viernes, junio 01, 2007

Reforma migratoria: Países pobres subsidiarán a universitarios de Estados Unidos

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata


FORT MYERS, Florida -- Aquel día de 1998, el viejo teatro de Dallas estaba lleno a reventar. De mexicanos, centroamericanos y otros inmigrantes.

Llegué temprano al lugar, el mítico y vetusto Teatro Texas, sobre la Avenida Jefferson del (ahora mexicanisimo) barrio de Oak Cliff.

(Ni más ni menos que el mismo teatro donde en 1963 detuvieron a Lee Harvey Oswald, apenas horas después del asesinato del presidente John F. Kennedy.)

Ni tardo ni perezoso, en un arranque de morbo histórico, lo primero que hice al entrar al edificio fue ir a buscar el "infame sitio" donde la policía detuvo al magnicida.

Ahí estaba, el asientito aparentemente insignificante, forrado de un rojo chillón, y cuya única característica distintiva es la discreta placa metálica donde se lee "Lee Harvey OSWALD -- November 22, 1963".

Tras años de abandonado-- el teatro había sido adquirido por un empresario mexicano, Pedro Villa, quien lo quiso convertir en un centro de cultura para la comunidad hispana.

Y uno de sus primeros eventos fue, precisamente, una junta pública de información sobre inmigración.

Yo estaba recién desempacado como inmigrante, y por entonces corría el rumor de que se iba a dar una legalización. Y la gente quería saber si era factible, por lo que acudió en masa al llamado.

(Pocos nos imaginábamos que la ansiada legalización se tardaría diez años más.)

Mexicanos, centroamericanos y algunos sudamericanos llenaron las filas e hileras del legendario teatro.

El abogado invitado, Israel Torres, llegado de Houston, contestó todas y cada una de las preguntas del público de manera clara y directa.

Todas las dudas eran importantes. Pero una se me quedó grabada, y la recordé recientemente.

"¿Hay alguna posibilidad de que los inmigrantes con estudios universitarios puedan legalizarse?", fue la pregunta.

La respuesta del abogado Torres fue muy clara.

"Es más fácil que arregle un inmigrante universitario, que uno sin título", respondió. "Al gobierno de Estados Unidos le conviene más legalizar a un graduado universitario porque no gastó ni un centavo en su educación, sino que ese gasto lo hizo otro país. Como México. Estados Unidos recibirá los beneficios, sin haber hecho ningún gasto para educar a esa persona".

La anécdota nunca se me olvidó, pero la recordé en especial días atrás al ver la propuesta que se discute en el Congreso para legalizar a los más de 12 millones de indocumentados (en su mayoría mexicanos) en Estados Unidos.

Una de las novedades de la nueva ley, es que se modificarán las reglas para los que quieran emigrar a Estados Unidos en el futuro.

En lugar de atraer a familiares de ciudadanos americanos y residentes legales (como se ha estado haciendo desde 1965), Estados Unidos aplicaría un sistema de selección por puntos.

Bajo este sistema, un extranjero que quiera emigrar a Estados Unidos tendrá preferencia si habla inglés y tiene un título universitario, por sobre los que no.

Según los críticos de la medida, en teoría tendrían más facilidad de conseguir las limitadas visas los universitarios de La India, China y Europa, que los campesinos u obreros mexicanos.

Incluso los sudamericanos que emigran tendrán más facilidad que los mexicanos, pues la mayoría de aquellos son de clase media y con estudios. Por lo menos, tienen dinero para pagarse un boleto de avión, lo que no pueden decir muchos inmigrantes mexicanos y centroamericanos.

Incluso los universitarios mexicanos podrían en teoría tener más facilidad de emigrar que sus paisanos campesinos.

Los ciudadanos americanos y residentes seguirán teniendo la posibilidad de traer a sus familiares, pero de manera más limitada.

¿Es injusto este sistema? De primera instancia, lo parece, según sus críticos. Porque le da preferencia a los inmigrantes de ciertos continentes por sobre los demás.

Pero Estados Unidos no está haciendo nada que no hagan otros países. Todos los gobiernos imponen restricciones sobre a quién dejan entrar y no.

México mismo elige a quien permite inmigrar, y deporta a los que no considera "dignos".

De hecho, Estados Unidos es el único país de la "Anglósfera" que no tiene un sistema de inmigración por puntos.

