viernes, abril 20, 2007

Cultura del miedo en Estados Unidos: ¿Causa de masacres?

Desde las Entrañas del Monstruo

Por César Fernando Zapata

FORT MYERS, Florida — Mi hijo César tenía que entregar un trabajo para la escuela, y yo puse el grito en el cielo cuando vi lo que estaba haciendo.

El trabajo consistía en escribir un relato, un cuento, e ilustrarlo. Mi hijo (como creo que casi todos los niños de la generación de las películas The Lord of the Rings, Harry Potter, Eragon y similares y conexas) eligió como tema de su relato una historia de aventuras, llena de caballeros, brujos y batallas. Y claro, dragones, sus criaturas favoritas.

César se desveló dos días seguidos preparando su trabajo. Pero cuando vi los dibujos que había terminado casi me voy de espaldas: Mostraban guerreros luchando a espada limpia, personajes siniestros vestidos de negro, lobos oscuros que eran lanzados por rayos de luz. Dragones por aquí y por allá. Y más espadas, batallas y luchas.

Aclaro, yo no tengo nada contra las historias fantásticas. Me encantan. De hecho, fui uno de los primeros locos de mi escuela que leyó The Lord of the Rings en Tampico, México, cuando entonces todo mundo creía que se trataba de un libro de brujería. Yo tenía apenas 15 años, y ahorré mis propinas semanales por varios meses para comprarme volumen por volumen del libro, publicado por la legendaria editorial Minotauro, de Argentina.

De hecho, yo llegué a dibujar algunas escenas del libro por mi cuenta (mucho antes que Peter Jackson, conste), y también incluían espadas, caballeros, dragones y batallas.

(¿Hay alguna otra forma de ilustrar un relato de fantasía heróica para un jovencito?)

Pero eso era antes, en otro tiempo, y parecería que hasta en otro planeta: En los 60's, 70's y 80's, hasta las mamás les compraban pistolitas y soldaditos de plástico a sus hijos.

¿Se acuerdan? Cuando los niños jugábamos a las guerritas, disparándonos con balas imaginarias y gritando al fingir caer heridos.

Pero hoy en día, en este planeta llamado Florida, Estados Unidos, del año 2007, yo no sabía cómo iban a reaccionar los maestros de la escuela de César, si vieran que mi hijo llegaba con semejantes dibujos.

O sí sabía: Seguro íbamos a terminar en la dirección, o la policía. O en Guantánamo.

Después del 9/11, ya las cosas no son iguales en Estados Unidos. Es otro planeta, repito.

Especialmente después de las masacres en escuelas como la de Columbine, y en especial, con el recuerdo tan fresco aún de la masacre ocurrida en la Universidad Virginia Tech días atrás.

¿Qué está pasando en Estados Unidos, es la pregunta que todos se hacen? ¿Porqué se ha llegado a esta situación, que apenas hace diez años parecía de ciencia ficción?

De inmediato surgen muchas teorías: Que si es por la decadencia social, moral, ética, e histórica del "Imperio Americano", que si es por la facilidad de comprar armas, o por su abierta distribución y promoción, o por la existencia de la Asociación Nacional del Rifle, que si es culpa de Charlton Heston, y tantas otras explicaciones.

Y a las teorías, claro, prosiguen las sugerencias: Habría que prohibir el uso de armas. Habría que meter a la cárcel a los distribuidores. Habría que confiscarlas. Habría que juzgar a George W. Bush, etcétera.

Yo no soy experto, pero me pregunto: ¿No han probado ya las prohibiciones del pasado su inefectividad?

¿Nadie se acuerda de la Ley Seca? Sólo estimuló a las mafias que traficaban con licores, como la de Al Capone.

Vaya, si hay hasta quienes dicen que la prohibición contra las drogas ha estimulado su consumo y hecho más ricos a los ya de por sí multimillonarios capos.

En México, por ejemplo, tener armas es un delito federal. Están prohibidísimas (en el papel, claro). Y cuando uno logra sacar un permiso, de la Secretaría de la Defensa Nacional, sólo es para pistolas de bajo calibre. Las demás son "se uso exclusivo del ejército", y ay de aquél que sea sorprendido con un arma de calibre mayor, porque pasará años en la cárcel.

En teoría.

