viernes, junio 29, 2007

El aprender idiomas no muerde

Por César Fernando Zapata

Mi hijo César está a punto de iniciar la escuela secundaria (o "middle"). Y por ello, tendrá nuevas materias de estudio que no tuvo en la primaria.

Entre esas, la de un idioma extranjero.

Comentando con él el otro día sobre el tema, recibió un ultimátum de parte de nosotros, sus padres:

"¡Pobre de ti si te atreves a inscribirte en clases de español!", lo sentencié claramente.

(Para que no quedara duda, se lo repetí en inglés. No fuera que luego me saliera con: "I didn't understand you, dad!".)

Le dejé bien claro a mi hijo que lo peor que pudiera hacer (y lo último que le perdonaríamos) sería inscribirse para aprender español.

Pero no me malinterpreten. Antes de que me acusen de antihispano, antilatino, y antinosequé, déjenme explicarles.

César ya sabe español. Lo ha hablado desde niño. Aunque no perfectamente, lo está perfeccionando todos los días con nosotros, y con toda la familia que visita de México.

Por eso, sería muy tramposo de su parte, le dije, inscribirse en clase de español para ganarse una calificación fácil. Como desafortunadamente he sabido de muchos alumnos hispanos en algunas escuelas.

(Ya sé que es bueno que nuestros hijos perfeccionen el idioma, y estoy de acuerdo. Pero ese es otro tema.)

En síntesis, la prohibición de "No Español" que impuse en mis dominios familiares no tiene qué ver con un sentimiento racista de mi parte, sino al contrario: El de obligar a mi hijo que aprenda otro idioma, además del español e inglés.

Quiero que mis hijos sean ya no sólo bilingües, sino trilingües.

"Estudia francés o alemán", le aconsejé a César. "O italiano. Si puedes, de preferencia chino o japonés".

Y no lo obligo a que aprenda sólo por presumir. Los idiomas son armas de autodefensa. Nuestros hijos necesitarán de todo el arsenal para enfrentar el salvaje mundo globalizado al que serán lanzados a competir.

Necesitarán todas las armas posibles, además de matemáticas, historia, geografía y otras materias. Y entre esas materias básicas estan los idiomas.

Por eso se me antoja ridículo y hasta peligroso (para ellos y sus hijos) las actitudes de varias personas, que pusieron el grito en el cielo cuando el Distrito Escolar del Condado Lee, en Florida, anunció, semanas atrás, que incluiría clases básicas de español en las escuelas primarias.

Ni siquiera son clases en forma: Son con DVD's y videos. Ni siquiera son clases obligatorias: Son opcionales, el que no quiera tomarla, no las tomará. Y ni siquiera es un plan permanente: Será aplicado un año a prueba.

Pero eso fue suficiente para que el Distrito recibiera muchos correos apenas se difundió la noticia.

Lo curioso es que los críticos no daban argumentos válidos (¿de verdad existen argumentos "válidos" para criticar la enseñanza de un conocimiento práctico, como es un idioma?), sino las mismas cantaletas de siempre:

"Este es Estados Unidos, nuestro idioma es inglés", decía uno de los correos. "Los que quieran entrar (al país) deben aprender inglés, el idioma de nuestra nación".

Otro decía ser "un educador retirado" que esgrimía el argumento de que al enseñar español, se bajaba el nivel intelectual y "se atontaba" al resto de la clase.

Una mujer declaraba tajantemente que sólo permitiría que le enseñaran a su hijo español "sobre mi cadáver"

Y claro, abundaban los consabidos "argumentos" de "mis ancestros llegaron a este país y aprendieron el idioma". Y bla-bla-bla...

Joe Donzelli, vocero del Distrito Escolar del Condado Lee (quien proporcionó a un servidor copias de los e-mails) confirmó que sí han recibido muchas respuestas del público sobre el tema, pero negó que todas hayan sido negativas.

"También hemos recibido e-mails positivos, en apoyo a la decisión", dijo Donzelli.

Y es cierto. Entre ellos, había un correo de una dama, que aplaudía la enseñanza de español.

"Mi hijo comenzó la escuela en el Condado Broward, donde aprenden español y francés conversacional desde kínder. Estoy muy orgullosa de decir que mi hijo hablaba fluído ambos idiomas para el 7o. grado, además de ser excelente en inglés", escribió.

"En estos días y época, ser bilingüe es una ventaja, casi un requisito", agregó.

Donzelli explicó que la decisión de enseñar español se basa puramente en el beneficio de los alumnos, pues son muchos los estudios que confirman que entre más temprano inicien los estudiantes el aprendizaje de un idioma extranjero, mejor lo retendrán.

Yo quiero entender a los que se oponen. Pero no puedo. Al menos no racionalmente.

(¿Cómo se les puede ocurrir tratar de prohibir a las escuelas que ENSEÑEN un conocimiento? ¡Si ésa es su razón de existir! Por eso son ESCUELAS, ¿o no?.)

Ahora, si recurro no al cerebro, sino a las tripas, entonces sí entiendo a estas personas: Toda su conducta la basan en miedo.

Pero creo que en vez de tenerle miedo a los conocimientos, los opositores debería salir de abajo de la cama y aprender algo nuevo.

Como otro idioma. Que se den cuenta lo estimulante que es para el intelecto.

Que se den cuenta de que los conocimientos no muerden.

O ya de perdido, que se aprendan nuevas excusas, no las mismas de siempre.

Aunque sea en su propio idioma.

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jueves, junio 28, 2007

Legalización migratoria en EE.UU. equivaldría a privatizar Pemex en México

Desde las Entrañas del Monstruo

Por César Fernando Zapata


Una persona me preguntó el otro día porqué tanta bronca en el Senado de Estados Unidos sobre la reforma migratoria. Esta persona (casualmente inmigrante latinoamericano) no entendía porqué los políticos en Washington no pudieron ponerse de acuerdo en un tema que "beneficiaría" al país, y a millones de familias.

(Y eso que la propuesta ni siquiera llegó al Congreso. Allí es donde se iba a poner de verdad dura la cosa.)

