadores) ya sabemos a qué atenernos. Y no nos importa.

¿Porqué no hacer que pasen las advertencias más rápido? Digamos a una millonésima de segundo. ¿No que los estudios de cine nos manipulan subliminalmente? ¿Porqué no extender esa manipulación a las advertencias legales? Quizá un cuadro pasado a una milmillonésima de segundo se nos quede más fijo en el subconsciente. (Y lo mejor es que ni lo notamos.)

Otra cosa que detesto de los DVD's es que se rayen. Casi tengo que ponerme un traje de astronauta anti radiación y guantes de cirujano para agarrarlos. Y guardarlos en ambientes herméticos para preservarlos.

Y aún así, al rato aparecerá rayado. Como por arte de magia (negra).

Peor cuando uno tiene chiquillos, a quienes les encanta usar los carísimos discos como "frisbees" o como pistas de los carritos "Hot Wheels".

En ese sentido, de verdad añoro los anticuados cassettes de video VHS de antes: Simplemente los adelantabas a tu gusto, y ya, listo, te podías saltar todo aviso, y comenzar la película donde quisieras.

(¿Se acuerdan de los videos de las fiestas, bodas, y quinceañeras? El comentario típido al verlos siempre era "Sáltate la misa". Lo que se podía hacer sin problemas.)

Además, nunca se rayaban. Las películas en VHS de Eric, mi hijo de 3 años, tienen varios fines: Las puede usar como bloques de Lego, como pelota de futbol, como sillas, y siguen como si nada. Mickey Mouse, los Teletubbies, y todos los demás engendros se ven como si nada.

Ayer mismo Eric tenía diarrea, y desafortunadamente "no llegó a tiempo". El VHS de "Bailando con los Teletubbies" padeció directamente los embates de sus descargas gástricas (yo sé que más de un enemigo de los Teletubbies considerará ideal este tratamiento). Pero nada que una rápida limpia con desinfectante no pudiera arreglar.

Quiero ver un DVD que aguante tales traumas.

¿Que ya estoy chocheando? ¿Que soy un retrógrada que atenta contra el "progreso" y el "avance"? Quizá sea cierto.

Pero no estoy solo.

Cada vez más gente está volviendo al pasado en cuestiones de formatos. Por ejemplo, cuando salieron los CD's --allá por la década de 1980-- nos los vendieron como la panacea, la Octava Maravilla.

Aún recuerdo a uno de esos conductores idiotas de Televisa, que anunciaba los CD's como la panacea de los medios del siglo XXI.

"¡Es más, ni siquiera se rayan!", anunciaba triunfal el pobre imbécil, mientras le pasaba orgullosamente la punta de una pluma por la superficie del disco.

(Me hubiera encantado verle la cara más tarde, cuando trató de escuchar el disco.)

Hoy ya sabemos que los CD's no son perfectos. De hecho, ya hay quienes desean el regreso de los antiguos discos de vinyl (los legendarios "Long Plays"), porque según los más fanáticos en música (llamados "audiófilos"), su calidad de sonido es muy superior a la de los CD's. Y desprecian a los seguidores de los CD's como "amateurs".

Incluso hay tiendas especializadas en LP's, y algunas discográficas sacan versiones en vinyl. Según el diario Atlanta-Journal Constitution, el grupo Nielsen SoundScan reportó que 990 mil álbums de vinyl se vendieron en Estados Unidos en 2007, un 15 por ciento más que en 2006, cuando se vendieron 858,000.

Y las cifras parece que van en aumento.

Bueno, de todas formas, ni para qué preocuparme. Ya vienen los famosos BluRay, un formato que (¡ahora sí!) nos prometen que va a ser la panacea, La Octava Maravilla del Mundo.

Será el sereno. A mí no me interesa que los BluRays tengan tantos cientos de miles de líneas de resolución, ni que su sonido ultraextraestereofónico me tumbe de mi silla. Lo que me importa es ver una BUENA película, aunque sea en blanco y negro y con rayitas.

Lo que sí me gusta, de todas maneras, es que parece que no se rayan como los DVDs. En YouTube hay videos impresionantes de discos de BluRay que los rayan, manchan, tallan... y como si nada. (Y lo mejor es que no lo hace ningún tonto conductorcillo de Televisa).

