martes, diciembre 23, 2008

¿Sueldos de 70 dólares la hora? ¡Con razón las automotrices de EE.UU. están en el hoyo!

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

DALLAS, Texas -- La industria automotriz de Estados Unidos ya está en el hoyo. Y quizá sea imposible que se recupere.

A pesar de las solicitudes de la Casa Blanca, de las súplicas de los presidentes de la GMC, Ford y Chrysler, y de los intentos del Congreso, no se aprobó el tan ansiado (y costoso) rescate financiero de 15 mil millones de dólares.

El propio presidente George W. Bush, quien había estado optimista, habló de que el siguiente paso serían “bancarrotas escalonadas y ordenadas”.

¿Valía la pena que el gobierno de Estados Unidos “salvara” a las automotrices? Habían opiniones encontradas. La mayoría de la gente estaba en contra, porque ello significaría “premiar” los excesos y la mala administración de sus gerentes. (Entre ellas, su necedad de no invertir en autos híbridos, porque las camionetas y SUV’s les dejaban pingües utilidades, aunque engullieran combustible.)

Por lo tanto, la quiebra es un justo premio a su incompetencia, razonan los norteamericanos. “A mí nadie va a venir a rescatarme mi negocio si meto la pata”, me comentó un pequeño empresario en las calles de Florida días atrás. “¿Porqué las grandes corporaciones tienen que ser distintas? Busquen una solución capitalista: Váyanse a la quiebra y comiencen de nuevo”, me dijo otra persona.

Un tema, sin embargo, quedaba en el aire: Los trabajadores. Miles de empleados de las plantas de “Los Tres Grandes” se irían a la calle, con el consiguiente sufrimiento para sus familias, sus comunidades y la economía en general.

¿El salvar esos empleos no justificaría el rescate financiero?

En principio, sí. La gente simpatiza con los trabajadores y sus familias. Son “norteamericanos típicos”, piensan.

Pero un reciente reportaje del periódico USA Today puso las cosas en perspectiva.

El artículo relataba las peripecias de una familia “típica” de trabajadores de la planta de Chrysler en Kokomo, un pueblecito del estado de Indiana donde la mayoría de sus residentes dependen de la industria automotriz.

La pareja Mike y Tina Durham, de 41 y 37 años de edad, trabaja en la planta desde hace años. Mike es obrero automotriz de cuarta generación, según el diario.

Ni Tim, ni su esposa Tina tienen estudios universitarios, apenas se graduaron de la “High School”. Pero la familia vive con sus tres hijos en una espaciosa casa tipo rancho, y poseen dos camionetas, una pick up Dodge Ram y una Durango. Según el artículo, los Durham confesaron que comían en restaurantes cinco veces a la semana, y se tomaban “varias vacaciones al año“.

¿Su salario? 65 mil dólares al año, lo que se traduce como 70 dólares la hora, incluyendo prestaciones, seguros médicos, y otros beneficios. Por cada uno de ellos.

Además, en caso de ser despedidos, su sindicato (La poderosa United Auto Workers, o UAW) les garantizaba el 95 por ciento de su salario.

Lo más irónico es que, al igual que muchos otros empleados automotrices, los Durham aún no pueden comprender porqué la crisis los alcanzó, si les iba tan bien.

He ahí la paradoja. ¿Empleos de 65 mil dólares al año, sin haber pisado la universidad, construyendo camionetones que devoran gasolina, y con un sindicato que los mimó por décadas… y esperaban que durara siempre?

¡Con razón están en el hoyo!

Las empresas japonesas se tardaron treinta años, pero al final, alcanzaron y rebasaron a las complacientes firmas norteamericanas.

Ello no quiere decir que no puedan recuperarse, pero las medidas serán dolorosas y lentas.

Los lectores del USA Today expresaron su indignación ante esta situación. Y si tenían alguna simpatía por los trabajadores, se esfumó al conocer su lujoso estilo de vida.

“No son celos, pero hay algo muy malo en esto”, dijo un lector de la versión de internet del USA Today, tras leer la “tragedia” de los Durham. “Yo soy un enfermero titulado, con licenciatura… Parte de mi trabajo incluye insertar cateters en las vejigas de mis pacientes, tubos en sus estómagos y en sus venas, leer electrocardiogramas y monitorear a la gente en estado crítico…Por favor, NO comparen mi trabajo con un empleado de una línea ensambladora cuyo única labor es instalar defensas a un chasis y golpearlas con un mazo… Y YO NI SIQUIERA ganó 65 mil dólares al año, ni mis prestaciones y retiro se comparan a los de ellos”.“No, no tengo simpatía para esas personas”, concluyó.

Por lo menos, la familia Durham tiene una esperanza para el futuro. Su hijo de 12 años dijo al reportero del USA Today que no quería trabajar en uan fábrica automotriz cuando crezca.

“Voy a postularme para un puesto público”, dijo el niño, según el periódico. “Siempre habrá un gobierno”. (www.cesarfernando.com)

sábado, diciembre 13, 2008

¿La corrupción no es la misma en todos lados?

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

FORT MYERS, Florida -- Los recientes escándalos de corrupción "de alto nivel" en Estados Unidos parece que confirmaron lo que comentamos en mi artículo anterior: En Estados Unidos los cacos no se contentan con "small potatoes".

(Si van a robar dinero del cajero automático, se llevan toda la máquina.)

Caso ejemplar y típico: El (quizá próximo ex) gobernador del estado de Illinois, Rod Blagojevich, quien fue arrestado por "subastar" al mejor postor el escaño del Senado que dejará vacante el presidente electo Barack Obama.

Claro, los republicanos de inmediato se fueron sobre el caso porque Blagojevich resulta que es demócrata. Y lo consideran un caso "típico" de la corrupción demócrata.

Lo que no dicen, es que el antecesor de Blagojevich en la gubernatura de Illinois, George H. Ryan, también fue arrestado y está purgando condena en una prisión federal por "vender" licencias, contratos y prebendas a empleados estatales durante un cargo anterior. Y Ryan es republicano.

Pero eso no es todo: Bernard Madoff, ex presidente de la bolsa de valores Nasdaq, enfrenta ahora cargos de defraudar a inversionistas por la friolera de 50 mil millones de dólares.

Corrupción hay en todos lados. La enorme diferencia es el calibre de ésta en Estados Unidos. Los corruptos norteamericanos no se andan con chiquitas.

Pero más importante, creo yo, es que en Estados Unidos al menos existen los mecanismos para enjuiciar y poner tras las rejas hasta al más poderoso. Aunque no siempre tenga éxito y esté plagado de lagunas, errores, manipulaciones, y sea excesivamente caro, por lo menos el sistema judicial de Estados Unidos sí tiene mucho más margen de maniobra e independencia que en otros países. Por lo menos en teoría.

¿Cuántos gobernadores hemos visto que hayan sido enjuiciado durante su gestión en América Latina por corrupción? No muchos. La inmensa mayoría sigue en su cargo, y siguen siendo "preciosos". Y esto no significa necesariamente que sean menos corruptos que sus colegas gringos.

¿Cuántos ex presidentes de bolsas de valores o grandes capitalistas latinoamericanos han sido acusados de estafar inversionistas y clientes, como Madoff? Que yo sepa, ninguno. Y lo mismo: Esto no quiere decir que no exista corrupción o malos manejos.

El problema, es que cuando un funcionario o un empresario latinoamericano es arrestado, generalmente ocurre por cuestiones políticas. Porque cayó de la gracia del gobierno en turno, o porque sus "palancas" no fueron tan fuertes como las "palancas" de sus enemigos.

Lo que para un político o empresario norteamericano sería el acabóse de su carrera (caer en la cárcel), en América Latina es simplemente un "impasse", uno de los costos asociados con hacer negocios con el poder.

La prueba está en que, una vez que cambia el gobierno, estos "criminales" mágicamente salen de la cárcel revindicados. Y hasta regresan a sus puestos y rehacen sus carreras, como si nada.

Cuando fui reportero en México vi muchos casos de esos: Alcaldes, políticos, empresarios, líderes sindicales y cualquier poderoso que se ponía a las patadas con el gobierno, terminaba "guardadito" por un tiempo, hasta que al "Gran Tlatoani" se le bajara el coraje, o dejara la silla. Una vez cumplido este requisito indispensable, el acusado veía los cargos esfumarse, "por falta de pruebas". Y al día siguiente volvía a su oficina como si hubiera regresado de vacaciones.

Cierto, corrupción existe en todos lados, pero parecería que no es la misma.

O al menos no se enfrenta igual.

¿Diferencias de cultura, supongo?

¿O de falta de? (www.cesarfernando.com)

miércoles, diciembre 10, 2008

¿Quiénes saquearon la máquina expendedora? ¡Los mexicanos!

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

FORT MYERS, Florida -- Unos mexicanos andaban una vez de aventura por un país avanzado de Europa, según me contó un amigo.

(No, no es cuento de Pepito.)

Cuál no fue su sorpresa al ver en la calle una máquina expendedora de cigarros.

Lo más increíble para estos mexicanos aventureros: Las máquinas se abrían cuando uno les metía monedas... ¡y permitían al cliente acceso a todas las cajetillas de cigarros!

La gente de aquel país, por supuesto, civilizada y primermundista como era, solamente se atrevía a sacar una cajetilla de cigarros, y después cerraba respetuosamente la puertecilla y seguía su camino.

Para la gente de aquel país esta acción no era rara. A fin de cuentas, si uno paga por una cajetilla, una cajetilla era lo único que debería llevarse, ¿no? Es lo justo.

"Qué inocentes", pensaron quizá esos turistas, alzándose el pecho ante la oportunidad de dar una cátedra del "ingenio" mexicano (o lo que quizá ellos consideraban como tal).

Y para no quedar mal a la famita, se lanzaron a meter monedas en la máquina... pero obviamente no sacaron solo una cajetilla de cigarros sino ¡todas!

Entre risas y burlas, los "abusados" amigos se largaron al hotel, a esconder el premio de su "ingenio mexicano". Lo último que supieron es que policías los estaba buscándolos, extrañadísimos de que a alguien le interesara robarse cajetillas de cigarros.

Sí, debo estar de acuerdo que en ese sentido, los avanzados europeos sí pecaban de inocentes. De extremadamente civilizados.

Desafortunadamente, episodios como éste explican porqué en países como México (además de las consideraciones legales) es un sueño inalcanzable instalar máquinas expendedoras de cigarros o de periódicos o de cualquier cosa.

Y me refiero al tipo de máquinas que permiten al cliente abrir una puerta para sacar el producto.

Claro, hay en América Latina muchas máquinas expendedoras. Pero éstas no permiten meter mano: El producto cae por una ranura, nada más. Y generalmente la ranura es tan estrecha, que a duras penas cabe la mano del propio cliente.

Y además de todo, estas máquinas están generalmente enjauladas bajo barrotes de acero reforzado, porque no ha faltado quien se quiera robar hasta la máquina.

"Es que nuestra gente roba por culpa de la pobreza, de la necesidad", me explican algunos. "Tantos años de sufrir como víctimas de la opresión de las grandes potencias".

???

Bueno, en lo poco o mucho que he logrado viajar en mi vida, he encontrado que en países como Estados Unidos también hay gente pobre y necesitada. Gente que ha sufrido como víctimas de la opresión, y sin embargo, no se roban periódicos de las cajas expendedoras.

A lo que voy es que quizá esto sea cuestión de cultura, de civilidad.

(O de falta de, precisamente.)

Para un norteamericano promedio, muchas de las "transas" que acostumbramos nosotros los latinoamericanos son inconcebibles.

