jueves, septiembre 27, 2007

La "burbuja" de bienes raíces se reventó en EE.UU... y nos salpicó a todos

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

FORT MYERS, Florida — Apenas pude creer mis ojos cuando vi la imagen en la calle, el otro día mientras manejaba.

Allí, en medio de la acera bajo el sol floridiano, estaba una muchacha despampanante, vestida en despampanantes pantalones cortos, levantando un menos despampanante letrero a todo lo alto.

Ella, toda sonrisas, se aseguraba de que los conductores la bañaran con sus miradas. Yo, todo caballerosidad, no me atreví a defraudarla.

Pero contra lo que puedan pensar vuestras malintencionadas mercedes, no dejé mi mirada fija en ella por mucho tiempo. De hecho, no pude, no porque no quisiera: Mis ojos apenas tuvieron tiempo de saltar más hacia adelante, donde otra despampanante nena, en igualmente despampanantes pantalones cortos, también sostenía otro letrero pasos más allá.

Y había otra más allá. Y luego otra más.

¿Qué anunciaban esas muchachas, con esos letreros y en ese estilo tan floridiano?

Casas, ni más ni menos. Venta de casas. A "Sólo" 145 mil dólares.

El truco publicitario, aunque no estaba nada mal (era de verse), tampoco era original: Ya había visto escenas similares varias veces afuera de licorerías y lavados de autos en Dallas.

Lo novedoso es que se trataran de vendedores de casas, un mercado que jamás tuvo antes que recurrir a los "bajos instintos" para atraer clientes.

Más que originalidad publicitaria, se antojaba a recurso desesperado.

Para que los vendedores de casas hayan echado mano de una de las tácticas más viejas de la historia (el sexo) para vender una de las necesidades más básicas de la humanidad (vivienda) —la cual nunca necesitó semejantes impulsos— es que señal de que algo anda muy mal.

Y es cierto. El mercado de bienes raíces está por los suelos en Estados Unidos en este momento, después de años de gozar de excelentes ventas, a tal grado que todos pensaban que las casas nunca bajarían de precio.

Pero ocurrió: Fue la famosa "burbuja inmobiliaria", que por fin se reventó. Y en pocos lugares de Estados Unidos ha tenido efectos tan devastadores como en California y Florida.

(Casualmente, dos de los estados donde más inmigrantes hispanos viven, precisamente atraídos por la abundancia de trabajos de construcción.)

Pero eso era antes. Hace la friolera de un año. Por ejemplo, el Condado Lee (donde vivo) ha experimentado un índice de desempleo del 4.7 por ciento en julio, según estadísticas de la Agencia de Innovación Laboral de Florida, mencionadas por el diario The News-Press.

Significa que casi uno de cada 20 trabajadores está desempleado, el índice más alto en casi cuatro años.

En el mismo mes, el desempleo en Florida fue del 3.9 por ciento, y a nivel nacional, fue del 4.6 por ciento, según las mismas fuentes.

Todo esto, suponen expertos, es propiciado por la baja de ventas de casas.

Hace apenas cuatro años, no era raro que alguien pudiera comprar una casa en esta parte de Florida por unos 150 mil dólares. Caro, pero no descabellado.

Las hipotecarias recibieron más financiamiento de parte de inversionistas al ver que los precios subían, y se fueron a otorgar préstamos a diestra y siniestra. Total, había dinero, y optimismo.

Por eso, muchos se lanzaron a comprar. Sobre todo sitios "deseables" como los estados costeros. Y por eso, claro, subieron los precios de las casas.

En 2005, alguien se dio cuenta que la casita que había comprado en Florida en 150 mil dólares, ya no valía tal, sino 250 mil. En un año había subido 50 mil o 100 mil dólares de valor, o más.

Y se desató la fiebre especuladora. Empresas de construcción, inmobiliarias y compañías de inversiones se agarraron a comprar y construír cuanta casita estuviera a la venta. Claro, los propietarios vieron su oportunidad, y al ver cómo los compradores hacían fila, exigieron el precio que se les vino en gana. No era raro que las casas que valían 150 mil se pagaran sin chistar en 300 mil o hasta 400 mil dólares.