Yo, sinceramente, sólo tengo una pregunta: ¿Aguantarán los BluRay un ataque de diarrea de Eric "El Terrible" Zapata?
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jueves, marzo 20, 2008

Como desperdician comida los niños en este país

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

FORT MYERS, Florida — A lo largo de toda mi niñez, mis padres me obligaban a comerme todo lo que me sirvieran en el plato.

Nunca tuve problema. De hecho buena parte de los kilos de más que tengo hoy en día, es por culpa de seguir esa costumbre de comerme todo lo que me ponen delante.

(Claro, claro, siempre es más fácil echarle la culpa a mis padres por mis propios excesos, ¿verdad?)

“Tirar comida es un pecado”, me enseñaron. Y de verdad, esto aún lo creo.

Por eso, no pude evitar traumarme cuando hice mi primera visita a la cafetería de una escuela primaria de Estados Unidos, hace algunos años.

Se me ocurrió acompañar a mi hijo César, cuando él estaba en segundo grado de primaria, en Texas, y me quedé pasmado al ver cómo los niños en este país desperdician la comida.

Allí estaban los chiquillo, recibiendo bandejas llenas de todos los alimentos imaginables.

Y eran esas mismas bandejas las que los niños botaban a la basura minutos después, casi igual de llenas. Tranquilamente, sin lástima ni remordimiento. Como si tiraran la cosa más insignificante.

Vi horrorizado cómo platos enteros con frutas, verduras, sopas, leche, y hasta carne de pollo y res —que muchos niños de América Latina pocas veces comen— se iban enteritos al botadero, sin siquiera haberlos mordisqueado.

(Ah, ¿pero qué tal las pizzas, las papas fritas, los refrescos y los pastelitos? A esos los chiquillos los engullían, como sedientos en el desierto.)

Pero me sorprendió más ver cómo ningún maestro regaña a los alumnos por tirar comida.

En el pasado quedaron ya los días en que los maestros brindaban una educación integral (como en casa). Incluyendo inculcar el valor de la comida.

Hoy en día no es así. Los maestros temen "sobrepasarse" en su autoridad, por temor a demandas.

Y no les importa dejar a los chiquillos hacer lo que quieran. Como tirar comida.

Según un estudio realizado en 1995 por la Oficina General de Contabilidad (siglas en inglés: GAO) del gobierno federal, unos 26 millones de alumnos en 94 mil escuelas recibieron almuerzos diariamente por medio del Programa Nacional de Almuerzos Escolares (NSLP, por sus siglas en inglés).

Casi una cuarta parte de las escuelas públicas del país reportaron que el desperdicio de comida es un problema considerable, según el estudio. Sobre todo en escuelas primarias.

La mayoría de estos almuerzos escolares no los pagan la familia de los niños, sino que son subsidiados en parte o totalmente por el gobierno.

(O sea, con los impuestos que todos los que vivimos en Estados Unidos pagamos. O que nos quitan.)

Según el Departamento de Agricultura, el Programa Nacional de Almuerzos Escolares costó 8.2 mil millones de dólares en 2006.

Desde que llegue a Estados Unidos, insistí en que mi esposa y yo pagáramos el costo de los almuerzos y desayunos escolares de nuestros hijos. Se me hizo injusto aprovechar un dinero que podría ayudar a un niño que de verdad necesita el descuento.

Pero viendo cómo se desperdicia la comida, y cómo algunos padres piden descuento o subsidio de almuerzos —pero no protestan a la hora de hacer los pagos para una camioneta último modelo o una tele de plasma— pienso que quizá debieran comenzar a cobrar los almuerzos a todos. Aunque sea cantidades bajas, de manera simbólica.

O por lo menos, se debiera obligara a los niños a comerse todo lo que está en el plato, para no desperdiciar la comida que tanto trabajo cuesta sembrar y cocinar.

No sabemos si esta jauja alimentaria vaya a durar para siempre.

Bien es cierto que nunca se valoran las cosas que no nos cuestan.
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domingo, marzo 16, 2008

The Anti-Hispanic Hispanics

By Cesar Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

The Southern Poverty Law Center (SPLC), a pro-civil rights organization that fights racism, issued weeks ago a report with a list of the "20 Most Influential Anti-Immigrant Leaders in the United States": People whose inflammatory rhetoric incite their followers to take action --sometimes violently-- against foreigners.

These hate promoters have demanded the U.S. Government to take extreme measures against immigrants, from forcibly sterilize Mexican women, to install mines at the southern border, according to the report.