Desde hace años, países como Canadá (a quien se le ha alabado su sistema migratorio como uno de los más abiertos y tolerantes del mundo), aplican ese sistema, al igual que Australia, Nueva Zelanda y el Reino Unido.

¿Qué debe prevalecer? ¿Los méritos personales y profesionales? ¿O la compasión, la unidad familiar?

¿Deben imponerse los intereses de los inmigrantes, o los del país que les abre la puerta?

¿Se debe hacer lo que les conviene a los recién llegados, o a los habitantes de su nuevo país?

Ambos programas tienen pros y contras. El sistema de puntos, por principio, fomentará una fuga de cerebros, según temen algunos.

¿Qué universitario mexicano o latinoamericano, con conocimientos del idioma inglés, no se sentiría tentado a irse a un país donde puede ganar 8 veces más? Sobre todo, estando escasos los empleos en América Latina, donde egresan universitarios al por mayor, muchos de los cuales no tienen de otra mas que terminar de taxistas o taqueros para subsistir.

En este caso, se daría un fenómeno curioso: Los países latinoamericanos terminarían subsidiando con sus impuestos, buena parte de la educación de la próxima generación de estadounidenses.

Por ejemplo, un egresado titulado de una universidad pública de México, Colombia o Chile, no prestará su conocimiento y creatividad para el progreso de su país natal (que fue el que subsidió su educación, con los impuestos de todos), sino que lo aplicará a beneficio de Estados Unidos, que no invirtió ni un centavo, como dijo el abogado Torres.

¿Esta medida logrará "mejorar" la calidad de los inmigrantes, como piensan los creadores de la ley?

Difícilmente. Lo que tememos que ocurra, es lo que ya está pasando en países como Canadá: Allá llegan muchos inmigrantes legales preparados... pero pocos logran ejercer sus profesiones, debido a los montones de trabas burocráticas y legales que el gobierno impone a los extranjeros.

Así, no es raro ver en Canadá por ejemplo, a neurocirujanos limpiando baños, o a ingenieros volteando hamburguesas en McDonald's, según lo relatan los propios inmigrantes de manera cruda en el sitio de internet www.notcanada.com.

¿Es posible que esto ocurra en Estados Unidos? Probablemente. Yo no creo que las asociaciones de médicos, ingenieros, científicos y abogados vayan a recibir con los brazos abiertos a la oleada de colegas extranjeros que querran inmigrar.

Al contrario: Si ya ahora les ponen veinte mil trabas para ejercer aquí, lo más seguro es que esto se multiplique.

¿O un abogado o un médico norteamericano va a ver con buenos ojos que venga alguien a desplazarlo? Nunca. Desde hace años se ve el ejemplo de los ingenieros en sistemas y programadores que protestaron por la entrada de ingenieros chinos e indios que les estaban quitando el trabajo.

El resultado: El Congreso recortó drásticamente las visas H1-B para profesionistas: En 2000, llegaron a 195,000, pero para 2008 sólo se emitieron 65,000 (las que se agotaron al primer día de ser emitidas).

Antes que instalar un sistema de inmigración por puntos (que atraerá a inmigrantes preparados en masa), Estados Unidos debería primero asegurarse de que esos universitarios tengan la posibilidad de trabajar en su rama, y no terminen como sus colegas canadienses, paleando la nieve para poder comer, mientras sus impresionantes títulos de doctorado están empolvándose en un clóset.

Y en dado caso de que estos inmigrantes universitarios sí logren acomodarse y ser aceptados por sus colegas norteamericanos, queda el problema de quién hará los trabajos duros y peligrosos que tradicionalmente hacen los inmigrantes.

Porque esos no desaparecerán porque se apruebe una nueva ley. Seguirán habiendo necesidad de llenarlos, sobre todo en el creciente mercado de hoteles y restaurantes.

¿Tiene lógica, importar inmigrantes que Estados Unidos no necesita, y cerrarle la puerta a los que sí necesita, como los trabajadores agrícolas y los obreros?

A menos que uno quiera presumir que el mesero que les sirve es mejor que el de la mesa de al lado por tener título de físico nuclear.

En fin, son las cosas que pasan, siempre que los políticos se ponen a legislar la economía.

E-mail: cfzap@yahoo.com
www.cesarfernando.blogspot.com

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