Esto causó una curiosa emigración de compradores: Mucha gente de Miami (un mercado de por sí saturado y estratosférico), por ejemplo, buscaron "nuevas fronteras" y se fueron a la costa oeste de Florida, donde vivo.

Las constructoras se lanzaron a edificar casas y condominios al por mayor, con intención de esperar un poco y revenderlas como si fueran el Taj Mahal.

Pero entre esos inversionistas grandes y constructoras poderosas, también hubieron especuladores menores y desorientados.

Muchos de ellos eran retirados o personas de clase media que se creyeron muy listos y pensaron que esta era la oportunidad de hacerse ricos: Contagiados de la fiebre especuladora, rompieron el cochinito para comprar dos o tres casas y esperar a que subieran de precio para revenderlas.

Otros —que ni siquiera cochinito tenían— se lanzaron de cabeza a pedir préstamos, tratando de acaparar las pocas casas que quedaban disponibles.

Ya para entonces, esa casita cerca de la playa que en 2000 costó 150 mil dólares, ya valía casi medio millón. Pero esto no les importó a los nuevos gambusinos, que esperaban dar con el filón que los haría multimillonarios: Total, en un año máximo, esa "inversión" de 500 mil dólares ya valería 750 mil o hasta un millón.

O al menos así pensaban.

Los bancos, contagiados de la fiebre, no quisieron que los dejara el tren y se lanzaron a otorgar préstamos a gente que no tenía ni en qué caerse muerta, y que en otras circunstancias no les hubieran confiado ni un saco con alacranes.

Total, en un año todos serían millonarios.

No fueron pocos los que compraron dos, tres o hasta más casas, prácticamente empeñando hasta la camisa.

Las constructoras no daban a basto para levantar viviendas. Y claro, en medio de esta fiebre, nuestra gente —los inmigrantes latinoamericanos— llegaron a Florida, atraídos por el "boom" de empleos.

Todo mundo estaba contentísimo. Excepto, claro, la gente de clase media que necesitaba comprar casa para vivir (no para especular), porque no habían viviendas baratas.

Muchos economistas alertaron de que todo esto era pasajero: La famosa "burbuja inmobiliaria", que se ha inflado muchas veces en el pasado. E igual se ha "reventado" dejando a más de uno en la calle.

Pero a nadie pareció importarle.

Y entonces, a principios de 2007, se reventó la burbuja.

"En noviembre de 2006 fuimos a ver una casa que nos vendían", me comentó mi compañero Adrián, originario de Puerto Rico y recién mudado con su familia a Florida. "Era nueva, en un fraccionamiento cerrado. Tres dormitorios, patio trasero, cochera para dos autos, bellísima... ¿Cuánto costaba? 450 mil dólares".

"Imagínate, no me hubiera quedado a fin de mes ni para comprarme un mantecado", recordó Adrián. "Les dijimos, 'nos encanta, pero a 450 mil, thank you, but no, thank you'".

Meses después, la misma casita seguía allí, sin venderse. La constructora, desesperada, le envió una invitación a Adrián y su esposa para que "reconsideraran una nueva oferta".

"Al final, la casa me la vendieron en 250 mil dólares", se alegró Adrián. "Le bajaron 200 mil dólares en apenas cinco meses. Y claro que firmamos".

Otro vendedores no han sido tan afortunados, y ven cómo su casa (que esperaban vender en medio millón y acaban por "regalarlas" en 200 mil dólares) siguen allí, sin compradores después de un año de terminadas.

Mientras, tienen que pagar hipotecas por el doble o triple de lo que en realidad vale la casa. Por eso ahora hay cifras récord de embargos: La gente simplemente no puede pagar.

A mí donde quiera me sale gente aconsejándome: "Compra, compra... Este es el momento de comprar. Los precios de las casas están por los suelos, y el vendedor te va a rogar".

Pero no es tan fácil, por mucho que quiera.

Debido a que los bancos y las financiadoras se la pasaron regalando el dinero a gente insolvente, ahora muchas de ellas han quebrado. Y las que quedan, se cuidan más que señoritas recatadas.

"Ayer por cierto, cerramos un contrato de préstamo", me comentaba un agente de una hipotecaria. "El cliente tenía 740 puntos de crédito, lo que es perfecto. Y dio 50 mil dólares de enganche por la casa, así en efectivo. Tenía todos los papeles... y aún así el banco no le quería dar el préstamo. Vaya que batallamos".

