jueves, septiembre 27, 2007

La "burbuja" de bienes raíces se reventó en EE.UU... y nos salpicó a todos

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

FORT MYERS, Florida — Apenas pude creer mis ojos cuando vi la imagen en la calle, el otro día mientras manejaba.

Allí, en medio de la acera bajo el sol floridiano, estaba una muchacha despampanante, vestida en despampanantes pantalones cortos, levantando un menos despampanante letrero a todo lo alto.

Ella, toda sonrisas, se aseguraba de que los conductores la bañaran con sus miradas. Yo, todo caballerosidad, no me atreví a defraudarla.

Pero contra lo que puedan pensar vuestras malintencionadas mercedes, no dejé mi mirada fija en ella por mucho tiempo. De hecho, no pude, no porque no quisiera: Mis ojos apenas tuvieron tiempo de saltar más hacia adelante, donde otra despampanante nena, en igualmente despampanantes pantalones cortos, también sostenía otro letrero pasos más allá.

Y había otra más allá. Y luego otra más.

¿Qué anunciaban esas muchachas, con esos letreros y en ese estilo tan floridiano?

Casas, ni más ni menos. Venta de casas. A "Sólo" 145 mil dólares.

El truco publicitario, aunque no estaba nada mal (era de verse), tampoco era original: Ya había visto escenas similares varias veces afuera de licorerías y lavados de autos en Dallas.

Lo novedoso es que se trataran de vendedores de casas, un mercado que jamás tuvo antes que recurrir a los "bajos instintos" para atraer clientes.

Más que originalidad publicitaria, se antojaba a recurso desesperado.

Para que los vendedores de casas hayan echado mano de una de las tácticas más viejas de la historia (el sexo) para vender una de las necesidades más básicas de la humanidad (vivienda) —la cual nunca necesitó semejantes impulsos— es que señal de que algo anda muy mal.

Y es cierto. El mercado de bienes raíces está por los suelos en Estados Unidos en este momento, después de años de gozar de excelentes ventas, a tal grado que todos pensaban que las casas nunca bajarían de precio.

Pero ocurrió: Fue la famosa "burbuja inmobiliaria", que por fin se reventó. Y en pocos lugares de Estados Unidos ha tenido efectos tan devastadores como en California y Florida.

(Casualmente, dos de los estados donde más inmigrantes hispanos viven, precisamente atraídos por la abundancia de trabajos de construcción.)

Pero eso era antes. Hace la friolera de un año. Por ejemplo, el Condado Lee (donde vivo) ha experimentado un índice de desempleo del 4.7 por ciento en julio, según estadísticas de la Agencia de Innovación Laboral de Florida, mencionadas por el diario The News-Press.

Significa que casi uno de cada 20 trabajadores está desempleado, el índice más alto en casi cuatro años.

En el mismo mes, el desempleo en Florida fue del 3.9 por ciento, y a nivel nacional, fue del 4.6 por ciento, según las mismas fuentes.

Todo esto, suponen expertos, es propiciado por la baja de ventas de casas.

Hace apenas cuatro años, no era raro que alguien pudiera comprar una casa en esta parte de Florida por unos 150 mil dólares. Caro, pero no descabellado.

Las hipotecarias recibieron más financiamiento de parte de inversionistas al ver que los precios subían, y se fueron a otorgar préstamos a diestra y siniestra. Total, había dinero, y optimismo.

Por eso, muchos se lanzaron a comprar. Sobre todo sitios "deseables" como los estados costeros. Y por eso, claro, subieron los precios de las casas.

En 2005, alguien se dio cuenta que la casita que había comprado en Florida en 150 mil dólares, ya no valía tal, sino 250 mil. En un año había subido 50 mil o 100 mil dólares de valor, o más.

Y se desató la fiebre especuladora. Empresas de construcción, inmobiliarias y compañías de inversiones se agarraron a comprar y construír cuanta casita estuviera a la venta. Claro, los propietarios vieron su oportunidad, y al ver cómo los compradores hacían fila, exigieron el precio que se les vino en gana. No era raro que las casas que valían 150 mil se pagaran sin chistar en 300 mil o hasta 400 mil dólares.

Esto causó una curiosa emigración de compradores: Mucha gente de Miami (un mercado de por sí saturado y estratosférico), por ejemplo, buscaron "nuevas fronteras" y se fueron a la costa oeste de Florida, donde vivo.

Las constructoras se lanzaron a edificar casas y condominios al por mayor, con intención de esperar un poco y revenderlas como si fueran el Taj Mahal.

Pero entre esos inversionistas grandes y constructoras poderosas, también hubieron especuladores menores y desorientados.

Muchos de ellos eran retirados o personas de clase media que se creyeron muy listos y pensaron que esta era la oportunidad de hacerse ricos: Contagiados de la fiebre especuladora, rompieron el cochinito para comprar dos o tres casas y esperar a que subieran de precio para revenderlas.

Otros —que ni siquiera cochinito tenían— se lanzaron de cabeza a pedir préstamos, tratando de acaparar las pocas casas que quedaban disponibles.

