jueves, diciembre 13, 2007

Ecología, sobrepoblación, hambruna, ambiente: ¿Todo tiempo pasado fue mejor?

Donde quiera escuchamos de gente mayor que nos repite hasta el cansancio lo buenos que eran "viejos tiempos".

Hasta los que no somos tan viejos (ejem) nos la pasamos añorando "aquellos buenos tiempos". La música de los sesentas, setentas y ochentas, por ejemplo, es considerada como "superior" a "la basura" que se hace hoy en día por algunos nostálgicos.

¿En verdad el ayer fue mejor que el hoy? Entonces, ¿el hoy será mejor que el mañana?

Tiempo atrás, leí en el diario The Dallas Morning News una deliciosa entrevista con una dama que acababa de cumplir noventa y tantos años.

La reportera le preguntó a la mujer, palabras más palabras menos, qué pensaba de la vida moderna comparada con el pasado en que esta anciana creció.

La casi centenaria dama no dudó en responder: "Mienten los que dicen que todo tiempo pasado fue mejor. Será porque no lo vivieron".

Ejemplificaba la anciana que el "mejor día" de la semana para la gente de sus tiempos era el domingo, porque no trabajaban y lo dedicaban a la familia o a salir a pasear.

Pero incluso los domingos eran más que duros para la gente promedio: Podían ser hasta un tormento.

"Las mujeres teníamos que cocinar desde muy temprano por la mañana. Salíamos corriendo a la iglesia, y después teníamos que ir de día de campo con todos, caminando o en carreta (los que tenían), por veredas polvosas e irregulares. Cuando llovía era peor. No habían calles ni carreteras", recordaba mas o menos la mujer.

Recordó que la gente tenía que enfrentar los mosquitos, y todo insecto que ahora se han olvidado en las ciudades. "Y cuando volvíamos a la casa —exhaustos—, teníamos que lavar todo lo usado en la cocina. Y al final, tratábamos de descansar bajo un calor insportable, que se sentía dentro o fuera de la casa". Esto era de día: De noche era peor, era difícil dormir por el calor.

Nadie se imaginaba los enormes adelantos que iba a tener la ciencia desde entonces, y los que nacieron después no los aprecian: Los dan por un hecho, cuando en realidad no lo son.

"Disfruto más de mis domingos hoy, a los 90 años, que a los 20. Para mí, un domingo excelente es levantarnos tarde, ir en auto (o autobús) a la iglesia, invitar a la familia a comer, comprar un paquete de pollo de camino (ya preparado) en alguna tienda, rentar una película y pasar la tarde con la familia en la casa, en el aire acondicionado.

"Para mí, eso es la verdadera vida...", concluía la mujer.

¿El futuro es mejor que el pasado? No todos piensan igual. Sobre todo, científicos que predicen una debacle poblacional y ambiental a la vuelta de cada esquina.

¿Quién puede negarlo? Es la moda, predecir el apocalipsis. Si uno es pesimista, será más tomado en serio y alabado que si uno promueve el optimismo.

El pesimismo vende libros. Y periódicos: El ex editor del Washington Post, Ben Bradlee, calificó a las historias negativas como "santa mierda" ("Holy Shit Stories"). Decía a sus reporteros que todos los días el diario tenía que llevar historias en la portada que obligaran a los lectores que los leían en la mañana a gritar: "¡Holy shit!".

Uno de estos científicos pesimistas es el profesor universitario en Biología, Paul R. Ehlrich, quien pasmó al mundo al publicar su libro, The Population Bomb (La Bomba Poblacional.)

En el escrito, que se convirtió en un influyente best-seller, Ehlrich predijo que debido al explosivo crecimiento de la población, y a la constante reducción de los recursos naturales, en el futuro "cientos de millones de personas morirán de hambre en el mundo... (y) "nada podrá evitar ese sustancial aumento de la mortandad".

Desafortunadamente para Ehlrich, sus predicciones no ocurrieron. The Population Bomb fue publicado en 1968, y su autor predecía que las hambrunas y sus cientos de millones de víctimas ocurrirían en las décadas de 1970 y 1980. Hasta ahora, a pesar de los problemas mundiales, la hambruna no ha aumentado sino que parece que va en retroceso.

Esto no detuvo a los pesimistas. Insistían que "lo peor está por venir", a pesar de que grupos de científicos más optimistas los hacían a un lado.

Uno de esos científicos optimistas, el economista Julian Simon, no se quiso dejar amendrentar, y retó en 1980 a Ehlrich a una apuesta: Le dejó que éste eligiera cinco metales que se venden en el mercado, para verificar su precio real diez años en el futuro. Si los metales subían de precio (por su escasez, como Ehrlich predecía), Simon perdía. Si no subían y al contrario, bajaban, Ehrlich perdía. El perdedor iba a pagarle al ganador una suma por la diferencia en el precio de cada metal.