Who are these anti-immigrants? They are several people, of course. But oddly, two of their main leaders are of... Hispanic origin.

They are Rosanna Pulido, 51, from Chicago, and Alberto Rodriguez, a retired colonel from Arizona.

Pulido, of Mexican descent, is a regional coordinator of the Federation for the American Immigration Reform (FAIR), while Rodriguez founded the Hispanic anti-immigration organization "You Don't Speak for Me".

FAIR is considered by the SPLC as one of the main hate-promoting organizations, and which possesses "strong ties with White supremacy ideology (...) anti-Latino and anti-Catholic prejudices", according to the 2008 Intelligence Report.

What caused these Hispanics to promote rejection against immigrants (most of whom are Hispanic too, by the way)?

In her own words, Pulido testified that her city, Chicago, is "under siege by illegal aliens who speak Spanish, use public services and take jobs away from citizens," before a congressional subcommittee in May 2007, according to the SPLC.

Meanwhile, Rodriguez said he was so infuriated after seeing the pro-legalization marches on April 2006, that he decided to found his own organization, "You Don't Speak for Me", to distinguish himself as a Hispanic who does not support a legalization.

"You've got to admit now that they (immigrants) are all felons," Rodriguez said, according to the SPLC. "We've got to accept them into our society? Not no, but hell no!"

Of course, these (and many other similar "activists") rush to clarify that they are by no means racists, have nothing against Hispanics, nor legal immigrants, and that their problem are undocumented immigrants --who, in their view, always equal to felons-- who "have no respect for the law".

But the SPLC won't buy this. Its report states that hate groups like FAIR "continue to successfully exploit the immigration debate to their advantage, even though the immigration issue has largely disappeared from the presidential debate," according to Mark Potok, editor of the SPLC's Intelligence Report.

Is it true that the anti-Hispanic atmosphere causes real effects? According to the report, hate groups have increased on 48 percent since 2000, incited by anti-immigrant speeches.

In total, there are 888 organizations considered as hate groups by the SPLC in the United States. In 2000, there were only 602.

At the same time, statistics by the FBI suggest that hate crimes against Hispanics have increased 35 percent between 2003 and 2006, according to the report.

Usually, those who commit such abuses do so believing they attack undocumented immigrants.

But often times their victims are not criminals. Their only sin is being Hispanic... Just like their attackers.
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viernes, marzo 14, 2008

Los hispanos anti hispanos

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTURO

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

FORT MYERS, Florida -- ¿Quiénes son los peores anti inmigrantes? Aunque no lo crea, ya hay una lista de los Top Ten en esta categoría. O más bien de los Top Twenty.

El Southern Poverty Law Center (o SPLC, organización que combate al racismo y defiende los derechos civiles) difundió días atrás un reporte donde enlista a los 20 anti inmigrantes más influyentes de Estados Unidos. Gente que con su incendiaria retórica incitan a sus seguidores a tomar acciones, a veces violentas, contra extranjeros.

Estos promotores del odio hispano han exigido al gobierno tomar medidas extremas, como esterilizar a la fuerza a las mujeres mexicanas, hasta instalar minas en la frontera sur de Estados Unidos, según el reporte.

¿Quiénes son estos anti inmigrantes? Varia gente, claro. Pero lo curioso, es que dos de sus principales personajes son de origen... hispano.

Se tratan de Rosanna Pulido, de 51 años, de Chicago, y Alberto Rodríguez, un coronel retirado de Arizona.

Pulido —descendiente de mexicanos— es coordinadora regional de la organización FAIR (Federación por la Reforma Inmigratoria Americana), y Rodríguez fundó la organización de hispanos antiinmigrantes “You Don’t Speak for Me”.

La FAIR es considerada por el SPLC como una de las principales organizaciones que fomentan el odio, y que posee “fuertes lazos con la ideología supremacista blanca (...) prejuicios anti latinos y anti católicos”, indica el reporte.

¿Qué motivó a estos hispanos a promover el rechazo en contra de los inmigrantes (en su mayoría hispanos, por cierto)?

En sus propias palabras, Pulido explicó que su ciudad, Chicago está “bajo ataque de extranjeros ilegales que hablan español, usan los servicios públicos y les quitan los trabajos a los ciudadanos”. Esto lo declaró ante un subcomité congresional en mayo de 2007, según el SPLC.