Y también los propios gringos a veces pecan de ingenuos: Una vez, un norteamericano de raza negra no se la podía creer cuando un inmigrante mexicano le contó que los indocumentados compraban documentos de identificación falsos.

"¿De verdad se puede hacer eso?", preguntaba extrañadísimo el hombre. Para él era como si le estuvieran contando un encuentro con extraterrestres.

Cosas como esta no pasan en Estados Unidos. Los norteamericanos NUNCA se atreverían a andarse robando cajetillas de cigarro o periódicos de máquinas expendedoras, por Dios, cómo crees...

(Pausa intencional para permitir que los anti-yanquis se indignen, griten y pataleen y me acusen de lamebotas de los gringos.)

¿Robarse una caja de cigarros? Por favor. Eso los cacos norteamericanos lo denominan "small potatoes" (algo así como "pecadillos").

Claro que en Estados Unidos los rateros no se roban los periódicos de las máquinas expendedoras... porque en vez de eso cargan hasta con la máquina.

En Florida y en Texas he visto casos de gente que hasta roba los cajeros automáticos de bancos.

Pero no me refiero que se roba sólo el dinero del cajero, no: Se roban el cajero COMPLETO: Usan una camioneta pick-up, con una grúa y cadenas, y arrancan el cajero hasta con pedazos de la pared.

O sea, los delincuentes norteamericanos prefieren cometer crímenes que valgan la pena, en vez de andarse robando cajetillas de cigarros o periódicos.

Hasta en el calibre de la visión delictiva hay diferencias entre el Primer y Tercer Mundo... (www.cesarfernando.com)

viernes, noviembre 28, 2008

La "Obamamanía" da paso al "Obamamercantilismo"

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

FORT MYERS, Florida-- Yo sé que este es el país del comercialismo, pero hay cada cosa que a veces me deja perplejo.

Por ejemplo, el comercialismo de la "obamamanía". O más bien, "obamamercantilismo".

Veo en comerciales de TV que venden todo tipo de artículos con la efigie o el nombre del presidente electo Barack Obama, como si se tratara de una nueva marca comercial.

(Que de hecho lo es, así manejó su campaña el propio presidente electo.)

Uno solamente debe entrar a sitios de internet de ventas como amazon.com o ebay.com para ver toda la cantidad de objetos y hasta "mementos" que se venden.

Y no se trata solamente de pósters, camisetas, calcomanías o botones de metal, como cualquiera pensaría. Para nada.

Hay de todo: Desde juguetes (o perdón, "figuras de acción") de Obama, hasta máscaras, cómics, carteles de tamaño natural y vaya usted a saber qué más.

Una empresa anuncia con fervor una "oferta única" de un platito conmemorativo de Obama (claro, "edición limitada de colección"), al módico precio de $19.95.

("Incluye un Certificado de Autenticidad. ¡Llame ya, mientras dura la oferta!" )

El triunfo de Obama es histórico, nadie quiere quitarle su mérito. Pero no deja de ser curioso pensar si esta euforia hubiera ocurrido en caso de haber ganado John McCain.

(Un pobre tipo decía que todavía estaba tratando de deshacerse de 5,000 botones de campaña que guardó de recuerdo de la última elección de George W. Bush, y nadie los quiere "ni regalados".)

La obamamanía al menos permitió a los moribundos periódicos un respirito. Por primera vez en muchos años, los medios impresos han podido vender miles de dólares en ejemplares.

El periódico donde trabajo hasta sacó una "Extra", una edición especial (claro, conmemorativa y de colección) al día siguiente de las elecciones. Y los vendió como pan caliente.

Eso, aparte de la edición real del día, donde se reportaba el triunfo de Obama. Ambos números se agotaron.

La gente se arrebataba esos periódicos en la calle. Y cuando los tenía en su poder, los trataba con pincitas: Los meten en bolsas preservadoras, libres de ácido y esperan volverse multimillonarios en el futuro cuando vendan esa edición a ávidos coleccionistas deseosos de pagar "lo que sea".

El problema es que... TODOS los periódicos hicieron lo mismo. Sacaron sus "Ediciones Conmemorativas Limitadas" (por cupuesto, "limitadas" significa que dejaron de imprimir ejemplares hasta que las rotativas se cansaron) y los clientes corrieron a comprarlas.

Hasta en internet se vendieron. Por ejemplo, en ebay.com, venden un ejemplar del USA Today sobre la victoria de Obama a ¡300 dólares!

(Eso sí, le descuentan los gastos de envío.)

Supongo que dos de cada tres habitantes de este país está convencido de que se convertirá en el próximo Bill Gates gracias al pedazo de papel impreso con la cara de Obama.

Un experto en antigüedades comentó al periódico Chicago Tribune que, con todo el dolor de su corazón, tuvo que decirle a su padre que los periódicos sobre el asesinato de John F. Kennedy que su abuelo había guardado con tanto celo durante 45 años no valían mucho más de lo que había pagado por ellos en 1963.

Pero eso no les importa a los coleccionistas. Empresas han recibido pedidos de la "obamamercadería" hasta de Francia, la India, y China.

Eso, sin contar las ventas de los libros escritos por el propio Obama, que ya son "best-sellers".

El triunfo de Obama sí es histórico.

Pero para los "emprendedores" es un gran negocio. Y también para uno que otro "vivales". (www.cesarfernando.com)

lunes, noviembre 17, 2008

"La Estrellita"

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

FORT MYERS, Florida -- Cuando era joven, mi mamá instaló una pequeña papelería, allá por la década de los ochentas.

"La Estrellita", se llamaba.

Había clientela. El problema es que los principales clientes éramos nosotros.

Eso sí, mi mamá impuso una regla muy clara: Si vas a llevarte aunque sea un lápiz del negocio, págalo. Y la cumplíamos religiosamente con la orden.

Bueno, yo sí, al menos. Ingenuo de mí.

Pero, ¿de dónde creen que nosotros, los hijos de la dueña, íbamos a sacar el dinero para "pagar" nuestras mercancías "adquiridas" de "La Estrellita"?

Pos de mi mamá, por supuesto. Ninguno de nosotros trabajábamos (Si descontamos, claro, el trabajo que hacíamos atendiendo la papelería, por el que mi mamá tampoco nos pagaba, por cierto).

A veces, para comprar algo, mi mamá simplemente tomaba dinero de la misma papelería. Nos lo daba... y nosotros terminábamos devolviéndolo tras llevanos cualquier cosa de los anaqueles.

Una vez, un hermano mío me hizo una pregunta: "¿Qué son las divisas?"

Yo acababa de entrar a la preparatoria y tenía mis primeras clases rudimentarias de economía, así que ya más o menos sabía algo.

El problema es que mi capacidad de elocuencia nunca fue muy potente que digamos.

Así, en medio de un remolino de terminajos incomprensibles, y viendo la cara en blanco de mi hermano, por fin y sin saber cómo, le solté casi a gritos: "Divisas es lo que necesitamos para que la papelería progrese: Que entre dinero de fuera, no que ganemos el mismo dinero que nosotros gastamos".

Muy simplista la explicación, pero en retrospectiva me doy cuenta que fue un golpe de brillantez de mi quinceañera cabecita.

Me acordé de la anécdota al ver la situación que está pasando con la industria petrolera en México, y la "reforma" que traía del chongo a legisladores (unos en favor, otros en contra).

(Por supuesto, ni "La Estrellita" es Pemex, ni los cuadernos Polito o los lápices Mirado que vendíamos en la papelería son la mezcla de crudo mexicano... Pero aunque en diferentes escalas, las bases económicas son las mismas.)

Todos los países del mundo (hasta los ultracomunistas Cuba y Corea del Norte) permiten inversiones extranjeras en la extracción de petróleo de sus subsuelos.

Todos, menos México.

Yo no tengo nada contra ninguna ideología, ni de izquierda ni de derecha. Mi filosofía es simple y mercenaria: Pruébalo, si no funciona, cámbialo. Punto.

Siempre he dicho que podemos tomar lo bueno del socialismo (que lo tiene, al menos en teoría), con lo positivo del capitalismo (que también lo tiene, igual al menos en teoría).

¿Para qué perder el tiempo recordándole al vecino los defectos de cada sistema, que todos ya conocemos?

Si Rusia metió la pata con el socialismo, bueno, fue su problema. Nosotros no somos Rusia. No significa que tengamos que cometer sus mismos errores.

Si Estados Unidos ha metido la pata con el capitalismo (como ahora, con la crisis económica causada por el "dejar hacer, dejar pasar" de la administración Bush), eso no significa que cualquier país de América Latina tenga que cometer los mismos errores. No somos Estados Unidos, ni queremos serlo.

Bueno, sí queremos serlo, pero en lo positivo, no en lo negativo. Igual, nos convendría copiar lo positivo que tenga Rusia, Cuba, Chile o Singapur.

(¿Quién quiere copiarle los barros y las espinillas a la gente guapa?)

¿Porqué no lo pensamos así? ¿O qué, es que no podemos copiar sólo lo bueno? ¿Tan poca fe tenemos en nosotros mismos?

El miedo que tienen algunos legisladores y sus partidos es a "fallar". A que la decisión termine por "hundir al país", o "vender lo nuestro", a "los buitres del dinero".

Puede ser. Puede pasar. Pero si pasa, se cambia.

Las fallas son imposibles de evitar. Más aún, son hasta necesarias, son como un termómetro que nos puede decir pa' dónde virar la nave.

Se corrigen y a otra cosa.

Pero esto se debe hacer sin dogmas, ni ideología. Hay que ser prácticos. Usar lo que nos sirva, tirar el lastre.

Hay que copiar lo bueno.

¿Estaremos faltos de originalidad si copiamos? ¿Faltos de idiosincracia propia? Quizá.

Pero, ¿quién tiene originalidad e idiosincracia propia? Todos los países y culturas son una mezcolanza de ideas, copias e influencias. Es un darwinismo histórico, una mezcla de montones de genes de todos lados, que por azar dan como resultado engendros horrendos, pero también ideas novedosas y quizá mejores que los genes originales.

En México, la papelería "La Estrellita" que es el petróleo, se está cayendo a pedazos, porque no queremos que se metan "extraños" a "quitarnos lo que con tanto trabajo nos costó". Y nos aferramos a los lápices, borradores y cuadernos.

No se nos ocurre que esos cuadernos, lápices y borradores están para venderse (¿qué caso tiene que nosotros mismos los compremos, con el mismo dinero? ).

Además, las condiciones y el precio lo imponemos nosotros. Al que no le guste, que se vaya a otra parte, a nadie se le va a obligar a comprar.

Y aún así, sobrarán compradores dispuestos a aceptar nuestras condiciones y nuestro precio...

... Claro, si es que de verdad queremos que nuestra tienda venda. (www.cesarfernando.com)

domingo, noviembre 09, 2008

Lástima que John McCain no fuera candidato presidencial latinoamericano

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

cfzap@yahoo.com

FORT MYERS, Florida -- Recuerdo que cuando era un adolescente aprendiz de karate, en un torneo vi como uno de mis compañeros (un niño de unos 8 años) perdió una contienda. Según, porque el árbitro le había robado puntos a favor del contrincante.

El niñito llegó llorando hasta donde estaba nuestro maestro, Masaaki Sumida, de origen japonés.

El maestro Sumida lo vio y le dijo claramente: "Usted sólo puede llorar si gana... Jamás debe llorar si pierde".

Palabras terriblemente ciertas. Me acordé de ellas, irónicamente, 20 años después, al ver los discursos tras las elecciones presidenciales de Estados Unidos, la noche del martes 4 de noviembre.

No tanto por el discurso del candidato ganador, el ahora presidente electo Barack Obama, sino por el de su adversario, el candidato republicano John McCain.

