viernes, noviembre 10, 2006

"Si eres blanco, eres norteamericano; si eres hispano... seguirás siendo hispano"

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

FORT MYERS, Florida -- Creo que todos hemos visto las mismas fotos en los periódicos, durante los últimos días: Multitudes de votantes en fila, esperando depositar sus votos en las urnas, durante las pasadas elecciones en Estados Unidos.

Miles de imágenes y videos similares fueron tomados y publicados en periódicos, revistas, televisión y la internet.

Pero, créalo o no, durante estas elecciones hubieron ciudadanos americanos que fueron hostigados por grupos antiinmigrantes, sólo por ser de origen hispano.

En Santa Anna, California, algunos hispanos recibieron cartas amenazándolos en caso de que se atrevieran ir a votar, a pesar de que la mayoría de ellos eran ciudadanos de Estados Unidos.

Una investigación estatal rastreó las cartas a las oficinas de campaña del candidato republicano al Congreso, Tan Nguyen (irónicamente, un inmigrante vietnamita).

En Arizona, algunas organizaciones incluso enviaron grupos armados para identificar a votantes hispanos. Sus miembros, con pistola al cinto, tomaron videos y fotos de votantes que parecían hispanos que esperaban votar en el Recinto 49, ubicado en una iglesia católica en el sur de Tucson.

Uno de los líderes de este grupo antiinmigrante, Russel Dove, le dijo al periódico Arizona Republic que sí tomó fotos de electores, para compararlas con una base de datos y ver "si eran ilegales".

Así que, si usted es un americano blanco, y alguien le toma una foto votando, significa que usted es un ejemplo de participación cívica. Pero si usted es hispano y alguien le toma una foto votando, ¿es para ver si usted es ilegal?

¿No es eso racismo?

Por lo menos, es una actitud contradictoria.

Aunque usted no lo crea, hechos similares siguen pasando todos los días:

* Si uno es americano de origen irlandés, y celebra el Día de San Patricio con un desfile, le dicen que sólo está demostrando el orgullo de su herencia.

* Pero si uno es México-Americano, y celebra el Cinco de Mayo, lo acusan de promover costumbres extranjeras, dañinas para la identidad nacional.

* Si uno es de ascendencia alemana, y aprende a hablar alemán, le dicen que está preservando su herencia, y enriqueciendo a Estados Unidos.

* Pero si uno es un hispano que se atreva a hablar español en público, entonces lo acusan de "balcanizar" al país. "¡Estás en América, habla 'americano!'".

* Si uno es de ascendencia italiana, entonces es un "Real American".

* Pero si uno es puertorriqueño o cubano-americano, entonces uno es... puertorriqueño o cubano. Y siempre lo será. No un "Americano real".

* Si uno tiene abuelos polacos que nunca perdieron su fuerte acento polaco, es porque hicieron lo mejor que pudieron para asimilarse, pese a sus limitaciones. Por lo tanto, son "buenos" inmigrantes.

* Pero si uno tiene abuelos que hablan con fuerte acento español, seguramente acaban de cruzar el Río Bravo (o el estrecho de Florida) apenas ayer (junto con los hijos y nietos).

* Si uno es norteamericano de ascendencia inglesa o irlandesa, y una larga historia familiar en el país, y se queja de algún abuso, entonces está ejerciendo sus derechos de libre expresión como ciudadano.

* Pero si uno es norteamericano de ascendencia hispana, y una larga historia familiar en el país, y se queja de algún abuso... Bueno, es porque le encanta quejarse. Estados Unidos es así, ámalo o vete. ("Go back to your country!")

Yo sé que los estadounidenses son tan diversos y variados como cualquier otra nación del mundo, si no es que mucho más. La mayoría son personas amables y civilizadas.

O al menos así me gusta pensar.

Pero estas actitudes contradictorias siempre me dejan dudando.

E-mail: cfzap@yahoo.com
www.cesarfernando.blogspot.com

viernes, noviembre 03, 2006

Las vallas invisibles: Mucho más preocupantes que las de metal

Desde las Entrañas del Monstruo

Por César Fernando Zapata

FORT MYERS, Florida - Recuerdo que por allá del año 2000 surgió un incidente curioso, en El Paso, Texas.

De la noche a la mañana, apareció una banderota mexicana en el horizonte.