Por su parte, Rodríguez se dijo indignado al ver las marchas proinmigrantes de abril de 2006 a tal grado que decidió fundar su organización (que se traduce como “Tú No Hablas por Mí”), para distinguirse como un hispano que no apoya la legalización migratoria.

“Debemos reconocer que ellos (los inmigrantes) son todos delincuentes. ¿Tenemos que aceptarlos en nuestra sociedad? La respuesta no es un ‘no’, sino un ‘¡Infiernos, no!”, declaró Rodríguez según el SPLC.

Claro, estos (y otros muchos “activistas” similares) se apresuran a aclarar que no son racistas, que no tienen nada contra los hispanos, ni contra los inmigrantes legales, sino que su problema son los indocumentados (que para ellos equivale siempre a delincuentes), que “no respetan la ley”.

Pero la SPLC no se cree el cuento. En el reporte afirma que grupos como FAIR, están “explotando exitosamente el debate inmigratorio para su beneficio, aunque el tema ha desaparecido en su mayoría de los debates presidenciales”, dijo el editor del documento, Mark Potok en un comunicado.

¿De verdad este clima anti hispano causa efectos reales? De acuerdo con el reporte, los grupos de odio han aumentado en 48 por ciento desde el año 2000, incitados por los discursos anti inmigrantes.

En total, existen en Estados Unidos 888 grupos considerados por el SPLC como “de odio”. En 2000, eran 602.

Al mismo tiempo, estadísticas del FBI sugieren que ha habido un aumento del 35 por ciento en los crímenes de odio contra los hispanos entre 2003 y 2006, según el reporte.

Usualmente, los que cometen tales atropellos lo hacen pensando que están atacando a inmigrantes indocumentados.

Pero a veces las víctimas no son delincuentes. Su único pecado es ser hispanos.... como sus atacantes.

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lunes, marzo 10, 2008

Los mensajes de la contestadora de mi teléfono

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

FORT MYERS, Florida — Betty, una ex compañera de la universidad, nos contó una vez que consiguió un trabajo dando clases en una academia privada, a principios de la década de 1990.

Era una de ésas "escuelas patito", que impartían cursos rápidos secretariales al por mayor.

En el programa de estudios, estaba marcada una clase llamada "Fax".

(Por aquél entonces, instrumento esencial para cualquier oficina de fines del siglo XX que se preciara de estar a la vanguardia.)

Nuestra compañera simplemente acudió a su clase, y les mostró a sus pupilas: "Esta es la máquina de fax. Este es un documento. Se inserta la hoja aquí, se marca el número a llamar, y cuando escuchen el tono, presionan este botón y listo: El fax se envía".

Seguramente, las caras de las alumnas serían muy similares si Betty les hubiera hablado en sánscrito.

"¿Ya? ¿Es todo?", preguntó una de las educandas.

"Pues sí, ¿qué más esperaban?", preguntó la novata maestra. "No tiene mayor problema".

Las estudiantes insistieron, desconcertadas:

"Pero bueno, dénos algo de información, díctenos algo sobre el fax", replicaron indignadas las futuras secretarias.

Y así, Betty tuvo que improvisar un programa completo de estudios para impartir un semestre de "Teoría, Práctica y Antecedentes Históricos de la Ciencia y Tecnología del Fax". O algo por el estilo.

Aunque suene estúpido, las jovencitas dijeron que eso mismo "hacían todos los demás maestros". O séase, se sacaban de la manga todo un programa de estudios "patito" para mantener ocupadas a sus alumnas, aparentando impartir detalladas cátedras sobre los temas más prosaicos... como enviar un fax.

Confieso que por una parte las jovencitas tenían razón: Vaya usted a saber cuánto les cobraban por "privilegio" de educarse. Supongo que trataban de justificar el gasto aprovechándolo al máximo.

Impartir un semestre sobre teoría, práctica y antecedentes históricos para terminar enviando un miserable fax puede sonar ridículo para muchos. Y lo es.

Pero últimamente me he puesto a dudarlo.

Cada día al llegar a mi oficina en el periódico, me dedico a revisar mis mensajes telefónicos.

Y en su inmensa mayoría, siguen más o menos este patrón:

¡Biiiip! (Tono)

Suena una voz desconocida:

“¡Fernando! ¡Llámame! Quiero hablar contigo...”

(Tono de teléfono colgado).