No es raro que en este clima, las ventas de casas bajen. En el sur de California, por ejemplo, el índice de ventas llegó a su nivel más bajo en 15 años, según el diario Los Angeles Times.

Y aunque hay compradores, no hay hipotecaria que se lance a prestarles por temor a que no puedan pagarles.

Personalmente, yo no soy ningún especulador. Simplemente quiero una casa para vivir, pero sé que si voy a un banco hoy a pedir financiamiento, se van a tirar carcajeándose al piso.

Además, tengo meses anunciando para venta mi casa en Texas, y está como solterona de pueblo: Nomás no sale. Ahorita he tenido que (medio) pagar dos rentas: La de mi departamento en Florida y la de mi casa en Texas, lo que está a punto de dar al traste a mis de por sí deprimidas finanzas.

El Banco de la Reserva Federal bajó medio punto porcentual las tasas de interés días atrás, tratando de estimular la alicaída economía norteamericana, porque al paso que va, se dirige a una recesión. Miles de personas han perdido su trabajo, sobre todo empleados de hipotecarias, bancos, inmobiliarias, y hasta inmigrantes que trabajaban en la construcción.

¿Qué nos importaría a los mexicanos tanto problema gringo? Bueno, una recesión en Estados Unidos, forzosamente arrastraría a los demás países, sobre todo México.

(Acuérdese del choteadísimo chiste ese del estornudo y el catarro.)

¿Morderán el anzuelo los clientes potenciales de casas si les ponen chicas en pantalones cortos? Lo dudo. El problema es de confianza, no de pasión.

Pero al menos todos le hacen la lucha como pueden.

cfzap@yahoo.com
www.cesarfernando.blogspot.com

sábado, septiembre 22, 2007

Indocumentados de EU ahora buscan el "Sueño Canadiense"