McCain obtuvo más de 57 millones de votos, contra los más de 65 millones de Obama. Eso significa que casi la mitad de Estados Unidos apoya a McCain. Un poder político enorme, aunque no hubiera resultado electo presidente.

Aún así, su discurso me dejó pasmado: Un discurso respetuoso y respetable.

"El pueblo ha hablado, y ha hablado claramente", dijo McCain ante cientos de seguidores reunidos en Phoenix, Arizona. "He tenido el honor de llamar al senador Barack Obama para felicitarlo por haber sido electo el próximo presidente del país al que ambos amamos".

Esta frase les cayó como torpedo a muchos de sus seguidores. De inmediato se escucharon expresiones de indignación, de decepción y hasta coros de "¡No, no!" entre la audiencia. McCain los calmó levantando las manos.

"El senador Obama y yo hemos discutido nuestras diferencias, y él ha prevalecido. No tengo duda de que muchas de esas diferencias aún continúan", prosiguió McCain, ante el pasmo de algunos de sus seguidores, quienes quizá esperaban un llamado a tomar las armas. O una incitación a la desobediencia civil.

Después de todo, el país estaba dividido, ¿no? 52 millones de votos es un poder enorme para un hombre.

McCain, sin embargo, no hizo caso. En cambio, prosiguió su discurso en un tono conciliador y maduro: "Estos son momentos difíciles para nuestro país. Y le prometo esta noche (a Obama) hacer todo lo que esté en mi poder para ayudarlo a conducirnos a través de los muchos desafíos que enfrentamos".

"Les ruego a todos los americanos que me apoyaron a unirseme no sólo en felicitarlo, sino a ofrecer a nuestro nuevo presidente nuestra buena voluntad y ferviente esfuerzo para unirnos en encontrar los compromisos necesarios para solucionar nuestras diferencias", continuó, mostrando un aplomo y unos pantalones del tamaño del mundo.

"Cualesquiera que sean nuestras diferencias, todos somos americanos... Es natural sentir cierta decepción esta noche, pero mañana debemos seguir adelante y trabajar juntos para hacer que nuestro país avance de nuevo".

Sobre todo, McCain fue muy claro al decir que "aunque nos quedamos cortos, el fracaso es mío, no de ustedes... Cada candidato comete errores, y seguro que yo cometí los míos".

(O sea, nada de trampas, robos, complots, fraudes cibernéticos o a la antigüita. Como líder ejemplar, McCain asumió su responsabilidad también de los fracasos.)

Pero aclaró: "No pasaré un momento más lamentando lo que pudo haber sido".

A continuación, dijo que agradecía a la campaña y a la gente por darle "una audiencia justa antes de decidir que el Senador Obama debería tener el honor de dirigirnos por los próximos cuatro años".

En eso, se escucharon abucheos de la multitud, que ya para entonces estaba llorando de frustración y algunos quizá afilando cuchillas. McCain pidió compostura y acalló a la gente. Su gente.

"Fui candidato al más alto cargo del país que amo tanto, y ahora permaneceré como su siervo. Esa es bendición suficiente para cualquiera".

Qué integridad, pensé. Qué madurez cívica y política. Independientemente de su afiliación partidista, esta clase de políticos casi ya no se dan, desafortunadamente.

Luego, vino la estocada final: "Esta noche, más que nunca, no tengo en mi corazón nada más que amor hacia este país y a todos sus ciudadanos, los que me apoyaron a mí o al senador Obama... Deseo buena fortuna al hombre que fue mi oponente, y que será mi presidente".

Ya para entonces, yo ya me había puesto de pie ante la televisión, ante la estatura increíble de estadista de un candidato que si no merecía ganar, al menos sí merece nuestro respeto por su integridad y agallas.

Mi mente voló dos años atrás, a una noche de julio de 2006, al terminar las elecciones presidenciales de México.

Si yo hubiera escuchado un discurso similar aquella vez, también me hubiera puesto de pie y hubiera aplaudido al candidato perdedor, Andrés Manuel López Obrador. En serio.

De haber sido así, hoy, apenas a dos años de distancia, sería el político más poderoso del país. Quizá incluso más que el propio presidente de la república, Felipe Calderón.

Y, aunque López Obrador no tuvo mi voto, seguramente yo lo hubiera considerado seriamente como mi candidato para las elecciones del 2012.

Porque la política siempre es la misma. Iniciativas de ley e ideologías van y vienen, pero lo que queda siempre es la integridad de la persona.

Eso se demuestra en momentos difíciles, como perder una elección.

Pero no ocurrió así. La historia fue muy distinta. Desafortunadamente para López Obrador y sus seguidores, y afortunadamente para sus adversarios.

También he visto integridad y madurez tras las elecciones de Estados Unidos, pero entre ciudadanos comunes y corrientes. Algunos han escrito sus opiniones en cartas a los periódicos. Aquí en Fort Myers, el periódico The News-Press recibió algunas como en todo el país.

Estas son algunas de esas opiniones:

"Así como critiqué a los demócratas que insultaban al Presidente Bush, así ahora pido a los que no votaron por Obama, como yo, que lo respeten como el presidente electo", dijo una joven universitaria llamada Shannon York, de Alva, Florida.

"Yo no apoyé a Obama, y francamente, estoy aterrorizado de la dirección que nuestro país decidió el 4 de noviembre... la decisión de una sociedad con el cerebro lavado por los medios liberales... Aún así, ¡soy americano y Barack Obama es mi presidente! Voy a apoyar al Presidente Obama. Ese es mi deber. Oraré porque dirija al país que amo con sabiduría y con la divina guía de nuestro creador", escribió Jay Lawrence de Cape Coral, Florida.

El columnista Dan Warner escribió: "Yo no voté por Barack Obama... (pero) debo cambiar mi actitud. Debo apoyar a mi nuevo presidente".

Claro, hay otros --muhos-- que atacan, que reniegan. Pero este es el espíritu de la democracia. No es el fin del mundo. Los demócratas sobrevivieron ocho años de dos administraciones republicanas. Y al terminar, el país volvió a votar y decidió que era tiempo de cambiar.

Si a alguien no le gusta Obama, en cuatro años Estados Unidos vuelve a votar. Si Obama no cumplió la expectativas, saldrá. Punto. Esas son las reglas del juego. Así funciona la democracia, con una boleta en las casillas, no con una pancarta en las calles.

El lema de Estados Unidos es "E pluribus unum", una frase en latín que se traduce como "De muchos, uno". Modernamente se podría traducir algo así como la frase de los Tres Mosqueteros: "Todos para uno, y uno para todos".

Desafortunadamente, parecería que en América Latina nuestros políticos usan otro lema, muy similar pero al mismo tiempo lo opuesto: "Divide y vencerás".

Lástima que John McCain no fuera candidato presidencial mexicano o latinoamericano. Necesitamos más como él en nuestros países. (www.cesarfernando.com)

miércoles, noviembre 05, 2008

Futuro

EN CIEN PALABRAS

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

Quizá fuera de Estados Unidos la victoria de Barack Obama no parezca mucho. Pero para un país donde los negros eran tratados peor que animales hace medio siglo, es, como dijo un diario inglés, "un salto enorme para la humanidad".

Bernice King, hija del mítico líder Martin Luther King, Jr., lo expresó así: "Mi padre estaría orgulloso de (este país)".

Podremos criticar los defectos de Estados Unidos, pero hay que reconocer su enorme capacidad de corregirlos.

Países de larga tradición consideran a EE.UU. una nación de advenedizos.

Quizá los norteamericanos no conserven su pasado, por estar ocupados creando su futuro.

(www.cesarfernando.com)

martes, noviembre 04, 2008

Se hizo historia...

Barack Obama, candidato "de color", sin experiencia, de nombre arriesgado, de padre musulmán y extranjero, fue electo presidente de Estados Unidos.

El pueblo norteamericano logró por fin exorcizar uno de sus peores traumas.

Hoy se hizo historia.

Elecciones históricas para el mundo

Llegó el Gran Día para Estados Unidos. Las elecciones presidenciales.

Como cada cuatro años. Y como nunca antes.

Porque por vez primera, los norteamericanos van a elegir a un presidente que puede ser de más de 70 años de edad.

O a un presidente de raza negra. A 140 años de la Guerra Civil.

Hace apenas 50 años era imposible que una persona "de color" pudiera viajar en un autobús con un blanco, o comer en su misma mesa. Ahora, quizá los norteamericanos elijan a uno como su líder.

O quizá eljan a una mujer como vicepresidenta, apenas a 80 años de que las mujeres lograran el derecho a votar.

Pese a las encuestas, esto está de pronóstico reservado. He visto republicanos que apoyan furiosamente al demócrata Barack Obama, y a demócratas que, decepcionados porque Hillary Clinton salió de la contienda, le ofrecen su apoyo al republicano John McCain.

Las encuestas sitúan a ambos candidatos empatadísimos en varios estados.

Y a pesar de que algunos pronostican que Obama arrasará, hay que tomar en cuenta que como nunca antes, la gente se volcó a votar en las elecciones anticipadas, dos semanas anrtes.

MásUn alto porcentaje de los electores de Florida ya depositaron su voto antes del día de la elección. Lo que nunca.

Esos votos tempranos podrán dar al traste con las famosas "encuestas de salida". Hasta que no se cuente el último voto, no podrá haber resultado definitivo.

No sólo los norteamericanos esperan sin aliento el resultado: El mundo entero ya se adueñó de esta elección como si fuera propia.

Aunque suene cacareado, es verdad: Para bien o para mal, es un día histórico.

Para Estados Unidos y para el mundo.

domingo, noviembre 02, 2008

Los norteamericanos: Portentos en el aprendizaje de idiomas extranjeros

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

FORT MYERS, Florida -- Hay un chiste muy repetido en Estados Unidos, que ya me tiene harto.

Contra mis principios, lo voy a repetir aquí no porque suponga que usted no lo sabe, sino para ilustrar un punto:

"¿Cómo se les llama a los que hablan muchos idiomas? Respuesta: Políglotas. ¿Cómo se les llama a los que hablan tres idiomas? Trilingües. ¿Cómo se les llama a los que hablan dos idiomas? Bilingües. ¿Cómo se les llama a los que hablan un sólo idioma? Norteamericanos".

(Ya. Lo hice. Lo repetí. Y sobreviví. Risas, por favor.)

Yo sé que muchas personas están de acuerdo con este chistecito. Porque los norteamericanos, gracias a la comodidad de que casi todo el mundo comprende o habla el idioma inglés, y a que casi no tienen vecinos geográficos, históricamente no se han visto obligados a aprender un segundo idioma.

No como los europeos, que hablan desde chicos dos o hasta más idiomas. Vaya, ni siquiera como los propios latinoamericanos, donde muchos hablan inglés de manera desde rudimentaria hasta experta, o quizá hasta otro idioma, o incluso lenguas indígenas.

Bueno, pero quiero aclarar algo: El chistecito es mentira. No es verdad que los norteamericanos sean ignorantes en cuanto a idiomas extranjeros se trate.

Al contrario, desde que llegué a Estados Unidos, me he dado cuenta de exactamente lo opuesto: Los norteamericanos son más que políglotas. Son verdaderos portentos del conocimiento de lenguas extranjeras.

Mucho más que el resto del mundo.

¿Cómo lo sé? Porque eso es lo que los norteamericanos dicen.

En cualquier discusión que he participado sobre idiomas(de frente o en foros de internet, o incluso en las cartas a los periódicos) siempre me encuentro con esta letanía de parte de los norteamericanos que se oponen a la inmigración y al idioma español en Estados Unidos:

"Si yo me fuera a vivir a México, aprendería español".

