miércoles, noviembre 21, 2007

Día de Acción de Gracias: ¿Una celebración 100% mexicana?

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata


FORT MYERS, Florida — Recuerdo que la primera vez que vi una celebración del Día de Acción de Gracias (en vivo y a todo color, no en televisión, porque ya me había chutado todos los capítulos de Carlitos y Snoopy desde niño) fue en una escuela privada de México.

Los alumnos (casi todos hijos de familias ricas) y sus maestros celebraban la fecha con dulces, música, y pavo como si estuvieran en Massachusetts, no en Tampico, mi ciudad natal.

Vaya, algunos iban hasta vestidos de peregrinos y otros de indios.

“¡Habrase visto semejante cosa!”, pensé casi en voz alta. “¿Qué tienen éstos que celebrar un festejo extranjerizante?”

(Los puristas y ultranacionalistas agregarían “Ajeno a nuestra idiosincracia y valores”.)

La segunda vez que viví un festejo del Día de Acción de Gracias (o Thanksgiving Day, como se dice en inglés) en vivo y a todo color fue en Texas, cuando recién llegué a Estados Unidos, hace más de 11 años.

Los hermanos y de mi esposa y sus familias (todos inmigrantes mexicanos) se reunieron y, frente a un sabroso pavo relleno, se tomaron de las manos y de manera solemne ofrecieron una plegaria de agradecimiento a Dios por lo bueno que les dió el año, pidiendo además por aquellas personas que no tuvieron tanta suerte.

Los latinoamericanos tendemos a igualar erróneamente el Thanksgiving con la cena de Navidad, pero no se compara: El Día de Acción de Gracias es mucho más importante que la Navidad o el Año Nuevo para los norteamericanos.

¿Porqué? Porque aunque se dice una plegaria de agradecimiento, el Thanksgiving no es una celebración religiosa, sino totalmente laica.

Por supuesto, generalmente se agradece a Dios, pero eso no es necesario. Usted puede agradecerle a Jehová, a Alá, a Zeus, a la Madre Naturaleza a Mickey Mouse o a quien usted quiera y mande (hasta a San López Obrador si le place), y el festejo tendrá igual validez.

Thanksgiving no depende de religiones ni de fe, sino del agradecimiento de cada persona. Y por eso es una celebración típicamente norteamericana.

Para un inmigrante latinoamericano el festejo del Día de Acción de Gracias puede parecer extraño y ajeno ("extranjerizante"). Y es normal, porque tradicionalmente, en nuestros países no se celebra.

Pero esto no le quita el valor bienintencionado ni positivo del festejo. Al contrario: habría que preguntarnos porqué no existen celebraciones de agradecimiento similares en América Latino o en el mundo.

Porque todos tenemos algo por qué agraceder.

Y esto no tiene nada de “extranjerizante”, ni “ajeno”, como algunos todavía pensamos.

Sobre todo, porque históricamente, nosotros los hispanos —y en especial los mexicanos— fuimos los primeros en celebrar el Día de Acción de Gracias en Estados Unidos.

Años antes de que los peregrinos del barco Mayflower llegaran a Massachusetts, otro grupo de colonos cristianos también ce-lebraron su cena religiosa en Estados Unidos para agradecer a Dios por las bondades que les había prodigado.

Fue en 1598, en lo que hoy es El Paso, Texas.

Ese primer Día de Acción de Gracias se celebró casualmente no en inglés, sino en español.

Y los colonos no eran ingleses ni protestantes, sino católicos y... mexicanos.

Se trató de la expedición del conquistador Juan de Oñate, nacido en la ciudad de Zacatecas, quien recibió autorización del Rey de España para explorar y colonizar las tierras al norte de la Nueva España (Lo que ahora sería Nuevo México).

El 30 de abril de 1598 los colonos de Oñate llegaron a lo que hoy es territorio “americano”, y lo primero que hicieron fue una ceremonia para dar gracias, “a nombre de la más santísima Trinidad y a nombre del más cristiano rey, don Felipe Segundo”.

Y aunque no comieron pavo (o guajolote, como le llamaban los antiguos aztecas al ave), los celebrantes de ese primer “Thanksgiving” sí degustaron pescados, patos y gansos.

Eso fue 20 años antes de la famosa celebración de Plymouth, Massachusetts, que ocurrió hasta 1621. Y que es la que se recuerda (incorrectamente) como “el primer Día de Acción de Gracias”.

Así, pues, nosotros los latinoamericanos tenemos tanto derecho como cualquier norteamericano de disfrutar de esta celebración del Día de Acción de Gracias como propia.

Y si no con pavo (o guajolote), festejémosla con tamales, arepas, tacos, fajitas, pupusas, seviche o lo que uno tenga.

Lo importante, es celebrarlo en paz, y si se puede, con nuestros seres queridos.

Teniendo eso, no hay mejor motivo para estar agradecidos.

Felicidades.

cfzap@yahoo.com
www.cesarfernando.blogspot.com

1 comentario:

  1. Como siempre, interesante y agudo comentario, César. Gracias por compartirlo.

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