jueves, junio 14, 2007

¿Los demócratas mataron la reforma migratoria?

Generalmente los políticos republicanos son los "malos de la película" cuando se habla de los inmigrantes en Estados Unidos.

Por eso, no es de extrañarnos que cuando la propuesta de reforma migratoria (que iba a legalizar a los más de 12 millones de indocumentados, crearía visas de trabajadores temporales y reforzaría la seguridad) se hundió, muchos voltearan a echarle la culpa a los anti-inmigrantes y extremistas.

Sobre todo del Partido Republicano.

En buena medida hay razón. Las "estrellas republicanas" como el representante Tom Tancredo roban cámara a sus colegas menos fundamentalistas y escandalosos.

Pero hay quienes no dudan en responsabilizar a los políticos demócratas del fracaso.

¿Qué, los demócratas no son "los buenos"? Siempre nos han hecho creer que son el partido aliado de las minorías, de los inmigrantes, de los pobres. El partido "que sí quiere a los mexicanos", como se piensa en México.

El problema es que los demócratas quieren más a los sindicatos. Y éstos (a diferencia de los indocumentados) sí votan.

El columnista Rubén Navarrette, del diario San Diego Union-Tribune, ha venido acusando a los demócratas de algo que se nos ha olvidado que pudieran hacer: Politiquería.

Desde que se han propuesto iniciativas en el Congreso y el Senado para legalizar a los indocumentados, casualmente los demócratas les dan la espalda cuando se menciona el tema de trabajadores huéspedes, un tema que causa escozor entre los poderosos sindicatos AFL-CIO, Teamsters y demás.

Invariablemente, las propuestas se van a pique.

¿No debería ser al revés? ¿Porqué si los demócratas son "los amigos de los inmigrantes", nunca pueden apoyar las propuestas de legalización? ¿No son el partido con la mayoría en el Congreso?

Si todos los demócratas de ambas cámaras votaran en bloque a favor de la legalización, y se sumaran algunos republicanos que también son "amigos de los inmigrantes" (como los representantes Lincoln Díaz-Balart, Ileana Ros-Lehtinen, Luis Gutiérrez y los senadores Mel Martínez, John McCain, entre otros), no tendría porqué enterrarse la medida. Por pura mayoría matemática debería pasar.

Pero esto no es ciencia exacta. Es política. Y lo malo es que está manejada por políticos, que pueden cambiar según su conveniencia.

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