viernes, diciembre 29, 2006

Estafados por trabajar: La tragedia de miles de inmigrantes

Desde las Entrañas del Monstruo

Por César Fernando Zapata

Doña Dolores Campos no puede evitar soltar el llanto cuando recuerda su situación, ni siquiera cuando habla por teléfono.

Con sus ojos hundidos por la pena, y las manos callosas, la inmigrante de la Ciudad de México cuenta cómo ha sido una y otra vez víctima de estafadores en Estados Unidos.

Estafadores que se burlaron de ella y le incumplieron la más sagrada de las promesas: Pagarle por trabajar.

"Llevamos tres meses y medio que nos traen vuelta y vuelta y nada", se quejó la madre de familia, quien trabaja en instalando blocks en Florida para mantener a sus cuatro hijos, de 7 a 14 años de edad. "¿Qué vamos a hacer?"

A escasos días de la Navidad, la familia Campos permanecía sumida en la tristeza dentro de su humilde casa móvil, sin tener dinero ni para comer, mucho menos para comprarles regalos a los más pequeños. "Ya es viernes hoy y no tenemos ni un dólar", se lamentaba la Sra. Campos, llorando.

Doña Dolores, junto con su marido Ramón García Juárez, de 30 años, trabajan en la construcción, de lo que salga: Desde limpiar el terreno para construír, hasta instalar blocks y terminar casas en fraccionamientos del suroeste de Florida.

Pero a pesar de haberse partido la espalda trabajando desde hace años, a la pareja aún les deben 32 mil dólares que les prometieron pagar y nunca recibieron.

"Yo le puedo decir cuántos blocks hemos pegado de esas casas, yo las hice con mis propias manos", declara desesperada la mujer mientras ve fotos de las viviendas ya terminadas.

Lo único que reciben de los contratistas son promesas. Y adelantos de $1,000 ó $2,000 dólares, pero nunca lo que les deben tras haber construído más de veinte casas en tres condados.

La situación ya es desesperante para la familia, porque las deudas se les amontonan.

"Tuvimos que sacar de las tarjetas de crédito para comer, pero sólo damos el pago mínimo", declaró la mujer, viendo lo estados de cuenta. "En una tarjeta debemos ya 6 mil dólares, y en la otra $2 mil. Además, pagamos $859 al mes por nuestra casa, y $560 al mes de seguros de carros. Más $127 por seguro de casa. La luz llegó este mes de $487...", agregó, desesperanzada.

Ante esta situación, desesperada la pareja ha salido a buscar trabajo donde sea.

"Fui hasta a pedir en un campo para cosechar calabaza, pero no hay", comentó.

Pero aún si encontraran trabajo, quedaría por verse quién le va a pagar lo que les deben por las casas construídas. Lo más probable es que nunca vuelvan a ver el dinero.

Esta es una escena que pocos latinoamericanos se imaginan cuando emigran a Estados Unidos. Pero desafortunadamente ocurre muy seguido.

Para la Sra. Campos, es la segunda vez que le ocurre.

"En Port Charlotte otro contratista nos hizo lo mismo", se quejó. "Les hicimos 20 casas allá hace siete meses, nos quedamos sin dinero. Ya ni sé cuánto dinero nos deben, de tanto que es".

Los contratistas también dejaron sin pago a techeros, carpinteros y albañiles. Todos inmigrantes, en su mayoría mexicanos y centroamericanos.

Una vez que los trabajadores se cansaron de pedir que les pagaran, y no volvieron, los contratistas volvieron a reanudar la construcción... con otros trabajadores. También inmigrantes.

"Seguro que ellos no saben lo que pasó, y se lo van a hacer a ellos también", piensa la Sra. Campos.

En igual situación estaban más de 100 trabajadores de la construcción, que pusieron sudor y esfuerzo para levantar lo que es uno de los centros comerciales más exitosos del Suroeste de Florida, inaugurado hace apenas un mes.

El mismo día de la inauguración de la mega-tienda deportiva Bass Pro Shop en San Carlos Park, Florida, el pasado 1 de noviembre, mientras clientes y autoridades locales festejaban en medio de música, globos y concursos, metros más atrás más de cien trabajadores sudados, con cascos y ropa de trabajo se juntaban en un estacionamiento para protestar porque les debían semanas de sueldo.