No son pocos los ciudadanos americanos que terminan con sus huesos en prisión al cruzar la frontera y ser sorprendidos con una escopeta de cacería, o incluso una simple bala. De inmediato son considerados como traficantes de armas, y el gobierno de México no les tiene conmiseración.

¿Ha bajado esto la violencia y el crimen en México? Claro que no. Cualquiera compra armas en el mercado negro, en especial las mafias y los narcotraficantes. Los únicos que no, son las clases media y baja (casualmente, las víctimas de la delincuencia).

Además, según el cineasta Michael Moore en su controvertido documental "Bowling for Columbine", la venta y distribución de armas no parece ser un factor que cause las masacres. Y puso como ejemplo a Canadá, donde hay tantas o más armas de fuego que en Estados Unidos (para una población de canadienses diez veces menor a la de los norteamericanos). Además, el índice de criminalidad de los "canucks" no llega al de aquí.

Según Moore, el responsable es el clima de miedo de la sociedad en Estados Unidos. Y a pesar de lo controvertido, o equivocado que Moore pueda estar, es un tema digno de analizarse.

¿Porqué, por ejemplo, yo le obligué a mi hijo César a redibujar su trabajo? Por miedo. Miedo a la reacción de los maestros, directores y funcionarios escolares.

¿Porqué estos maestros y funcionarios escolares reaccionarían negativamente ante unos dibujos de un niño? Por miedo, claro. Miedo a que esto sea un riesgo de que el niño que dibuja espadas, dragones, caballeros y brujos (aunque no existan) pueda convertir a su escuela en la próxima Columbine o Virginia Tech.

Estos maestros, directores y funcionarios escolares tienen miedo de perder sus trabajos si algún "jefe" de más arriba se enterara de que que no hicieron nada al respecto.

¿Porqué no pasaba esto antes, cuando todos los niños jugábamos con resorteras, espadas, soldaditos y hasta pistolas de plástico?

¿Porqué Estados Unidos acaba de prohibir a sus ciudadanos viajar a ciudades de México, como Monterrey y Acapulco, calificándolas de "peligrosas", precisamente después de lo ocurrido en Virginia?

¿Es hipocresía?

Usted, sabiendo lo que pasó en Virginia Tech, ¿se "arriesgaría" a viajar a Estados Unidos? ¿Se arriesgaría a inscribir a sus hijos en una escuela de aca?

¿O considera a Estados Unidos un país extremadamente peligroso?

O al revés: ¿Nosotros los mexicanos nos atreveríamos a gritar a los cuatro vientos que nuestro país está en total paz, pese a los incidentes de la decapitaciones y tomas de hospitales por los narcotraficantes?

Es un tema humano, y por lo tanto, complejo. Y como en cualquier tema complejo, sobran las preguntas y escasean las respuestas.

E-mail: cfzap@yahoo.com
www.cesarfernando.blogspot.com

More immigrants equals less crime?

By Cesar Fernando Zapata

FORT MYERS, Florida — I was driving the other day when I heard in a talk radio show the same old song: "The increase of crime is due to the increase of immigration".

Of course, this is one of the favorite arguments in anti-immigration speeches by groups like The Minutemen and Americans Standing Tall.

Was it worth it to call the radio station to argue? Probably not. Any doctor may advise otherwise.

To rebut false arguments, there is nothing better than cold numbers.


For starters, crime has not increased in the United States, on the contrary: It has been constantly decreasing for years.

According to statistics by the Department of Justice —available in the internet —in 2005, violent crime (defined by the FBI as murder, forcible rape, robbery and aggravated assault), totaled 1,823,400.

In 2006, the number had increased 3.7 percent, according to preliminary numbers.

But despite the increase, it was less than half the 4,190,000 reported on 1993.

Here in the Fort Myers-Cape Coral area, violent crime has decreased too. In 2002 2,967 crimes and 42 homicides were reported, but in 2005 there were 1,645 crimes and 15 homicides, according to the FBI.

And while crime is down, the Hispanic population is up: In 2005, Hispanics were 14.3 percent of the total population in Lee County, up from 9.5 percent in 2000, according to the Census.


Believe it or not, immigration is down nationwide. According to the Pew Hispanic Center, in 2004, 1.1 million immigrants —legal or not— entered the country, 24 percent less than in 2000.

