sábado, octubre 07, 2006

La nueva asignatura en las escuelas de EE.UU.: Sobrevivir a masacres

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO

Por César Fernando Zapata

FORT MYERS, Florida - Mi hijo me contó orgulloso que en su escuela ya están preparados para cualquier balacera.
"La directora nos dijo que siempre va a haber un papelito anaranjado en la puerta, indicando alerta naranja", explicó, con la experiencia que sus diez años a cuestas le dan. "Si no vemos ese papelito, entonces debemos protegernos, porque un loco viene a matarnos".
El famoso papelito significa que la escuela está en alerta en caso de riesgo de una masacre en la escuela.
La escuela donde mi hijo acude en Florida volvió a desempolvar sus planes de emergencia, luego de la matanza de alumnas en la escuela Amish de Pennsylvania, y las balaceras en otras escuelas, que han dejado una estudiante y un director muertos días atrás.
"¿Y qué se supone que deben hacer en caso de emergencia?", le pregunté a mi hijo, curioso.
Se encogió de hombros.
"Cerrar la puerta del salón, y meternos abajo de las mesas", respondió distraídamente.
"¿Las puertas de los salones son de metal?", le pregunté, esperanzado.
"Sí, papá, pero qué importa. Si entra un loco con una pistola sólo tiene que disparar a la ventana de vidrio para entrar a matarnos", respondió mi hijo.
Me quedé mudo.
Sé que él me platicó todo esto para que yo supiera que su escuela está preparada. Para hacer que me calmara.
Lo malo es que el resultado fue contraproducente.
¿Niños de diez años escondiéndose debajo de las mesas de su salón, si un loco armado hasta los dientes entra a su escuela, quizá con ametralladoras y dispuesto a matar a todos o morir en el intento?
No suena nada alentador.
Lo malo es que es una realidad cada vez más cercana en Estados Unidos.
Es irónico que el país donde hay más tipos trastornados y fanatizados con las armas, tenga las escuelas menos seguras de todo el mundo.
¿Conoce usted las escuelas de Estados Unidos? Son abiertas. Casi sin cercas ni restricciones.
Cualquiera puede entrar por los numerosos estacionamientos, canchas y espacios verdes que las rodean.
Los salones no están juntos, sino esparcidos en todo el extenso terreno, y cada uno de ellos tiene amplios ventanales y puertas de acceso por todos lados.
(Algunas de estas puertas se abren por fuera, por cierto.)
Los únicos que vigilan son un puñado de maestros y maestras, cuyas armas más potentes son reglas y libros. En caso de que algo ocurra, y llamen a la policía, ésta tardará de veinte minutos a media hora en llegar... y muchas cosas pueden pasar en ese lapso.
Y el problema más grave no es que un loco de afuera entre a matar a todos -a veces ésos se pueden detectar desde que llegan-. No, el problema verdadero es que algunos alumnos pueden llegar armados y desquitarse con todo mundo por lo mal que lo tratan en su casa.
En Texas, no es raro ver escuelas con detectores de metales en cada puerta.
Los policías revisan todas las mochilas de los alumnos.
Uno se alarma al principio, al ver tales muestras de seguridad.
O de temor.
En Florida esto aún no se ve. Las escuelas son abiertas, limpias e inocentes. Como en la década de 1950.
No sé si alegrarme o lamentarme.
Porque ya no estamos en la década de los 1950.
Después de lo ocurrido en la escuela Columbine de Colorado (donde 12 estudiantes fueron asesinados por dos compañeros que también se suicidaron), todo el país y el mundo se horrorizaron.
Pero se olvidaron. Esto es un incidente aislado, decían.
Además, según estadísticas, las escuelas siguen siendo el sitio más seguro en que los niños pueden estar.
Más aún que sus propios hogares.
Nos reconforta decirnos a nosotros mismos que una matanza no puede pasar en todos lados.
Al menos no en los pueblecitos de Kansas, o Minnesotta, ¿verdad?
Mucho menos en la soleada y tranquila Florida. Quizá en Miami y otras ciudades grandes, sí. Pero nunca en el pequeño y paradisiaco Fort Myers.
¿O sí?
De hecho, ya pasó.
Según el diario local de Fort Myers, en 1994, un maestro entró a la oficina del superintendente del Distrito Escolar del Condado Lee, Jame Adams, y lo mató de seis balazos.
En 2001, un joven estaba matriculado en una escuela local. Un año después, ese joven era uno de los dos asesinos más buscados del país, por haber masacrado a varia gente en el área de Washington, D.C.
Su nombre era John Lee Malvo.
Ya se están instalando cámaras en las escuelas de mi vecindario.
También cercas y vallas. El objetivo es tener sólo una entrada, por donde todos pasen.
A los visitantes se les va a pedir identificación y antecedentes penales.
El otro día que fui a dejar a mi hijo a clases, vi que había un policía armado dirigiendo el tráfico.
No sé si me alegré o me entristecí.
Porque no me gusta nada la nueva asignatura escolar en Estados Unidos: Sobrevivir a masacres.

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