Aquellos que sí habían recibido su pago, recibieron avisos de sus bancos de que los cheques les habían rebotado por no tener fondos.

"Nos dijeron que van a hacer lo posible para pagarnos... Lo peor es que con 'lo posible' la gente no come", se quejaba amargamente José Carlos Marichal, de origen uruguayo, a quien le quedaron a deber 1,200 dólares.

Al mexicano Francisco Rodríguez, de 36 años, quien fue carpintero en la construcción de la tienda, le debían 2 mil 140 dólares por 2 semanas de trabajo.

"Nos cortaron el agua por no tener dinero para pagar", comentó. "Pudimos pagar la renta, pero no tenemos para lo demás. Tenemos el teléfono atrasado".

La esposa de Rodríguez, Clara, de 36 años, también trabajó en la obra como pintora. A ella le debían 1,400 dólares.

"Nos suplicaban que les ayudáramos a terminar el trabajo", recuerda enojada. "Ahora nos salen que no van a pagar porque según dicen , somos ilegales. Si ya sabían que muchos eran ilegales, ¿porqué hasta ahora nos salen con eso?"

El matrimonio tiene tres hijos, de 13, 9 y 6 años.

Un sacerdote local, el padre Víctor Caviedes, párroco de las Misiones de Jesús Obrero y de San José de Fort Myers, Florida, ofreció ayudarles a las familias de los trabajadores con bolsas de comida gratis.

Pero no todos aceptaron.

"Nosotros no venimos a pedir comida ni regalos. Sólo que nos paguen lo que nos deben", comentó molesto Francisco Rodríguez.

Varios trabajadores propusieron seguir con las protestas y pararse frente a la tienda hasta que les pagaran. Pero el abogado Víctor Arias, que asesora al grupo, no creyó que fuera buena idea, porque la culpa no es de la tienda, sino del subcontratista que hizo la obra.

"¿Y mientras qué vamos a hacer los que no tenemos dinero?", gritó la Sra. Clara Sandoval, de Naples, pintora originaria de Guanajuato, México, a quien le deben $1,063.

Ella se las iba a ver muy duras en Navidad y Año Nuevo, ya que es el único sostén de sus cuatro hijos (de 10, 7, 4 y 2 años), que están en Guanajuato.

"No tengo dinero para enviarles. No hemos hallado trabajo", se quejaba.

Sin embargo, la mujer reconoció que era difícil salir a protestar: "Somos miedosos, tenemos miedo de ir a la calle".

De hecho, es una historia que se repite. Porque para los inmigrantes indocumentados, es muy difícil (si no imposible) llevar a la corte a los patrones que no les pagan.

El temor a ser deportado puede más, y al final, la mayoría termina asumiendo la pérdida y siguiendo adelante, a buscar otro trabajo. Su familia depende de ello.

Por eso, para la Sra. Dolores Campos estas historias no son novedad:

"Siempre pasa así, nos hacen trabajar y no nos pagan. Uno como es hispano no hace tantas preguntas... La gente tiene miedo", concluyó.

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sábado, diciembre 16, 2006

Adiós a los reporteros, bienvenidos los "Mojos": ¿El futuro de los periódicos en EE.UU.?