Desde las Entrañas del Monstruo

Por César Fernando Zapata

FORT MYERS, Florida — La familia Martinez está desesperada.
Tienen casi diez años en Estados Unidos, y su "Sueño Americano" parece que se está derrumbando.
"Ya estoy decepcionado", dijo Enrique, el padre de familia originario de la Ciudad de México, y quien trabaja en una empresa limpiando restaurantes.
La terrible situación por la que pasa la industria de la construcción en Florida, donde viven, les ha afectado a tal grado, que incluso van a perder su casa recién comprada en enero.
"Antes ganaba 800 dólares a la semana. Ahora, a duras penas llego a 500", se lamentaba Enrique.
Su esposa, Anabel, también trabaja como pintora de casas, pero igual, las cosas han ido de mal en peor.
"Tenemos amigos y familiares que mejor se regresaron para México, de tan difícil que está la cosa", explicó la Sra. Martínez.
La familia tiene dos hijos, un hijo de 20 años y una hija de 19, ambos con estudios en Estados Unidos, pero sin posibilidad de entrar a la universidad por ser emigrantes extranjeros.
"Mi hijo mayor logró 60 mil dólares en becas pero no las puede cobrar", explicó el Sr. Martínez. "Mejor se va a ir a México a estudiar".
Aunque suene lamentable, su situación no es exclusiva de los Martínez. A lo largo y ancho de todo Estados Unidos, miles de inmigrantes que dependían de la industria de la construcción están mudándose a donde haya trabajo.
Inclusive más al norte, a estados como Ohio. O incluso, a Canadá.
Recientemente, una organización comunitaria de Naples, Florida, llamada Jerusalem Haitian Community Center, estuvo promocionando que les conseguirían legalización en Canadá a cualquier inmigrante indocumentado en Estados Unidos.
Por 400 dólares por persona, la organización llenaba a inmigrantes unos documentos, les daba una fecha y un punto de cruce en la frontera del estado de Michigan con la provincia canadiense de Ontario, y los enviaba a solicitar estado de refugiado en el país de la hoja de maple.
Según dijeron el trámite solo lo pueden hacer ciudadanos mexicanos, colombianos y haitianos.
Jacques Sinjuste, el director del centro, es de origen haitiano.
Cuando se supo de esto, la oficina de Jerusalem Haitian se llenó. Cientos de personas acudían desesperadas a buscar una salida a Canadá.
"Me encontré a una familia mexicana, que me decía que se iban a ir todos", comentó Jorge Briones, un inmigrante mexicano quien trabaja de cocinero en un restaurante de Estero, Florida. "Me dijeron: ‘¿pues qué podemos hacer, si aquí ya no nos quieren?’"
Pero semanas después, se difundió en la televisión local que la organización Jerusalem Haitian estaba siendo acusada de fraude, pues se corrió la voz de que el trámite era falso y varios inmigrantes habían sido detenidos por el gobierno canadiense al intentar cruzar.
Se rumoró que incluso algunas personas habían sido deportadas a México y Colombia.
Esto causó que las oficinas de Jerusalem Haitian se llenaran de nuevo, pero de gente que exigía su dinero.
"Nosotros les regresamos su dinero a todo mundo", explicó Sinjuste.
Pero no todos piensan igual.
"A mí me dijeron que no me iban a dar mi dinero, porque era mexicano y los mexicanos sí podemos cruzar", se quejó Briones.
Incluso, Sinjuste le dio el teléfono de una persona, de nombre Miguel Urbina, quien supuestamente ya había logrado cruzar.
"A la mejor es puro cuento", dijo Briones. Pero de todas maneras, llamó.
Contestó una mujer, que se identificó como Millie Urbina, esposa de Miguel Urbina.
"Sí, ya estamos en Canadá", confirmó la mujer. "Estamos en Windsor, Ontario."
Dijo que el trámite era cierto. "A nosotros nos fue bien, gracias a Dios, pero no podemos hablar por otros".
Lo mismo confirmó la Sra. Gloria Hernández, directora de Inmigrantes Unidos por la Libertad, una organización hispana de Immokalee, Florida.
"Yo lo vi con mis propios ojos, acabo de venir de Canadá y pasaron siete familias", dijo la inmigrante mexicana.
Aseguró que ella manejó personalmente hasta Detroit, Michigan, con las familias, para comprobar que el trámite era verdadero. "De allá vengo, precisamente".
"Hospedaron a las familias en un hotel y les llevaron almuerzo al día siguiente, cortesía del gobierno canadiense", explicó. "Les dieron un vale de 10 días para que buscaran casa y hasta les depositaron dinero en una cuenta de banco".
Informó que los mexicanos están siendo aceptados por el gobierno canadiense como "refugiados económicos".
Pero el gobierno canadiense no sabe nada al respecto, aunque aceptan que los mexicanos sí pueden entrar sin visa.