(A veces esta frase se puede intercambiar con otras similares: "Si yo me fuera a China, aprendería chino. Si me fuera a Francia, aprendería francés", etcétera.)

Claro, estas frases salen a propósito del tema de los inmigrantes latinoamericanos (sobre todo mexicanos) a quienes estos norteamericanos desprecian por no aprender inglés apenas cruzan la frontera, por hablar con acento o por osar leer o escribir en español estando en Estados Unidos, por Dios.

Y claro, de paso acusando a estos inmigrantes latinos de no aprender inglés por "pereza", "ignorancia" o simple y sencilla maldad hacia los Estados Unidos.

A estos portentos norteamericanos de los idiomas les vienen las habilidades de las lenguas por genética: Siempre rematan sus opiniones recordando a sus antepasados, los cuales (invariablemente) siempre aprendieron inglés instantáneamente en cuanto pusieron un pie en Ellis Island. Al entrar a Nueva York, ya eran expertos en el idioma de Shakespeare, como por ósmosis.

Nunca batallaron, nunca leyeron periódicos en sus idiomas nativos, nunca tuvieron acentos, y nunca más osaron hablar en sus lenguas de nacimiento. O al menos eso dicen sus orgullosos descendientes.

Esos anteriores inmigrantes (italianos, rusos, polacos y alemanes) eran verdaderos portentos, porque aprendieron un inglés perfecto, inmediato e instantáneo, pese a que la inmensa mayoría de ellos eran iletrados en sus idiomas nativos. Y pese a que el inglés sea (junto al chino) quizá uno de los idiomas más difíciles de dominar ya de adulto.

O al menos, repito, esto es lo que nos quieren hacer creer sus descendientes, a los que ya se les olvidó que el ser irlandés, italiano, polaco, ruso o alemán fue durante mucho tiempo considero hasta peor que hoy en día ser mexicano.

Pero volviendo al tema principal: Estos descendientes (norteamericanos actuales) se llenan la boca diciendo que ellos, en caso de ser inmigrantes en un país extranjero, no tendrían ningún problema en adaptarse, y hablar el idioma local.

Ja. ¿En serio?

Eso se puede comprobar fácilmente. Basta ir a ver a las comunidades de retirados norteamericanos que viven en países extranjeros, como México: La inmensa mayoría de ellos nunca logran aprender español perfecto, fuera de algunas frases básicas. Y el resto de ellos ni siquiera lo intenta.

Y los que sí logran aprender el idioma, tienen que aceptar el hecho de que jamás lo hablarán con la fluidez del nativo.

Lo cual no es raro: Aprender idiomas es muy difiícil. Requiere compromiso, tiempo, interés, y constancia. Y eso se logra después de muchos años de estudio. Lo cual se dificulta doble cuando uno ya es adulto.

(Eso sin mencionar los obstáculos biológicos y sicológicos: Cualquier experto le dirá que si no aprende un idioma extranjero a edad temprana, nunca lo hablará como nativo.)

No estoy atacando a los inmigrantes o retirados norteamericanos que viven en América Latina. Muchos de ellos hacen un verdadero esfuerzo por adaptarse. Pero otros, no. Y estarán de acuerdo conmigo de que aprender idiomas es una labor súper interesante y enriquecedora, pero al mismo tiempo pesada, frustrante y exigente.

No es que a los latinoamericanos nos falte un tornillo, o seamos más perezosos que los norteamericanos: Lo mismo que están sufriendo los inmigrantes latinoamericanos en Estados Unidos con el inglés, lo sufren los inmigrantes norteamericanos en América Latina con el español, ni más ni menos. Y esto nunca lo mencionan los extremistas norteamericanos.

En este sentido, es injusto criticar a los demás por batallar con una labor que nosotros mismos ni siquiera hemos intentado.

Como decimos en México: De lengua, me como un taco.

(www.cesarfernando.com)

Complots



EN CIEN PALABRAS


Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

En países latinoamericanos, los izquierdistas se rasgan las vestiduras, protestando porque las empresas norteamericanas traigan inversiones, diciendo que atentarían contra la soberania.

Mientras, en Estados Unidos los derechistas se rasgan las vestiduras, protestando porque las empresas estadounidenses lleven inversiones a países latinoamericanos, porque se llevarían empleos.

Los nacionalistas latinoamericanos dicen que es un complot de la derecha norteamericana (asociada con las transnacionales) para controlar al país desde dentro,

Los derechistas norteamericanos dicen que esto es un complot de los nacionalistas latinoamericanos (asociados con las transnacionales) para controlar Estados Unidos desde fuera.

Mientras esta retórica funcione, no importa quién tenga razón.

(www.cesarfernando.com)

sábado, octubre 25, 2008

Estados Unidos: Elecciones con sabor a concierto de rock

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

FORT MYERS, Florida -- Me ha tocado cubrir y ver muchas elecciones desde que estoy en Estados Unidos, pero jamás he visto el entusiasmo y fervor que se ha registrado en estas elecciones.

Los electores de esta zona de Florida han hecho largas filas en las casillas de votación para depositar sus votos durante la elección anticipada que comenzó el 22 de octubre.

Ni siquiera los funcionarios electorales se esperaban semejante entusiasmo.

Sobre todo, muchos jovencitos acuden a votar. Muchos de ellos son votantes primerizos. Ninguno de los que he visto o entrevistado demuestra el típico desencanto o sarcasmo juvenil hacia la política ("¿Para qué sirve?", "Si todos los políticos son iguales para qué votar", etcétera), no, al contrario: Todos afirman que, al ir a votar, están contribuyendo en cambiar al país.

El votar se ha convertido para esta generación de norteamericanos jóvenes en una novedad "cool", energizante.

Pero no sólo muchachitos demuestran ese entusiasmo. También, muchos ancianos, algunos de ellos que apenas pueden caminar, haciendo fila por horas para depositar sus votos.

Una mujer se desmayó en Fort Myers después de hacer fila por horas, a pocos minutos de llegar a la casilla, y tuvo que ser hospitalizada.

Hasta las famosas máquinas de votación (las que sustituyeron a los controvertidos sistemas de "chads" que causaron la crisis de conteo en las elecciones de 2000) fueron insuficientes en algunos precintos. Tuvieron que pedir más, ante la enorme demanda.

Pero el entusiasmo no se limita a las elecciones. Lo más curioso es que se extiende hasta a los mítines políticos.

A diferencia de los países latinoamericanos (donde estos mítines políticos tienen fama de ser reuniones de "acarreados", ya sea con amenazas o con promesas), los mítines de esta elección presidencial han generado un entusiasmo más relacionado con los conciertos de rock.

Vi cómo las oficinas locales de los partidos Demócrata y Republicano anunciaron que sus candidatos a vicepresidente ‑-Joe Biden y Sarah Palin, respectivamente-- visitarían el Suroeste de Florida, y ofrecieron regalar entradas para la gente. Y aquello fue el caos: Apenas se supo esto, cientos de personas corrieron a hacer fila afuera de las oficinas de los partidos, algunas de ellas desde la noche anterior. Mujeres y hombres cargaron con mantas, sillas plegables y botellas de agua y comida para poder asegurar un boleto... ¡a un mítin político!

Cuando llegó la hora de abrir las oficinas electorales para repartir las entradas, las calles aledañas estaban totalmente bloqueadas por el tráfico. Policías tuvieron que ser despachados para controlar el tránsito.

El día de los mítines, fue igual: En el evento de Sarah Palin hasta tuvieron que cambiar de sede de última hora porque la demanda excedió la capacidad del auditorio donde se iba a presentar.

El estacionamiento de la arena se saturó, y la gente tuvo que estacionarse en centros comerciales a varias calles de distancia, y caminar el trayecto hasta la arena. Sin pena ni cansancio, al contrario: Entusiasmados, como si fueran a conocer a una estrella de cine. Muchos iban con sus hijos adolescentes, niños y hasta bebés.

En la sede del mítin me tocó entrevistar a la gente y todos estaban allí haciendo fila desde la mañana, bajo el espantoso sol tropical, para entrar a un evento que comenzaba a las 3 de la tarde. Todos estaban felices de participar en esta elección. Todos estaban seguros de ser parte de un cambio, ya sea por uno u otro partido.

Yo creo que no importa votar por uno u otro candidato: Estados Unidos ya está desde ahora experimentando un cambio, aún antes de las elecciones. La participación siempre será un cambio positivo.

Ojalá esos jóvenes que participan con tanto entusiasmo lo sigan haciendo igual en el futuro. Y les transmitan ese entusiasmo --de fans de concierto de rock-- a sus hijos. (www.cesarfernando.com)

miércoles, octubre 15, 2008

Inversionistas no se lanzan de edificios, pero sí se suicidan dueños de casas embargadas

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

FORT MYERS, Florida -- Bueno, la crisis económica que vive Estados Unidos en este momento (y el mundo), por lo menos tiene un consuelo: No es una depresión grave, como la de 1929.

O al menos eso es lo que se apresuran a decir muchos expertos, cuando la comparación salta en una conversación. Lo cual no tendría que ocurrir, si es verdad que ambos asuntos no tienen nada qué ver uno con el otro.

Pero no, dicen, la Gran Depresión (así, con mayúsculas) de 1929, "El Viernes Negro", fue mucho peor. ¿Qué no se acuerdan que la gente se tiraba de los edificios, tras saberse que había quebrado el mercado? ¿Cuánta gente se está lanzando al vacío hoy en día?, preguntan triunfantes. Ninguna.

Bueno, es verdad. Hasta ahora no se ha sabido de nadie a quien le haya dado por hacerla de paracaidista (sin paracaídas) desde el Empire State, por culpa de haber perdido hasta la camisa en el "meltdown" de Wall Street. Al menos todavía.

(Además, según varios autores como el economista John Kenneth Galbraith, ni siquiera las historias de suicidios masivos en Wall Street en 1929 ocurrieron así, dicen.)

Cierto, no hay corredores de bolsa ni inversionistas quebrados que se estén lanzando de edificios en este 2008.

Pero sí se están dando casos de gente común y corriente (o pobre) que se suicida por que le embargaron su casa por no poder pagarla.

Esa es la única y terrible diferencia con 1929. En aquella crisis, los que se suicidaban eran los especuladores de la Bolsa, los corredores que habian jugado a ganar, y perdieron.

En esta crisis, los que se estan suicidando son las personas mas pobres y los ancianos. Los mas desvalidos de la sociedad.

Y no por haber perdido jugosas ganancias en especulación, sino porque les arrebatan lo único que tienen en la vida, su casa. Su "Sueño Americano".

Hasta ahora van dos casos que se sepan. El primero es el de una señora de 53 años, Carlene Balderrama, de Taunton, Massachussetts (ubicada a unas 40 millas de Boston).

Según la agencia AP y la cadena de televisión ABC, la Sra. Balderrama se suicidó de un tiro de rifle apenas 90 minutos antes de que la fueran a desalojar de la casa, en julio.

La mujer le envió un fax a la hipotecaria donde les escribió: "Para cuando ustedes embarguen mi casa hoy, estaré muerta". Poco después, la Policía encontró su cadáver en la casa.

Según las cortes, su esposo, John Balderrama no sabía que su esposa no había pagado la hipoteca. El hombre había solicitado tres veces declararse en bancarrota para salvar su casa, pero la corte see lo había negado.

En otro sonado caso, ocurrido a principios de octubre, una mujer de 90 años, Addie Polk, se dio un balazo poco antes de que la desalojaran de su casa en Akron, Ohio.