Ya para entonces, esa casita cerca de la playa que en 2000 costó 150 mil dólares, ya valía casi medio millón. Pero esto no les importó a los nuevos gambusinos, que esperaban dar con el filón que los haría multimillonarios: Total, en un año máximo, esa "inversión" de 500 mil dólares ya valería 750 mil o hasta un millón.

O al menos así pensaban.

Los bancos, contagiados de la fiebre, no quisieron que los dejara el tren y se lanzaron a otorgar préstamos a gente que no tenía ni en qué caerse muerta, y que en otras circunstancias no les hubieran confiado ni un saco con alacranes.

Total, en un año todos serían millonarios.

No fueron pocos los que compraron dos, tres o hasta más casas, prácticamente empeñando hasta la camisa.

Las constructoras no daban a basto para levantar viviendas. Y claro, en medio de esta fiebre, nuestra gente —los inmigrantes latinoamericanos— llegaron a Florida, atraídos por el "boom" de empleos.

Todo mundo estaba contentísimo. Excepto, claro, la gente de clase media que necesitaba comprar casa para vivir (no para especular), porque no habían viviendas baratas.

Muchos economistas alertaron de que todo esto era pasajero: La famosa "burbuja inmobiliaria", que se ha inflado muchas veces en el pasado. E igual se ha "reventado" dejando a más de uno en la calle.

Pero a nadie pareció importarle.

Y entonces, a principios de 2007, se reventó la burbuja.

"En noviembre de 2006 fuimos a ver una casa que nos vendían", me comentó mi compañero Adrián, originario de Puerto Rico y recién mudado con su familia a Florida. "Era nueva, en un fraccionamiento cerrado. Tres dormitorios, patio trasero, cochera para dos autos, bellísima... ¿Cuánto costaba? 450 mil dólares".

"Imagínate, no me hubiera quedado a fin de mes ni para comprarme un mantecado", recordó Adrián. "Les dijimos, 'nos encanta, pero a 450 mil, thank you, but no, thank you'".

Meses después, la misma casita seguía allí, sin venderse. La constructora, desesperada, le envió una invitación a Adrián y su esposa para que "reconsideraran una nueva oferta".

"Al final, la casa me la vendieron en 250 mil dólares", se alegró Adrián. "Le bajaron 200 mil dólares en apenas cinco meses. Y claro que firmamos".

Otro vendedores no han sido tan afortunados, y ven cómo su casa (que esperaban vender en medio millón y acaban por "regalarlas" en 200 mil dólares) siguen allí, sin compradores después de un año de terminadas.

Mientras, tienen que pagar hipotecas por el doble o triple de lo que en realidad vale la casa. Por eso ahora hay cifras récord de embargos: La gente simplemente no puede pagar.

A mí donde quiera me sale gente aconsejándome: "Compra, compra... Este es el momento de comprar. Los precios de las casas están por los suelos, y el vendedor te va a rogar".

Pero no es tan fácil, por mucho que quiera.

Debido a que los bancos y las financiadoras se la pasaron regalando el dinero a gente insolvente, ahora muchas de ellas han quebrado. Y las que quedan, se cuidan más que señoritas recatadas.

"Ayer por cierto, cerramos un contrato de préstamo", me comentaba un agente de una hipotecaria. "El cliente tenía 740 puntos de crédito, lo que es perfecto. Y dio 50 mil dólares de enganche por la casa, así en efectivo. Tenía todos los papeles... y aún así el banco no le quería dar el préstamo. Vaya que batallamos".

No es raro que en este clima, las ventas de casas bajen. En el sur de California, por ejemplo, el índice de ventas llegó a su nivel más bajo en 15 años, según el diario Los Angeles Times.

Y aunque hay compradores, no hay hipotecaria que se lance a prestarles por temor a que no puedan pagarles.

Personalmente, yo no soy ningún especulador. Simplemente quiero una casa para vivir, pero sé que si voy a un banco hoy a pedir financiamiento, se van a tirar carcajeándose al piso.

Además, tengo meses anunciando para venta mi casa en Texas, y está como solterona de pueblo: Nomás no sale. Ahorita he tenido que (medio) pagar dos rentas: La de mi departamento en Florida y la de mi casa en Texas, lo que está a punto de dar al traste a mis de por sí deprimidas finanzas.

El Banco de la Reserva Federal bajó medio punto porcentual las tasas de interés días atrás, tratando de estimular la alicaída economía norteamericana, porque al paso que va, se dirige a una recesión. Miles de personas han perdido su trabajo, sobre todo empleados de hipotecarias, bancos, inmobiliarias, y hasta inmigrantes que trabajaban en la construcción.

¿Qué nos importaría a los mexicanos tanto problema gringo? Bueno, una recesión en Estados Unidos, forzosamente arrastraría a los demás países, sobre todo México.

(Acuérdese del choteadísimo chiste ese del estornudo y el catarro.)

¿Morderán el anzuelo los clientes potenciales de casas si les ponen chicas en pantalones cortos? Lo dudo. El problema es de confianza, no de pasión.

Pero al menos todos le hacen la lucha como pueden.

cfzap@yahoo.com
www.cesarfernando.blogspot.com

1 comentario:

  1. Ahi una pelicula muy buena al respecto The Big Short tal vez ya la hayas visto

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