"Los mexicanos no necesitan visa para venir a Canadá", informó Marina Wilson, vocera del Ministerio de Inmigración y Ciudadanía de Canadá, entrevistada por teléfono. "Pero cualquier persona del mundo puede solicitar entrar como trabajador capacitado, estudiante o refugiado".
Este trámite se debe hacer en las embajadas y consulados canadienses en el exterior, explicó.
Dijo que desconocía de alguna oficina como Jerusalem Haitian Community Center que pudiera hacer esos trámites desde Estados Unidos.
Explicó que al llegar a Canadá, los solicitantes de refugio deberán pedirlo ante un oficial de Inmigración. Si les acepta la solicitud, pueden entrar pero deberán esperar una cita ante un Comité de Inmigración que analizará si su petición tiene mérito. Mientras llega su cita, pueden permanecer en el país. "El Comité les dirá si aceptan o no la solicitud de asilo", dijo. "Esta espera puede ser de meses".
Lo que no pueden hacer los inmigrantes es pedir refugio desde la frontera de Estados Unidos. "Canadá tiene un acuerdo con Estados Unidos para que los refugiados pidan asilo en un tercer país, no al entrar", aclaró la vocera. "Los mexicanos no pueden reclamar asilo como refugiados".
Los trámites se pueden iniciar en internet en el sitio del Ministerio canadiense de Inmigración y Ciudadanía, en la dirección www.cic.gc.ca. El sitio está en inglés y francés.
Según el Ministerio de Inmigración y Ciudadanía del gobierno canadiense, en 2006 se aceptaron un total de 251,649 residentes permanentes. De estos, 32,492 fueron refugiados, 138,257 inmigrantes económicos y 105,949 fueron trabajadores capacitados.
Los países de donde proviene la mayoría de los inmigrantes a Canadá son China, la India, Filipinas, Paquistán y Estados Unidos. El país latinoamericano que más inmigrantes envía a Canadá anualmente es Colombia, con 5,813. México, el otro país latinoamericano con más inmigrantes en Canadá, envió 2,830 personas en 2006.
Los mexicanos están, junto con Estados Unidos, a la cabeza como los trabajadores extranjeros más numerosos en Canadá, según el Ministerio. En 2006 entraron 16,841 trabajadores americanos y 13,933 mexicanos. 31,214 del total de trabajadores extranjeros de todo el mundo eran profesionales.
En el sitio de internet de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social de México, se promueve un programa de trabajadores huéspedes, que es "totalmente gratuito y está abierto tanto para hombres como para mujeres".
A los mexicanos que deseen participar, se les piden requisitos simples, como ser campesino o jornalero, tener de 22 a 45 años de edad, escolaridad mínima de tercero de primaria y máxima de tercero de secundaria.
También se necesita estar casado o en unión libre y de preferencia tener hijos, así como vivir en una zona rural.
Pero el reclutamiento se realiza en oficinas del Servicio Estatal de Empleo de todo México, no en Estados Unidos, según informa la Secretaría del Trabajo. La dirección central es en Lucas Alamán 165, 1er. Piso, Col. Obrera, Deleg. Cuauhtémoc, México, D.F. 06800.
Según el diario canadiense Ottawa Globe and Mail, el embajador mexicano en Canadá, Emilio Goicoechea, reconoció que miles de sus compatriotas están "escapando del sentimiento antiinmigrante en Estados Unidos".
Dijo que temía que este flujo se convirtiera "en una inundación", causando que Canadá impusiera requisito de visa a los mexicanos.
Según el diario, 220 personas en su mayoría mexicanas se han presentado en las últimas tres semanas en la frontera de Windsor y solicitado estatus de refugiado.
"No tenemos los recursos ni la infraestructura para enfrentar esto", comentó el alcalde de Windsor, Eddie Francis, según el Globe and Mail.
Mientras se decide o no la cuestión, la voz se está corriendo, y los inmigrantes seguirán llegando con esperanza de lograr una legalización en Canadá que no pudieron lograr en Estados Unidos.
La familia Martínez de Florida era una de ellas.
"Ya habíamos vendido todo para irnos", dijo la Sra. Anabel Martínez. "Ya teníamos nuestros papeles y todo".
Pero los detuvo los rumores de deportaciones y de que todo esto fuera un fraude.
"(Jerusalem Haitian) cobran $400 dólares y dan las mismas formas que uno puede bajar de internet gratis", dijo Stephany Martínez, hija de la familia quien vio como operaba la organización y ayudó a varia gente a llenar las formas. "Sólo les piden dinero, dinero, dinero".
Ahora, las autoridades canadienses temen que el rumor se extienda a todo Estados Unidos, y que más gente acuda a la frontera o a ser estafada por organizaciones que supuestamente les ayuden a cruzar a Canadá legalmente.
"Si allá nos tratan mejor que aquí, me voy", dijo por su parte Jorge Briones. "Aquí en este país ya me siento como perseguido".

