jueves, junio 28, 2007

Legalización migratoria en EE.UU. equivaldría a privatizar Pemex en México

Desde las Entrañas del Monstruo

Por César Fernando Zapata


Una persona me preguntó el otro día porqué tanta bronca en el Senado de Estados Unidos sobre la reforma migratoria. Esta persona (casualmente inmigrante latinoamericano) no entendía porqué los políticos en Washington no pudieron ponerse de acuerdo en un tema que "beneficiaría" al país, y a millones de familias.

(Y eso que la propuesta ni siquiera llegó al Congreso. Allí es donde se iba a poner de verdad dura la cosa.)

Para nosotros, los latinoamericanos (y en especial los mexicanos) la respuesta puede parecer simple: Racismo, claro y abierto. Punto. No hay vuelta de hoja.

Quizá. Sí, en buena medida, algunas de las acciones (o falta de) de senadores y congresistas pudiera estar causada por intereses o traumas personales, como ambición, miedos y hasta racismo. A fin de cuentas, ellos también son humanos. (Y además de todo, políticos, para acabarla.)

Pero sobre todo, el tema de la reforma migratoria era quizá el más sensible de todos en Washington en estos momentos, y fácilmente se prestaba para politiquerías. Cada quien busca llevar agua para su molino, sin pensar en el país o en sus habitantes (legales o no).

Es un tema tabú y explosivo.

No debería ser tan raro para nosotros, los latinoamericanos, pues también tenemos nuestros temas tabú y explosivos. Como la privatización del petróleo en México, por ejemplo.

El ex presidente mexicano Carlos Salinas de Gortari, en sus memorias tituladas "México" recordaba cómo fueron las negociaciones para la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

En uno de los capítulos mencionó que uno de los puntos de desacuerdo fue precisamente ése: Salinas quería que se incluyera un capítulo migratorio, que permitiera la legalización de los mexicanos que quisieran ir a Estados Unidos a trabajar.

El entonces presidente George Bush padre brincó al oír esto. Le dijo a Salinas que ese era un tema "sumamente delicado" para el pueblo norteamericano, y que mejor sería dejarlo fuera de las negociaciones para asegurar la aprobación del Tratado.

PERO...

Como no queriendo, Bush le propuso a Salinas que México "debería" considerar incluír la privatización del petróleo en las negociaciones del TLC. Y fue el turno de Salinas de dar el brinco.

"Ese es un tema sumamente sensible para el pueblo mexicano", respondió, palabras mas, palabras menos. Y el petróleo mexicano quedó fuera de la negociación.

Ambos presidentes tenían razón. Como dos amigas que se estuvieran contando las canas o las lonjitas, ni México ni Estados Unidos querían dar su brazo a torcer en los temas delicados, so pena de que se les alborotara el asunto internamente.

No nos sorprenda entonces el escándalo que se está llevando a cabo en el Senado de Estados Unidos por el tema de la legalización. Es exactamente como si el Senado mexicano en este momento estuviera debatiendo la privatización de Pemex: Tan sólo mencionar el tema causaría controversia, discusiones, gritos, peleas, plantones y acusaciones entre los que apoyan la medida y los que la atacan. Y no faltarían las acusaciones de que los políticos estarían "vendiendo la identidad y soberanía nacional" a extranjeros.

Y no faltarían los políticos rapaces que aprovecharían el momento para alzarse como "defensores del pueblo" y tomarían actitudes ultranacionalistas sólo porque les atrajera votos.

Pues es exactamente lo que está ocurriendo en este momento en Washington. La palabra favorita en el Senado y el Capitolio es "Amnistía', lo que es suficiente para ponerle los pelos de punta a más de un gringo, y lanzarlo a hacer plantones, mandar cartas a medio gobierno y salir en Fox News vociferando.

Para ellos (y los políticos extremistas y oportunistas a los que les encanta usar la palabreja) la legalización equivale a amnistiar a delincuentes, aquellos que violaron la soberanía de Estados Unidos y se metieron a la mala, a quitarle trabajos a los "pobres ciudadanos americanos" y encima de todo, "imponen" el español y hasta "se atreven" a exigir derechos.

Pero no hay tal. No existe la tan famosa "amnistía". Amnistía equivale a suspender los delitos a cualquier criminal. Y en este caso, los indocumentados no son criminales (es una falta administrativa, no criminal, cruzar la frontera sin papeles).

Tampoco se les "regalará" la ciudadanía americana a los indocumentados. La legalización no será fácil: Los inmigrantes tendrán que pagar miles de dólares (más de 10,000, si se toman en cuenta todos los gastos) para obtener la residencia, regresar a su país de origen y esperar en línea largo tiempo, quizá hasta 10 años para hacerse ciudadanos.

Pero esto no lo ven los políticos extremistas, ni se lo dicen a sus representados. Prefieren alentar el miedo y la ignorancia de una minoría racista y temerosa (compuesta principalmente de ancianos o gente mayor) que tiene mucho peso político porque sí acude a votar. (A diferencia de las "mayorías" hispanas que ni se paran en las urnas el día de la elección, a pesar de tener derecho a votar.)

No importa que esto a la larga beneficie al país, aumentando la seguridad y regularizando el pago de impuestos y el sistema laboral. A los políticos extremistas sólo les interesa llevar agua a su molino. Y qué mejor que aprovechando el miedo, a falta de una plataforma ideológica concreta. Y que los demás se frieguen.

Igualito ocurriría en México si se estuviera, al menos discutiendo, la posibilidad de permitir una inversión, indirecta y parcial, en la paraestatal petrolera Pemex. No la privatización total.

No faltarían los políticos extremistas que alentarían el miedo y la ignorancia de mucha gente, y apelarían a su nacionalismo.

No importa que esto a la larga beneficie al país, o inyecte inversión, o mejore la explotación del petróleo, y hasta cree nuevos (y mejor pagados) empleos. (Hasta Venezuela tiene inversión privada en el petróleo... todavía al menos).

Podríamos en cambio esperar montones de plantones y protestas de los panchosvillas, appos, cgacheros, epristas y demás siglas, lidereados (claro) por políticos que se alzarían como (pero por supuesto) "defensores de la soberanía nacional ante la invasión extranjera".

Cierto, las circunstancias serían muy distintas. En Estados Unidos la "invasión" sería de trabajadores y sus familias (acusados de ser "pobres sin estudios ni habilidades laborales"). En el caso de México, la "invasión" sería de corporaciones multinacionales (acusadas de ser "buitres al servicio del capitalismo más deshumanizado). Pero al final, eso no importa porque los sentimientos resultantes serían igual de negativos y explosivos a ambos lados de la frontera.

No importa que ambas propuestas tuvieran beneficios y costos, al final lo que explotarían los radicales siempre serían los costos (reales o imaginarios).

Viendo las cosas así, no es de extrañarnos los espectáculos que vimos en Washington con la reforma migratoria: Lo que se debatía fue el futuro de su país. Y en esto, cada quien tiene sus ideas propias como debería ser, igual que ocurre en cualquier otro país.

Incluso México.

E-mail: cfzap@yahoo.com
www.cesarfernando.blogspot.com

1 comentario:

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