viernes, enero 11, 2008

Las lágrimas de Hilaria

Cuando fueron las elecciones presidenciales en Estados Unidos 2000, y el ex vicepresidente demócrata Al Gore designó como su candidato a vicepresidente al senador judío Joe Lieberman, recuerdo que una familia de multimillonarios judíos en Texas (y todos republicanos) cambiaron de preferencias electorales, y se fueron en masa a votar por el Partido Demócrata.

Me acordé de la anécdota porque según las encuestas en Nueva Hampshire, se supone que Hillary Clinton ganó las elecciones primarias gracias al voto de las mujeres (algunas de las cuales se sospecha que eran republicanas).

Quizá ocurra lo mismo en las próximas elecciones primarias abiertas en otros estados, donde cualquiera puede votar por su candidato sin importar filiación o partido.

(Aunque suene feo, es cierto que en estas elecciones, el sexo sí hará la diferencia: El sexo de una de las candidatas hará que quizá acudan a votar más mujeres que en elecciones anteriores.)

Esto, y el hecho de que haya tantos votantes independientes (casi una cuarta parte del electorado) hace que las elecciones presidenciales de 2008 en Estados Unidos sean de pronóstico reservado.

Tanto, que la hasta hace poco candidata "inevitable", Hillary Clinton, se dio cuenta que no es tan inevitable, y tendrá que luchar por cada voto frente a un Barack Obama al que hasta hace semanas pocos analistas tomaban en serio.

Dicen que quizá las lágrimas que casi soltó en una reunión con mujeres indecisas le ayudó a ganar la elección en Nueva Hampshire.

Tal vez. Sobre todo porque se sabe de sobra que la Sra. Clinton es de carácter fuerte, y no muy dada a esas expresiones en público.

Ya hay quienes salieron a criticarla por esas lágrimas "de cocodrilo".

Entre ellas la famosa activista y madre de un militar muerto en Irak, Cindy Sheehan, quien ha hecho plantones en todos lados (incluída la Casa Blanca y el rancho del presidente Bush en Crawford, Texas), exigiendo terminar con la guerra en Irak.

Sheehan escribió en un editorial que las lágrimas hilarianas fueron la "muestra más falsa de emoción en la campaña presidencial (...) que me recordó una escena de la película 'Wayne's World' de Mike Myers".

"Hillary Clinton no hace nada si no es fríamente calculado", agregó. "No mostró emoción cuando me reuní con ella junto a otra madre (de un soldado), Lynn Braddach, cuyo hijo murió en acción militar en Irak. Le vertimos nuestros corazones y almas y ella a duras penas parpadeó, ya no digamos soltar una lágrima por nuestros corazones rotos".

No sabemos si las lagrimas fueron falsas. Pero es curioso que una mujer que nunca lloró en público ni cuando su marido le puso el cuerno, ni cuando la acusaron de fraude en el caso Whitewater, de pronto nos salga con esa escena.

Lo cierto es que le funcionó. Ganó. Pero no se la puede pasar llorando para atraer votos.

El truquito (si lo fue) puede funcionar una vez. Quizá dos. Tres, olvídese: Se le revertirá.

Como escribió el New York Times: Hillary planea irse llorando hasta la Casa Blanca.

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