viernes, mayo 25, 2007

Ahora o nunca: Llegó nuestra última oportunidad

DESDE LAS ENTRANAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

Fort Myers, Florida – Al fin, después de casi seis años de espera, parece ser que por fin nos van a servir la tan ansiada “enchilada completa” que prometieron los políticos norteamericanos a los inmigrantes en 2001.

Como aclaración, así es como llamó el ex secretario de Relaciones Exteriores de México, Jorge Castañeda, a la legalización de indocumentados, usando el nombre de un platillo típico mexicano pariente del taco, pero más sazonado.

Aquél año, todos nos estábamos saboreando la enchilada. Casi nos la habían servido.

Luego, todos sabemos lo que pasó: Llegaron los ataques terroristas del 9/11.

El Congreso de Estados Unidos nos dejó tirada la cocina, se le olvidó preparar la enchilada, y se fue corriendo a la guerra.

Hoy, parece ser que por fin huele a que algo se está cocinando de nuevo.

El jueves 17, una coalición de senadores, desde el demócrata Edward Kennedy hasta el republicano Jon Kyl, acordaron una propuesta a puerta cerrada para una reforma migratoria completa.

Y cuando dicen “completa” hablan en serio: No sólo se trata de legalizar a los indocumentados, sino de cambiar completamente el sistema de inmigración, crear nuevas visas de trabajo temporal y por supuesto, contratar más guardias e instalar muros en la frontera.

Ahora sí, parece que hay intención de cocinar la enchilada completa. Por lo menos ya están calentando los sartenes.

¿Será cocinada? ¿La aprobará la Cámara de Representantes? ¿O le quitará el sazón, el relleno y las ensaladas, y nos servirá las puras cáscaras?

No sabemos. Apenas se está discutiendo.

De lo que sí ya nos dimos cuenta es que, pese a que la tan mentada enchilada aún no llega a la mesa, ya los comensales están protestando.

A algunos de estos comensales (como los conservadores antiinmigrantes) les parece una enchilada demasiado cocinada. Muy condimentada y rellena.

En cambio otros, como los defensores de los indocumentados, piensan lo opuesto: Que la enchilada está demasiado cruda y desabrida.

Es normal. Un tema tan controvertido como una reforma migratoria siempre dejará a un grupo de gente (bastantes por cierto) descontenta. Es imposible satisfacer a todos.

Pero eso es precisamente lo que intentaron hacer los senadores: caerles bien a todos. Pero como sabemos, es imposible quedar bien con Dios y con el diablo.

Por eso al final, no quedaron bien con nadie.

Por un lado ofrecen dar papeles a los indocumentados, que permanezcan en el país y que puedan llegar a hacerse ciudadanos.

Pero por otro lado, no va a ser fácil, ni barato: Va a costar a las familias miles de dólares (por lo menos 9 mil dólares en puras multas, mas los costos de los trámites), más a lo que hay que sumar los costos de viaje al país de origen, pérdida de salario por la espera y la incertidumbre de no saber si de verdad les van a dar papeles o sólo es una treta para que los indocumentados se “autodeporten”.

Además, proponen cambiar totalmente las reglas para inmigrar: En vez de darle preferencia a familiares de ciudadanos y residentes permanentes como hasta ahora (lo que ha beneficiado principalmente a obreros y agricultores mexicanos y otros latinoamericanos), ahora se daría preferencia a la gente con estudios, en especial carreras universitarias, que ya hable inglés y que tenga una profesión. (Lo que beneficiaría más a europeos y asiáticos).

Al mismo tiempo, se crearán visas de trabajo nuevas, para que los obreros extranjeros que quieran venir legalmente a trabajar puedan hacerlo por hasta seis años, y traer a sus familias.

Aún con todo, hay más preguntas que respuestas:

Primero, ¿para qué atraer a profesionales, si lo que se necesitan son trabajadores agrícolas y obreros?

¿O les van a hacer válidos aquí los títulos profesionales a los abogados, médicos e ingenieros extranjeros? Lo dudo. Si los antiinmigrantes protestan porque los extranjeros vienen a ocupar puestos de agricultores y albañiles (que, según dicen cualquier ciudadano americano haría gustoso... por un buen salario, claro), imagínese cómo se pondrían si vieran que los extranjeros les están “quitando” los trabajos a los profesionales,

Al final, temo que al no recoocerles los estudios, esos nuevos inmigrantes, con sus títulos universitarios y educación, terminaráb trabajando de albañiles o cosechadores, y de nuevo quedaremos igual.

¿Los empleadores les guardarán sus puestos estarán a los inmigrantes que tengan que salir del país para volver a entrar con sus visas? ¿O resultará que esos trabajadores regresarán con muchas visas y papeles pero desempleados?

¿Y cómo le van a hacer los funcionaros de Inmigración para procesar todos los papeleos que les van a caer encima, si a duras penas pueden con lo que ya tienen?

Porque se hablan de miles de guardias fronterizos, de cientos de millas de muros, de aviones espías y no sé qué más, pero hasta ahora nadie ha dicho si se contratarán más burócratas para procesar la avalancha de solicitudes de legalización.

En fin, podemos ponernos optimistas o pesimistas. A fin de cuentas, la propuesta no era lo que nadie esperaba.

Pero es algo. Siempre es mejor una media enchilada, que nada de enchilada.

Es lo único que tenemos hasta ahora.

Y quizá sea lo único que vayamos a tener jamás.

Porque ya casi se nos pasó el tren. Esta es la última oportunidad histórica que existe en Estados Unidos para aprobar una reforma.

Como dijo el secretario de Comercio, Carlos Gutiérrez en una entrevista con Univisión, si la reforma migrastoria no se hace este año, el que viene será imposible porque vendrán las elecciones presidenciales. Ninguno de los candidatos querrá “quemar” su futuro político en un tema tan candente y poco popular como los indocumentados y sus familias.

Luego, en lo que se acomoda el nuevo gobierno, llegamos al 2009, y de nuevo vienen elecciones congresionales. E igual: Ningún político querrá arriesgar sus votos dando papeles a quienes no votan.

Después, en lo que se acomoda el nuevo Congreso, nos vendrán encima de nuevo otras elecciones presidenciales. Y por supuesto, el tema de inmigración será tabú, por temor a que el presidente (o presidenta) pierda su reelección.
Ya para entonces, estaremos en el 2012, y habremos perdido 11 años.

Para bien o para mal, tenemos que comernos la enchilada ya, como esté.

Es ahora o nunca.

cfzap@yahoo.com
www.cesarfernando.blogspot.com

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