Para nosotros, los latinoamericanos (y en especial los mexicanos) la respuesta puede parecer simple: Racismo, claro y abierto. Punto. No hay vuelta de hoja.

Quizá. Sí, en buena medida, algunas de las acciones (o falta de) de senadores y congresistas pudiera estar causada por intereses o traumas personales, como ambición, miedos y hasta racismo. A fin de cuentas, ellos también son humanos. (Y además de todo, políticos, para acabarla.)

Pero sobre todo, el tema de la reforma migratoria era quizá el más sensible de todos en Washington en estos momentos, y fácilmente se prestaba para politiquerías. Cada quien busca llevar agua para su molino, sin pensar en el país o en sus habitantes (legales o no).

Es un tema tabú y explosivo.

No debería ser tan raro para nosotros, los latinoamericanos, pues también tenemos nuestros temas tabú y explosivos. Como la privatización del petróleo en México, por ejemplo.

El ex presidente mexicano Carlos Salinas de Gortari, en sus memorias tituladas "México" recordaba cómo fueron las negociaciones para la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

En uno de los capítulos mencionó que uno de los puntos de desacuerdo fue precisamente ése: Salinas quería que se incluyera un capítulo migratorio, que permitiera la legalización de los mexicanos que quisieran ir a Estados Unidos a trabajar.

El entonces presidente George Bush padre brincó al oír esto. Le dijo a Salinas que ese era un tema "sumamente delicado" para el pueblo norteamericano, y que mejor sería dejarlo fuera de las negociaciones para asegurar la aprobación del Tratado.

PERO...

Como no queriendo, Bush le propuso a Salinas que México "debería" considerar incluír la privatización del petróleo en las negociaciones del TLC. Y fue el turno de Salinas de dar el brinco.

"Ese es un tema sumamente sensible para el pueblo mexicano", respondió, palabras mas, palabras menos. Y el petróleo mexicano quedó fuera de la negociación.

Ambos presidentes tenían razón. Como dos amigas que se estuvieran contando las canas o las lonjitas, ni México ni Estados Unidos querían dar su brazo a torcer en los temas delicados, so pena de que se les alborotara el asunto internamente.

No nos sorprenda entonces el escándalo que se está llevando a cabo en el Senado de Estados Unidos por el tema de la legalización. Es exactamente como si el Senado mexicano en este momento estuviera debatiendo la privatización de Pemex: Tan sólo mencionar el tema causaría controversia, discusiones, gritos, peleas, plantones y acusaciones entre los que apoyan la medida y los que la atacan. Y no faltarían las acusaciones de que los políticos estarían "vendiendo la identidad y soberanía nacional" a extranjeros.

Y no faltarían los políticos rapaces que aprovecharían el momento para alzarse como "defensores del pueblo" y tomarían actitudes ultranacionalistas sólo porque les atrajera votos.

Pues es exactamente lo que está ocurriendo en este momento en Washington. La palabra favorita en el Senado y el Capitolio es "Amnistía', lo que es suficiente para ponerle los pelos de punta a más de un gringo, y lanzarlo a hacer plantones, mandar cartas a medio gobierno y salir en Fox News vociferando.

Para ellos (y los políticos extremistas y oportunistas a los que les encanta usar la palabreja) la legalización equivale a amnistiar a delincuentes, aquellos que violaron la soberanía de Estados Unidos y se metieron a la mala, a quitarle trabajos a los "pobres ciudadanos americanos" y encima de todo, "imponen" el español y hasta "se atreven" a exigir derechos.

Pero no hay tal. No existe la tan famosa "amnistía". Amnistía equivale a suspender los delitos a cualquier criminal. Y en este caso, los indocumentados no son criminales (es una falta administrativa, no criminal, cruzar la frontera sin papeles).

Tampoco se les "regalará" la ciudadanía americana a los indocumentados. La legalización no será fácil: Los inmigrantes tendrán que pagar miles de dólares (más de 10,000, si se toman en cuenta todos los gastos) para obtener la residencia, regresar a su país de origen y esperar en línea largo tiempo, quizá hasta 10 años para hacerse ciudadanos.

Pero esto no lo ven los políticos extremistas, ni se lo dicen a sus representados. Prefieren alentar el miedo y la ignorancia de una minoría racista y temerosa (compuesta principalmente de ancianos o gente mayor) que tiene mucho peso político porque sí acude a votar. (A diferencia de las "mayorías" hispanas que ni se paran en las urnas el día de la elección, a pesar de tener derecho a votar.)

No importa que esto a la larga beneficie al país, aumentando la seguridad y regularizando el pago de impuestos y el sistema laboral. A los políticos extremistas sólo les interesa llevar agua a su molino. Y qué mejor que aprovechando el miedo, a falta de una plataforma ideológica concreta. Y que los demás se frieguen.

Igualito ocurriría en México si se estuviera, al menos discutiendo, la posibilidad de permitir una inversión, indirecta y parcial, en la paraestatal petrolera Pemex. No la privatización total.

No faltarían los políticos extremistas que alentarían el miedo y la ignorancia de mucha gente, y apelarían a su nacionalismo.

No importa que esto a la larga beneficie al país, o inyecte inversión, o mejore la explotación del petróleo, y hasta cree nuevos (y mejor pagados) empleos. (Hasta Venezuela tiene inversión privada en el petróleo... todavía al menos).

Podríamos en cambio esperar montones de plantones y protestas de los panchosvillas, appos, cgacheros, epristas y demás siglas, lidereados (claro) por políticos que se alzarían como (pero por supuesto) "defensores de la soberanía nacional ante la invasión extranjera".

Cierto, las circunstancias serían muy distintas. En Estados Unidos la "invasión" sería de trabajadores y sus familias (acusados de ser "pobres sin estudios ni habilidades laborales"). En el caso de México, la "invasión" sería de corporaciones multinacionales (acusadas de ser "buitres al servicio del capitalismo más deshumanizado). Pero al final, eso no importa porque los sentimientos resultantes serían igual de negativos y explosivos a ambos lados de la frontera.

No importa que ambas propuestas tuvieran beneficios y costos, al final lo que explotarían los radicales siempre serían los costos (reales o imaginarios).