La mujer no falleció, por fortuna, pero está hospitalizada en estado muy grave, dice la cadena CNN.

Pero el escándalo fue tal, que la hipotecaria (la famosa Fannie Mae, que también fue rescatada de la quiebra por el gobierno) decidió suspender el desalojo y perdonarle la deuda para que la señora Polk conservara su casa, en la que ha vivido desde 1970.

¿Aumentarán los suicidios o intentos de suicidio por los embargos? Quizá. Pero lo cierto es que en todo el país se han embargado 10.3 de cada 1,000 casas en todo Estados Unidos en lo que va del año (o sea alrededor de 750 mil casas), según el sitio de internet ForeclosureS.com. Y solo se han dado dos casos de suicidios ­--bueno, suicidio y medio.

Si nos atenemos a ese parámetro, entonces la respuesta es no: Todavía la crisis económica no ha llegado a los niveles de 1929.

Pero de todas maneras, cuidémonos al caminar debajo de un edificio, no le vaya a caer un cristiano encima.

O al entrar a cualquier casa que puede estar siendo embargada: No nos vaya a tocar un balazo. (www.cesarfernando.com)

lunes, octubre 06, 2008

A mí también me alcanzó el colapso financiero de Wall Street

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

FORT MYERS, Florida -- Menos 35 por ciento. "-35%", en cifras.

Esa es la "ganancia" que tienen mis acciones en el último mes.

Obviamente, el pánico se apoderó de mí. Como de millones de otros accionistas en Estados Unidos.

Porque, sí, yo también soy uno de esos accionistas que ven cómo sus inversiones se evaporan ante el "meltdown" (derretimiento) financiero de Wall Street.

Momento. Antes de que me acusen de "pirruris", de "enemigo del pueblo", de ser "parte de la oligarquía", déjenme aclarar:

Lo que tengo, son mis simples ahorros del retiro, el famoso plan 401(k), como se llama en Estados Unidos. Es un fondo de ahorro que las empresas ofrecen a sus empleados. Cada quincena descuentan un porcentaje del salario, a decisión del empleado, para depositarlo en una cuenta que sólo puede ser retirada cuando el empleado alcance la edad de la jubilación, que es alrededor de 60 años.

En mi caso, yo ahorro el 10 por ciento de lo que gano. La empresa aporta 50 centavos por cada dólar ahorrado, hasta un tope máximo que varía.

Ese dinero no se guarda debajo del colchón. Se invierte para crecer. Si se deja así nomás, guardado en el cochinito, cuando yo llegue a los 60 años no va a tener ni la mitad del valor de hoy, debido a la inflación.

Por eso, ahora veo cómo esos "ahorritos" que deberían estar ganando algo (de perdido, el 1 por ciento al año, que es modesto, si se compara con el interés de las hipotecas, que no baja del 7 por ciento), en cambio han perdido 35 por ciento.

O sea, he perdido 35 centavos por cada dólar que me han descontado hasta ahora.

No crean que son millones de dólares. A duras penas me alcanza para dar el enganche de un carro con lo que tengo ahorrado.

Y como yo, millones de ahorradores y pequeños inversionistas se han visto afectados por este "meltdown", sin ser "amos del dinero" ni "barones del poder". No, son simples clasemedieros, que no tienen más opción que guardar ahora algo de dinero para cuando se jubilen o los corran por viejos.

Lo que tarde o temprano podrá ocurrir. O en estos tiempos, más temprano que tarde.

Por eso, como ahorrador e "inversionista" (aunque suene pedante) de Estados Unidos, tengo sentimientos encontrados respecto al plan de rescate financiero aprobado por el gobierno de George W. Bush, el Congreso y el Senado.

Por un lado, se me hace una cantiddad monstruosa: 700 mil millones de dólares. Dinero que se pagará de los impuestos que nos quitan a todos (hasta los inmigrantes, y sus familias en México, aunque los extremistas digan lo contrario). Ese dinero, seguramente, será insuficiente, y no sería raro que quizá dentro de algunos meses, de nuevo el gobierno tenga que meter las manos para volver a "rescatar" a los bancos con otros 700 mil millones o 1 billón de dólares más.

Dicen que ese dinero se va a "recuperar", luego de que el gobierno "venda" las acciones y las deudas de las empresas rescatadas. Pero no es 100% seguro.

Como la mayoría de la gente de este país, también pienso que en buena medida los especuladores se salieron con la suya. Causaron la debacle (sin control del gobierno) y huyeron felices con sus millones. Como ocurrió en México con el rescate del Fobaproa.

Pagan justos por pecadores. O pequeños inversionistas por los grandes ladrones.

Pero por otro lado, sé que si no se hace algo, esto se va a poner peor, y los primeros que veremos nuestros ahorros esfumarse seremos la gente común, que no tiene donde caerse muerta.

Porque como dijo un economista a la cadena CNN: "Este rescate no se hace para proteger a los ricos, porque los ricos ya están protegidos desde antes. Se hace para proteger al resto de la gente, que no tiene una protección financiera".

No nada más inversionistas, dijo, sino también empleados de bancos, empresas y quién no (junto con sus familias), que serán despedidos al quedarse sin capital sus patrones. Hablamos de millones de personas.

Por lo pronto, estoy tomando medidas extremas. Ridículas, si usted quiere, pero vitales para mí como individuo y padre de familia.

Por ejemplo, el otro día fui al súper, y en lugar de comprar una libra de tomates de México (grandes, jugosos y apetecibles), mejor compré una libra de tomate de Florida.

Me dolió en el alma, pero qué puedo hacer. El tomate importado es más caro.

Quería comprar unos guantes para mi bicicleta. Mi doctora me pidió cambiar mi dieta, y hacer ejercicio, para bajar la presión arterial. Me vendieron una bicicleta usada baratita, pero los manubrios me dejan ampollas en las manos. Busqué unos guantes baratitos.

¿Costo? 15 dólares. Pero 15 dólares son 15 dólares. No los compré. Usé en cambio, esos 15 dólares en comprar huevos, verduras y pollo.

Los guantes están hechos en China. Una fábrica china dejó de percibir 15 dólares. Quizá en el próximo pedido, Wal-Mart ordene un par de guantes menos.

Igual con los tomates mexicanos. Quizá el súper deje de ordenar una libra el próximo mes al productor mexicano, por mi culpa.

Por supuesto, ni México ni mucho menos China se van a ir a la quiebra porque yo dejé de comprar una triste libra de tomate o dos mugrosos guantes de bicicleta.

Pero no soy sólo yo.

Millones de personas en Estados Unidos están haciendo lo mismo. Algunas porque no tienen de otra: A la mejor ya se quedaron sin trabajo, sin dinero y hasta sin casa. Están en la calle.

Otros, como yo, están apretando sus centavos lo más que pueden para que no se nos vayan. Y nos preparamos para el momento en que quizá, nosotros también perdamos la chamba o hasta la casa.

No soy economista. No me crea lo que le digo, porque soy un simple hijo de vecino. Pero me tocó ver los toros desde el ruedo. Y en un tema tan complejo como éste (donde ni el propio gobierno, ni el banco central ni los expertos financieros se han puesto de acuerdo sobre qué va a pasar o qué hacer), ésa es siempre la única perspectiva que al final importa. (www.cesarfernando.com)

miércoles, septiembre 24, 2008

La impresionante tarjeta de presentación del legislador mexicano

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

FORT MYERS, Florida -- Vi al legislador mexicano en aquel hotel de Euless, Texas.

Mejor dicho no lo vi. Su presencia resaltaba en la sala. Era la mismísima imagen de la elegancia y el buen gusto: Traje sastre, con mancuernillas doradas, corbata que parecía italiana (no me pregunten porqué, pero siempre que dicen que una corbata es fina, parece italiana), zapatos boleadísimos.

Los miembros de su "comitiva de trabajo" (pero claaaaaro que era "de trabajo", faltaba más) se movían en la misma dimensión alterna de mi entrevistado. Parecían salidos de un catálogo de Hugo Boss.

Daban un contraste chocante con el resto de los mexicanos que estábamos allí en aquella reunión en el elegante hotel cerca del Aeropuerto Internacional Dallas-Fort Worth: Todos vestidos con chamarras de trabajo, pantalones de mezclilla, botas o tenis. Casi todos gente de trabajo. Casi todos, inmigrantes humildes.

Casi todos, por supuesto, excepto los legisladores. "Nuestros" servidores.

El legislador me extendió una tarjeta de presentación apantallante, que me dejó con el ojo cuadrado.

Dorada, en relieve. Elegantísima. Con letras resaltadas, y el escudo nacional grabado. Su nombre brillaba en discreta manuscrita, cual invitación de gala al Palacio de Buckingham.

(Y yo que pensaba que yo daba "charolazo" con mi "Press Pass" que me imprimí yo mismo en la oficina.)

Comparé esa tarjeta (pagada, claaaaaro, con el erario público) con las que tenía arrumbadas luego de años como reportero en Texas. Ninguna de las tarjetas de presentación de los poderosos legisladores norteamericanos de entonces le llegaba a los talones a la del "humilde servidor público" mexicano: Al lado de esta tarjeta, aquellas se veían como míseras listas de supermercado.

Incluso la tarjeta de un famoso servidor público texano al que una vez entrevisté palidecía al compararla. Por cierto, el funcionario texano ése terminó mudándose a Washington. Se llama George W. Bush.

Al darme la tarjeta (la cual sostuve con cuidado, como recibiendo el más precioso de los relicarios, tan indignas de ella se veían mis manos) el legislador me ofreció obsequioso y todo seriedad:

"Llámeme cuando tenga cualquier problema o pregunta".

Sí, como no.

¿Qué podría hacer ese tipo, pensé con mi tradicional sarcasmo reporteril, en favor de los inmigrantes mexicanos en Estados Unidos, por mucho que perteneciera a la Comisión de No-Sé-Qué-Asuntos Extranjeros?

Ni podía, y seguro ni le importaba. Su mundo era tan ajeno al nuestro, el de los inmigrantes a los que se suponía debía "representar" y "defender", que bien pudiera haber sido de otro planeta.

Con decirles que ya desde entonces, hace como ocho años, andaban con que "iban a presionar" para que se aprobara una legalización migratoria "urgente".

No, el legislador sólo venía a Texas con sus amiguetes de "shopping". O a pasearse gratis, a costa del erario. Y eso lo sabíamos de sobra todos los que estábamos en esa sala, incluso los inmigrantes mexicanos.

Más bien, especialmente los inmigrantes mexicanos.

Como escribimos en una columna años atrás, ningún legislador mexicano podrá jamás conocer "de primera mano" la realidad de los inmigrantes en Estados Unidos, si siempre se la pasan en reuniones "de trabajo" en hoteles de cinco estrellas, y vuelan a Estados Unidos en primera clase.

Pagado todo, por cierto, con los impuestos del erario público. (www.cesarfernando.com)

sábado, septiembre 20, 2008

Menos inmigrantes=menos dinero

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO


Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

FORT MYERS, Florida --Aquel joven inmigrante mexicano sostenía entre sus manos un boleto de autobús que lo sacaría de Florida.

"Ya me voy de aquí, ya no hay trabajo", me decía en Bonita Springs, Florida, hace como un año. "Ya no costea vivir aquí en Florida".

Se iba a ir a las Carolinas, donde decía que tenía conocidos que le iban a ayudar a conseguir trabajo.

Entrevisté a ese inmigrante y a muchos otros cuando hice un reportaje de los hispanos que, por falta de trabajo, estaban abandonando esta parte de Florida por otros estados.

La crisis de la industria de bienes raíces golpeó a la construcción, que es de donde depende buena parte de la fuerza laboral inmigrante.

