martes, febrero 20, 2007

¿De verdad necesitamos "líderes hispanos"?

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata


Allí estaba yo aquel día, parado junto a cientos de personas, bajo el candente sol, en una protesta inmigrante.

Estábamos a las afueras de las Oficinas de Inmigración. Como antes estuvimos ante la oficina de la corte, federales, la alcaldía, el gobierno estatal y hasta de la Policía y del Sheriff.

Pudo haber sido 1997, pero también 1998, 1999, 2000, o cualquier otro año.

Y siempre era lo mismo: Los 'líderes hispanos' habían convocado a la manifestación. Y la comunidad había respondido.

Subía el primero de esos líderes al podio y decía siempre lo mismo, que ya había dicho frente a la corte, a la policía, a la alcaldía y dónde no.

Luego, subía otro. Y otro más.

Cada uno decía "representar a la comunidad". Y siempre tenían títulos rimbombantes: "Presidente de la Alianza Comunitaria de Latino Americanos Unidos", por ejemplo. O "Director Ejecutivo de la Coalición Unida de Hispanos en Estados Unidos". O el "Representante del Grupo de Apoyo a Inmigrantes Latino Americanos".

Al final, después de que el decimoséptimo "líder de la comunidad hispana" había pasado a hablar, un inmigrante mexicano que estaba detrás de mí exclamó, entre cansado e indignado: "¿Cómo? ¿Todavía faltan más?".

Habían "líderes hispanos" para aventar al cielo.

Pero, ¿dónde estaban esos líderes cuando ocurrieron las redadas migratorias meses después? Desaparecieron.

Tampoco dieron la cara cuando las familias de los trabajadores deportados necesitaban pagar la renta o hacer la compra en el súper.

Me acordé de la anécdota al escuchar varias quejas entre gente de la comunidad hispana desde que llegué a esta área por la "escasez" de líderes hispanos en el Suroeste de Florida.

Preguntan: ¿Dónde están los líderes hispanos?

Irónicamente, esto mismo se preguntan aún en lugares donde existen muchos funcionarios hispanos electos, desde jefes de policía, sheriffs, concejales, representantes estatales y hasta alcaldes, como California y Texas.

En esas comunidades ya han habido líderes hispanos por décadas, y las cosas no son mucho mejores: Siguen habiendo abusos contra los hispanos y los pobres siguen siendo pobres.

¿De verdad necesitamos líderes hispanos para mejorar nuestras condiciones?


Desde siempre, los seres humanos hemos tenido una necesidad de líderes. Es un tema complejo y profundo, que quizá nos venga de los genes.

El gran científico Carl Sagan decía que ese sentimiento nos nace de los vestigios de cerebro de reptil que los humanos acarreamos aún tras millones de años de evolución.

Por principio, ¿qué definimos como "líder"?

Según la Real Academia Española de la Lengua, líder es: "(Una) persona a la que un grupo sigue reconociéndola como jefe u orientadora."

Ateniéndonos a esta definición, podríamos considerar a los funcionarios electos como "líderes", pues orientan a un grupo.

¿Cuántos líderes electos hispanos hay?

A nivel nacional, existían hasta el año 2005 un total de 5,041 funcionarios hispanos en cargos de elección popular (lo que pudieramos catalogar como "líderes"), según un reporte de la Asociación Nacional de Oficiales Latinos Electos (NALEO, por sus siglas en inglés). Fue un aumento de casi una quinta parte, comparado con los 4,060 del año 2000.

¿Son suficientes?

Si comparamos a los líderes electos de la comunidad hispana con la comunidad negra vemos la diferencia.

Habían 9,101 funcionarios electos de raza negra en el país en enero del 2001 —el último año que se tiene cifra— según el Centro Conjunto para Estudios Políticos y Económicos (The Joint Center for Political and Economic Studies).

O sea, hay casi el doble de funcionarios electos ("líderes", pues) de raza negra que hispanos.

¿Esto ha beneficiado a la comunidad negra? ¿Están ellos como comunidad en mejor situación que los hispanos, gracias a tener el doble de "líderes"?

Según las cifras, no.

