jueves, agosto 16, 2007

Publicidad por correo en Estados Unidos: Retacando el buzón

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

FORT MYERS, Florida — El otro día fui al buzón, como siempre. Y me di cuenta que estaba retacado.

Confieso que me alegró. El recibir cartas es símbolo de recibir noticias, ¿no? Generalmente buenas.

O al menos eso espera uno.

Cuál no fue mi sorpresa al darme cuenta de que el 99% del correo era publicidad: Ofertas de esto, promociones de aquello...

Me prometían ser más rico, más delgado, más guapo, más exitoso...

Cómo si yo lo necesitara, ja.

(Comentarios irónicos abstenerse.)

Obviamente, todos esos sobres los tiré a la basura. Completitos. Ni siquiera los miré.

Qué diferencia a cuando recién llegué a Estados Unidos. Recuerdo cómo me alegré cuando, recibí la primera correspondencia ya bajo mi nombre. ¡Al fin era alguien en este país!, me dije. ¡Al fin ya habían notado que existía!

(Claro, entonces no me di cuenta de las deudotas en tarjetas de crédito que me iban a causar esas cartas tan amables, con mi nombre.)

¿De verdad no se dan cuenta los que mandan toda esa basura que nadie los lee?

¿O de verdad hay gente que sí lee toda esa publicidad que le mandan?

No dudo que a veces sí hay cosas que me interesan. Por ejemplo, yo guardo los cupones para restaurantes (dos comidas por una no es mala ganga). También las ofertas de pizzerías. Pero fuera de eso, lo demás se va derechito a la papelera.

Las ofertas de tarjetas de crédito (y las famosísimas "¡Ya deje de tirar su dinero rentando!) ni las abro: A ésas les corro como a la peste.

Suena como un problema menor. Total, el correo basura se tira y ya.

Y el correo basura por internet nomás se borra. Déle "delete". El problema es cuando se te juntan, digamos, 5 mil mensajes que no quieres. No hay tecla (ni dedo) que aguante tanta presión.

(Precisamente la semana pasada se me atoró la cuenta de e-mail que me dieron en el periódico por tener "atorados" 2 gigas de mensajes. Los ingenieros echaron mano de toda su destreza profesional para solucionar el problema: Borraron todo. Listo. Cero y a comenzar de nuevo. ¿A quién se les habrá ocurrido llamarlos "ingenieros", si parece que lo que les falta es precisamente, ingenio?)

Pero volviendo a la publicidad por correo de papel, según grupos ambientalistas esto es sólo una molestia, sino un problema serio, de tintes potencialmente catastróficos.

(¿O hay alguna amenaza ambiental que no lo sea? Al menos para los ecologistas.)

Según el libro "50 Cosas Simples que Ud. Puede Hacer para Salvar la Tierra" (mencionado por la Wikipedia):

—Cada año se cortan 100 millones de árboles para producir el llamado "correo basura".

—250 mil casas pudieran calentarse con un sólo día de correo basura.

—Cada año, la gente de Estados Unidos recibe casi 4 millones de toneladas de publicidad en el correo.

—Anualmente, la producción y procesamiento del correo basura consume más energía que el de 2.8 millones de automóviles.

Son cifras impresionantes. De que sean ciertas o no, es otra cosa, pero al menos da una idea.

Y pone los pelos de punta, que supongo es la intención principal de los ecologistas.

Yo entiendo que los negocios necesitan promoción. Y el correo directo, dicen los expertos, es el arma publicitaria más efectiva de todas.

Además, muchas familias dependen de esa industria.

Por eso no estoy a favor de que se prohiba nada. Pero, ¿qué tal si se reduce?

¿Cuántos árboles y energía se salvarían al año si se redujera el correo basura en un 1%? ¿O digamos en un 5%?

No sólo estamos hablando de salvar árboles, sino de ahorrarnos la energía que se gasta en producir el papel, la tinta y el gasto de envío.

Además, se gastaría menos gasolina para entregar toda esa correspondencia... que al final nadie quiere.

Los camiones serían más livianos, los aviones del correo gastarían menos turbosina, o como se llame su combustible.

Además, acuérdese que también gastamos tiempo y energía en deshacernos de todas esas ofertas. Sobre todo hoy en día, cuando por eso del robo de identidad uno debe hacer pedacitos, quemar y de ser posible, atomizar cualquier oferta que luego nos puede aparecer en el crédito.

(No, no basta tirar las ofertas. Ahora ya vienen con su nombre, dirección y todo pre-impreso, nomás para que uno ponga la firma. Si la tira, no falta algún viviales que se dedique a atracar los botes de basura y enviar las solicitudes de tarjeta de crédito con su dirección y nuestro nombre).

Por eso las trituradoras de papel nunca han estado tan de moda. Y eso que cuando yo era niño, ni existían, eran aparatos de ciencia ficción. Cuando los llegué a conocer, en alguna película, siempre eran artilugios exclusivos de políticos corruptos, ejecutivos deshonestos y gángsters (que a fin de cuentas son lo mismo) para destruir evidencia.

El otro día compramos una de esas maquinitas, y viera la bronca que es. Teníamos que meter sobre por sobre, hoja por hoja, a mano. Y a veces se atoraba. Quizá necesitábamos uno de esos modelos industriales, pero ¿para qué gastar cuando uno puede recurrir al sistema clásico? Doblez y "riiiiiip". A pura mano.

¿Dónde quedó la trituradora? En algún lugar del garage. El bote lo terminamos usando de cesto en algún rincón.

Por fortuna, hay una solución. Yo ni sabía que existía.

Según varios sitios de internet, hay organizaciones y grupos a los que uno puede llamar para que lo quiten de la lista de envíos de correo basura.

El servicio funciona un poco como el que prohibe a las empresas de telemarketing a llamar a los clientes que no quieren que los llamen. Uno puede llamar y pedir que no lo molesten.

En el caso del correo, según, uno debe escribir a la Asociación de Mercadeo Directo, para pedir que no le manden publicidad.

Esa sí es una carta que vale la pena enviar.

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