Entrevisté a dueños de negocios hispanos, líderes comunitarios y hasta algunos inmigrantes que se estaban yendo, como el que les conté.

El artículo se publicó en español en el periódico Gaceta Tropical, y en inglés, en el diario The News-Press. Después, siguieron varios artículos relacionados, escritos por otros reporteros del News-Press, sobre el mismo tema.

"¡Qué se vayan!", fue una de las reacciones más usadas por los lectores norteamericanos tras leer los artículos. "¡Ya era hora, no los queremos aquí!", "No debían estar aquí en primer lugar", y "Entre menos gente, menos congestión", eran otras de las respuestas.

Una reacción resaltaba por su insistencia: "Qué bueno que se van, así no tendremos que mantenerlos con nuestros impuestos".

(Traducción: "Los inmigrantes no aportan nada a la economía, sólo vienen de gorrones". Una idea muy fija en la mentalidad norteamericana.)

Eso fue hace un año.

La expulsión de inmigrantes causó el cierre de muchos negocios hispanos que dependían de ellos. Entre ellos, el mismo periódico del que yo era editor, Gaceta Tropical.

Hace días, leo en el News-Press que el gobierno del estado de Florida está recortando el presupuesto a las escuelas públicas de esta área, el Condado de Lee. Por lo tanto, ya comenzaron a despedir a maestros, a sus asistentes y hasta a guardias de seguiridad. Y están recortando gastos hasta de material educativo.

Algunas escuelas debieron dividir grupos que se quedaron sin maestros, entre otros salones.

¿Porqué pasa esto? Simple: Las escuelas se están quedando sin alumnos.

Ni en un millón de años se imaginaron los extremistas de esta área, que la crisis que golpeó a los inmigrantes fuera a afectar a los propios norteamericanos de clase media, que dependían de otro tipo de empleos.

Por ejemplo, los empleados de gobierno, como los maestros.

¿Qué hicieron los inmigrantes? Lo que siempre han hecho: Irse a donde hay oportunidades. Ir a buscar trabajo. Y al irse ellos, se llevaron a sus esposas e hijos.

Y al haber menos niños, hay menos alumnos para las escuelas. "Menos alumnos, menos dinero", comentó un director escolar al News-Press.

Ahora sí, la ausencia de los inmigrantes está golpeando muy direcamente a la misma clase media anglosajona.

Según la directora de una escuela de Bonita Springs, la mayoría de los alumnos que perdieron se fueron " A Texas y a México", relató al periódico.

No sólo eso: La municipalidad de Cape Coral, la ciudad más grande del mismo Condado de Lee, dijo que va a pedir ayuda al gobierno de Florida (léase: "dinero") para ver qué hacer con tanta casa abandonada.

Sus dueños las dejaron por no poder pagarlas, o por quedarse sin trabajo (o por ambas razones) y se fueron a otros estados. Hoy, son nidos de ratas, de cuatro y dos patas.

Cierto, muchos de estos propietarios eran norteamericanos afectados por la crisis económica. Pero muchos de ellos también eran migrantes, que volvieron a migrar.

Fuera de marchas, protestas, mantas, banderas mexicanas y gritos de "El pueblo unido jamás será vencido", éste es el verdadero poder que tienen los inmigrantes hispanos (legales y no) en todo Estados Unidos: El poder de su bolsillo.

Poder que muchos anglosajones no pueden o no quieren ver.

Desafortunadamente, ya se están dando cuenta. Y de la manera más dolorosa. (www.cesarfernando.com)

domingo, septiembre 14, 2008

¿Qué haría usted si encuentra un hombre desnudo en la recámara de su hija de 15 años?

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

FORT MYERS, Florida -- Imagínese la escena: Usted está en su casa, acostado en su cama cuando en la madrugada, escucha un ruido extraño.

Lo que hace es, obviamente, levantarse a investigar. Se da cuenta entonces de que el ruido viene del dormitorio de su hija de 15 años.

Como padre, se preocupa. Entra a la habitación de su hija.

Lo que encuentra, lo deja impactado: Un hombre desconocido, en la recámara de su hija adolescente.

Un hombre desnudo.

¿Qué haría? ¿Cómo reaccionaría usted, como padre o madre de familia, de encontrarse en una situación similar?

Eso fue exactamente lo que le pasó días atrás al Sr. Raúl Colón, un padre de familia de 45 años que vive en Deltona, Florida.

Según un reporte del diario The News and Journal de Deaytona Beach, Florida, Colón agarró un tubo de metal con el que le dió en la cabeza al intruso, identificado como Lucas Contreras, de 15 años.

Contreras corrió por toda la casa para escapar de la furia del iracundo padre, y consiguió salirse por una ventana, antes de huír en su bicicleta, según el periódico.

Colón llamó a la oficina del Sheriff, para denunciar el caso.

¿El resultado? Colón fue arrestado por agresión física contra un menor de edad. Le fijaron una fianza de 10 mil dólares.

Contreras fue hospitalizado y le cosieron varios puntos en la cabeza.

Según se supo después, Contreras era novio de la hija de Colón, y había estado "visitándola" de noche durante 18 meses. Pero esto no lo sabía el padre de la menor.

El caso ha suscitado muchos comentarios de lectores en todo Florida, en pro y en contra de la acción.

¿Tenía Colón derecho a "defender" su casa? ¿O exageró?

¿Porqué el sistema legal defiende los derechos de un joven al que encuentran desnudo en una casa ajena, dentro del cuarto de la hija menor de edad del dueño de la vivienda, y no los de éste?

¿Qué hubiera pasado si en lugar de usar un tubo de metal Colón hubiera tenido a la mano una escopeta o una pistola? ¿Legalmente estaría protegido por la ley que dice que un hombre tiene derecho a defender su hogar de intrusos?

¿O será que el delito de Colón fue dejar vivo a Contreras?

¿No sería Colón culpable por no saber con quién se juntaba su hija adolescente, por no poder controlarla? Y a todo esto, ¿un padre de verdad puede controlar a su hija adolescente, por mucho que lo quiera?

El sentir de los lectores en general puede ser resumido en uno de los comentarios: "Por eso, este país está como está". (www.cesarfernando.com)

viernes, septiembre 12, 2008

El asesinato de Kitty: Más de 30 vecinos lo oyeron y nadie hizo nada

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

FORT MYERS, Florida -- Kitty Genovese era una joven de 19 años, que trabajaba como gerente de un bar en Nueva York.

Aquella fría madrugada de marzo de 1964, Kitty regresaba de trabajar, cuando fue atacada a cuchilladas enfrente su departamento, en Brooklyn.

El atacante era un hombre (identificado como Winston Moseley) que apenas se le acercó, comenzó a acuchillar a la joven en la espalda sin motivo.

Según relatos posteriores, Kitty comenzó a gritar, pidiendo ayuda. Varios vecinos de los departamentos cercanos la escucharon, pero nadie hizo nada.

Un vecino sólo se dignó a gritar a nadie en particular: "¡Deja a esa chica en paz!". Esto fue suficiente para asustar a Moseley, quien huyó del lugar.

La joven, seriamente herida, lentamente trastabilló y caminó unos pasos en el estacionamiento. Pero Moseley regresó a buscarla, y la encontró tirada, casi inconsciente en un pasillo detrás del edificio de departamentos. Tranquilamente, volvió a acuchillarla a su gusto, mientras la chica apenas se defendía debilmente.

Ahí, moribunda, Kitty fue violada por Moseley, quien antes de huir le robó unos 49 dólares que traía y la dejó tirada en el pasillo.

En total, el asesino la atacó por media hora, sin que nadie lo molestara.

Poco después del ataque, al fin alguien llamó a la Policía y llegó una ambulancia que se llevó a Kitty al hospital, pero falleció en el trayecto. Según una investigación posterior, por lo menos una docena de personas escucharon u observaron parte del ataque. Pero nadie intervino porque "no se querían involucrar".

Más tarde, se detuvo a Moseley, quien confesó el ataque, y fue hallado culpable de otros asesinatos. Se le diagnosticó como necrofílico. Fue sentenciado a pena capital, pero después la pena fue reducida a cadena perpetua, y en el 2010 podrá solicitar libertad bajo palabra.

El asesinato de Kitty Genovese causó un escándalo en todo Estados Unidos, porque ensalzó las acusaciones de deshumanismo y desinterés de la ciudadanía por ayudar al prójimo. El diario The New York Times publicó una investigación donde afirmó que hasta 38 personas supieron del crimen cuando estaba ocurriendo.

Y nadie hizo nada.

En todo el país, vecinos se dieron cuenta de que esto podía pasar en cualquier barrio, en cualquier ciudad. Por eso, con ayuda de la Asociación de Sheriffs de Estados Unidos, en 1972 formaron el programa Neighborhood Watch ("Alerta del Vecindario" o "Vecinos en Alerta").

¿Qué es este programa? Simplemente, cada cierto tiempo los vecinos de un área se reúnen en una junta, donde se ponen de acuerdo para mantenerse alertas y reportar de inmediato a personas sospechosas merodeando el vecindario.

La idea no es nueva. Data de tiempos de la colonia, cuando a falta de policías, los propios ciudadanos patrullaban sus calles.

La Asociación de Sheriffs de Estados Unidos estima que los "Vecinos en Alerta" han contribuído a bajar el crimen en muchas zonas peligrosas del país. Calcula que hasta el 12 por ciento de la población de Estados Unidos participa en el programa.

En mi caso, siempre notaba que en algunos barrios habían letreritos azules con un ojo dibujado que decían: "Este vecindario está vigilado por sus vecinos". Lo cual me ha parecido una excelente idea, porque, ¿a quién sino a tu vecino le importa lo que te ocurra a ti o a tu casa? Si no por amistad o bondad, al menos por salud propia, porque la próxima víctima podría ser él.

Esta es una estrategia tan efectiva, que hasta la naturaleza la ha aplicado desde siempre: Los mismos glóbulos blancos rodean a cualquier elemento extraño que detectan al entrar al cuerpo, y lo eliminan de inmediato ellos mismos, sin esperar ayuda de nadie. En ello les va la vida.

Aún hoy, años después, recuerdo perfectamente un mensaje que nos dejó nuestra vecina de Texas una noche:

"Vecinos, quería ver si se podían apersonar en el patio de atrás, porque vi como unos 'cholos' que andaban merodeando cerca de su casa", decía la voz en la contestadora de nuestro teléfono.

Aquella vez no pasó nada, pero nos dimos cuenta del enorme valor que tenía unirnos con la gente que vive junto a nosotros, para defendernos en conjunto.

Ahora me pregunto si esta idea de las Juntas de "Vecinos en Alerta" no podría funcionar en otros países latinoamericanos, donde se sufre tanto por la inseguridad.

Vamos, si los vecinos a veces se organizan para hacer festejos, rifas, peregrinaciones y hasta plantones de protesta política, ¿no podrían juntarse para protegerse de delincuentes, asesinos y secuestradores?

Yo sé que en países como México a veces reportar a la Policía a algún sospechoso equivale a darles el pitazo a los mismos cacos. Pero existen opciones distintas. Por ejemplo, avisarse entre los mismos vecinos.

Los vecinos son los primeros que podrían notar un auto sospechoso, un tipo vigilando una casa para robarla o acechando a una posible víctima de secuestro. ¿No se podrían poner de acuerdo para avisarse entre ellos que hay peligro acechando, para que se protegan en sus casas y no salgan hasta que pase el riesgo?

Claro, siempre existe ese miedo a "involucrarse", como pasó en el caso de Kitty Genovese en Nueva York. Pero hay maneras de avisar anónimamente a todos: Por ejemplo, tener una lista de teléfonos de vecinos y llamarles de inmediato a todos. O enviarles e-mails o mensajes de texto de alerta, ahora que mucha gente carga celular.