Another myth is that cities with the most immigrants are more violent. Miami is the immigration capital of the United States —60 percent of its population was born overseas in 2000, according to the Census.

Next to Miami, the cities with the most percentage of immigrants were Santa Anna, Calif.. (48.4), Los Angeles (41.3) and Anaheim (40.3).

But they are not the most dangerous.

In 2005, Baltimore, MD was the city with the most violent crimes, according to the FBI, with 11,248 reports and a homicide rate of 42 per 100,000 people.

Detroit was second, with 21,240 crimes and 39.3 homicides. The rest of the "Top Ten" were, in order: St. Louis, Washington, Newark, Kansas City, Philadelphia, Cincinnati, Cleveland and Oakland.

None of them with high concentration of immigrants.

Among "Hispanic" cities, Miami ranked at a low 24th place, according to the FBI. Los Angeles was 21st.

The "Hispanic" city with the most crimes in 2005 was Dallas, and yet it ranked 17th, followed by Houston (18th) , Chicago (19th) and Phoenix (20th).

San Antonio and New York, two of the cities with the most immigrants, ranked at a bottom low 48th and 49th, respectively.


And despite what the Minutemen and other vigilante militias say, border cities are not "ravaged" my violence. San Diego ranked 59th and El Paso 67th in 2005.

(In Southwest Florida the most "dangerous" city was Cape Coral, and yet it ranked at a low 113 among cities with 100,000-250,000 people.)

So, the theory that more immigrants equal more crime won't hold water. I'ts just another myth.

There does seem to exist a direct relation between immigration and crime, but it's exactly the opposite: More immigrants equal to less violent crime.


These are the findings of two recent studies, made independently by experts from Harvard University and the Immigration Policy Center, in Washington, D.C.

Professor Robert Sampson, chairman of the Department of Sociology and the Henry Ford II Professor of the Social Sciences at Harvard , surveyed more than 3,000 people of different races in 180 neighborhoods in Chicago, from 1993 through 2003, along with Census and Police data, and found that immigrants are 45 percent less prone to violent crimes than American-born Hispanics.

Sampson published his findings in an Op-Ed piece in the New York Times in 2006, where he argued that in neighborhoods with high concentration of immigrants a significant reduction in violent crime was detected.

Sampson theorized that foreigners —mainly Hispanics— tend to be more conservative, and having more families with kids.

“They may have a certain motivation to work and not get arrested”, he explained during an interview in the Sept.-Oct. 2006 issue of Harvard Magazine.

"Many of these immigrants are likely to be in the country illegally, which may give them extra incentive to keep a clean record and not commit crimes, in order to avoid deportation”, he added. “It’s just a whopping effect”.

So those, those who plan to attend the next anti-immigration rally, perhaps should renew their speeches. And look a little bit harder to the numbers of the real world.

Or, maybe they could invent a whole different kind of logic for themselves. One that suits their own particular vision of the world they invented.

E-mail: cfzap@yahoo.com
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viernes, abril 13, 2007

Legalización migratoria en EEUU: Para cambiar un sistema, primero debemos conocerlo

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

FORT MYERS, Florida — David Vargas es un hombre muy amable y tranquilo.

Empresario de origen puertorriqueño, es director de Asuntos Hispanos del Condado de Lee, en Florida.

El Sr. Vargas habla pausado, pero es muy claro. Él, como muchos otros dirigentes hispanos está a favor de mejorar las condiciones de la comunidad latina de Estados Unidos.

Pero no coincide con aquellos dirigentes que piden seguir las protestas y manifestaciones, a un año de cumplirse las Mega-Marchas del 2006, que movieron a millones de personas exigiendo legalización para los indocumentados.

En cambio, Vargas es uno del creciente número de hispanos que preferirían otra opción para conseguir las mejoras: La vía política y la negociación.

¿Suena pasado de moda y aburrido? Quizá porque lo es. Él mismo lo reconoció, en una reciente plática que tuvimos.

"Negociar y cabildear no tiene el 'ráting' que tiene salir en la TV protestando", aceptó Vargas. "Pero es efectivo".