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

Quizá nací un poco tarde. Digamos, unos sesenta años antes de lo que debí.
(Aunque para algunos, les parezca que de hecho nací sesenta años antes.)
Como periodista, leo sobre el glorioso pasado de la prensa escrita con admiración y hasta cierta envidia.
Hoy en día nos parece increíble escuchar que hubo una época en que los periódicos sacaban tirajes diarios de millones de ejemplares.
Y no sólo una edición, sino varias... Al día.
Y que los lectores devoraban esos diarios con ansiedad y hasta gusto.
La gente leía más que ahora. Por lo menos periódicos.
Claro, todo eso cambió con la llegada de la radio, y después de la televisión.
Pero ha sido el internet quien se ha encargado de darle la estocada final a los periódicos, esos entrañables dinosauros de una época ida.
¿Cómo modernizas a un dinosaurio?
¿Cómo revives algo que está destinado a la extición?
Porque para muchos expertos, esto que usted lee ahora, va de salida. Y es cuestión de tiempo para que desaparezca.
(Y no me refiero precisamente a mí, sino a los periódicos, en general.)
En Estados Unidos, y otras muchas partes del mundo, los síntomas son los mismos: Cada vez menos gente lee periódicos. Lo dicen las estadísticas. Lo gritan los reportes de circulación, cada vez menores.
Irónicamente, son los mismos periódicos los que más escándalo hacen de esta noticia.
En Estados Unidos, por lo menos, la circulación y el tiempo que la gente invierte leyendo diarios ha ido en picada desde hace muchos años. Pero es hasta mediados de los ochentas en que la tendencia tiene alarmados a los editores.
Por supuesto, aún hay gente que lee periódicos. Usted es una prueba viviente de ello.
(Y hay algunos tontos que todavía nos atrevemos a escribir en periódicos, preguntándonos a veces si de verdad alguien nos lee).
Pero a nivel general, la tendencia va a la baja.
¿Cuál es el futuro de la prensa? Muchos "expertos" en comunicación han hecho sesudos análisis sobre el tema, ofreciendo varias "propuestas".
Pero es en este rincón de Florida, Fort Myers, a donde vine yo a parar hace algunos meses, donde alguien está haciendo algo concreto al respecto.
Y no es el New York Times, ni el Chicago Tribune, ni el Washington Post, sino The News-Press, un diario mediano pero con una tradición periodística de de más de 120 años.
Precisamente, hace poco un reportero de The Washington Post vino a hacer un reportaje... sobre reporteros.
Vino a ver el futuro de la prensa hoy en día. Y lo conoció en un joven llamado Chuck Myron, de 27 años.
Myron no es un reportero en el estricto sentido de la palabra. Pero quizá sea el futuro de la prensa impresa en general.
De hecho, ni siquiera tiene el título de reportero, sino de "mojo" (pronunciado "moyo"), abreviatura de "Mobile Journalist", o Periodista Móvil, en español.
A diferencia de los "periodistas ciudadanos", los mojos son empleados a sueldo del periódico. Y son graduados universitarios de periodismo o comunicación.
En Fort Myers, existen 12 mojos trabajando para el periódico local. Parecen más bien soldados de Irak, con el montón de equipo que cargan. Sólo que en vez de rifles y cascos, su blindaje consiste en una laptop, un celular, una palm, cámara digital y grabadora de mp3.
Chuck no tienen oficina. Su escritorio es su carro. Desde allí envía las noticias casi instantáneamente desde su computadora portátil. Y agrega fotografías, grabaciones de sus entrevistas, y a veces hasta video.
Cuando hay un hecho de última hora, de inmediato los mojos parten hasta el lugar y reportan casi desde el primer minuto.
El objetivo es claro: Ganarle a todos en inmediatez, sobre todo a la televisión. Y generalmente lo logran.
El viejo dinosaurio enseña que aún tiene dientes.
Una noticia se puede estar actualizando conforme ocurre. Los acontecimientos ya no esperan al día siguiente para conocerse, ni siquiera horas: Se actualizan por minutos, casi en "tiempo real".
A las noticias se le agrega una liga o link para que la gente que la lee comente sus opiniones, o colabore con su perspectiva.
Otros medios, como la radio y la televisión ya han probado este experimento desde hace años, pero es la primera vez en que la prensa escrita abraza la tendencia. En este caso, dándole más preponderancia a la versión de internet del diario por sobre la impresa.