Viendo las cosas así, no es de extrañarnos los espectáculos que vimos en Washington con la reforma migratoria: Lo que se debatía fue el futuro de su país. Y en esto, cada quien tiene sus ideas propias como debería ser, igual que ocurre en cualquier otro país.

Incluso México.

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martes, junio 19, 2007

Hispanos en EE.UU.: ¿La mayoría del futuro... pero poco educada?

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

El censo lo dice. En todas partes lo veo, lo oigo, o me lo repiten.

Las minorías en Estados Unidos van creciendo. Y la población anglosajona, va disminuyendo.

Según un reporte de la Oficina del Censo, difundido el pasado mes de mayo, la población minoritaria en Estados Unidos ya sobrepasa los 100 millones de personas.

Eso es casi la población de México. Y más que las poblaciones de España, Argentina, Colombia o Perú.

O sea, casi 1 de cada 3 personas en Estados Unidos pertenece a una minoría étnica, "no blanca".

(Entendiéndose "blanco" el sentido que le dan los anglosajones: Descendiente de europeos del norte, de ojos azules y cabello claro.)

Y claro, de estos 100 millones, nosotros los hispanos somos la mayoría.

Según el reporte del Censo, nosotros sumamos 44.3 millones. O sea, el 14.8 por ciento de la población total.

Pero esto no para aquí. Las proyecciones del gobierno dicen que, para el año 2050, las minorías estarán a punto de ser más que la población anglosajona en todo el país.

Los hispanos en particular, seremos mayoría en muchas ciudades y estados importantes, desde Texas hasta California.

Uno de cada cuatro norteamericanos del año 2050 será de origen hispano.

Esto no es novedad. Las cifras son contundentes, es cierto. Pero todos hemos escuchado lo mismo varias veces, lo repiten en los periódicos, en los canales de TV, y estaciones de radio.

Vaya, hasta en las protestas y manifestaciones nos recuerdan que pronto seremos mayoría. Los antiinmigrantes y los defensores de los inmigrantes no se cansan de gritarlo a los cuatro vientos: Unos para atacarnos y otros para apoyarnos.

Pero, la cuestión es: ¿Qué clase de mayoría seremos?

Y lo digo porque además de los números del Censo, hay otras cifras que preocupan.

Según el Centro Nacional de Estadísticas Educativas, el 44.2 por ciento de todos los jóvenes de origen hispano se salían de la escuela sin graduarse en el año 2000.

Lo peor es que estos jóvenes hispanos no pueden decir que se salen de la escuela por no saber inglés, o por no tener papeles, al contrario: Los hijos de inmigrantes recién llegados tienen menos porcentaje de abandonar la escuela (apenas en 14 por ciento) que los jovencitos hispanos hijos y nietos de ciudadanos americanos, según un reporte del Departamento de Salud en 2005.

O sea, parece que entre más tiempo lleven los hispanos en el país, más facilidad hay de que no terminen la escuela. A pesar de ser ciudadanos y hablar inglés.

Lo peor es que esta tendencia ha ido en aumento desde 1970.

Sí, vamos a ser la mayoría. Vamos a ser muchos, montones, en el futuro. Millones. Más que los "gringos".

Pero, ¿qué clase de futuro vamos a tener?

¿Qué clase de mayoría vamos a ser, sin educación, y con pocas habilidades para competir?

Y no me refiero solo a competir dentro de Estados Unidos, sino en el mundo. Porque este planeta se está haciendo cada vez más chiquito, y no es raro que empresas busquen ejecutivos o profesionales en otros países.

Y la competencia se está volviendo cada vez más salvaje.

Los asiáticos están aprendiendo tecnología, computación, ciencias, artes... En Asia y Estados Unidos (los hijos de inmigrantes asiáticos son los que más terminan la escuela, y son los inmigrantes que mejor ganan).

Para nadie es un secreto que un diploma escolar permite ganar más. El Departamento del Trabajo afirma que en promedio, un graduado universitario gana hasta el doble que alguien que ni siquiera terminó la high school.

¿Qué clase de futuro vamos a tener, entonces?

¿Qué caso tiene ser una mayoría poco educada, que gana una miseria y trabaja mucho, comparado con los demás?

Sí, quizá los anglosajones, los asiáticos y hasta los negros van a ser menos que nosotros. Pero, ¿esto qué importa si van a ganar más que nosotros?

Quizá ellos sigan siendo los jefes, los ejecutivos, los gerentes... y nosotros los empleados.

Simplemente por no tener título.

No tengo nada con ser empleado. Yo soy uno, y siempre lo he sido.

Tampoco estoy generalizando. Sé que hay excelentes ejemplos de hispanos exitosos, de hispanos que se gradúan, que llegan a fundar corporaciones, o que son presidentes de multinacionales o científicos.

Pero no son mayoría. Y lo peor es que no crecen al ritmo que quiséramos.

Nuestros padres y abuelos, que emigraron a este país para mejorar, para ver a sus hijos y nietos avanzar, ¿estarían orgullosos de que éstos no terminaran la escuela, a pesar de hablar inglés y tener todas las facilidades que ellos no tuvieron?

Quizá se pregunten: ¿Para esto emigré?

O usted, si es emigrante, ¿qué sentiría si supiera que en el futuro, sus nietos o bisnietos seguirán trabajando de sol a sol, por un salario bajo, y sin posibilidades de avanzar... a pesar de hablar inglés y de ser ciudadanos americanos?

Sería muy triste. Al menos, para mí.

Sería un futuro en el que habrá una mayoría racial (nosotros), trabajando duro, pero sin título, y controlada por una minoría educada y exitosa... blanca y asiática.

Como ocurría en la Sudáfrica del Apartheid (y sigue ocurriendo).

A pesar de que nuestros "líderes" hispanos echen las campanas al vuelo, y celebren a lo grande cada vez que les dicen que "somos millones", aquí no el asunto no se trata de cantidad... sino de calidad.

El chiste no es ser cada vez más, sino en ser cada vez mejores, ¿no cree usted?