viernes, septiembre 07, 2007

La historia de los dos Josés

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

José Gutierrez y José Carranza son tan distintos uno del otro, que bien pudieran ser de planetas diferentes.

El soldado de Primera Clase del Cuerpo de Marines de Estados Unidos, José Gutiérrez, fue uno de los primeros militares que murieron en combate en la Guerra de Irak en 2003. Tenía 22 años.

Gutiérrez se enlistó en los Marines porque quería "devolver a Estados Unidos lo que Estados Unidos le había dado", según amigos entrevistados por la estación KVEA de la cadena hispana Telemundo en los Ángeles. "Llegó sin nada. Este país le dio todo", agregaron.

José Carranza, por otro lado, es el hombre acusado de los asesinatos tipo ejecución ocurridos el 4 de agosto pasado, de Terrance Aeriel, de 18 años, Dashon Harvey de 20, y Iofemi Hightower de 20. La hermana de Aeriel, Natasha Aeriel, de 19 años, fue hospitalizada con un balazo en la cabeza.

A pesar de sus vidas totalmente diferentes, José Gutiérrez y José Carranza tienen una pequeña cosa en común: Ambos entraron a Estados Unidos sin documentos.

En 1997, Gutiérrez, nacido en Guatemala, entró a Estados Unidos ilegalmente, y fue detenido por oficiales de la Patrulla Fronteriza. Para evitar la deportación, Gutiérrez afirmó ser menor de edad, y se le permitió permanecer en el país, de acuerdo con el website del programa "60 Minutos", de la cadena CBS.

Más tarde, Gutiérrez fue adoptado por una familia, obtuvo su residencia permanente en 1999 y asistió a un colegio comunitario en California.

Carranza, por otro lado, nació en Perú. Tiene 28 años, y al momento de los asesinatos de Newark, estaba libre bajo fianza por cargos de haber violado a un niño.

Este absurdo ataque contra estos estudiantes (todos ellos de raza negra) fue la excusa perfecta para culpar a la comunidad de inmigrantes hispanos de la supuesta ola criminal que afecta al país.

No importa que Carranza fuera sólo uno de seis sospechosos de los asesinatos: El hecho de ser un "inmigrante ilegal", era más que suficiente para que los extremistas anti-inmigrantes calificaran a cualquier inmigrante hispano de criminal en potencia.

Para ellos, el tipo de José Carranza es la regla de todo inmigrante, mientras que José Gutiérrez fue la excepción.

Pero este no es el caso. De acuerdo con un reporte del Departamento de Defensa de Estados Unidos, y la Fundación Legal Americana, más de 60,000 inmigrantes sirven de manera activa en las fuerzas armadas de Estados Unidios.

"Más del 20 por ciento de los receptores de la Medalla Congresional de Honor en las guerras de Estados Unidos han sido inmigrantes, un total de 716 de 3,406", explicó el reporte.

(Y menciono los militares porque para los extremistas de ultra-derecha, parece que lo más meritorio es ser soldado.)

Los hispanos (muchos de ellos inmigrantes) también impulsan la economía nacional: De acuerdo con el reporte empresarial del Censo, los hispanos eran dueños de 1.6 millones de negocios no agrícolas, dando empleo a 1.5 millones de personas y generando $222.0 mil millones de dólares en ingresos.

El número de negocios propiedad de hispanos creció 31 por ciento entre 1997 y 2002, tres veces el ritmo promedio nacional de todos los negocios, según el reporte.

Por supuesto, nada de esto parece importar. Para klos cabilderos anti-inmigrantes, sólo por verse (y hablar) como José Carranza, todo hispano es sospechoso de crimen, hasta que se pruebe lo contrario.

O, como el ex presidente de la Cámara de Representantes Newt Gringrich dijo, los inmigrantes indocumentados son tan peligrosos como terroristas.

"Jóvenes americanos de nuestras ciudades están siendo masacrados", por inmigrantes ilegales, escribió Gringrich en una columna reciente publicada por la página conservadora HumanEvents.com. "(esta) es una guerra aquí en casa (...) aún más mortal que la guerra de Irak y Afganistán", agregó.

No estamos excusando las acciones de Carranza. Si se le encuentra culpable (después de un proceso legal) de todos los cargos, debería pagar por sus crímenes y ser deportado, como cualquier otra persona.

Para los grupos anti-inmigrantes, no importa que los 12 millones de inmigrantes indocumentados trabajen duro, paguen impuestos (sí, incluso los inmigrantes indocumentados pagan impuestos, quiéranlo o no), críen a sus familias o tengan vidas productivas: Sólo se necesita un mal José Carranza para borrar todos los buenos Josés Gutiérrez.

Si aplicasemos esta misma lógica, entonces pensaríamos que terroristas como Timothy McVeigh, o "El Unabomber", o asesinos en serie como Ted Bundy y Jeffrey Dahmer representan el americano blanco promedio.

Sin embargo, todos estamos de acuerdo en que estos criminales son la excepción, no la regla, entre los estadounidenses.