En general, los negros son más pobres que los hispanos. En promedio, en el año 2004, cada familia hispana ganó $34,241, mientras que los negros ganaron $ 30,134, según la Oficina del Censo de Estados Unidos.

Ese mismo año, habían más familias negras debajo del nivel de pobreza, que familias hispanas: 24.7 por ciento contra el 21.9, reportó el Censo.

Esto es más impactante si se toma en cuenta que los hispanos somos más en números totales que los negros: 42.7 millones de hispanos contra 39.7 millones de negros en 2005, según el Censo.

(Y eso que no tomamos en cuenta un detalle importante: Los afro-americanos nacen con ciudadanía americana, mientras que muchos hispanos llegamos aquí sin nada.)

En contraste, podemos comparar el otro extremo: Los inmigrantes asiáticos.

Según el Asian-American Fund, en 2005 habían apenas 555 "líderes" de origen asiático en Estados Unidos. (Esto tiene que ver con la baja población asiática en el país, casi 14 millones de personas, aproximadamente el 4.3% de la población en 2005, según el Censo).

¿Les ha perjudicado a los asiáticos el no tener suficientes "líderes"? Para nada.

Al contrario: Los americanos de origen asiático son a los que mejor les va en Estados Unidos. El Censo estima que el ingreso promedio de una familia asiática en 2004 era de $57,518 al año. Casi $10,000 más al año que los propios americanos anglosajones, que ganan $46,697.

Así pues, no se trata de tener muchos líderes, sino de tener buenos líderes. Punto. De la raza que sean. El tema no es de cantidad, sino de calidad.

Los líderes no nacen por decreto. Salen de una comunidad porque se destacan ellos solos, por su trabajo, su desempeño, su desinterés por el prójimo.

Más tarde, quizá, sean electos a algún puesto de elección popular. Pero para el verdadero líder no es necesario tener un cargo: Muchos ni siquiera son políticos.

No despreciamos la importancia de tener representantes hispanos en el gobierno. Ellos harían una diferencia muy grande, por ejemplo al promover reformas como la migratoria, o permitir que los indocumentados obtengan licencias.

Pero en general, ¿de verdad los hispanos necesitan un líder para mejorar su vida? A menos que tenga un problema muy grande —como haber sido víctima de fraude, o haber sufrido un accidente laboral que lo incapacite— la respuesta es: No.

Si uno puede trabajar, le echa ganas, es honesto, e impulsa a sus hijos a educarse, no necesita que alguien le arregle la vida.

Con la debida orientación, cualquier persona trabajadora y responsable le puede dar clases de liderazgo a más de un supuesto "líder".

El requisito más importante para ser líderes es preocuparse por los demás.

Y para eso puede comenzar en su barrio, en su calle, en su familia. No necesita un micrófono ni una elegante oficina en la alcaldía.

E-mail: cfzap@yahoo.com
www.cesarfernando.blogspot.com

jueves, febrero 08, 2007

Terremotos en California, tornados en Texas, ¿y en Florida? Terremotos, tornados... y huracanes

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

FORT MYERS, Florida — Aquel 28 de marzo de 2000 fue martes, me acuerdo bien, porque estaba como ahorita, sólo en una oficina, ante una computadora en Dallas terminando la edición de un periódico.

Como a las 6 de la tarde vi en la ventana de la oficina que el cielo se estaba ensombreciendo. No le di mucha importancia porque estaba apurado.

"Un periódico tenía que salir..."

Minutos más tarde, noté que comenzaba a llover. Oí el viento muy fuerte, y la lluvia pegaba como pedradas en el techo.

Al salir, ya de noche, me enteré que la lluvia y el viento tan raros eran porque varios tornados estaban pulverizando zonas del norte de Texas.

En casa, vi imágenes en televisión del centro de la ciudad de Fort Worth, Texas, cercana a Dallas.

O mejor dicho, de lo que quedaba del centro.

Uno de los tornados entró al centro de la ciudad, una zona llena de edificios de oficinas y cafés al aire libre. Y lo hizo pedazos en pocos minutos.