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viernes, junio 15, 2007

No paguemos impuestos

Escuchando el programa de radio del Piolín por la Mañana, oí que una persona de la audiencia sugirió que, si el gobierno de Estados Unidos no quiere darle papeles a los indocumentados, entonces que les de una tarjeta de "ilegal".

"Si nos acusan de no pagar impuestos, bueno, que nos den esa tarjeta para que cuando vayamos a cualquier tienda nos descuenten los 'taxes' que ya pagamos al comprar", dijo.

Esa tarjetita también serviría para no pagar los impuestos de la gasolina, que ahora está a casi 4 dólares por galón, agregó.

"Total, al fin que ya dicen que no pagamos impuestos", se quejó la persona.

Me parece buena idea. Una de las cantaletas que más les gusta repetir a los antiinmigrantes extremistas es que los indocumentados "no pagan impuestos". Y que "nosotros, los ciudadanos americanos, estamos manteniendo a toda 'esa gente'".

(Léase, "floja", "perezosa", "conchuda")

¿De verdad alguien puede vivir en Estados Unidos sin pagar impuestos? Nadie. Es imposible.

Uno paga impuesto para todo: Cuando va a comprar comida, cuando compra ropa, al ir al cine, al ir a comer tacos a cualquier fonda.

Obvio, al comprar un carro, o una casa, se pagan impuestos.

Y todo mundo ve que los inmigrantes compramos casas y carros como cualquier otra persona. Y nunca nos perdonan los impuestos.

Hasta para rentar un departamento, nos cobran impuestos dentro de la renta.

Incluso si enviamos dinero a México o América Latina, nos cobran tarifa. Así que tampoco esto son "fugas de capital", como los histéricos acusan.

Según la Tax Foundation, una organización sin fines de lucro en Washington, D.C. dedicada a analizar e informar sobre el tema de los impuestos, cada vez son más los indocumentados que pagan impuestos.

El IRS anunció que en 2005, 1.4 millones de contribuyentes usaron los Números de Identificación Personal (ITIN, por sus siglas en inglés) para declarar impuestos, un aumento del 40% con respecto al 2004, citó la fundación en su website.

El ITIN es el número otorgado a las personas que no tienen número de seguro social, generalmente extranjeros o indocumentados.

Es verdad, los inmigrantes usan servicios públicos, como hospitales, escuelas, etc. Pero es falso que su uso "sobrepase" las contribuciones, como muchos acusan.

Lo cierto es que nadie sabe cuánto se gasta y cuánto se gana con los impuestos de los indocumentados, porque nadie sabe cuántos son,

Para Estados Unidos, la evasión de impuestos es un crimen serio. Junto al homicidio, y el secuestro, es uno de los delitos más duramente penalizados.

¿Será casualidad que los extremistas de derecha nos carguen esta culpa a los inmigrantes, junto con otras "joyitas" como alta delincuencia, alto nivel de asesinatos, y hasta enfermedades?

Pero en el pasado sí hubo un grupo de personas que se negaron a pagar impuestos. Y se rebelaron de su gobierno, en 1773.

Y no fueron hispanos, ni inmigrantes, sino orgullosos súbditos anglosajones de la Corona inglesa.

Al final, esos colonos rebeldes terminaron fundando un nuevo país: Estados Unidos de América.

Lo que los histéricos nunca mencionan es que , en buena medida, los trabajadores inmigrantes están subvencionando con sus contribuciones al Seguro Social, a los millones de "baby boomers" que se están retirando en masa.

Y lo seguirán haciendo dentro de los próximos 20 años, nos guste o no.

A Arnold no le cae el español

Otra de película:

El gobernador de California, Arnold Schwarzenegger (¿así se escribe?) volvió a la carga.

No sé si pecando de inocencia, o valentía, el "Governator" aconsejó a los inmigrantes (sobre todo hispanos) que se olviden del español y aprendan inglés.

Nos "aconsejó" dejar de ver televisión en español, leer periódicos en español o escuchar radio en español.

Se puso como ejemplo. Cuando él emigró "dejó de hablar alemán" y se concentró en aprender inglés.

Lo más curioso es que se aventó este rollo como invitado a la Convención Nacional de la Asociación de Periodistas Hispanos, realizado en San José, California días atrás.

Obvio, los medios hispanos (comenzando por Univisión, Telemundo, Azteca America y las otras cadenas en español de TV y periódicos) le dieron vuelo a las críticas.

De inmediato, una de las portavoces (hispanas) de Arnold se apresuró a "aclarar" que su patrón había hecho las declaraciones como un consejo para que los inmigrantes "mejoren su vida" en Estados Unidos.

El propio Arnold reconoció que su declaración "no era políticamente correcta", según declaró la cadena Univisión.

Pero eso demuestra la ignorancia del gobernador, quien no se da cuenta que a) las clases de inglés en todo Estados Unidos están llenas a reventar, b) la inmensa mayoría de los alumnos son inmigrantes hispanos, y c) los hijos y nietos de esos inmigrantes hablan inglés perfecto como cualquier "gringo".

Yo no creo que Arnold haya hecho estas declaraciones para echarse encima al mundo. Vamos a darle el beneficio de la duda, y pensar que de verdad lo hizo de buena fe.

De hecho, todos estamos de acuerdo en que aprender inglés es vital, no solamente para todos los inmigrantes que vivimos en Estados Unidos, sino para gente de todo el mundo. Nadie disputa que aprender otro idioma es benéfico, sobre todo si es un idioma tan útil e universal como el inglés, nos duela o no.

Y claro, si un inmigrante habla inglés, tendrá más posibilidades de avanzar y progresar que uno que no lo hable.

Seguro Arnold no supo expresarse bien, y metió la pata al elegir sus palabras.

Quizá debería exigir a los maestros que le "enseñaron" inglés que le devuelvan su dinero...

¿Bush al rescate de los indocumentados?

Parece que la propuesta de reforma migratoria va a ser revivida por el presidente Bush.

A pesar de lo que se diga, Bush ha demostrado una vez más que quizá sea el único amigo de los inmigrantes indocumentados en el gobierno, como lo dijimos en un artículo pasado.