Otro ejemplo:

"¡Pinche Fernando jijo de tu #"¡Pinche Fernando jijo de tu #"¡Pinche Fernando jijo de tu #"¡Pinche Fernando jijo de tu #$&@**#! ¿¡A quién &^*%^#$ le importan las (@$+ que escribes?!"
amp;@**#! ¿¡A quién &^*%^#$ le importan las (@ que escribes?!"
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(Tono de teléfono colgado)

No le miento, casi a diario me llegan ese tipo de mensajes (si se pueden llamar así) a la redacción. No todos, pero si bastantes.


Siempre he dicho que, como medio, estamos dispuestos a comunicarnos con la gente de la comunidad hispana.

E insisto en que, si no atendemos de inmediato las llamadas, nos dejen mensaje y trataremos de responder mas tarde.

Pero me encantaría que al menos por una vez, a esa gente que deja tales mensajes se le ocurriera —por lo menos— dejar su nombre, teléfono a dónde llamarle y el asunto a tratar.

Yo sé que muchas comunidades de inmigrantes hispanos en Estados Unidos están compuestas por personas con poca escolaridad.

Pero el problema es que mis poderes de adivinación también dejan mucho qué desear.

De verdad, algunas clasecitas de "Teoría, Práctica y Antecedentes Históricos sobre el Uso del Teléfono" no estarían de mas para algunas personas.

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Las cosas que debo (pero no quiero) hacer

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

FORT MYERS, Florida — Antes de checar mi calendario, cierro los ojos, aspiro profundo, y descanso unos segundos, para agarrar fuerzas.

Luego, resignado, comienzo a ver la lista de pendientes de las cosas que tenía que hacer ayer:

  • Hacerme el chequeo de la sangre. (Triglicéridos, azúcar y demás.)
  • Pedir cita para hacerme el examen físico anual con el doctor. (Al llegar al cuarto piso, ya toca.)
  • Ir a buscar al contador para hacer la declaración de impuestos.
  • Llamar al Depto. de Servicios Públicos de la casa para pagar un adeudo de luz y agua.
  • Llamar al doctor del niño para pedir cita para sus exámenes.
  • Hablar a la empresa de adeudos a buscar un acuerdo.
  • Llevar mi carro a hacerle la afinación, que ya le toca.
  • Buscar un seguro de auto más barato.
  • Ver el contrato de renta de la casa en Texas (la que no se vende).
  • Buscar a alguien que la rente.
  • Hablar con la vendedora para firmar el contrato.
  • Ir a cambiar la cuenta del banco (la que casi siempre está sin fondos).
Podría seguir la listita. Tengo fácilmente muchos “pendientes” más, como para llenar todas estas páginas Pero ya con estos se da usted una idea.

Y eso, que no he incluído las obligaciones que uno ya tiene de todos los días: Convivir con la familia, ir a hacer la compra para la casa, ir a lavar la ropa cada semana (si se puede), llevar y traer a los niños de la escuela...

¿Me faltó algo? Creo que no. ¡Ah, sí! Un pequeño detallito: TRABAJAR.

¿Se ha fijado usted todo lo que uno tiene qué hacer en la vida diaria?

Ya no digamos para “autorealizarse” como persona, o para superarse, sino simplemente para mantenerse a flote, y seguir funcionando.

Parecería que la “modernidad” de la vida actual se mide por el montón de obligaciones que la sociedad nos impone.

Y no contentos con esto, las familias actuales se esfuerzan en encontrar más obligaciones para echarse encima, como:

  • Clases de karate (o gimnasia o fútbol soccer o danza) para los niños.
  • Excursiones y días de campo.
  • Buscar tiempo para ir a correr o inscribirnos en un gimnasio (membresías que pagamos todo el año y nunca usamos).

Obligaciones que por fortuna, yo no tengo, pero tuve y seguro tendré, si quiero seguir viviendo en la “vida moderna”.

¿En qué momento se nos olvidó que el progreso se inventó, precisamente, para conseguir más tiempo libre?

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miércoles, marzo 05, 2008

EE.UU. aprueban la reforma migratoria... Y después, ¿qué?

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

“Washington, D.C., 15 de junio de 2009 — Tras una acalorada discusión, el pleno del Congreso de Estados Unidos aprobó por escasa mayoría la iniciativa de Reforma Migratoria Integral autorizada por el Senado semanas antes, que otorgará estatus legal a los más de 12 millones de indocumentados (en su mayoría mexicanos) y abrirá las fronteras para la entrada de trabajadores desde México”.