Sería éste una especie de plan de emergencia, que quizá se deba ensayar una o dos veces por semana. Toda la familia podría estar involucrada, hasta los niños. Todos podemos ser víctimas. ¿A quién le puede importar más nuestra seguridad que a nosotros mismos?

Todos podemos ser un día Kitty Genovese. Y esperamos que alguien sí haga algo. (www.cesarfernando.com)

martes, septiembre 09, 2008

El frascote de moneditas que nos salvó del hambre

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

cfzap@yahoo.com

FORT MYERS, Florida -- Un día en Texas, nos quedamos sin un centavo ni para comer.

Aunque no lo crean, viviendo en Estados Unidos y ganando en dólares, más de una vez les ha pasado lo mismo a más de un paisano en este país. Y a más de un gringo, por cierto.

Pues bien, aquél día teníamos poco de haber emigrado, y estábamos más pobres que un ratón de hospicio. No teníamos ni para un chicle. Y teníamos hambre.

Entonces, mi esposa entró a la recámara y sacó el frasco.

No cualquier frasco: "EL" frasco, así con mayúsculas.

Era un frasco de plástico, de esos de mayonesa tamaño grande. Lo había ella guardado para no sé qué cosa (meter botones o algo así).

Pero por costumbre, comenzó a echar en él las moneditas que nos sobraban de cambio, y que no queríamos andar cargando.

El frasco ya estaba un tercio lleno para entonces.

¿Cuánto crees que tengamos en este bote?, me preguntó mi esposa, pesándolo entre sus manos.

Sepa, dije. Vamos a llevarlo a que nos cambien las monedas.

Fuimos al supermercado de la esquina, donde había una de esas maquinitas que dan cambio. Uno vacía sus monedas en una charola, la maquinita las va contando con una pantallita electrónica, y al final devuelve un papelito con la cuenta. Ese papelito se lo cambian a uno en la caja por billetes.

La maquinita se lleva su comision, claro, pero a esas alturas, más trasquilados que un chihuahueño, hasta con gusto la pagábamos.

¿Porqué tenía un frascote con monedas, se preguntará usted? Porque eran una lata cargarlas.

Con la costumbrita que tienen las tiendas en Estados Unidos de vender todo a "$19.99" o a "$5.95" o a cualquier precio que termine en multiplos de 5 ó de 9 (los gringos son alérgicos a redondear cifras de precios), siempre terminabamos con montones de monedas de cambio. Sobre todo monedas de diez, cinco y hasta un centavo (los famosos " pennies" ).

No había problema. La bronca es que al rato, andaba uno como Chester, el vaquero de aquél programa "La Ley del Revólver": caminando chueco y yéndose de lado con tanta moneda en la bolsa. Parecía uno cobrador de tranvías de antaño.

¿Quien va a andar cargando montones de moneditas de un centavo? Confieso que yo las dejaba por allí, aventadas donde cayeran: en un escritorio, en la mesa, en el mueble... Hasta se me caían al piso y me daba flojera levantarlas.

Mi esposa, más precavida, comenzo a juntarlas en el frasco. Y yo le seguí el ejemplo.

Más tarde nos dimos cuenta de lo valioso de la costumbre. En un país donde la gente no guarda las monedas para el pasaje (como en México), donde son más molestia que beneficio para muchos, esto significa un excelente incentivo para el ahorro.

Un ahorro inconsciente.

Y claro, ahora se preguntará cómo nos fue con los montones de monedas que llevamos al supermercado, aquél aciago día en que no teníamos ni para comprarnos un chicle.

Tendremos cuando mucho cinco dólares, me dije. Seis, si le apuramos.

Cuál fue mi sorpresa al ver el papelito que escupió la maquinita del supermercado: ¡48 dólares en total!

Con eso pudimos por lo menos, hacer la compra de la semana, lo mas urgente: Leche, huevos, pan, verduras, latas de comida y hasta algo de carne.

Cambié de opinión: El sistema gringo de no redondear precios, y andar dándole a la gente cambio en moneditas, de verdad funciona.

Por lo menos, nos saca de apuros cuando se nos atora "El Sueño Americano". (www.cesarfernando.com)

miércoles, septiembre 03, 2008

¿Por fin será la hora del "acero aprestad" para los mexicanos?

"Los habitantes de los Estados Unidos Mexicanos tienen derecho
a poseer armas en su domicilio, para su seguridad y legítima defensa".
Artículo 10 de la Constitución Política de México

Por César Fernando Zapata

cfzap@yahoo.com

FORT MYERS, Florida -- Mi hijo César, a sus doce años, ya tiene una nueva meta (otra) en la vida.

(Aparte, claro, de convertirse en agente de la CIA, y en efectivo de Operaciones Especiales de los 'Marines'. Ah, la preadolescencia.)

César quiere aprender arquería. Con flechas, por supuesto.

Suena estrafalario quizá, pero la arquería no es sino un simple sustituto, porque César lo que en realidad quiere es aprender a manejar pistolas. Sólo que ante el grito de horror que su madre pegó al saberlo, trató de minimizar el efecto optando por lo segundo más parecido: El arco y las flechas.

Cuando su mamá le reclama sus instintos protoasesinos, Césarito (echando mano del estilo de diplomacia que heredó de los genes de ella misma, es decir, a gritos) le recuerda que la arquería es un deporte olímpico. Y santa paz. Por el momento, al menos.

No me espanto. Cesarito no tiene más actitudes violentas que cualquiera de los que fuimos niños en los años 60's, 70's y 80's.

(Del siglo pasado, por supuesto.)

¿Qué hombre adulto no se acuerda de lo maravillados que nos sentíamos de niños --y aún hoy-- ante las armas? ¿No era uno de nuestros juegos favoritos hacerla de vaqueros? ¿De policías y hasta de ladrones? Y el atractivo principal eran las pistolas, claro, ningún niño imaginaría siquiera hacerla de vaquero "pacifista".

En aquellos inocentes años anteriores a narcos, secuestradores, Columbines y 9-11 las pistolas se vendían hasta como juguetes.

Desde que descubrimos que una piedra puede ser lanzada con la mano y partirle el cráneo al prójimo, los seres humanos del sexo masculino nos hemos sentido atraídos por las armas. Y a falta de ametralladoras Mattel (o Lili-Ledy) nuestros padres y abuelos se conformaban con resorteras.

Es decir, siempre hay que disparar ALGO.

Yo estoy de acuerdo con mi esposa que para un niño de 12 años como Cesarito (sobre todo hoy en día, en el histérico Estados Unidos del siglo XXI) no es recomendable que ande hablando de pistolas, armas y escopetas. Mucho menos en la escuela.

Pero repito, tampoco me espanto. Me gustaría que mi hijo aprendiera a manejar una pistola, no porque la fuera a usar o quisiera matar a alguien, sino precisamente para que pudiera protegerse, no sólo de ladrones o pistoleros, sino de las mismas pistolas. ¿Cuánta gente se ha matado por agarrar un arma sin saber?

Desafortunadamente, no importa qué tan pacifista seamos usted o yo, la realidad es que las armas existen. Son un hecho de la vida del ser humano. Y han sido parte de la historia de nuestra civilización desde siempre, a tal grado que casi se puede decir que son las armas las que han formado, o deformado, esa civilzación.

Cerrar los ojos o tratar de criar a nuestros hijos negando ese hecho quizá sea limitarlos, y hacerlos presa fácil de otros que no tienen tantos escrúpulos.

Antes de que me comiencen a criticar, permítanme aclarar: En mi vida jamás he agarrado un arma. La única vez que vi algunas de cerca fue hace como 18 años, cuando era reportero novato y me enseñaron varias ametralladoras.

Recuerdo que con mi (entonces y hoy añorada) enclenque constitución, a duras penas pude mover una de ellas. Ya no digamos levantarla.

Tampoco soy de "ultraderecha", ni republicano, ni amigo de Bush, ni panista, ni fanático de las armas, ni seguidor de Charlton Heston, o de Mario Almada. La única pistola que tuve en mi vida fue de agua, y aún con ella casi me saco un ojo.

Tampoco soy fascista. Fascistas son los que secuestran y matan gente inocente al por mayor, aprovechándose de andar armados.

Si no pacifista, al menos siempre he tratado de ser diplomático.

Por eso mismo, practiqué karate durante varios años.

Porque soy diplomático, no ingenuo.

Y aún con todo y diplomacia, recuerdo que en mi infancia y juventud, siempre había alguien en la escuela o en la colonia que traía ganas de recetarme una golpiza.

(¿Mi innata y legendaria carisma?)

Nunca lograron ponerme la mano encima. Pero no fue por mi diplomacia, sino por mi tamaño. Y porque siempre me aseguraba que cuando iba a mis clases de karate, el traje blanco siempre se viera, amarrado por mi cinta.

Por supuesto, en una pelea callejera real quizá yo llevaría las de perder ("por mucho karate que sepan, acuérdense que un día a la mejor se encuentran con un chavo que es bueno pa' los trancazos", nos advertía un maestro de artes marciales cuando se nos subían los humos). Pero pese a lo fachoso que se viera mi trajecito al aire, estoy seguro que más de una vez actuó como un elemento disuasivo.

Que, a fin de cuentas, es la mejor arma de la diplomacia.

¿A qué viene todo este choro? A que viendo tanta violencia, secuestros y ataques contra gente inocente (y desarmada) me pregunté al fin lo inconcebible: ¿Será que la gente de México necesitará ya armarse? ¿Como en tiempos de la Revolución?

¿Por fin se cumplirá el verso del Himno Nacional que llama a los mexicanos al "acero aprestad y el bridón"?

Yo sé que me dirán que eso significaría el "inicio del caos". Que va a ser el principio de Fuenteovejuna, que la gente se va a tomar la ley por sus propias, manos, etc., etc...

Pero, perdón, ¿no hay ya caos? ¿Aunque sea a nivel aislado?

¿En cuántas comunidades pequeñas y aisladas, el pueblo armado con machetes impone su ley, y hasta a los policías los cuelgan e incendian desde hace siglos?

¿No dicen los políticos demagogos que son "los usos y costumbres del México profundo"?

Y mientras en las ciudades las personas inocentes y trabajadoras se encuentran indefensas al no poder comprar armas para defenderse, los delincuentes (con prohibiciones, leyes de control de armas y todo lo que usted quiera y mande) de todas maneras compran pistolas, escopetas, ametralladoras y hasta bazucas al por mayor por debajo del agua —aún siendo "de uso exclusivo del ejército" (ja-ja-ja).

Y a veces, compran armas hasta con ayuda de la propia policía, que se supone debe perseguir este delito, no servir de proveedor oficial a sus supuestos enemigos.

Los autos y las piscinas matan anualmente a más gente que las armas (al menos en Estados Unidos). Y nadie considera los autos y las piscinas como de "uso exclusivo del ejército".

En cambio, quien quiera comprar un auto debe registrarse debidamente y pagar impuestos. Y en caso de un accidente, sus datos están registrados para que responda por las consecuencias. Y nadie protesta, todos estamos de acuerdo.

Me dirán que es lo que único que ahora le faltaría a México, imitar lo malo de los Estados Unidos, que es el país con el mayor índice de asesinatos del mundo desarrollado.

Pero, ¿no está pasando ya esto en Méxco de todas maneras, con los secuestros? Y si no está pasando, se disimula bastante bien. Además, los mexicanos no tenemos que cometer los mismos errores que los gringos, habría que planearse mejor a como se hace en Estados Unidos.

