viernes, enero 19, 2007

Open House: Escuelas públicas compitiendo por "clientes"

Desde las Entrañas del Monstruo

Por César Fernando Zapata

FORT MYERS, Florida — Lo primero que noté al entrar a la escuela aquella noche, fue la música. Los ritmos de rock de los ochentas y setentas llenaban todo el amplio espacio del plantel, y se escuchaba hasta el estacionamiento.

Junto con varios otros padres de familias con sus hijos, nos recibieron grupos de niños y adolescentes a ritmo de un rock tropicalón, bailando en los pasillos vestidos con el uniforme obligatorio de Florida: Shorts hasta la rodilla, camisas floreadas y chanclas.

La música no era grabada: Los mismos niños la tocaban usando tanques de gasolina, pintados y adaptados como bongós y baterías, guitarras eléctricas y trompetas.

En los pasillos, muchachitas todo sonrisas bailaban al ritmo de la música, y nos señalaban con ambas manos el camino hacia el gimnasio, cual aeromozas orgullosas de su aerolínea.

El evento no era un concierto de rock, ni un festival, aunque no era menos importante y alegre.

Era una "open house", una fiesta por invitación.

¿Quién la organizaba? Ni más ni menos que... una escuela.

Y no una escuela privada, de paga, por cierto, sino una escuela pública, de gobierno. La secundaria Cypress Lakes Middle School, de Fort Myers.

¿El objetivo? Atraer "clientes". O sea, padres de familia con hijos en edad de entrar a la escuela.

Todo esto había iniciado semanas atrás, cuando comencé a notar que recibía montones de invitaciones y publicidad por correo.

En Estados Unidos no es raro que le retaquen a uno de publicidad el buzón, es cierto. Pero esta publicidad no eran ofertas de supermercados, o cupones de talleres mecánicos. No, lo que me causó extrañeza fue que era publicidad... de escuelas. Escuelas secundarias del gobierno.

Y de hecho, las cartas no venían dirigidas a mí sino a mi hijo, César.

César tiene 11 años, recién cumplidos. Y este año termina el 5o. grado de primaria. Para el año próximo deberá entrar a la secundaria, o Middle School, como se llama en inglés.

Las escuelas públicas tienen datos de millones de niños como César. Y no escatiman esfuerzo en atraer su atención, enviando invitaciones.

Las invitaciones le pedían a mi hijo que "se tomara un tiempito" para ir a visitarlos, y ver "lo que podemos ofrecer en tu educación".

Los folletos eran impactantes: Coloridos, en papel fino, con muchas fotos de niños sonrientes en actividades deportivas y artísticas. Maestros amables y amigables, que parecían incapaces de matar una mosca, mucho menos de reprobarte.

Y claro, resaltaban las actividades académicas, y hasta los resultados escolares de sus egresados.

Uno de los folletos incluso venía dentro de un sobre elegantísimo, con el nombre de mi hijo impreso en letra cursiva. Al lado de ellas, seguro que las invitaciones a galas del Palacio de Buckingham parecerían simples invitaciones a piñatas de rancho.

En total, recibimos como seis o siete folletos de distintas escuelas. Y todas tenían un objetivo: Enamorarnos. Atraernos. Convencernos.

Para mí, un inmigrante mexicano que había vivido en Texas casi 10 años, esto era novedad. En México, lo que yo había experimentado al inscribirme en escuelas eran largas colas la madrugada antes para poder alcanzar un cupo en una secundaria de gobierno.

Y ni así te aseguraban entrar, como no fuera por "palancas". Y si no, ni modo. Uno tenía que aceptar ser enviado a una secundaria más lejos, aunque no fuera tan buena.

En Texas esto era muy parecido. El sistema escolar no permite que uno elija la escuela a la que su hijo asista. El distrito escolar impone la escuela que ellos quieran, generalmente la que queda más cerca del domicilio del niño. Y no hay vuelta de hoja. Si te toca vivir junto a la peor escuela —académicamente hablando— ni modo.

Por eso no es raro que haya quien mienta a la hora de dar su domicilio, para poder acceder a una mejor educación. Y ni modo de protestar.

(Casualmente las mejores escuelas siempre están en barrios caros y de puro anglosajón.)