Aún en contra de lo que piensan la mayoría de sus compañeros del Partido Republicano (y algunos demócratas), Bush regresó de su reciente viaje y lo primero que hizo fue "amarrar" apoyo para revivir la moribunda propuesta, que legalizaría a más de 12 millones de indocumentados y sus familias, en su inmensa mayoría mexicanos.

Bush sabe que nada en contra de la corriente. Y sabe que tiene escasísimo capital político, después de tanto fiasco en su administración por la guerra en Irak y los recientes escándalos.

Pero parece estar dispuesto a quemar lo poco que le queda de simpatía en un tema que es una papa caliente entre los políticos. Dudo que haya otro político de alto calibre en Washington que se atreva a meter las manos por esas 12 millones de personas, en estos momentos de histeria colectiva contra los extranjeros en Estados Unidos.

Ojo: No estoy diciendo que Bush es lo mejor que le ha pasado al mundo, o la divina envuelta en huevo. El presidente ha tenido uno de los gobiernos más desastrosos en la historia reciente de Estados Unidos. Sus decisiones no han sido las mejores, sobre todo a nivel internacional.

En buena medida, la imagen tan negativa que tiene Estados Unidos en el mundo es culpa del presidente Bush.

Pero al menos en el tema de la inmigración, Bush siempre ha tratado de ser consistente en su apoyo a la legalización (o al menos, lo más consistente que puede llegar a ser un político, tomando en cuenta que a veces le varía al discurso dependiendo de quien lo escuche, o dependiendo si hay elecciones próximas).

Si se logra una reforma (la cual, insistimos, no será la mejor, ni la más adecuada, ni dejará contentos a todos, pero será algo), sería gracias a la terquedad del presidente Bush.

Esa misma terquedad solitaria que lo hizo enfrentarse al mundo en un tema como Irak.

Sería muy útil si lo aplica en favor de los indocumentados.

jueves, junio 14, 2007

Los inmigrantes dejan sin trabajo a los americanos... ¿desde 1888?

Aquí hay una de muchas imágenes que he ido encontrando al investigar esto de la inmigración a Estados Unidos.

Es una caricatura de la desaparecida revista "Puck", que muestra a una familia "Americana" desvalida y triste, porque el padre se quedó sin trabajo por culpa de los inmigrantes que llegan en hordas, bajan de los barcos con sus bolsotas y son recibidos con los brazos y las puertas abiertas (literalmente) por el Tío Sam.

¿Suena familiar? Parecería que este cartón fue creado o planeado por cualquier periodista o comentarista anti-inmigrante actual, como Lou Dobbs, Sean Hannity, Michael Savage o tantos otros. Pero la verdad es que esta imagen data de 1888, según la Wikipedia, donde la encontré.

(Hasta donde sé, la imagen es del dominio público, conste.)

Otra imagen similar, que me encontré en el sitio de internet de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos. Esta es de la también desaparecida revista Judge, también de alrededor de 1890's, según la Biblioteca del Congreso:

Explicación: Aparece el Tío Sam sorprendido al ver las masas de inmigrantes (casualmente, todos retratados como pobres, sucios, con ropas folclóricas, barbones, con caras de delincuentes y teporochos... ¡y hasta con sombrerotes! Mhhhhhh, ¿dónde he visto esto antes?).

La caricatura se titula: "Donde Yace la Culpa".

La imagen muestra al Juez (o The Judge), la mascota de la revista (algo así como el chimuelo y pecoso pelirrojo Alfred E. Neuman de la entrañable revista MAD que me de-formó en mi infancia ) quien le está diciendo al Tío Sam el siguiente texto:

"Si la inmigración fuera restringida, no tendrías los problemas de Anarquía, Socialismo, la Mafia y otros males similares"

Al fondo, hay un letrero en el puerto que dice:

"Entrada para Inmigrantes: Equipaje el único requisito"

Y por si hubiera alguna duda, en las caricaturas de los "inmigrantes", se lee:

"Vagabundo Polaco"

"Socialista Ruso"

"Bribón Italiano"


¿Deja vu retroactivo?

¿Los demócratas mataron la reforma migratoria?

Generalmente los políticos republicanos son los "malos de la película" cuando se habla de los inmigrantes en Estados Unidos.

Por eso, no es de extrañarnos que cuando la propuesta de reforma migratoria (que iba a legalizar a los más de 12 millones de indocumentados, crearía visas de trabajadores temporales y reforzaría la seguridad) se hundió, muchos voltearan a echarle la culpa a los anti-inmigrantes y extremistas.

Sobre todo del Partido Republicano.

En buena medida hay razón. Las "estrellas republicanas" como el representante Tom Tancredo roban cámara a sus colegas menos fundamentalistas y escandalosos.

Pero hay quienes no dudan en responsabilizar a los políticos demócratas del fracaso.

¿Qué, los demócratas no son "los buenos"? Siempre nos han hecho creer que son el partido aliado de las minorías, de los inmigrantes, de los pobres. El partido "que sí quiere a los mexicanos", como se piensa en México.

El problema es que los demócratas quieren más a los sindicatos. Y éstos (a diferencia de los indocumentados) sí votan.

El columnista Rubén Navarrette, del diario San Diego Union-Tribune, ha venido acusando a los demócratas de algo que se nos ha olvidado que pudieran hacer: Politiquería.

Desde que se han propuesto iniciativas en el Congreso y el Senado para legalizar a los indocumentados, casualmente los demócratas les dan la espalda cuando se menciona el tema de trabajadores huéspedes, un tema que causa escozor entre los poderosos sindicatos AFL-CIO, Teamsters y demás.

Invariablemente, las propuestas se van a pique.

¿No debería ser al revés? ¿Porqué si los demócratas son "los amigos de los inmigrantes", nunca pueden apoyar las propuestas de legalización? ¿No son el partido con la mayoría en el Congreso?

Si todos los demócratas de ambas cámaras votaran en bloque a favor de la legalización, y se sumaran algunos republicanos que también son "amigos de los inmigrantes" (como los representantes Lincoln Díaz-Balart, Ileana Ros-Lehtinen, Luis Gutiérrez y los senadores Mel Martínez, John McCain, entre otros), no tendría porqué enterrarse la medida. Por pura mayoría matemática debería pasar.

