miércoles, febrero 06, 2008

¿A dónde se nos está yendo la vida?

César Fernando Zapata

FORT MYERS, Florida — Días atrás, me preparaba para salir de mi casa rumbo al periódico.

Mientras me subía al auto, sentí que un carro se me “emparejaba” a un lado.

Era un Cadillac muy lujoso. Pero no muy moderno.

Ví que me hacían señas desde el interior, y me acerqué.

Dentro del auto iba una pareja de ancianos. Tendrían entre 75 a 80 años, y se veía que eran marido y mujer.

Él, muy amablemente y con un sombrero que me contaba historias de tiempos idos, me preguntó por una dirección.

Yo, como nuevo por estos lares, pero sobre todo porque pocas veces sé dónde estoy parado, le ofrecí revisar mis mapas para darle instrucciones.

Encontré la calle. Le señalé el camino. Muy agradecido, el anciano me ofreció la mano y se la estreché.

Allá se fueron los viejitos. Mientras los veía alejarse en su vehículo, ví no sólo a un par de ancianos, como hay tantos en Florida, sino que la escena me transportó al pasado. A mi niñez.

Verá, yo fui una de las generaciones de niños latinoamericanos de la década de los 1970’s que fuimos formados (¿o deformados?) por la televisión. Sobre todo, con series norteamericanas como Kojak, Columbo, CHiP’s, Emergencia y tantas otras.

Mis héroes eran Supermán y Batman.

Recuerdo que lo que más me gustaba de aquellas series de TV, era la imagen idílica que nos presentaban de Estados Unidos: Un país rico, poderoso, de gente feliz, bien comida y vestida.

Los padres de familia cuidaban a sus hijos. Trabajaban, salían con ellos de vacaciones a Disneylandia, iban a comer a McDonald’s y tenían juguetes increíbles y hasta tele a colores.

(¿Qué esperaban? Yo era un niño entonces.)

¿Qué tiene qué ver esto con los viejitos, preguntarán?

Bueno, pues ÉSOS viejitos de hoy en día que vemos despistados, cansados, o vacacionando... eran ésos norteamericanos felices que salían en los programas de la tele de aquella entrañable década mía.

Esos ancianos eran los orgullosos americanos que tenían al mundo a sus pies cuando yo era niño. Eran los adultos que controlaban la economía, la política y la vida de aquél país que todos admirábamos.

Hoy, ni caminar pueden ya.

Ya sé que esto suena como si hubieran pasado eras glaciales, pero no es así: Eso fue apenas hace unos treinta años. Una generación. Tres décadas.

Cuando llegué a Estados Unidos, yo tenía 28 años. Hoy ya tengo 39. ¿A dónde se me fue esa década, que ni cuenta me di.

Dentro de otra década más, precisamente, cumpliré 50 años. Y seguro se me va a ir como la anterior: Como un suspiro.

Yo siempre me consideré un niño. Luego, un joven. ¿Los viejos? Esos para mí eran “otros”. Los “demás”.Cualquiera que tuviera 40 ó 50 años, era ya un viejito. Yo, jamás.

Pero hoy en día, hasta los actores que interpretan a mis héroes, Supermán y Batman, ¡tienen 10 años menos que yo!

¿Porqué menciono esto? Porque así como se me fue el tiempo a mí, se le está yendo a usted. Y a todos nosotros.

Me acordé del poema “Síndrome”, del gran poeta uruguayo, Mario Benedetti:

“Todavía tengo casi todos mis dientes / casi todos mis cabellos y poquísimas canas / puedo hacer y deshacer el amor / trepar una escalera de dos en dos / y correr cuarenta metros detrás del ómnibus / o sea que no debería sentirme viejo / pero el grave problema es que antes no me fijaba en estos detalles”.

Cuando menos nos lo imaginemos, usted y yo vamos a andar como esos viejitos.

www.cesarfernando.com

2 comentarios:

  1. pff.. mario bennedetti, lo unico que yo conocia de el es NO TE SALVES... aun estoy muy joven, creo para hablar de eso... pero tambien estoy muy conciente para hacerlo, recien me sorprendi diciendo :

    esta juventud esta tan mal.

    mi novia me volteo, nos vimos y dijimos... si, ya estamos viejos.

    ja!

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  2. "Estoy muy joven para hablar de eso..."

    Eso es lo que precisamente yo repetía hace apenas algunos años. Ni cuenta me di cuando pasaron.

    "Pero el grave problema es que antes no me fijaba en estos detalles”.

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