Su teoría al respecto me pareció muy interesante, por sensata:

"Mire, es muy sencillo: El mundo está construído a base de sistemas", dijo, en su estilo amable, quedo y sin pretensiones. "Y cada sistema tiene sus propias reglas".

Por ejemplo, la familia es un sistema. Los miembros de las familias (padre, madre, hijos) tienen reglas que deben seguir, si quieren ser parte de ese "sistema".

Igual pasa con la escuela, el trabajo, las empresas: "Todos son sistemas, con reglas, claves, procedimientos que se deben seguir para funcionar".

Igual se aplica para el gobierno.

"El gobierno también es un sistema, que tiene sus reglas propias", explicó Vargas. "Y se esas reglas se pueden cambiar, para mejorarlas, es cierto. Pero para llegar a eso, primero hay que conocer esas reglas, para cambiarlas."

Y para conocer un sistema, primero se debe entrar en él.

Incluso hasta en el momento de hacer cambios, se necesita sentarse en una mesa y dar conceder algo.

"Siempre hay que dar algo para conseguir algo a cambio", explicó Vargas. "Ambas partes deben ganar algo. Negociar. Así es como se llega a algo".

Suena poco atractivo, cierto. Pero es la verdad. Para bien o para mal, así funcionan las cosas en el mundo real. (Aunque más de un político populista nos endulce el oído contándonos lo contrario).

Cierto, los cambios pueden lograrse de manera violenta. Se llama revolución. Pero esto lo que hace es destruír al sistema, y crear otro que lo suplante. El problema es el costo que implica llegar a eso. Quizá años de lucha y desestabilización.

El discurso de Vargas me encantó. ¡Qué distinto al de todos esos líderes que nos tienen acostumbrados a exigir "todo o nada"!

Líderes que arengan al pueblo a salir a la revolución —implicando que sólo traerá resultados positivos sin mencionar los costos—, y que tachan de vendido a cualquiera que acceda a negociar.

(Muy parecidos a tantos americanos ignorantes que dividen su mundo en "gringos buenos" e "hispanos malos").

Los consejos de Vargas son refrescantes y sensatos. Pero sobre todo, valiosos por venir de alguien que conoce el sistema: Como empresario, y político, se mueve en ese mundo.

Quizá, como él dice, el procedimiento no sea tan atractivo para salir en televisión, como los gritos y protestas.

Pero ése es el verdadero arte de hacer política.

Como tantos otros, yo también participé en las Mega Marchas del 2006.

Y también me sentí desilusionado y defraudado porque no se ha logrado nada aún: Aún no hay legalización para los más de 12 millones de indocumentados en Estados Unidos.

Las redadas de Inmigración se han intensificado. Familias enteras han sido divididas.

Hay esperanza, es cierto: Se acaban de presentar varios proyectos de ley que quizá —al fin— abran la puerta a una posible legalización.

Pero no va tan rápido como todos quisiéramos.

Algunas organizaciones hispanas anunciaron que planean reanudar las protestas y marchas. En California reiniciaron las marchas, para conmemorar el aniversario... ¿Y qué lograron?

Salir en la tele. Y nada más.

Según los organizadores de las protestas, lo que buscan es presionar al Congreso y la Casa Blanca para que de una vez aprueben la legalización.

Pero, ¿vale la pena insistir en una táctica que ya se probó que no funciona?

Juan Romero, dirigente de Casa México, una organización de apoyo a los inmigrantes mexicanos en Bonita Springs, Florida, piensa igual que Vargas.

No está de acuerdo en seguir el movimiento a base de puras tácticas de choque.

"No se trata de protestar solamente por protestar", explicó. "Se está poniendo en riesgo el bienestar de la comunidad."

"Es un asunto serio que se debe analizar entre todos, no un solo grupo".

Si alguien piensa celebrar el aniversario de las Mega Marchas con más protestas, está en su derecho.

Pero quizá sea mejor que pasemos a la siguiente fase: Conocer las reglas del sistema, para cambiarlo.

¿Cómo? Convenciendo a los inmigrantes con residencia permanente a hacerse ciudadanos.

Y a los que ya son ciudadanos, convencerlos para que se registren como votantes. Y acudan a votar.

Los inmigrantes ya mostramos nuestro músculo.

Ahora, nos toca demostrar nuestra inteligencia.

E-mail:cfzap@yahoo.com
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