viernes, diciembre 07, 2007

Vivir (y Plaza Sésamo) no son buenos para la salud

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata


FORT MYERS, Florida — Un excompañero de trabajo en Texas vivía gracias a los milagros de la ciencia moderna.

Estuvo a punto de sufrir dos infartos. En ambas ocasiones, las oportunas operaciones le permitieron vivir. En una de ellas hasta le implantaron un marcapasos.

Pero como buen mexicano, mi excompañero no hacía caso a las recomendaciones de atenderse de vez en cuando. (Aparte de que como inmigrante mexicano en Estados Unidos, no tenía seguro médico, ni dinero para pagarlo.)

Eso sí, le tupía duro a la grasa, los tacos, la carne roja y todo lo que era "malo para su salud".

Cuando algún amigo de él, con los ojos como canica, veía cómo mi excompañero se llenaba el plato de grasa y carne, éste simplemente se encogía de hombros y repetía su optimista frase: "Total, de algo nos tenemos qué morir".

Por lo menos sabía bien de lo que hablaba: Se murió al día siguiente.

Un infarto masivo lo mató mientras dormía, a los cincuenta y pico de años.

Quizá mi excompañero buscaba vivir al máximo, pero creo que le exageró. Hay que cuidarse, cierto. Pero también me he dado cuenta de que entre más ande uno cuidándose, más encuentra riesgos para su salud.

No comer mata. Pero comer en exceso, causa gordura, colesterol, diabetes y eventualmente, mata, nos repiten los expertos en medicina. (Y nuestras mamás y esposas.)

Beber mucho aumenta riesgo de cirrosis, daño cerebral y la muerte. Y no beber alcohol es malo para el corazón, dicen los expertos en dietas "mediterráneas".

Comer pan, azúcar, dulces, y todo lo que nos encanta, está prohibidísimo.

No ejercitarnos es lo peor. Pero ejercitarnos mucho nos acaba (al menos esa es mi excusa).

Uno ya no sabe ni qué hacer, para dónde hacerse.

Recientemente salió una noticia de "otros expertos" que habían encontrado que la tal dieta mediterránea no es tan saludable. Que tomarse un vaso de vino tinto diario (como nos recomendaban los cardiólogos) aumenta 10% el riesgo de padecer cáncer intestinal.

Si en vez de un vaso, usted se toma dos vasos de vino tinto (o cerveza) entonces el riesgo de cáncer intestinal se dispara al 25%.

Tomar refrescos, todos lo sabemos desde niños, tumba los dientes, causa diabetes y engorda.

Bueno, me decía antes, no queda de otra mas que tomar agua. Ni modo.

Ahora me entero de que un corredor que participaba en un maratón se murió por tomar demasiada... ¡agua!

Lo más espantoso es que el muertito era... ¡médico!

Los "expertos" (¡otra vez!) ni tardos ni perezosos nos salieron al paso para darnos su docta explicación: "Ah, pero claro. El tipo se murió porque tomar demasiada agua envenena al organismo".

(?????)

Según los expertos (en este caso, médicos expertos), lo que el doctor maratonista debió haber hecho no era tomar agua, sino alguna de esas bebidas "atléticas" (léase, Gatorade, similares y conexas), que "contienen todos los sales y elementos necesarios" que el cuerpo pierde cuando se deshidrata.

Pero parece que los riesgos de envenenarnos no se limitan solamente a nuestro cuerpo, sino a nuestra mente, como nos lo repetían nuestras madres desde pequeños.

Mucha tele, mucha computadora, mucho internet nos vuelve zombis. Por eso, recuerdo que nuestras madres (y padres) nos recomendaban ver programas "educativos" y "provechosos".

Como Plaza Sésamo, ¿se acuerda? Con qué gusto y alegría lo veíamos de niños.

Pues no, ahora que la cadena PBS sacó la colección completa de los primeros capítulos en DVD de Plaza Sésamo (en inglés) le estamparon una advertencia en la funda, de las que sólo se ven en las películas XXX (me cuentan, aclaro): "Sólo para adultos".

Según un reporte del diario The New York Times, esos primeros capítulos de nuestra entrañable y esencial serie educativa (???) no son aptos... ¡para niños!

De acuerdo con el diario, los productores de la serie advierten: "(Estos capítulos) son para adultos, y pudieran no satisfacer las necesidades de los niños preescolares de hoy".

O sea, ¿lo que se enseñaba en esa primera temporada de la multipremiada serie (durante 1969 a 1974, precisamente cuando mis padres me obligaban a verla) no era bueno para niños?

Hasta ahorita...

En uno de esos capítulos, una niñita camina sola por la calle cuando llega a Plaza Sésamo, y se encuentra con un hombre adulto que la recibe alegremente, y la invita a pasar a su casa (!!). A tomar "leche con galletitas" (!!!!)

La niña acepta (!!!!!) y entra a la casa del extraño alegremente. (!!!!!!!!).

Eso no es todo: La casa donde vivían Beto y Enrique estaba tan deteriorada, que se estaba prácticamente cayendo (una imagen no muy positiva para alegrarle la vida a un niño). Lucas, el inmortal "monstruo comegalletas" enseñaba hábitos alimenticios poco saludables, y Oscar (el gruñón) tenía un carácter aterrador, más a tono con novelas de Stephen King.

Por todos lados, en esos primeros programas, los muppets de Plaza Sésamo enseñaban a fumar pipas, a golpear, y otras actitudes que los "expertos" de hoy en día encuentran reprobables para niños.

Una madre de dos niños que escuchó las advertencias (y quien seguramente se había "formado" con Plaza Sésamo), se preguntó en voz alta: "¡Dios mío!, ¿que hicieron con nosotros?", según el New York Times.

Lo dicho: El vivir (y Plaza Sésamo) matan...

Todo esto me recuerda el epitafio que el cineasta Woody Allen eligió para su tumba:

"Sabía que si seguía viviendo, tarde o temprano esto me pasaría".

E-mail: cfzap@yahoo.com
www.cesarfernando.com

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