Desafortunadamente esta lógica parece no aplicarse a los inmigrantes. Porque para los extremistas, Carranza es la regla, no la excepción entre los hispanos.

Olvidan que hay millones de otros Josés (o Marías) allá afuera que también merecen ser mencionados.

E-mail: cfzap@yahoo.com
www.cesarfernando.blogspot.com

A tale of two Joses

By Cesar Fernando Zapata

Jose Gutierrez and Jose Carranza are so different one to another, that they could well be from different planets.

U.S. Marine Lance Corporal Jose Gutierrez was one of the first servicemen who died in combat in Iraq in 2003. He was 22.

Gutierrez enlisted in the Marines because he wanted "to give the United States what the United States gave to him", according to friends and relatives interviewed by Spanish TV network Telemundo KVEA station in Los Angeles. "He came with nothing. This country gave him everything", they added.

Jose Carranza, on the other hand, is the man charged with the Aug. 4 execution-style murders of Terrance Aeriel, 18, Dashon Harvey, 20, and Iofemi Hightower, 20. Aeriel's sister, Natasha Aeriel, 19, was hospitalized with a bullet in her head.

Despite their vastly different lives, Jose Gutierrez and Jose Carranza have one small thing in common, though: Both entered the United States without documents.

In 1997, Gutierrez, born in Guatemala, entered the United States illegally, and was detained by Border Patrol officers. To avoid deportation, Gutierrez claimed he was a minor, and was allowed to remain in the U.S., according to the CBS' "60 Minutes" website.

Gutierrez was eventually adopted by a foster family, got his green card in 1999, and attended a community college in California.

Carranza, on the other hand, was born in Peru. He is 28 and at the time of the Newark killings, he was free on bail for child rape charges.

The senseless attack on these students (all of them African-AmericanS) was the perfect excuse to blame Hispanic immigrants at large, as a community, for a supposed crime wave that affects the country.

It doesn't matter that Carranza was only one of six suspects in the murders: His being an "illegal immigrant" was more than enough to declare every Hispanic immigrant a potential criminal by anti-immigration extremists.

For them the Jose Carranza's kind is the rule for every immigrant, whereas Jose Gutierrez is the exception.

But this is not the case. According to a report the U.S. Department of Defense and the American Law Foundation, more than 60,000 immigrants serve on active duty in the U.S. Armed Forces.

"More than 20 percent of the recipients of the Congressional Medal of Honor in U.S. Wars have been immigrants, a total of 716 of the 3,406 Medal of Honor recipients have been immigrants", the report added.

Hispanics (many of them immigrants) also drive the national economy: According to the U.S. Census' 2002 Survey of Business Owners, Hispanics owned 1.6 million nonfarm businesses, employing 1.5 million persons and generating $222.0 billion in revenues.

The number of Hispanic-owned businesses grew 31 percent between 1997 and 2002 — three times the national average for all businesses,— according to the report.

Of course, none of this seems to matter. For the anti-immigration lobby, just for looking (and speaking) like Jose Carranza, every Hispanic is a crime suspect, until proven otherwise.

Or, as former House speaker Newt Gringrich said, undocumented immigrants are as dangerous as terrorists.

“Young Americans in our cities are massacred” by illegal immigrants, wrote Gringrich in a recent column published by conservative newsletter HumanEvents.com. "(this) is a war here at home (...) even more deadly than the war in Iraq and Afghanistan”, he wrote.

We are not excusing Carranza's actions. If he is found guilty —after due process— of all the charges, he should pay for his crimes, and be deported afterwards, like anyone else.

For anti-immigration groups, it doesn't matter if 12 million of undocumented immigrants work hard, pay taxes (yes, even undocumented immigrants pay taxes, whether they want it or not), raise their families and have a productive life: It just takes one bad Jose Carranza to erase all the good Jose Gutierrezes.

If we apply this same logic, then we would believe that terrorists like Timothy McVeigh, "The Unabomber", or serial killers like Ted Bundy and Jeffrey Dahmer represent the average White American.

However, we all agree these criminals are the exception, not the rule among Americans.
Unfortunately, this logic seems not to apply to immigrants. For extremists, Carranza is the rule, not the exception among Hispanics.

They forget there are millions of other Joses (or Marias) out there, who also deserve being mentioned.