Al gobierno de México se le ocurrió instalar las llamadas "banderas monumentales", izadas en postes de 50 metros de altura en todos los cruces fronterizos, desde Tijuana hasta Matamoros.
La bandera misma era enorme: Medía 14 por 25 metros.

En cualquier parte de El Paso, se podía ver la tricolor, con el águila real devorando a la serpiente, para escándalo de muchos anti-mexicanos.

Las estaciones de radio ultraconservadoras se llenaron de quejosos que clamaban al gobierno de Estados Unidos "hacer algo. Pero ya".

"El honor" nacional estaba en juego, decían.

Incluso hubieron propuestas de algunas organizaciones de instalar banderotas americanas más grandes, pero los planes se desinflaron cuando se dieron cuenta que cada bandera costaría poco menos de medio millón de dólares.

(Por cierto, a México las banderas le salían baratas porque las hacían los soldados).

Antes de que estallara una ridícula "Guerra de las Banderas", por fortuna reinó la cordura. Algún hombre sensato se levantó y opinó sabiamente: "La bandera gigante está en territorio mexicano. Y el gobierno mexicano puede hacer lo que quiera en su territorio. Nosotros, no tenemos derecho a protestar".

Punto.

Me acordé del asunto porque alguien me preguntó qué pensaba sobre "la afrenta" de Estados Unidos de construír el "muro de la ignominia" en la frontera.

El tema no me gusta, lo confieso. Pero a riesgo de parecer aguafiestas, hay que aclarar que el muro está en territorio de Estados Unidos. Y Estados Unidos puede hacer lo que le venga en gana dentro de su territorio.

México (como cualquier otro país de la tierra) tiene toda la libertad de instalar banderotas o poner una valla igual o más alta dentro de su territorio. Y Estados Unidos no tiene derecho de protestar o quejarse.

De hecho, el Tratado de Guadalupe Hidalgo permite a ambos países hacer lo que quieran para salvaguardar sus territorios. Esto incluye instalar fuertes militares en la frontera, y claro, hasta cercas.

Además, la famosa cerca no es nueva: Hay muchas vallas en las principales ciudades de la frontera, a ambos lados, desde hace muchos años.

Algunos me alegan que el tema es de dignidad y de símbolos. La cerca, por lo tanto, es un símbolo insultante para los mexicanos y los latinoamericanos en general.

Quizá tengan razón.

Pero no importa si los americanos cercan su país completo, esto no va a desaparecer a los hispanos ni a los mexicanos, como por arte de magia, como creen muchos racistas.

Tampoco va a detener la entrada de los indocumentados, como todos sabemos.

De hecho, las vallas se me hacen hasta cierto punto inútiles y ridículas, sobre todo en la frontera de México.

¿Ha viajado usted para allá alguna vez?

Parecen un país aparte. A ambos lados.

Americanos, mexicanos, negros, asiáticos y gente de todo el planeta viven en ese mundo aparte. No es ni México ni Estados Unidos, sino ambos y ninguno. Al mismo tiempo.

De hecho, la revista Time hace algún tiempo se atrevió incluso a darle nombre a ese pedazo de tierra incrustado entre dos países, como si fuera una nación aparte: Améxica.

El dólar y el peso son monedas de curso legal a ambos lados de la raya, al igual que el uso del español y el inglés, y hasta del spanglish.

Las hamburguesas se mezclan con los tacos, la Coca-Cola con el agua de horchata y los "malls" tienen un sabor "gringo-mex" muy peculiar.

Los comerciantes de ambos lados dependen de los consumidores de toda la zona. Y éstos viajan de un país al otro casi sin limitaciones.

Por eso, no son las vallas físicas (de madera, metal o piedra) las que me preocupan, sino otras, mucho peores:

Las vallas legales.

Esas, aunque invisibles, aprisionan más duramente a millones de indocumentados, aún dentro de Estados Unidos.

Muchos inmigrantes podrán saltar y colarse por cuanta valla le pongan en la frontera.

Pero nunca les platican que, al llegar, enfrentarán otras vallas virtualmente imposibles de librar: El no tener seguro social. No tener licencias de manejo. Vivir en las sombras y con temor por años, o quizá por el resto de sus vidas, a pesar de sólo querer trabajar.

Y esas vallas, desafortunadamente, son de las que nadie habla, y las que al parecer a ningún político le interesa romper.