Parecía una zona de guerra en Medio Oriente: Autos y camiones llantas arriba, todas las ventanas de los rascacielos rotas, de donde colgaban escritorios, computadoras y archiveros.

Algunos habían terminado pisos abajo, en mitad de la calle.

En el suburbio de Arlington, vecindarios completos fueron aplastados por varios tornados.

En total, hubo millones de dólares en pérdidas y curiosamente, sólo cinco muertos. Uno de ellos un adolescente hondureño empleado de una pizzería en Arlington. Cuando vio la granizada, salió a proteger una camioneta que acababa de comprar —su primer auto. Un pedazo de hielo del tamaño de un balón de futbol le cayó en la cabeza y lo mató.

Tras ver esto, me asaltó el mismo sentimiento cuando vivía en la costa del Golfo de México, en Tampico, Tamaulipas: El temor a desastres naturales, como huracanes.

Pero un huracán por lo menos te avisa con días de anticipación, pensé mientras veía las imágenes de la devastación en Texas. Un tornado en cambio, te da cinco minutos de aviso, si bien te va.

No me gustaría ver a mi familia en tal riesgo, pensé. Por eso, siempre quise mudarme a un sitio "más seguro".

¿Pero dónde?

Todo el centro de Estados Unidos —de Illinois a Texas— quedaba descartado, por supuesto, por ser el "corredor de tornados".

¿California? Nunca. No me gustaría que me cayeran diez pisos en la cara mientras duermo, durante un terremoto. Además, hay incendios forestales.

¿Y qué tal la costa este? Tampoco. Las nevadas pueden ser más destructivas y molestas que los huracanes.

Al final, me mudé a Florida. Y claro, todo mundo me dijo que estaba loco, que si no había pensado en los huracanes.

Claro que sí, respondí. Pero nací y crecí en costa. En Florida sí hay huracanes, pero te avisan con días de anticipación. Nada de terremotos o tornados que te salen de golpe y porrazo y no te dan chance ni de salir corriendo.

El gusto me duró poco.
A los dos meses de llegar a Fort Myers, Florida, ocurrió un terremoto en el Golfo de México, a unas 200 millas al suroeste de Tampa.

Fue tan fuerte, que los científicos temían qque causara un "tsunami", el cual hubiera barrido toda la costa este de la península. Por fortuna, no pasó a más.

Pero el riesgo existió.

La semana pasada, tres tornados hicieron pinole varias poblaciones al norte de Orlando, en el centro de Florida, a unas 3 horas de aquí.

Sin avisar. Sólo hubo una alerta por televisión minutos antes, que casi nadie oyó por ser de madrugada.

Lo peor: Unas veinte personas perdieron la vida, y cientos más se quedaron sin hogar. Las imágenes de la devastación me hicieron acordarme de Texas.

Cierto, Florida es un estado muy preparado contra huracanes, pero quizá ahora deberían considerar un sistema contra tornados.

En Texas hay altavoces en las calles, que suenan una alarma pública en caso de que se reporte alguna de estas emergencias.

(Rara vez funcionan bien, claro, pero la idea es buena.)

Primero huracanes, luego terremotos ¿y ahora también tornados?

(Eso sin mencionar los potenciales "tsunamis".)

¿A dónde me vine a meter?, pensé.

Cuando vine a Florida, me dijeron que aquí había “más de todo”.. pero nunca me imaginé que se referían a ESTO.

¿Qué lugar será el más seguro para vivir? ¿Donde nunca ocurran catástrofes que te obliguen a salir corriendo de tu casa en paños menores... o a veces ni eso?

Comencé a investigar. Y lo que encontré no me gustó.

Me enteré que científicos de todo el mundo están hallando asteroides en el espacio de más de 150 metros de diámetro, que pudieran chocar con la tierra y liquidarnos como especie en cualquier momento.

En la página de internet de la NASA afirman que ya detectaron 842 asteroides, pero hay muchos más, que pueden caer en cualquier parte del planeta.

Pero esto no es verdad. Los asteroides no van a caer "en cualquier parte".

Yo ya sé dónde va a caer el primero de ellos...

E-mail: cfzap@yahoo.com
www.cesarfernando.blogspot.com