¿Porqué no permitir a cualquier pesona que quiera comprar una pistola, tomar un curso obliogatorio anual, y que apruebe un examen cada año para renovar su licencia, deje sus huellas digitales y esté constantemente monitoreado? Y hacer cursos informativos sobre manejo y precaución de armas también para niños y adolescentes, así como se hace con el sexo y las drogas. Las armas son un factor tan serio como cualquier otro en la vida.

Si en Estados Unidos ha habido, como correctamente se dice, incontables asesinatos por el uso ilegal de armas de fuego que se podían comprar antes hasta por correo (como los homicidios del ex presidente John F. Kennedy y el líder de raza negra Martin Luther King), también es cierto que en no pocas ocasiones la misma gente pacifista se ha podido defender de los maleantes gracias a que iban armados.

Por ejemplo, la imagen que tenemos de las "indefensas" familias de rancheros del viejo Oeste, que siempre eran víctimas de bandoleros y pistoleros, no es tal. Fuera de algunos casos (sobre todo entre indios, que por cierto también aprendieron a usar las armas), la mayoría de los pioneros iban armados. Y en no pocas situaciones, esos "pacíficos" pueblerinos dieron cuenta a balazo limpio de más de un delincuente que quiso pasarse de listo.

Casi típico, la infame banda de los hermanos Dalton, que fue masacrada en el pueblo de Coffeyville, Kansas, el 5 de octubre de 1892 después de haber robado dos bancos. Los habitantes los reconocieron y los esperaron afuera armados. Los delincuentes intentaron huír, dándole la espalda a "una docena de rifles Winchester, en las manos de hombres que sabían cómo usarlos", según el relato del Servicio Nacional de Parques de Estados Unidos.

Los pueblerinos dispararon a la banda incesantemente durante tres minutos. Al final, cuatro ladrones yacían tirados muertos, y uno más quedó herido.

Fue el fin de la carrera de una de las pandillas de delincuentes más famosas del Viejo Oeste. Todo gracias a un grupo de personas comunes y corrientes.

El título del relato lo resume todo: "The People of Coffeyville Say 'Enough!' ("La Gente de Coffeyville Dice '¡Suficiente!'")

Recuerdo una caricatura muy famosa, de uno de mis dibujantes favoritos, Don Martin, de una de mis revistas favoritas, MAD: Iba un tipo siniestro en un avión, con una gabardina y un sombrero, mirando con ojos torvos a los pasajeros. En un determinado momento, el tipo se para con una pistola en la mano, gritando que estaba secuestrando el avión.

¡El problema fue que en ese mismo momento, todos los pasajeros se levantaron y se amenazaron unos a otros con sendas pistolas, exigiendo también secuestrar el avión!

Un avión lleno de secuestradores. Típico humor donmartiniano.

La siguiente y última viñeta nos mostraba a todos los pasajeros / secuestradores frustrados, sentaditos y tranquilitos de nuevo en sus asientos, con mirada triste. Como derrotados por las realidad.

Y es que, al estar en igualdad de circunstancias (o sea, al ir todos armados), automáticamente se les había anulado su supuesta ventaja.

¿Se atreverían los narcos o los secuestradores a hacer sus desmanes en una calle donde supieran que todos anduvieran armados? ¿Donde les llegaran las balas de todos lados, como a la banda de los Dalton?

Nunca se me olvidó algo que un reportero le preguntó una vez a un ex alcalde de Dallas. Ron Kirk: "¿Usted tiene un arma en su casa?"

El alcalde (de raza negra, y demócrata, liberal y anti-armas de toda la vida) respondió sin titubear: "En mi casa vivo yo con mi esposa y nuestras dos hijas pequeñas. Con eso respondo su pregunta". (www.cesarfernando.com)

jueves, agosto 28, 2008

El "ranchito bicicletero" donde vivo

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

FORT MYERS, Florida -- “Un ranchito bicicletero”: Así es la primera descripción que hago cuando la gente me pregunta cómo es la ciudad donde vivo.

Y de hecho, es cierto: Por donde se le mida, Fort Myers, Florida, es un ranchito bicicletero. Tiene apenas una población de 70 mil habitantes, lo cual constituiría en muchos otros países, un simple caserío.

Y lo de "bicicletero" no es un decir. La gente es fanática del uso de bicicletas, más por gusto que por necesidad. Existen varios parques dedicados a ciclistas, y los habitantes lo toman con fervor.

Pero, cuando algún visitante latinoamericano viene, lo primero que notan es lo poco de ranchito que Fort Myers tiene.

Comparado, claro, con las ciudades latinoamericanas.

Un pueblecito de 70 mil habitantes en Estados Unidos, generalmente tiene más tiendas, más distracciones, galerías, museos, conciertos y en promedio, mejor nivel de vida que la ciudad latinoamericana "típica". Pero, sin la congestión.

(Aclaración: la zona metropolitana de Fort Myers totaliza alrededor de medio millón de habitantes, lo cual de todas maneras, sigue siendo un ranchito en muchos países.)

De hecho, mientras que a los latinoamericanos nos enorgullece cuando vemos que nuestras ciudades tienen más habitantes o más tiendas (y lo presumimos sobre todo a los habitantes de otras ciudades), en Estados Unidos ocurre al revés: Lo que los norteamericanos quieren es vivir en ciudades cada vez más pequeñas, y casi se levantan en armas cuando saben que la población aumenta o se va a abrir una tienda grande en su barrio. Sobre todo un Wal-Mart.

Para los norteamericanos, menos congestión significa mejor calidad de vida, a diferencia de en otros países, donde menos población significa menos tiendas o menos empleos.

Y a diferencia de América Latina, en Fort Myers se enfatiza en mantener zonas "ecológicas", sin desarrollo urbano, donde viven lagartos, aves silvestres y hasta panteras. Y pobre de aquél que se atreva a construír una tienda o un fraccionamiento en tales santuarios.

Porque, ¿de verdad vale la pena ser una ciudad grande, con muchos habitantes, pero con mala calidad de vida?

Eso es lo que se preguntan los norteamericanos. Y la respuesta (para ellos) es un claro y rotundo: No.

Qué contraste con paises como México, donde para que una población logre tener tiendas, servicios públicos y en general mejor nivel de vida, lo primero que necesita es tener miles o millones de habitantes. Si no, nunca pasara de ser un "ranchito bicicletero". Y eso es lo peor que le puede pasar a una ciudad al sur de la frontera. (www.cesarfernando.com)

lunes, agosto 25, 2008

Los "endorsos" de periódicos a políticos: ¿Sirven de algo?

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

Una de las tropecientas mil cosas que no entiendo de la mentalidad norteamericana (aparte de su fascinación casi religiosa con el Super Bowl, claro), son algunas costumbritas que tienen los periódicos.

Claro, los periodistas norteamericanos no se cansaban de repetir las bondades de la libertad de prensa en este país,con respecto a otros. Como por ejemplo, su alarde de ser “imparciales y objetivos”.

Sobre todo, comparados con los periódicos de otros países, considerados menos “imparciales y objetivos”.

Será el sereno, pero uno de los puntos más extraños que he encontrado en la prensa de Estados Unidos, es el famoso “endorsing”, o apoyo que dan a tal o cual candidato, durante unas elecciones.

(Algunos traducen “endorse” como “endorsar”, aunque una traducción más precisa sería “respaldar”, “apoyar”, “recomendar”, o quizá hasta “endosar”.)


Yo sé que los norteamericanos están súper orgullosos de su libertad de prensa. Y los periodistas, súper orgullosos del “prestigio editorial” de sus periódicos.

Pero esta costumbrita de “recomendar” a la gente que vote por un candidato (porque los editores del periódico lo perciben como “el mejor” para el puesto) se me hace horrenda.

Peor: Se me hace pasada de moda, anticuada, presuntuosa y hasta ridícula.

De la prensa de México, por ejemplo (donde nací y donde estudié e hice mis “pininos” periodísticos), los periodistas norteamericanos podrán decir todos los horrores que quieran, pero ay de aquél periódico mexicano que se atreva a hacer semejante “recomendación” a favor de tal o cual político. Nadie les va a creer, ni siquiera el propio candidato.

Los endorsos que se hacen en las prensas mexicanas, durante temporadas de elecciones, siempre son publicidades políticas pagadas por los propios partidos. Y a tarifa mucho mayor que la publicidad normal.

Pese a los problemas obvios que existen, la corrupción, la falta de recursos y todos los defectos que usted quiera y mande, en América Latina hay periódicos de prestigio (no necesariamente grandes o poderosos), que podrían darles una o dos lecciones de imparcialidad y objetividad a bastantes venerables diarios norteamericanos.

¿Para qué sirven los “endorsings”?

Hay diarios que no caen en este juego, como el USA Today y el Wall Street Journal. Pero según un artículo publicado en 2004 por la revista American Journalism Review, de la Universidad de Maryland, el 70 por ciento de los periódicos norteamericanos siguen esa costumbre.

Más aún, el 96 por ciento de los periódicos “grandes” (o sea con circulación mayor a 200 mil ejemplares diarios) aceptaron seguir haciendo “endorsings” a candidatos, según la revista.

¿Cuál es su argumento? Es un servicio público a los lectores, dicen algunos editores.

(Perdón: ¿decirle a la gente por quién votar —siendo que el voto es secreto y personal— es un “servicio público”? Esa no me la sabía.)

Mi amigo y maestro de periodismo, el Dr. Efraín Salmón, hizo un comentario al respecto la otra vez, que me pareció acertadísimo.

Notó que cuando el periódico “endorsaba” (¡horror!) a tal o cual candidato, precisamente éste era el que perdía las elecciones.



O sea, parecía que los electores esperaban a ver a cuál candidato apoyaba el periódico, para después votar... por el contrario,

En ese sentido, sí estoy de acuerdo: Los “endorsings” sí son un servicio valioso para la sociedad. (www.cesarfernando.com)

domingo, agosto 24, 2008

Nos llevamos Bronce en demagogia

Por César Fernando Zapata
cfzap@yahoo.com

FORT MYERS, Florida -- Por estos lares, y ya en plena temporada de elecciones, no puedo evitar escuchar los anuncios politicos que los candidatos presentan por radio.

Generalmente, son iguales, pero el otro día me sorprendió escuchar uno de ellos.

En el comercial, el candidato prometía bajar los impuestos, mejorar el nivel de vida, preservar el medio ambiente, y hasta ¡disminuir el tráfico y la congestión en la calles!

En serio: Prometió que con esto, "las familias y sus hijos tendrán mejor futuro" (sin congestión ni
sobrepoblación urbana).

¿Quién es este portento de candidato, que exhibe tales capacidades? ¿Es acaso el candidato súperestrella de la temporada, Barack Obama? ¿O el candidato veterano "de la experiencia", John McCain?

¿O quizá Supermán?

Para nada. Quien hizo tales portentosas promesas es un simple candidatillo local (republicano) de Fort Myers, Florida, que quiere ser electo a uno de los puestos de la Comision del Condado de Lee, donde vivo.

Ya tengo bastantes añitos como para haberme dado cuenta de que en política (sobre todo en elecciones) todo se vale. También sé, tras todos estos años de vivir en Estados Unidos, que hay electores tontos, que votan con el corazón, y no con la cabeza.

¿Pero de verdad habrá quién se trague tales cuentos? ¿Aún entre los viscerales electores extremistas de la visceral Florida?

Y yo que creía que para demagogia, los políticos mexicanos eran campeones. Pero no.

Creo que aquí tambien vamos a tener que conformarnos con la medallas de bronce, porque hasta en esto nos ganan los gringos. (www.cesarfernando.com)