Pero esto no es ciencia exacta. Es política. Y lo malo es que está manejada por políticos, que pueden cambiar según su conveniencia.

miércoles, junio 13, 2007

Le saco a sacar mi pasaporte

Tengo un asunto "pendiente" (o un "unfinished business", como los fantasmas en las películas de terror gringas), que estoy dejando y dejando.

Y como en las películas de terror, también le tengo pavor a que llegue el momento.

No, no se trata de pagar impuestos (eso es OTRO tema delicado del que tampoco me quiero acordar), sino de... sacar mi pasaporte mexicano.

De verdad, que es un problemón que me quita el sueño.

Sobre todo porque ahora, con las nuevas leyes de seguridad, exigirán a todo mundo que cruce la frontera tener pasaporte, sea de la nacionalidad que sea (estadounidenses incluídos).

El problema es que, a pesar de estar en Estados Unidos, los consulados siguen siendo "un pedacito de México".

"Un cachito de lo nuestro", como dice La Criada Bien Criada, en el comercial de los supermercados Fiesta.

Y eso incluye todo lo bueno y todo lo malo.

Ya relaté mis experiencias terroríficas en los consulados de México en Dallas en otras dos columnas publicadas en diciembre de 2004, en periódicos y este blog.

(Aquí está la primera.

Y aquí la segunda. )

Pero estas broncas palidecen ahora que me mudé a Florida. En Dallas, al menos el consulado estaba en la misma ciudad. No tenía que hacer planes como si fuera una excursión al Mato Grosso.

Ahora todo cambió al llegar a Fort Myers. Como la ciudad apenas tiene 40 mil habitantes (y su zona metropolitana no llega ni a 300,000) no hay consulado de México.

Entonces me toca ir a Miami o a Tampa. Viajes de 2 a 3 horas.

MAS APARTE todo el ritual que ello implica, cuando hablamos de consulados: Largas colas (pero largas, no fregaderas), perder todo el día, estar parado porque no hay sillas, y cuando uno llega por fin a la ventanilla, encontrarse con que el malencarado funcionario le avienta los papeles porque nos falta la carta (notarizada y apostillada por triplicado) a Santa Claus.

Parecería que exagero. Y eso quisiera. Pero eso ya lo viví varias veces en otros consulados, y hasta en la delegación de la SRE de Ciudad Victoria, Tamaulipas (hasta donde fui directamente porque creí que podría "agilizar" el proceso que en Tampico tardaba semanas... y salí trasquilado. Tuve que regresar varias veces).

Quizá en Miami la cosa sea mejor. Pero un amigo mío, Javier, que también tuvo que ir allá a lo mismo, regresó echando pestes. Me dejó pensando que en comparación, los burócratas de la SRE en Dallas tienen la eficiencia de los relojes suizos.

O sea, estoy traumado. Y a pesar de las mejoras y las modificaciones y agilizaciones que los funcionarios del gobierno de México cantan a los cuatro vientos, dudo que la cosa haya cambiado mucho.

(Como no sea para mal.)

Vaya, si hasta Estados Unidos está teniendo veinte mil broncas para dar pasaportes a sus ciudadanos, con toda la tecnología, y todo el personal del mundo, ganando salarios excelentes.

Ni modo. "Unfinished business".

Seguro pronto van a ver mi espectro gritando en los pasillos del consulado de Miami: "¡Aaaaaaaaayyy... Mis pasaporteeeeeeeessss!"

¿Onde quedó la reforma migratoria?

NOTA: Una información novedosa (al menos para mí).

Ahora sí, intentaré actualizar este blog "como Dios manda". Lo he tenido bastante descuidado, lo reconozco.

No sólo incuiré mis columnas semanales, sino también comentarios y opiniones conforme ocurran. Trataré de actualizar a diario o (si puedo, aunque no prometo nada) varias veces al día.

A ver si funciona (y aguanto el ritmo).

LA REFORMA QUE SE CAYÓ

Todo mundo se está preguntando qué pasó con la propuesta de reforma migratoria del Senado. No llegó a nada a pesar de tanta alharaca.

Aunque siempre he sido optimista (e incluso tuve leves esperanzas de que se aprobara) supe desde el principio que era difícil que pasara.

Porque era una propuesta hechas de retazos de aquí y de allá. A nadie le gustó. Los senadores trataban de quedar bien con los grupos extremistas de ambos lados y fueron precisamente esos grupos (los que quieren el todo o nada) los que la mataron.

Uno de los problemas es que la propuesta mezclaba dos temas que no tienen nada qué ver: Inmigración y seguridad, como si fueran la misma cosa.

Ahora, todos en Estados Unidos aplauden que no haya pasado. Todos, menos claro los indocumentados.

Espero que no sea la última propuesta. Seguro habrán más. El presidente Bush ya está moviendo sus piezas para presionar.

Ahora sí, está haciendo lo que prometió en enero de 2001. Aunque con seis años de retraso.

El problema es que el de hoy es un Estados Unidos distinto. Es un mundo distinto.

De lo que sí estoy seguro es que si se aprueba una ley al final, no les va a gustar a nadie.

Y los indocumentados van a seguir entrando porque la reforma (irónicamente) no contempla solucionar la causa de la inmigración: Los bajos salarios y falta de empleos en México.

(Vaya que descubrí el hilo negro. Esperemos que lo descubran algún día los políticos gringos y mexicanos.)

martes, junio 12, 2007

No todos merecemos ser padres

DESDE LAS ENTRANAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata


“Madre es el nombre de Dios en los labios y corazones de los niños”.
— W. M. Thackeray


Para mí, los primeros recuerdos “reales” que guardo de mi existencia son a partir de los cuatro años.

Antes de esa edad, sólo tengo memorias vagas. Escenas sueltas, imágenes como de un sueño, como “flashbacks” de una película incompleta.

Conforme crecemos, sustituímos esos primeros “flashes” con recuerdos mejor ordenados y detallados, los que conservamos para siempre, y que definen lo que es para nosotros, la vida.

Desafortunadamente, hay personas que se quedan con esos primeros “flashes” vagos como el único recuerdo que tuvieron de lo que fue la vida.

