viernes, noviembre 03, 2006

Las vallas invisibles: Mucho más preocupantes que las de metal

Desde las Entrañas del Monstruo

Por César Fernando Zapata

FORT MYERS, Florida - Recuerdo que por allá del año 2000 surgió un incidente curioso, en El Paso, Texas.

De la noche a la mañana, apareció una banderota mexicana en el horizonte.

Al gobierno de México se le ocurrió instalar las llamadas "banderas monumentales", izadas en postes de 50 metros de altura en todos los cruces fronterizos, desde Tijuana hasta Matamoros.
La bandera misma era enorme: Medía 14 por 25 metros.

En cualquier parte de El Paso, se podía ver la tricolor, con el águila real devorando a la serpiente, para escándalo de muchos anti-mexicanos.

Las estaciones de radio ultraconservadoras se llenaron de quejosos que clamaban al gobierno de Estados Unidos "hacer algo. Pero ya".

"El honor" nacional estaba en juego, decían.

Incluso hubieron propuestas de algunas organizaciones de instalar banderotas americanas más grandes, pero los planes se desinflaron cuando se dieron cuenta que cada bandera costaría poco menos de medio millón de dólares.

(Por cierto, a México las banderas le salían baratas porque las hacían los soldados).

Antes de que estallara una ridícula "Guerra de las Banderas", por fortuna reinó la cordura. Algún hombre sensato se levantó y opinó sabiamente: "La bandera gigante está en territorio mexicano. Y el gobierno mexicano puede hacer lo que quiera en su territorio. Nosotros, no tenemos derecho a protestar".

Punto.

Me acordé del asunto porque alguien me preguntó qué pensaba sobre "la afrenta" de Estados Unidos de construír el "muro de la ignominia" en la frontera.

El tema no me gusta, lo confieso. Pero a riesgo de parecer aguafiestas, hay que aclarar que el muro está en territorio de Estados Unidos. Y Estados Unidos puede hacer lo que le venga en gana dentro de su territorio.

México (como cualquier otro país de la tierra) tiene toda la libertad de instalar banderotas o poner una valla igual o más alta dentro de su territorio. Y Estados Unidos no tiene derecho de protestar o quejarse.

De hecho, el Tratado de Guadalupe Hidalgo permite a ambos países hacer lo que quieran para salvaguardar sus territorios. Esto incluye instalar fuertes militares en la frontera, y claro, hasta cercas.

Además, la famosa cerca no es nueva: Hay muchas vallas en las principales ciudades de la frontera, a ambos lados, desde hace muchos años.

Algunos me alegan que el tema es de dignidad y de símbolos. La cerca, por lo tanto, es un símbolo insultante para los mexicanos y los latinoamericanos en general.

Quizá tengan razón.

Pero no importa si los americanos cercan su país completo, esto no va a desaparecer a los hispanos ni a los mexicanos, como por arte de magia, como creen muchos racistas.

Tampoco va a detener la entrada de los indocumentados, como todos sabemos.

De hecho, las vallas se me hacen hasta cierto punto inútiles y ridículas, sobre todo en la frontera de México.

¿Ha viajado usted para allá alguna vez?

Parecen un país aparte. A ambos lados.

Americanos, mexicanos, negros, asiáticos y gente de todo el planeta viven en ese mundo aparte. No es ni México ni Estados Unidos, sino ambos y ninguno. Al mismo tiempo.

De hecho, la revista Time hace algún tiempo se atrevió incluso a darle nombre a ese pedazo de tierra incrustado entre dos países, como si fuera una nación aparte: Améxica.

El dólar y el peso son monedas de curso legal a ambos lados de la raya, al igual que el uso del español y el inglés, y hasta del spanglish.

Las hamburguesas se mezclan con los tacos, la Coca-Cola con el agua de horchata y los "malls" tienen un sabor "gringo-mex" muy peculiar.

Los comerciantes de ambos lados dependen de los consumidores de toda la zona. Y éstos viajan de un país al otro casi sin limitaciones.

Por eso, no son las vallas físicas (de madera, metal o piedra) las que me preocupan, sino otras, mucho peores:

Las vallas legales.

Esas, aunque invisibles, aprisionan más duramente a millones de indocumentados, aún dentro de Estados Unidos.

Muchos inmigrantes podrán saltar y colarse por cuanta valla le pongan en la frontera.

Pero nunca les platican que, al llegar, enfrentarán otras vallas virtualmente imposibles de librar: El no tener seguro social. No tener licencias de manejo. Vivir en las sombras y con temor por años, o quizá por el resto de sus vidas, a pesar de sólo querer trabajar.

Y esas vallas, desafortunadamente, son de las que nadie habla, y las que al parecer a ningún político le interesa romper.

1 comentario:

  1. Anónimo4:15 p.m.

    contestada mi pregunta sobre el muro César, y si, tiene razón "las vallas invisibles son mucho más preocupantes que las de metal".

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