Esto ha causado quejas y denuncias de deficiencia educativa desde hace años en Texas. Porque los maestros, como saben que siempre tendrán asegurada la llegada de alumnos, no se esfuerzan por atraerlos, dicen los críticos. Y las escuelas no sienten la presión de competir para mejorar, ni ofrecer resultados, contrario al espíritu que hizo progresar al país.

Cuando me mudé a Florida, lo primero que me sorprendió es que las escuelas muy claramente advierten: Aquí no hay restricciones. Cualquier padre de familia puede inscribir a sus hijos en la escuela que desee, sin limitaciones ni imposiciones de nadie.

Esto, claro, abre la puerta a una competencia feroz. Ninguna escuela tiene asegurada la inscripción de alumnos. Si un plantel tiene mala fama, o bajo rendimiento, simplemente los padres se van a otro. Las mejores escuelas siempre tendrán alumnos.

Por eso tanta publicidad para atraer "clientes" (léase: Padres de familia con sus hijos). Y por eso organizan "open houses" como a la que asistimos César y yo la otra noche, a la Cypress Lakes Middle School, de Fort Myers.

Nos reunireron en el gimnasio. Habían cientos de padres con sus hijos. La directora nos agradeció que nos hayamos tomado el tiempo para conocer "lo que le podemos ofrecer para el futuro de sus hijos".

Iniciaron la presentación como si fuera una sesión promocional de ventas. Nos mostraron gráficas en Power Point de los resutados académicos de los alumnos de la escuela, comparadas con otras escuelas de la ciudad, para que viéramos la ventaja que tendríamos si inscribíamos a nuestros hijos con ellos.

Dos jovencitos, un muchacho y una muchacha de unos 15 años, tomaron la palabra para contar las bondades y los logros de los equipos de la escuela, de futbol, básquetbol, vólibol, y demás. Los niños de la clases de drama nos hicieron una demostración de su arte, así como los de danza clásica y la banda.

Luego, remataron con un tour por la biblioteca, el laboratorio de ciencias, el salón de artes plásticas y una exhibición del equipo de gimnasia rítmica.

En los pasillos, niños de las clases de danza moderna y música no dejaban de bailar al ritmo de rock de los ochentas, con sus atuendos floridianos, mientras que más cerca de la entrada, el grupo de la clase de música clásica nos deleitaba con una pieza de Vivaldi.

"Es una excelente escuela", repetía César mi hijo, impresionado, mientras comía una galletita con una limonada, que le habían regalado en charolas en los pasillos, cortesía de la escuela a sus visitantes.

Yo también estaba impresionado. Pero por todo el espectáculo que ofreció la escuela con un sólo objetivo: Ganar nuestra preferencia.

Me sentí soñado. Sentí que me estaban dando mi lugar, como un padre importante. Y que la escuela debía ganarse a pulso el derecho —o privilegio— que le confiáramos nuestro bien más valioso: Nuestros hijos.

Para eso tenía que demostrarnos que estaba a la altura del desafío. Y la escuela no tuvo miedo al desafío, al contrario: Lo enfrentó de manera abierta, competitiva e inteligente.

Uno dirá que es puro "bloff", solo oropel sin sustancia. Típico espectáculo mercanchifle americano.

Pero lo cierto es que esta escuela —de gobierno, le recuerdo— ha recibido la más alta calificación de excelencia educativa en todo Florida, desde hace varios años.

¿Será porque de verdad se esfuerza en competir?

Antes de que los extremistas se rasguen las vestiduras, y me acusen de "corromper con ideas extranjerizantes y mercantilistas" una sacrosanta institución, como lo es el H.H. Sistema Educativo, permítanme recordarles que esto no es nada del otro mundo. Todos lo hacemos, todos los días.

Al resto de nosotros los mortales —trabajadores, negocios, oficinas de gobierno, trabajadores profesionales y obreros— desde siempre nos han exigido eficiencia, mejores resultados y productividad. Y a los que no cumplimos, simplemente nos dejan de lado, cuando no nos corren.

¿Porqué no a las escuelas?

Ser competitivas no las haría peores, al contrario. Y todos saldríamos ganando.

Pero sobre todo, sus "clientes": los niños.

E-mail: cfzap@yahoo.com
www.cesarfernando.blogspot.com

1 comentario:

  1. Anónimo11:04 p.m.

    Muy bueno, mira este sitio:

    http://www.elrevolucionario.org/rev.php?seccion10

    Te agradeceré que coloques un enlace...

    Gracias

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