Se trata de bebés, que mueren antes siquiera de tener consciencia plena de haber estado vivos.

Siempre que muere un niño es una tristeza enorme, pero ésta se agrava si fue un bebé pequeño.

Y estas muertes, tristes de por sí, se vuelven tragedias cuando se trata de bebés asesinados.

Como el terrible caso que ocurrió en Cape Coral, Florida, días atrás, del niño Zahid Jones, quien apenas a sus tres años de nacido murió a golpes, presuntamente por una de las personas que se suponía debería cuidarlo.

No quiero ni imaginarme lo triste de la corta vida de Zahid: Sus únicos recuerdos (apenas imágenes sueltas) no fueron de felicidad, sino de abuso, de llanto, de tristeza, de golpes y hambre...

Para él, como para tantos otros niños asesinados, éso fue lo único que se llevaron de este mundo.

Lo peor de todo es que no son casos rarísimos. Ocurren más seguido de lo que creemos, y casi siempre los asesinos son las personas de quienes estos inocentes dependían totalmente para su existencia.

Según la Administración para Niños y Familias, del Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos, tres de cada cuatro asesinatos de niños en el país durante 2005 fueron causadas por uno de sus padres.

Casi 8 de cada 10 niños asesinados en Estados Unidos era menor de 4 años.
Terriblemente, Florida es uno de los cinco estados del país con más muertes por abuso infantil: 20.1 víctimas por cada 1,000 niños, según la agencia.

¿Qué nos está pasando? ¿Cómo podemos jactarnos de tener adelantos tecnológicos, estaciones espaciales, internet y mil canales de televisión, si no podemos asegurar derechos tan básicos como la seguridad de un niño, la persona más indefensa de la sociedad?

¿No podemos con tanta tecnología, tanto adelanto, tanta psicología, sociología, hacer algo al respecto?

¿Sería factible, como en las películas de ciencia ficción, que se impusieran estrictas reglas de paternidad?

Porque, aunque suene totalitario de mi parte, hay que aceptar que hay gentes que no merecen ser padres, quizá la tarea más difícil e importante del ser humano.

De ello depende hasta nuestra sobreviviencia como especie.

Y no todos deben merecer ese derecho.

¿Tendríamos que llegar al extremo, de exigir a quienes quieran tener hijos, probar que lo merecen tomando cursos y capacitándose? ¿Sacando una licencia?

A nadie nos haría daño tomar cursos sobre paternidad, (nadie nace sabiendo). Los niños son demasiado valiosos como para experimentar y aprender “a prueba y error”.

Quizá, una vez que la gente pasara todos los exámenes y se graduara, entonces se le premiaría con una paternidad "a prueba" por un año.

Suena drástico y fascista. Y me van a decir que la paternidad es un “sagrado derecho” otorgado por Dios hasta a los peores ladrones.

Pero, ya de hecho restringimos otros “derechos”: Por ejemplo, no todos podemos manejar, aunque lo queramos, si no pasamos antes un examen.

Tampoco podemos beber, o votar, hasta cierta edad, hasta que probemos ser capaces de enfrentar tales responsabilidades.

¿No sería lógico que también tengamos que probar que merecemos la mayor de las responsabilidades, la de ser padres?

Sobre todo porque no se trata solamente de alimentar y dar cobijo a un niño, sino que implica criar y formar a un ser humano, pequeño e indefenso.

Un ser humano cuyo destino está totalmente en nuestras manos, y cuya sobrevivencia depende completamente de sus padres, en quienes confía ciegamente. Porque no tiene de otra.

Al final, ¿qué es más importante, defender el “derecho” de un mal padre de procrear... o el de un niño inocente de vivir feliz?

E-mail: cfzap@yahoo.com
www.cesarfernando.blogspot.com

viernes, junio 01, 2007

Reforma migratoria: Países pobres subsidiarán a universitarios de Estados Unidos

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata


FORT MYERS, Florida -- Aquel día de 1998, el viejo teatro de Dallas estaba lleno a reventar. De mexicanos, centroamericanos y otros inmigrantes.

Llegué temprano al lugar, el mítico y vetusto Teatro Texas, sobre la Avenida Jefferson del (ahora mexicanisimo) barrio de Oak Cliff.

(Ni más ni menos que el mismo teatro donde en 1963 detuvieron a Lee Harvey Oswald, apenas horas después del asesinato del presidente John F. Kennedy.)

Ni tardo ni perezoso, en un arranque de morbo histórico, lo primero que hice al entrar al edificio fue ir a buscar el "infame sitio" donde la policía detuvo al magnicida.

Ahí estaba, el asientito aparentemente insignificante, forrado de un rojo chillón, y cuya única característica distintiva es la discreta placa metálica donde se lee "Lee Harvey OSWALD -- November 22, 1963".

Tras años de abandonado-- el teatro había sido adquirido por un empresario mexicano, Pedro Villa, quien lo quiso convertir en un centro de cultura para la comunidad hispana.

Y uno de sus primeros eventos fue, precisamente, una junta pública de información sobre inmigración.

Yo estaba recién desempacado como inmigrante, y por entonces corría el rumor de que se iba a dar una legalización. Y la gente quería saber si era factible, por lo que acudió en masa al llamado.

(Pocos nos imaginábamos que la ansiada legalización se tardaría diez años más.)

Mexicanos, centroamericanos y algunos sudamericanos llenaron las filas e hileras del legendario teatro.

El abogado invitado, Israel Torres, llegado de Houston, contestó todas y cada una de las preguntas del público de manera clara y directa.

Todas las dudas eran importantes. Pero una se me quedó grabada, y la recordé recientemente.

"¿Hay alguna posibilidad de que los inmigrantes con estudios universitarios puedan legalizarse?", fue la pregunta.

La respuesta del abogado Torres fue muy clara.

"Es más fácil que arregle un inmigrante universitario, que uno sin título", respondió. "Al gobierno de Estados Unidos le conviene más legalizar a un graduado universitario porque no gastó ni un centavo en su educación, sino que ese gasto lo hizo otro país. Como México. Estados Unidos recibirá los beneficios, sin haber hecho ningún gasto para educar a esa persona".

