miércoles, enero 16, 2008

Los poseídos por la maldición del Diente Azul

A donde quiera que voy, gente me habla.

Voy al supermercado, voy a una oficina, en la calle, casi todas las personas que que se me cruzan el el camino me hablan. Y yo ni las conozco.

Y no es que yo sea tan famoso. De hecho, el que desconocidos me paren en la calle es una de las alergias que le tengo a la fama.

(Que no a la fortuna, conste.)

Pero desvarío. Y aclaro: La gente habla... pero tardo un poco para comprender que no me habla a mí.

(Sobre todo cuando es una dama de buen ver a la que le hago cambio de luces y no me responde.)

Andan con la mirada perdida, me pasan de largo, mientras comentan, discuten, pelean, se enamoran con el aire.

Andan como poseídos, como zómbis cuya presencia física está junto a mí, pero cuya mente sobrevuela otros mundos.

Hablando con fantasmas.

De chiquito, mis papás me decían que sólo los locos hablan solos. Quizá de allí me viene la preocupación de ver cada vez más gente hablando sola en la calle.

Pero no están locas. Estas personas no están hablando solas, ni al aire. Hablan con alguien. A veces personas muy lejanas.

Se trata de usuarios de los "dientes azules", los famosos "bluetooth" que ahora se están poniendo de moda en todas partes como accesorio indispensable de los teléfonos celulares.

Pasados quedaron los días en que cualquiera tenía que echar mano de su teléfono, jalarle la antena (porque, aunque no lo crea, antes a los celulares uno debía sacarles las antenas), abrirles la cubierta y marcar el número.

No, ahora en aras del progreso, se inventaron los marcajes automáticos, los marcajes con voz y el último grito de la moda: Los dientes azules, esas curiosas garrapatas plásticas que se aferran a los oídos de los usuarios más avanzados y les permiten comunicarse con todo el mundo de la manera en que presumíamos de niños al andar en bicicleta: "¡Sin manos!"

El problema es que la gente anticuada como yo, esto nos alarma.

Porque no hay nada más espantoso que ir tranquilamente caminando, metido en tus pensamientos, cuando de pronto se te aparece un perfecto desconocido reclamándote porque nunca le llamaste.

O peleando por un asunto del que tú ni en cuenta.

O declarándote su amor incondicional.

Tardo unos segundos en que se me baje la alarma, y entender que esa persona no me habla a mí (lo cual agradezco infinitamente en el caso de las declaraciones de amor incondicional, sobre todo cuando se trata de una dama poco agraciada... o de un caballero), sino que está enfrascada en un diálogo lejano vía su "Diente Azul".

Mi esposa insiste en arrancarme de las garras del pasado, comprándome uno de los famosos aparatitos.

Ella ya es conversa total, tras una oferta especial en Target la Navidad pasada.

"No tengo ni qué usar las manos para hablar por teléfono cuando manejo", me cuenta emocionada, para convencerme.

Mi respuesta atónita es: "¿Qué, no es peligroso hablar por teléfono mientras manejas?"

(Por salud propia, y debido a que los seguros de ambos autos — el de ella y el mío— los pago yo, no quiero ni imaginarme como era cuando aún tenía que distraer las manos del volante para tomar el celular.)

Rechazo amablemente la oferta. Después de todo, lo que trato es de depender menos del celular, no de entregarme totalmente a él.

Un diente azul sería el tercero en discordia que empeoraría mi relación amor-odio con la tecnología.

Lo único que lamento, como el tipo del comercial, cuando una chica de buen ver llega de improviso a hablarme afectuosamente como si me conociera de toda la vida.

La decepción es mayúscula al darme cuenta de que no me habla a mí, sino a algún amor lejano, gracias a las artes mágicas del Blue Tooth.

De verdad que es una maldición...

2 comentarios:

  1. Se le olvido comentar acerca de lo ridícula que se ve la gente usando sus “dientes azules”. Recuerdo que la primera vez que vi a alguien usar uno de estos aparatitos no pude dejar de recordar aquellos capítulos de Dragon Ball Z en los que los Saiyan usaran unos aparatos similares para medir los poderes del enemigo.

    Lamentablemente tengo que resignarme a decir que efectivamente soy anticuado ya que dichos aparatos tampoco me gustan a mí. En el único caso que justificaría su uso es mientras conduzco –pero mi carro ya trae integrado el sistema Bluetooth, por lo que el uso de uno de estas garrapatas es completamente innecesario.

    http://www.mictlanamericano.blogspot.com

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  2. No tengo mucha experiencia con eso de Dragon Ball Z, sólo he visto capítulos sueltos. Me quedé en el capítulo en que Gokú y Krilin van al torneo de artes marciales con el maestro Roshi.

    Te lo dije: Soy anticuado...

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