Lo novedoso del experimento, es que el enfoque del periódico cambió. Ya no se trata de "reportar el mundo". Para eso está CNN. En cambio, ahora la perspectiva de los periódicos es ser "hiper-locales".
Cualquier noticia comunitaria tiene cabida, no importa qué tan insignificante o intrascendente parezca.
¿Un almuerzo de alumnos con sus padres en una primaria? Se cubre. ¿Una reunión de la municipalidad con la ciudadanía para discutir cambios en la ley del predial? Se reporta al momento. ¿Una conferencia organizada por miembros de una organización ciudadana? Ahí estará el mojo. ¿Un torneo de la liga de futbol infantil del barrio hispano? También.
No importa que estos eventos no tengan el "valor periodístico" que muchos reporteros tradicionales exigen. El lema del futuro de los periódicos parecería ser: "Si es importante para usted, es importante para nosotros".
El valor de cubrir estos eventos es no tanto noticioso, sino comunitario. Por eso la labor del mojo es tomar fotos de los participantes (si son familias, mejor), sus nombres y opiniones, y subirlas al website al momento.
Si ocurre una noticia espectacular a nivel nacional o internacional, el periódico la reporta desde una perspectiva local. Y los mojos salen disparados a las calles de la ciudad a preguntarle a la gente sus opinones, y cómo les impactará en su vida diaria.
De hecho, a pesar de las acusaciones que se hace a este experimento de cubrir notas "intrascendentes", una de las secciones con más éxito es la que incluye documentos oficiales, que respaldan una noticia.
Los mojos "suben" a internet copias de reportes de la corte, policiacos, récords públicos y otras curiosidades que a los lectores les encanta revisar personalmente. Eliminan así la necesidad de que el reportero "les cuente" como intemediario lo que dicen los papeles: La gente misma tiene acceso a ellos.
Por supuesto, lo que se busca es aumentar el tráfico al website. Hasta ahora, The News-Press lo ha conseguido: Tiene entre 200,000 a 300,000 "hits" al mes, según reportó el sitio de internet de MediaLife Magazine.
Lo interesante es que el material recabado para internet se aprovecha en la edición impresa del día siguiente, con actualizaciones que no tenía la versión online originalmente.
Ninguna noticia es definitiva. Siempre hay actualizaciones de último minuto.
De hecho, la novedosa idea está siendo adoptada a nivel nacional por la cadena Gannett, a la que pertenece The News-Press. Y los cambios van mucho más allá: Ya no habrá "Salas de Redacción". Ahora serán "Centros de Información", con reporteros trabajando las 24 horas por turnos, y alimentando a cada instante la edición online del diario, con texto, fotos, videos, sonidos y comentaros.
¿Será de verdad este el futuro de los periódicos? Por lo menos es el presente.
¿Qué sigue? Que las versiones 'online' y de papel se fundan en una, ¿quizá? ¿Será posible tener un periódico en una pantalla flexible, que uno pueda doblar y llevar bajo el brazo a cualquier parte, y que se esté actualizando automáticamente conforme haya novedades, como apareció en el USA Today del futuro en la película "Minority Report"?
Varias compañías ya están probando con prototipos de papel electrónico, entre ellas Sony, y un periódico belga ya anunció que comenzará a distribuír una versión así entre sus suscriptores.
Me da gusto que, en vez de gruñir y quejarse, algunos diarios estén abrazando la modernidad y adaptándose a ella. Aunque sea para sobrevivir.
(De hecho, contra lo que muchos agoreros del desastre predicen, los blogs de noticias nunca podrán sustituír a los periódicos. Por una simple razón: Los blogs dependen para sus comentarios, del material que sacan... de los periódicos. Si estos desaparecen, ¿qué reportarán los blogs?)
Pero no todo son malas noticias. En medio del mar de periódicos que sufren declive en circulación en Estados Unidos, hay publicaciones de nicho que no pierden lectores, sino que los ganan. Que día a día ven aumentar su tirada e ingresos de publicidad.
Entre estos están los periódicos alternativos, y comunitarios. Y también los diarios gratuitos, que en Europa y América Latina se reparten en las estaciones de metro y de autobuses.
Y en Estados Unidos, también entre los pocos que crecen y se expanden, son, curiosamente, los periódicos... en español.