La anécdota nunca se me olvidó, pero la recordé en especial días atrás al ver la propuesta que se discute en el Congreso para legalizar a los más de 12 millones de indocumentados (en su mayoría mexicanos) en Estados Unidos.

Una de las novedades de la nueva ley, es que se modificarán las reglas para los que quieran emigrar a Estados Unidos en el futuro.

En lugar de atraer a familiares de ciudadanos americanos y residentes legales (como se ha estado haciendo desde 1965), Estados Unidos aplicaría un sistema de selección por puntos.

Bajo este sistema, un extranjero que quiera emigrar a Estados Unidos tendrá preferencia si habla inglés y tiene un título universitario, por sobre los que no.

Según los críticos de la medida, en teoría tendrían más facilidad de conseguir las limitadas visas los universitarios de La India, China y Europa, que los campesinos u obreros mexicanos.

Incluso los sudamericanos que emigran tendrán más facilidad que los mexicanos, pues la mayoría de aquellos son de clase media y con estudios. Por lo menos, tienen dinero para pagarse un boleto de avión, lo que no pueden decir muchos inmigrantes mexicanos y centroamericanos.

Incluso los universitarios mexicanos podrían en teoría tener más facilidad de emigrar que sus paisanos campesinos.

Los ciudadanos americanos y residentes seguirán teniendo la posibilidad de traer a sus familiares, pero de manera más limitada.

¿Es injusto este sistema? De primera instancia, lo parece, según sus críticos. Porque le da preferencia a los inmigrantes de ciertos continentes por sobre los demás.

Pero Estados Unidos no está haciendo nada que no hagan otros países. Todos los gobiernos imponen restricciones sobre a quién dejan entrar y no.

México mismo elige a quien permite inmigrar, y deporta a los que no considera "dignos".

De hecho, Estados Unidos es el único país de la "Anglósfera" que no tiene un sistema de inmigración por puntos.

Desde hace años, países como Canadá (a quien se le ha alabado su sistema migratorio como uno de los más abiertos y tolerantes del mundo), aplican ese sistema, al igual que Australia, Nueva Zelanda y el Reino Unido.

¿Qué debe prevalecer? ¿Los méritos personales y profesionales? ¿O la compasión, la unidad familiar?

¿Deben imponerse los intereses de los inmigrantes, o los del país que les abre la puerta?

¿Se debe hacer lo que les conviene a los recién llegados, o a los habitantes de su nuevo país?

Ambos programas tienen pros y contras. El sistema de puntos, por principio, fomentará una fuga de cerebros, según temen algunos.

¿Qué universitario mexicano o latinoamericano, con conocimientos del idioma inglés, no se sentiría tentado a irse a un país donde puede ganar 8 veces más? Sobre todo, estando escasos los empleos en América Latina, donde egresan universitarios al por mayor, muchos de los cuales no tienen de otra mas que terminar de taxistas o taqueros para subsistir.

En este caso, se daría un fenómeno curioso: Los países latinoamericanos terminarían subsidiando con sus impuestos, buena parte de la educación de la próxima generación de estadounidenses.

Por ejemplo, un egresado titulado de una universidad pública de México, Colombia o Chile, no prestará su conocimiento y creatividad para el progreso de su país natal (que fue el que subsidió su educación, con los impuestos de todos), sino que lo aplicará a beneficio de Estados Unidos, que no invirtió ni un centavo, como dijo el abogado Torres.

¿Esta medida logrará "mejorar" la calidad de los inmigrantes, como piensan los creadores de la ley?

Difícilmente. Lo que tememos que ocurra, es lo que ya está pasando en países como Canadá: Allá llegan muchos inmigrantes legales preparados... pero pocos logran ejercer sus profesiones, debido a los montones de trabas burocráticas y legales que el gobierno impone a los extranjeros.

Así, no es raro ver en Canadá por ejemplo, a neurocirujanos limpiando baños, o a ingenieros volteando hamburguesas en McDonald's, según lo relatan los propios inmigrantes de manera cruda en el sitio de internet www.notcanada.com.

¿Es posible que esto ocurra en Estados Unidos? Probablemente. Yo no creo que las asociaciones de médicos, ingenieros, científicos y abogados vayan a recibir con los brazos abiertos a la oleada de colegas extranjeros que querran inmigrar.

Al contrario: Si ya ahora les ponen veinte mil trabas para ejercer aquí, lo más seguro es que esto se multiplique.

¿O un abogado o un médico norteamericano va a ver con buenos ojos que venga alguien a desplazarlo? Nunca. Desde hace años se ve el ejemplo de los ingenieros en sistemas y programadores que protestaron por la entrada de ingenieros chinos e indios que les estaban quitando el trabajo.

El resultado: El Congreso recortó drásticamente las visas H1-B para profesionistas: En 2000, llegaron a 195,000, pero para 2008 sólo se emitieron 65,000 (las que se agotaron al primer día de ser emitidas).

Antes que instalar un sistema de inmigración por puntos (que atraerá a inmigrantes preparados en masa), Estados Unidos debería primero asegurarse de que esos universitarios tengan la posibilidad de trabajar en su rama, y no terminen como sus colegas canadienses, paleando la nieve para poder comer, mientras sus impresionantes títulos de doctorado están empolvándose en un clóset.

Y en dado caso de que estos inmigrantes universitarios sí logren acomodarse y ser aceptados por sus colegas norteamericanos, queda el problema de quién hará los trabajos duros y peligrosos que tradicionalmente hacen los inmigrantes.

Porque esos no desaparecerán porque se apruebe una nueva ley. Seguirán habiendo necesidad de llenarlos, sobre todo en el creciente mercado de hoteles y restaurantes.

¿Tiene lógica, importar inmigrantes que Estados Unidos no necesita, y cerrarle la puerta a los que sí necesita, como los trabajadores agrícolas y los obreros?

A menos que uno quiera presumir que el mesero que les sirve es mejor que el de la mesa de al lado por tener título de físico nuclear.

En fin, son las cosas que pasan, siempre que los políticos se ponen a legislar la economía.

E-mail: cfzap@yahoo.com
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