Ehrlich consultó con sus colegas, y eligieron cinco metales, que supuso que iban a escasear debido a la sobreexplotación de recursos en el futuro: cobre, cromo, níquel, estaño y tungsteno. Toda la apuesta se llevó a cabo en la revista Social Science Quarterly, con los lectores de testigos. Eligieron 1990 como la fecha de comparación de precios.

Pasaron los años. En 1990, el mundo era otro: La población mundial había seguido aumentando como nunca, llegando a más de 5 mil 200 millones, casi 800 millones más que en 1980.

Pero sin excepción, todos los precios de los metales elegidos por Ehrlich se habían ido a pique. Algunos, como el estaño, se habían desplomado a menos de la mitad de precio.

Ehrlich tuvo que enviar a Simon un cheque por 576 dólares, aceptando su derrota.

¿Porqué perdió Ehrlich la apuesta? Las nuevas tecnologías reemplazaron las viejas, que necesitaban de los materiales. El cobre, por ejemplo, que se usaba para cables de líneas de comunicación, fue reemplazado por materiales como fibra óptica y los plásticos sustituyeron las tuberías de cobre.

Simon asegura que, pese a esto, la gente prefiere ser pesimista respecto al futuro (las "Holy Shit Stories"), a pesar de que les presenten evidencia en contra de su pesimismo.

De hecho, según un estudio de la ONU, existe la posibilidad de que la población mundial llegue a un límite en 2050 y después se mantenga estable en alrededor de 10 mil millones, o incluso descienda.

Hoy en día se ha desacelerado el crecimiento en los países ricos, y se espera que la tendencia continúe en otros países.

Ehrlich insistió en una revancha con Simon, esta vez apostando sobre deforestación y aumento de las temperaturas de la Tierra. Simon rechazó la oferta, afirmando que la calidad de vida de los seres humanos seguirá mejorando en el futuro, gracias a la tecnología.

Igual piensan otros.

Según un artículo escrito por Indur M. Goklany, un investigador independiente para el centro de estudios Cato Institute de Washington, D.C., los seres humanos en general vivimos más y mejor hoy en día que apenas hace 100 años.

De hecho, el tan criticado y vilipendado siglo 20 fue el que vió más avances en el bienestar humano que toda la historia anterior: La esperanza de vida aumentó de 47 a 77 años. La muerte por enfermedades graves como cáncer, males cardiacos y respiratorios se ha retrasado entre ocho y once años y hasta ha descendido. La mortalidad infantil ha bajado de 100 muertes por cada 1,000 nacimientos en 1913, a solo siete por cada 1,000.

A nivel mundial, la esperanza de vida se ha más que duplicado de 31 años en 1900 a 67 actualmente.

En los países en desarrollo, la población que sufre hambruna descendió del 37 por ciento en 1970 al 17 por ciento en 2001, aún con el aumento poblacional del 83 por ciento. El nivel de absoluta pobreza se ha reducido a la mitad desde 1981, del 40 al 20 por ciento, según el reporte de Cato.

Educacionalmente, han habido increíbles avances: 82 por ciento de la población mundial está alfabetizada, y hay más países con libertad de expresión hoy en día que hace 10 décadas.

A pesar de los problemas serios que aún existen, la gente trabaja menos horas y tiene más dinero y mejor salud para gastarlo, escribió.

Claro, cuando una sociedad comienza a progresar, se olvida del medio ambiente, buscando su propio bienestar. Cuando llegan a cierto nivel de riqueza, se concientizan de que el deterioro ambiental reduce su calidad de vida, y le inyectan recursos a su conservación creando mejor tecnología.

Por eso, los países más ricos hoy en día son los más limpios, ambientalmente hablando. Y ese trayecto seguirán los países en desarrollo una vez que se vuelvan ricos, sino es que antes. Citó como ejemplo el hecho de que los Estados Unidos comenzaron a vender gasolina sin plomo después de que su ingreso per cápita llegó a los 16 mil dólares. China hizo lo mismo antes de alcanzar un ingreso per cápita de 3 mil dólares.

¿Quién está en lo correcto? Ambas corrientes, la pesimista y la optimista, tienen sus argumentos sólidos en favor y en contra. Parece, eso sí, que los partidarios de las "Holy Shit Stories" son más taquilleros, y venden más documentales (y hasta les otorgan el premio Nóbel)

Pese a todo, es reconfortante saber que la suya no es la única verdad, que existe otra opción. Y que quizá, al fin de cuentas, sea cierta la frase que dice que lo mejor aún está por venir.

cfzap@yahoo.com
www.cesarfernando.com

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