Suena excelente, ¿no? Pero cálmese, no haga las maletas aún, ni destape la champaña.

El primer párrafo de este artículo no ha ocurrido. Por lo menos no todavía.

Pero pudiera convertirse en realidad, siempre y cuando los actuales precandidatos a la presidencia de Estados Unidos —John McCain por el Partido Republicano, y Hillary Clinton y Barack Obama por el Demócrata— cumplan la promesa de campaña de impulsar una reforma migratoria, tras tomar posesión en caso de resultar electos.

Sólo hasta entonces, lo escrito al principio de este artículo pudiera ocurrir.

Estamos de acuerdo en que la reforma migratoria debe aprobarse y se deje de politizar un tema como la inmigración, para bien de miles de familias migrantes, y de la economía y seguridad de Estados Unidos y México.

Tanto inmigrantes, empresas, y hasta políticos quieren la reforma. Sobre todo, y en especial, el gobierno de México. Eso fue lo que vino a repetir el presidente Felipe Calderón en su pasada gira por Estados Unidos.

Pero, suponiendo que de pronto me salgan dotes de profeta, y que mi relato se convierta en realidad, como todos lo deseamos, debo preguntar: ¿Y luego qué?

Perdón si sueno aguafiestas, pero como reportero, tengo la pésima costumbre de ocurrírseme cada preguntita.

(Y lo malo es que tengo otra costumbre peor: Hacer esas preguntitas en voz alta —o ponerlas por escrito.)

Una vez que se apruebe la reforma, y que el gobierno de México eche las campanas al vuelo, y agradezca “la visión y estadismo” del gobierno de Estados Unidos... ¿qué sigue?

Supongo, claro, que habrá filas enormes de inmigrantes ante las oficinas del Servicio de Inmigración, a tal grado que los funcionarios no se darán abasto para atender el tsunami de solicitudes. Y claro, supongo que por fortuna, muchas familias inmigrantes cuyas vidas penden hoy de un hilo, podrán por fin respirar tranquilas.

Pero todas estas acciones las hará el gobierno de Estados Unidos. Todo el peso organizativo y económico de hacer realidad esta reforma será de “este lado” de la frontera. Y estoy seguro la economía de este país puede muy bien y debe absorber tremendo esfuerzo, por supuesto.

Pero mi inquietud es: ¿Qué parte de este esfuerzo le tocará hacer a México, o a los demás países de América Latina que se beneficiarán también de la reforma?

Nadie puede decir que sólo le importa a Estados Unidos, ni que será el único país beneficiado con la legalización migratoria: Tanto México como los demás países se beneficiarán también. Y no tan indirectamente, gracias a las remesas que envían los inmigrantes a sus familias que se quedaron atrás.

La inmigración es un problema que involucra a muchas partes, y para que se solucione y regule, también deben particioar los países que expulsan personas, no sólo el que los recibe.

¿Qué parte le tocará hacer a México en esta reforma? Y no me refiero al pueblo de México, sino a su gobierno, que es el responsable de hacer algo para solucionar este problema, como lo es el gobierno de Estados Unidos.

El gobierno de México tendría que impulsar las reformas legales necesarias para tratar de evitar que la gente se vea obligada a salir del país por falta de empleo, por bajos salarios o por falta de estímulo para la inversión.

Para los políticos mexicanos (y de otros países) es muy fácil y cómodo dejar que los gringos arreglen una buena parte de los problemas de sus poblaciones, como dar empleo a más de 20 millones de emigrantes y además de todo, darles papeles.

Mientras tanto, esos políticos (diputados y senadores mexicanos) mantienen calientitas su sillas y curules, y cobran sus gordos cheques puntualmente... sin preocuparse ni hacer absolutamente nada.

No tengo nada con que los políticos gringos trabajen (también es su obligación atender este asunto), pero si la cosa no es pareja, volveremos al primer escalón, y dentro de 10 años, los políticos norteamericanos estarán de nuevo echando pestes de los inmigrantes indocumentados mexicanos (que para entonces sumarán más que ahora), y mientras, el gobierno mexicano seguirá exigiendo... otra reforma migratoria.
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domingo, marzo 02, 2008

El mexicano siempre es el malo de la película

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

FORT MYERS, Florida — Sí, ya parece que Hillary Clinton o Barack Obama van a poder "reabrir y renegociar" el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC en español, o NAFTA en inglés), como prometieron a los desesperados votantes en Ohio días atrás.