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viernes, diciembre 01, 2006

La tortilla se está haciendo ciudadana americana

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

¿Se imagina usted que dentro de algún tiempo compre tortillas de sabores? Por ejemplo, sabor jalapeño, sabor tomate y hasta de piña y chocolate.

Bueno, no es cosa del futuro. Ya está pasando.

Pero lo más irónico es que esas tortillas no son fabricadas en "la tiendita de la esquina" de México, sino en fábricas de corporaciones... gringas.

Irónicamente, los norteamericanos se están convirtiendo en los principales exportadores de la (anteriormente) mexicanísima tortilla.

Cosas de la globalización.

Las ventas de tortillas en Estados Unidos ya alcanzan los 6 mil millones de dólares, de acuerdo con la TIA, Tortilla Industry Association (en inglés nos duele más el orgullo).

La asociación tenía su sede en Texas, pero ante la necesidad de hacer más contactos a nivel nacional e internacional, se mudaron a Washington años atrás.

Esto no se trata de ningún complot bien preparado por las transnacionales americanas para darnos donde más nos duele, el orgullo nacional. No, la realidad es más simple: A los gringos ya les encantan las tortillas.

De hecho, según estadísticas de organizaciones de alimentos, la tortilla ya es más popular que panes como el bagel francés, y los famosos "muffins" (quequis) ingleses.

Así, la tortilla se une a la salsa picante como dos de los alimentos preferidos de Estados Unidos, superando a platillos "tradicionales" como la catsup o -en algunos estados- a las hamburguesas.

De hecho, según la TIA, el ultra americano pan blanco, que ha servido la dieta de Estados Unidos por generaciones, apenas le gana en popularidad a la tortilla por un escuálido 2 por ciento en el consumo. Lo cual, claro, se reducirá en el futuro.

¿Porqué esta repentina moda por platillos mexicanos? En buena medida, por la inmigración mexicana, claro. Pero curiosamente, el mayor crecimiento en el consumo de tortilla se está dando no entre mexicanos, sino entre norteamericanos.

Una explicación, podría ser la flexibilidad de la tortilla: Se puede acompañar y rellenar de todo.
Carne, pollo, frijoles, queso, y hasta verduras. Además, a diferencia del pan, la tortilla se puede meter al horno, freír, a la parilla, al comal o en simple microhondas.

Esto es muy importante para el consumidor norteamericano, sobre todo en estos tiempos en que tratan de bajar su consumo de calorías. Un tema en el que el pan tiene muy mala fama.

De hecho, la NASA se dió cuenta de esto, y según la TIA, ha incluído a la tortilla en el menú de los astronautas desde tiempo atrás.

En Hollywood, California, una empresa llamada Tumaro's Gourmet está fabricando tortillas "kosher" (estilo judío), y hasta de sabores piña, plátanos, ajos y algunas tipo "light", bajas en carbohidratos.

Brian Jacobs, hijo del fundador de la empresa, dijo al diario USA Today que se les ocurrió fabricar y vender tortillas orgánicas, pero de sabores. Hoy en día venden 20 distintos sabores, entre los que se incluyen chocolate, frambuesa, y manzana-canela.

"Producimos todas nuestras tortillas en Los Angeles y las vendemos en todo el país, México y hasta el Medio Oriente", dijo Jacobs al periódico.

Por eso no es raro que la tortilla pronto pase a ser uno más de esos inmigrantes mexicanos con carta de naturalización en Estados Unidos.

Vaya, si los fabricantes de tortilla en Estados Unidos han recibido pedidos hasta de Inglaterra o Malasia, según dijo el presidente de la TIA, Roberto Quiñones al diario The Dallas Morning News.

A nivel mundial, la compañía mexicana Maseca ha tenido una presencia enorme en este mercado, es verdad. No sólo en Estados Unidos, sino en Europa, centro y sudamérica y hasta el medio oriente.

Pero las empresas americanas ya le hallaron el modo, y aunque sea de manera modesta, están comenzando a competir. Y se han sumado fabricantes de tortillas de otras partes, hasta de España: La firma Liven, con sede en Barcelona, fabrica y vende tortillas de trigo y maíz, sabores de espinaca, ajo y hasta de tomate, además de totopos (o chips), salsas y guacamole.

Espero que no llegue el día en que los americanos o europeos acaben comiéndose ellos sólos todo el pastel del mercado mundial (o la enchilada completa, en este caso).

El asunto va mucho más allá de nacionalismos mal entendidos, o patrioterismos de tercera. Es grave porque sería un síntoma muy deprimente de la falta de competitividad de parte de México.

Imagínese, pa' que nos ganen hasta a vender tortillas.

Antes de que los ultranacionalistas se rasguen las vestiduras, se envuelvan en el lábaro patrio y se lancen del castillo de Chapultepec (o exijan que se imponga una denominación de origen a la tortilla, como se hace al tequila), creo que debemos aspirar hondo. Analizar el problema. Y competir.

¿Porqué no podemos venderles hot-dogs y hamburguesas a los americanos?

Yo he probado hamburguesas y hot-dogs que saben a gloria en puestecitos de la calle en México. Quizá a los gringos hasta les gusten y las compren.

Y quién sabe, hasta pudiera crear una industria que genere divisas.

La globalización es una calle de dos sentidos. Y cualquiera puede circularla.

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