(No sé porqué me suenan a políticos en campaña.)

Pero antes de que los opositores mexicanos al TLC echen las campanas al vuelo, permítanme aclararles que ni Clinton ni Obama planean renegociar el tratado para beneficiar a México, sino para beneficiar a Estados Unidos.

Según sus discursos, una renegociación del NAFTA sería para "obligar a México" a imponer medidas más estrictas en medio ambiente y en leyes laborales.

(Léase: Más ventajas para los trabajadores y los sindicatos de Estados Unidos.)

La propuesta —aunque suene bienintencionada para todos los obreros del mundo y los defensores del medio ambiente— no tiene ni pies ni cabeza. Incluso Obama llegó a la ridiculez de prometer renegociar el TLC, para evitar que "las fábricas siguieran mudándose a China" (???), según un reporte del diario Chicago Tribune.

Qué tiene que ver China con el TLC es un misterio (de hecho, absolutamente nada). Pero suena bien a oídos de los asustados y desesperados obreros norteamericanos. Sobre todo cuando traen en una mano una orden de despido, y en la otra una boleta electoral.

Históricamente, Ohio fue uno de los estados más industrializados del país, pero la globalización y las nuevas tecnologías les ha pegado duro a sus obreros, muchos de los cuales se han quedado sin trabajo.

Cierto, el TLC no es la panacea, y tiene muchos críticos (en todos lados). Pero esa intención de "reabrirlo" para "renegociarlo" no es más que un intento de los políticos norteamericanos de culpar a México de la pérdida de empleos de obreros en Estados Unidos.

Culpar a México es una costumbre muy socorrida por políticos extremistas en Estados Unidos, por cierto.

Y es una estrategia muy útil en tiempos electorales, cuando a los candidatos se les acaban las propuestas.

Casualmente, ni Clinton ni Obama culparon a Canadá en sus discursos. En su afán de dirigir todas sus baterías retóricas contra México (el "sparring" favorito), se olvidaron que el TLC también incluye a su vecino del norte.

Pero el gobierno canadiense paró oreja ante los discursos, y aclaró que si Estados Unidos pretende renegociar el NAFTA, se olvida que Canadá también tendría condiciones que quisiera renegociar y que a los norteamericanos les suenan tabú. Como el petróleo.

Tres cuartas partes del petróleo que produce Canadá se lo vende a Estados Unidos.

Y también México tendría temas que quisiera "renegociar", ya que los gringos proponen la idea. Como la inmigración.

Lo hipócrita del caso es que mientras la Clinton y el Obama se la pasan echando pestes del TLC en Ohio, por otro lado en sus campañas de Texas (el otro estado que votará en las elecciones primarias y asambleas elecotrales de este martes 4 de marzo) echan bondades al comercio y la inmigración.

Allí, el "perverso" México casualmente es ni más ni menos que el principal socio comercial de Texas. Y tanto como la Clinton como el Obama se pasan sus mítines cantando hasta con mariachi y masticando frases en español.

Cierto, el TLC ha causado pérdida de empleos en Estados Unidos. Pero mientras que los opositores afirman que desde que entró el tratado en vigencia en 1994 se perdieron 2.4 millones de puestos obreros, en contraste los que lo apoyan dicen que se crearon 25 millones de trabajos más durante ese periodo, gracias al acuerdo.

Incluso los puestos manufactureros han crecido 4 por ciento anualmente desde que se firmó el TLC, el doble que en los 14 años anteriores, según escribió el secretario de Comercio norteamericano, Carlos Gutiérrez en el Washington Post.

De todas maneras, a diferencia de los mitos que los políticos antimexicanos han venido repitiendo entre sus electores, los empleos también se han perdido al sur de la frontera.

Porque aunque sí se hayan creado empleos en México que no existían antes del TLC (como en las maquiladoras), lo cierto es que los salarios siguen tan bajos como antes, comparados con los de sus socios norteamericanos. Y ahora la cosa está peor, ya que esos empleos se están yendo a China.

Y esto nunca se lo cuentan los candidatos norteamericanos a sus electores.

Pero como bien dijo un articulista en Estados Unidos días atrás: "El TLC es el tema demagógico más socorrido para los políticos demócratas, como lo es la inmigración ilegal para los republicanos".

Y como en toda película de cowboys, el "malo" siempre es el mexicano.
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